EL REY SIERVO
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INTRODUCCIÓN
INTRODUCCIÓN
Lectura: Marcos 10:32-45
Oración
Adorno: El próximo lunes 26 de octubre se entregará en Londres uno de los trofeos individuales más deseados por los jugadores de fútbol: el Balón de Oro.
Si no eres muy seguidor del fútbol, o no te interesan mucho estos temas, entiendo que estés un poco perdido, así que permíteme ponerte en contexto, el Balón de Oro es uno de los mayores reconocimientos individuales que puede recibir un futbolista: ser reconocido como el mejor jugador del mundo durante esa temporada.
Por eso, cuando llega esta época del año, comienza el debate. Los periodistas comparan los goles, las asistencias, los títulos, las actuaciones individuales y los logros de cada jugador para determinar quién merece recibir el premio.
Y este año no ha sido la excepción. De hecho, algunos de los propios protagonistas han hablado públicamente sobre quién merece ganarlo. Un jugador del FC Barcelona ha dicho que él merece el Balón de Oro de este año, mientras que otro jugador, en este caso, del Real Madrid, también ha defendido públicamente sus méritos.
Y es interesante pensar en lo que hay detrás de este debate.
Cuando hablamos de un premio que reconoce al mejor, hablamos de grandeza. ¿Quién ha hecho más? ¿Quién ha conseguido más? ¿Quién merece ser reconocido por encima de los demás?
Creo que todos entendemos la lógica detrás de esto.
No es algo que se aplique únicamente al fútbol, sino en otras áreas de la vida, como en el trabajo, por ejemplo, donde un ascenso es un reconocimiento al mérito de un empleado.
Cuando hablamos de un premio que reconoce al mejor, hablamos de grandeza. ¿Quién ha hecho más? ¿Quién ha conseguido más? ¿Quién merece ser reconocido por encima de los demás?
Y en Marcos 10 vemos un claro ejemplo de esta lógica humana.
Dos de los discípulos de Jesús, también anhelan la grandeza y la gloria de ser reconocidos públicamente.
Solo que ellos tiene un pequeño problema, están siguiendo al Rey. Un Rey, cuyo reino no opera bajo los mismos valores ni creencias que los de este mundo. Y como muchas otras veces en su evangelio, Marcos nos mostrará cuán opuesto a este mundo es el reino de Dios.
Así que veremos esto en tres movimientos que el pasaje nos muestra:
El Rey anuncia su cruz.
Los discípulos piden exaltación.
El Rey redefine la grandeza.
EL REY ANUNCIA SU CRUZ (Marcos 10:32-34)
EL REY ANUNCIA SU CRUZ (Marcos 10:32-34)
El primer movimiento lo encontramos en Marcos 10:32-34, donde Jesús y sus discípulos se encuentran camino a Jerusalén. Éste no será una parada rápida, ni mucho menos casual en Jerusalén, sino que será el final de su vida y su ministerio, pues allí Jesús va a ser crucificado. Marcos nos ha narrado a lo largo de todo su evangelio los 3 años del ministerio de nuestro Rey, y ahora, después de partir de Cesarea de Filipos en el capítulo 9 comenzó un nuevo camino pasando por diferentes ciudades judías rumbo a Jerusalén.
El Señor sabía que ésta sería su última parada, anticipaba todo lo que se venía. La cruz comenzaba a volverse cada vez más real. Así que, para testimonio nuestro de que éste siempre fue su plan desde el inicio, Jesús vuelve a anunciar su muerte. La cruz no lo tomó por sorpresa, sino que ésta siempre estuvo en el centro de su venida a este mundo.
Así que el Rey anuncia su muerte. Lo hace mientras va por el camino a Jerusalén rodeado de todos sus discípulos, que era esta gran multitud que lo seguía a todas partes. En un trayecto de este camino, el Señor aparta a los 12, aquellos que Él mismo había escogido, y les dijo lo que encontramos en el versículo 33: Marcos 10:33 "«Ahora subimos a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado a los principales sacerdotes y a los escribas, y lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles. »Se burlarán de Él y le escupirán, lo azotarán y lo matarán, y tres días después resucitará»."
Éste es el tercer anuncio de su muerte. En Marcos 8, después de que Pedro confesara que Jesús es el Cristo, el Señor lo anuncia por primera vez. En el v.31 leemos: Marcos 8:31 "Jesús comenzó a enseñarles que el Hijo del Hombre debía padecer muchas cosas, y ser rechazado por los ancianos, los principales sacerdotes y los escribas, y ser muerto, y después de tres días resucitar."
El segundo anuncio vino después de la transfiguración y de expulsar un demonio de un joven, cuando iban camino a Galilea, en Marcos 9:31 "Porque enseñaba a Sus discípulos, y les decía: «El Hijo del Hombre será entregado en manos de los hombres y lo matarán; y después de muerto, a los tres días resucitará»."
En cada una de estos anuncios, Jesús se identifica a sí mismo como el Hijo del Hombre. Éste es un título muy importante, pues lejos de ser una referencia a la humanidad de Jesús, como muchos piensan, es una referencia a la divinidad de Jesús. Hijo de Hombre es el título que Daniel le da en su visión a aquel ser glorioso y divino que tiene todo dominio y poder.
Daniel 7:13–14 "Seguí mirando en las visiones nocturnas, Y en las nubes del cielo Venía uno como un Hijo de Hombre, Que se dirigió al Anciano de Días Y fue presentado ante Él. »Y Le fue dado dominio, Gloria y reino, Para que todos los pueblos, naciones y lenguas Le sirvieran. Su dominio es un dominio eterno Que nunca pasará, Y Su reino uno Que no será destruido."
Daniel está anticipando la venida de un Rey. Marcos nos muestra que ese Rey está aquí. Sin duda alguna, los discípulos entendía esto y por eso esperaban un reino glorioso con la llegada de Jesús. Y sin duda, amados hermanos, esta era la expectativa correcta y bíblica de la venida de Jesús, el problema está en que no entendían cómo sería ese reino glorioso.
Marcos nos muestra que en el reino de Dios la exaltación viene después de la humillación voluntaria. Esto lo vemos en la descripción que Jesus hace de sus padecimientos, en Marcos 10 habla de una forma más gráfica: lo entregarán, se burlarán de Él, lo escupirán, lo azotarán, y luego, lo matarán.
Sin duda Jesús es el Hijo del Hombre que recibirá dominio, poder, autoridad y cuyo reino se impondrá sobre todo otro reino humano, pero no lo hará de la forma que tú y yo esperaríamos. No será por la fuerza y la conquista, sino por medio del sacrificio y la humillación. Esto es completamente contradictorio para el pensamiento humano.
Presta atención a la respuesta de los discípulos cada vez que Jesús anuncia su muerte:
En Marcos 8, ante tal anuncio, Pedro reacciona reprendiendo a Jesús para que no vaya a la cruz.
En Marcos 9, el texto nos dice que ellos no entendían a qué se refería el Señor con su muerte, pero tenían miedo de preguntarle.
Sin duda alguna, ellos no habían entendido esto. No comprendía la misión del Rey.
Amados, esta falta de entendimiento es muy característica, no solo de los apóstoles, sino de todos los cristianos alrededor del mundo. Al igual que los discípulos de Jesús en aquel entonces, sus discípulos en este tiempo también luchamos con una mente que está tan moldeada por el mundo que, en muchas ocasiones, no podemos comprender lo que tan claramente la Biblia describe.
Especialmente, cuando somos más nuevos en el evangelio, pero tristemente, también después de muchos años, muchos creyentes siguen luchando con esta falta de entendimiento sobre las cosas más claras de la Escritura.
Esto es porque la lógica del Reino de Dios, es completamente opuesta a la lógica de este mundo. Nuestra forma de pensar, no solo es diferente, es completamente opuesta a la de Dios.
En esto es cierto lo que dice Isaías 55:8 "«Porque Mis pensamientos no son los pensamientos de ustedes, Ni sus caminos son Mis caminos», declara el Señor."
Porque nosotros no vemos la vida de la forma que Dios la ve.
LOS DISCÍPULOS PIDEN EXALTACIÓN (Marcos 10:35-41)
LOS DISCÍPULOS PIDEN EXALTACIÓN (Marcos 10:35-41)
Marcos 10 nos muestra una nueva evidencia de esto.
Jesús acaba de describir un camino lleno de dolor y sufrimiento, un camino que lo llevará a ser juzgado y crucificado, expuesto públicamente como un mentiroso y un charlatán, tratado como el peor de los pecadores, y humillado, tanto por judíos como por gentiles.
Y sin embargo, sus discípulos lo han entendido todo al revés. En esta oportunidad, no hay reprensión de parte de Pedro, ni hay temor de parte de los discípulos, sino que hay una petición.
Escucha el relato de Marcos en los siguientes versículos Marcos 10:35-41.
Es llamativo que el Señor acaba de describir un camino completamente lleno de humillación y dolor, de sacrificio y muerte, y los discípulos solo piensan en la gloria.
Marcos 10:37 "Ellos le dijeron: «Concédenos que en Tu gloria nos sentemos uno a Tu derecha y el otro a Tu izquierda»"
Ahora, no están del todo equivocados, ciertamente Jesús iba camino a la gloria y a la exaltación, después de todo Él es el Hijo del Hombre de Daniel 7. Aquel que recibe todo dominio, poder y autoridad, Aquel que es glorioso como ningún otro. Pero el camino para llegar a esa gloria y exaltación no son la autopromoción, ni la victoria como el mundo la concibe.
Los discípulos buscaban la prominencia y la exaltación tal como el mundo lo hace. Esta petición en sí misma nos muestra cuan llenas del mundo estaban la mente de los discípulos.
Aquellos que habían visto los milagros y escuchado las enseñanzas de Jesús por tres años completos, aquellos que habían visto su vida y habían presenciado su humildad de forma cercana, aquellos que habían visto al Rey en todo su esplendor y gloria, y que habían escuchado de Él directamente acerca de todos sus próximos padecimientos, aquellos que estaban completamente convencidos de que Jesús era el Rey, son los mismos que no tienen ni idea de lo que están pidiendo.
Ésta es la respuesta de Jesús: Marcos 10:38 "Jesús les dijo: «Ustedes no saben lo que piden. ¿Pueden beber la copa que Yo bebo, o ser bautizados con el bautismo con que soy bautizado?»."
Jesús los confronta con su falta de entendimiento: “ustedes no saben lo que piden”, les dijo. Y, luego, hace una pregunta.
Jesús se refiere a su muerte y lo que esto implica.
La copa de la que Jesús beberá se refiere a al copa de la justa ira de Dios por el pecado. Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, la ira de Dios es simbolizada como una copa que es bebida por los impíos hasta vaciarse.
Isaías 51:17 "¡Despierta, despierta! Levántate, Jerusalén, Tú, que has bebido de la mano del Señor la copa de Su furor, Que has bebido el cáliz del vértigo hasta vaciarlo."
Jeremías 25:15–16 "Porque así me ha dicho el Señor, Dios de Israel: «Toma de Mi mano esta copa del vino del furor, y haz que beban de ella todas las naciones a las cuales Yo te envío. »Ellas beberán y se tambalearán y enloquecerán a causa de la espada que enviaré en medio de ellas»"
Así también, en el Nuevo Testamento, en el libro de Apocalipsis vemos esta misma imagen. Apocalipsis 14:10 "él también beberá del vino del furor de Dios, que está preparado puro en la copa de Su ira. Será atormentado con fuego y azufre delante de los santos ángeles y en presencia del Cordero."
Ésta es la copa que Jesús bebería, la cruz no era únicamente su muerte física, sino el recibir por completo la justa ira de Dios por el pecado aún sin merecerlo.
De la misma forma, el bautismo del que Jesús habla no era un rito de purificación, no era como el bautismo administrado por Juan el Bautista, sino un símbolo de cómo la muerte cubrirían por completo a nuestro Rey.
Salmo 69:14–15 "Sácame del cieno y no dejes que me hunda; Sea yo librado de los que me odian, y de lo profundo de las aguas. No me cubra la corriente de las aguas, Ni me trague el abismo, Ni el pozo cierre sobre mí su boca."
Jacobo y Juan no entienden que éste es el camino por el cual el Señor andará para llegar a la gloria. Su gran ignorancia se enfatiza en su respuesta:
Marcos 10:39 "Le respondieron: «Podemos».
¡Qué confianza! ¡Cuanta audacia de parte de estos dos! Una confianza llena de insensatez.
¿Pueden ellos sufrir en sus propias carnes la completa y justa ira de Dios? ¿Pueden ellos enfrentarse al Hades y la muerte, a Satanás mismo y salir victoriosos?
Sin duda, ellos no saben lo que piden.
Pero Jesús luego continua anticipando para ellos lo que ellos no esperan. Jesús afirma que, en efecto, ellos sufrirán la igual que su Señor, evidentemente no con la misma magnitud e implicaciones, pero sí beberán y serán bautizados con los mismos padecimientos de su Señor.
Marcos 10:39–41 "Le respondieron: «Podemos». Y Jesús les dijo: «La copa que Yo bebo, beberán; y serán bautizados con el bautismo con que Yo soy bautizado; »pero el sentarse a Mi derecha o a Mi izquierda, no es Mío el concederlo, sino que es para quienes ha sido preparado». Al oír esto, los diez comenzaron a indignarse contra Jacobo y Juan."
Ellos, al igual que el Rey, serán entregados, se burlarán de ellos y serán condenados a muerte por ser súbditos del Rey.
Sin embargo, a pesar de todo eso, no son merecedores de sentarse ni a la izquierda ni a la derecha. Verás, no es por méritos, es por humillación. Jesús muestra su propia sujeción al Padre. No solo en su muerte en la cruz, Jesús es el perfecto ejemplo de humildad, pues Él no exige ser exaltado sino que confía en su Padre por completo, y se sujeta a su voluntad por completo.
Es el Padre quien exalta a quien le place, y humilla a quien desea.
El apóstol Pablo los describió a la perfección en Filipenses 2:9–10, después de describir la humillación de Cristo, escribió: ”Por lo cual Dios también lo exaltó hasta lo sumo, y le confirió el nombre que es sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en el cielo, y en la tierra, y debajo de la tierra,"
Esto es lo paradójico, Dios el Padre no exalta ni reconoce al que tiene más mérito, como si se tratara del Balón de Oro. El camino hacia la gloria en el reino de Dios es el de la humillación y el sacrificio por los demás.
Ahora, podríamos pensar que éste era un problema solo de Jacobo y Juan, pero ellos simplemente fueron más atrevidos que los demás. Ellos se atrevieron a pedirle a Jesús lo que los otros nueve deseaban pero no decían.
¿Recuerdas Marcos 9? Después del segundo anuncio de su muerte, los doce no dejaban de pelear entre sí para ver quién tenía más méritos para ser el mayor.
Marcos 9:30–34 "Saliendo de allí, iban pasando por Galilea, y Él no quería que nadie lo supiera. Porque enseñaba a Sus discípulos, y les decía: «El Hijo del Hombre será entregado en manos de los hombres y lo matarán; y después de muerto, a los tres días resucitará». Pero ellos no entendían lo que les decía, y tenían miedo de preguntar a Jesús. Llegaron a Capernaúm; y estando ya en la casa, Jesús les preguntaba: «¿Qué discutían por el camino?». Pero ellos guardaron silencio, porque en el camino habían discutido entre sí quién de ellos era el mayor."
No era un problema exclusivo de Jacobo y Juan, sino de los doce.
Y en esta actitud, ellos demuestran cuán llenas del mundo están sus mentes.
¿Qué es el éxito? ¿Qué es la grandeza? ¿Cómo saber que las cosas se están haciendo bien? ¿Cuáles son los resultados que debemos buscar en nuestras vidas como súbditos del Rey?
Esto es lo que Jesús responde a continuación.
EL REY DEFINE LA GRANDEZA (Marcos 10:42-45)
EL REY DEFINE LA GRANDEZA (Marcos 10:42-45)
El patrón de Marcos 9 se repite en el capítulo 10.
Jesús anuncia su muerte, los discípulos interpretan erróneamente la gloria y grandeza de Cristo, y el Señor les enseña. Redefine para ellos lo que significa ser grande según el criterio de Dios.
Lean conmigo Marcos 10:42–45 "Llamándolos junto a Él, Jesús les dijo*: «Ustedes saben que los que son reconocidos como gobernantes de los Gentiles se enseñorean de ellos, y que sus grandes ejercen autoridad sobre ellos. »Pero entre ustedes no es así, sino que cualquiera de ustedes que desee llegar a ser grande será su servidor, y cualquiera de ustedes que desee ser el primero será siervo de todos. »Porque ni aun el Hijo del Hombre vino para ser servido, sino para servir, y para dar Su vida en rescate por muchos»."
Jesús usa el ejemplo de cómo los poderoso del mundo llegan al poder. Lo hacen al enseñorearse de los demás. Es decir, compitiendo y conquistando. Doblegando la voluntad de otros, imponiéndose con mayor fuerza sobre otros. Piensen en todas las guerras que ocurren. Todas ellas son una lucha de poder entre naciones. El vencedor conquista y somete al otro.
El camino a la grandeza en el mundo es poder medio de la auto exaltación y la victoria. Al imponerse a los demás. Gana el más rápido, el más fuerte, el más resistente. Todo esto es impulsado por el orgullo humano, por un concepto de sí mismos que busca reconocimiento del individuo.
Pero Jesús contrasta este camino hacia la grandeza con el camino hacia la grandeza en su propio reino. Y como es de esperarse, ese camino es exactamente igual al que el Rey mismo transitó.
Marcos 10:43–45 "»Pero entre ustedes no es así, sino que cualquiera de ustedes que desee llegar a ser grande será su servidor, y cualquiera de ustedes que desee ser el primero será siervo de todos. »Porque ni aun el Hijo del Hombre vino para ser servido, sino para servir, y para dar Su vida en rescate por muchos»."
Es interesante que Jesús no condena el deseo de grandeza, de hecho, dice: “cualquiera que desee llegar a ser grande…”, en otras palabras, desear ser grande para con Dios no es un pecado, de hecho, es algo bueno a desear. El problema es cuando pensamos que podemos llegar a ser grandes para con Dios según la perspectiva humana.
Recuerdo hace ya 6 o 7 años, cuando la iglesia decidió en asamblea de miembros, reconocerme como uno de los pastores. En aquel entonces, algunos hermanos de la iglesia con muy buenas intenciones, se me acercaron y me dijeron: “felicidades, te lo mereces porque te lo has ganado”. Ahora, entiendo su intención, ellos reconocían algunas características que por la gracia de Dios Él me ha concedido. Pero realmente, amados, no estoy en el ministerio porque me lo he ganado, sino porque Dios en su misericordia le ha placido que así sea.
Él es quien me ha puesto a mí y a Jhon en la posición de autoridad en la que estamos, pero aún el ejercicio de esta autoridad, no debe ejercerse como el mundo lo hace. No hemos llegado aquí por competir con nadie, y tampoco debemos mantenernos aquí al gobernar como lo hacen los gentiles. Imponiendo nuestra autoridad sobre el resto.
Por el contrario, el deseo de grandeza según Dios, debe ser acompañado con el camino a la grandeza según Dios.
Y es aquí donde el Señor usa este contraste: “Pero entre ustedes no es así”, y procede a describir el camino según Dios.
Marcos 10:44 "y cualquiera de ustedes que desee ser el primero será siervo de todos."
En el reino de Dios, el camino hacia arriba es hacia abajo. El camino a la exaltación, es la humillación. El camino a ser el primero, es convirtiéndose en el último.
Ahora, ¿qué significa esto en términos prácticos?
En primer lugar, significa que:
En vez de preguntarnos qué merecemos o qué nos corresponde, nos preguntamos cómo podemos servir a los demás.
En vez de buscar posiciones de prestigio, buscamos servir aun cuando nadie nos ve.
Significa que no buscamos nuestro propio beneficio sino el de los demás. Significa que pensamos en las necesidades de otros en vez de nuestra propia comodidad.
Significa que estamos dispuestos a renunciar a nuestros propios derechos por las necesidades de otros.
Significa que estamos llenos de la misma humildad de Cristo, incluso si eso implica ser tratados injustamente sin defendernos a nosotros mismos, por el bien de otros.
Significa que no buscamos vindicación sino que confiamos en Dios y su justicia.
Significa que estamos dispuestos a dar nuestra vida por otros.
Podríamos resumirlo de la siguiente manera: “El camino a la grandeza en el reino de Dios no consiste en conseguir que otros estén debajo de nosotros, sino en ponernos nosotros debajo de los demás para servirles”
Esto es exactamente lo que vimos el domingo pasado, Jesús advirtió sobre el peligro de las riquezas en la vida del ser humano, y terminó esa enseñanza con este mismo principio Marcos 10:31 "»Pero muchos primeros serán últimos, y los últimos, primeros»."
Ahora, no son las riquezas, sino las ambiciones de reconocimiento y grandeza, contra lo que el Señor advierte a sus discípulos. Es el deseo de prominencia sobre los demás.
Ahora bien, aquí encontramos el clímax de todo este capítulo. Porque el Señor no simplemente está enseñando sobre los valores del reino, sino que justifica estos valores en su propia vida y sacrificio.
Marcos 10:45 "»Porque ni aun el Hijo del Hombre vino para ser servido, sino para servir, y para dar Su vida en rescate por muchos»."
Jesús vuelve a usar este término que claramente lo identifica a Él como el Rey glorioso y todopoderoso que el Antiguo Testamento profetizaba. Jesús se identifica como Aquel que merece ser exaltado, Aquel a quien le corresponde ser adorado, Aquel delante de quien toda rodilla debe doblarse y toda boca debe callarse en santa reverencia y honor al Rey.
Y precisamente, este Rey, grande y glorioso, recibe todo poder y gloria después de haber enfrentado la cruz. Después de haberse rebajado a sí mismo hasta la posición de siervo.
Jesús explica cuál es el propósito de su misión en este mundo, es hacerse siervo. Escucha bien, esto, Jesús no tuvo que hacerse Rey, Él es Rey, es Dios, es dueño de toda la creación. El honor y la gloria ya le pertenecen. Son suyos.
Pero quiso hacerse siervo por amor a nosotros. Quiso humillarse, para rescatarnos.
Verás, los padecimientos y la muerte de Jesús tienen un propósito, rescatarnos de nuestro pecado y de la ira de Dios que tanto merecemos. La misión del Rey fue una misión suicida en la que Él dio su vida para que nosotros podamos ser librados de la muerte.
Conexión con el evangelio: Amado amigo que nos visitan en esta mañana. Seguramente has escuchado que Jesús murió en la cruz por nosotros, pero ¿realmente entiendes lo que significó para el Rey. Su humillación, inmerecida, su castigo inmerecido, para que tú puedas recibir perdón. Jesús murió para rescatarte del pecado y la ira. La razón de eso, es que ni tú ni yo podíamos hacerlo por nosotros mismo.
Jesús mostró su gran humildad a hacer esto por pecadores desagradecidos que desprecian su gracia, aún cuando es ofrecida de forma insistente por un corazón lleno de amor. La pregunta es ¿cómo vas a responder ante esta realidad? El Rey se ha humillado por ti. El Rey se ha hecho nuestro siervo. Seremos indiferentes ante su llamado al arrepentimiento para que tengamos vida.
Cristo lo ha hecho todo por nosotros, y solo demanda que nos rindamos a Él abandonando toda confianza en méritos propios, para reconocer que ser grandes delante de Dios viene como consecuencia de humillarnos delante de Él, reconociendo nuestro pecado y maldad, y confiando en que así como exaltó a Cristo por medio de la resurreción, así también seremos glorificados en Él no por lo que hayamos hecho, sino por lo que Cristo hizo a nuestro favor. Amado amigo, no pierdas tu tiempo y tu vida alcanzando la grandeza según este mundo, ven a Jesús, póstrate a sus pies en arrepentimiento y fe, y Él te rescatará del mal.
APLICACIONES
APLICACIONES
Qué significa esto para nosotros, de forma resumida, significa que nuestra vida tiene forma de cruz. Es decir, de sacrificio y auto-negación.
De forma práctica, afecta la forma en cómo vemos la vida y cómo respondemos ante ciertas situaciones:
Evalúa tus motivaciones: Haces las cosas para recibir reconocimiento or por amor a Dios y a los demás. ¿Qué pasa si nadie nunca te reconoce por lo que haces? ¿Si nadie nunca te agradece por tu servicio? Recuerda, ¿qué esclavo recibía la gratitud de su amo? Ninguno, ¿buscamos nosotros ese reconocimiento humano o de Dios? Cuando el servicio implica renunciar a tu comodidad, ¿estás igual de dispuesto a servir?
2. Cultiva un corazón que no se enfoca en sus propios derechos: Cuando alguien en tu trabajo no te respeta o no te trata como mereces, ¿cómo respondes? Según el mundo imponiendo tus derechos, or
3. Cuando tengas que elegir entre ser servido y servir busca servir
4. Cuando tengas autoridad, úsala para servir: El mundo usa la autoridad para beneficio propio, los reyes para enriquecerse, pero no es así en el reino de Dios. Aquellos a quienes se les da autoridad, se les impone la carga de servir. La autoridad cristiana está inseparablemente conectada con el sacrificio y el servicio. No es posible tener autoridad sin que esto requiera servicio y sacrificio. Los padres no tenemos autoridad para que los hijos nos sirvan, sino para protegerlos; los hombres no somos cabeza de hogar para imponer nuestras opiniones, sino para pastorear y cuidar a nuestra familia; los pastores no estamos para que las ovejas nos sirvan sino para dar nuestras vidas en servicio sacrificial por su bienestar espiritual. Los jefes en las empresas no están para aprovecharse de los empleados, sino para el bienestar y la seguridad de todos.
“El camino a la grandeza en el reino de Dios no consiste en conseguir que otros estén debajo de nosotros, sino en ponernos nosotros debajo de los demás para servirles”
Esto es lo que ha hecho nuestro Rey por nosotros, y es lo que estamos llamados a hacer nosotros. La pregunta es, ¿qué tipo de grandeza anhelamos, la del mundo, o la del Rey Siervo?
Oremos.
