Cuando crees en Dios, pero no en que puedas cambiar

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Romanos 6:12-14

Introducción

Hay una diferencia enorme entre creer que Dios existe y creer que Dios puede cambiarte a ti. Muchos de nosotros afirmamos con la boca que Dios es todopoderoso, pero en el fondo de nuestro corazón hemos aceptado una mentira: "Así soy yo. Ya lo intenté. No va a cambiar." Esa mentira, creída como si fuera verdad, nos mantiene presos aunque no exista ninguna cadena real. Hoy quiero mostrarles, desde la Palabra, que esa mentira tiene nombre, tiene remedio, y tiene un poder mayor que la puede vencer.

I. Identifica la mentira

Antes de cambiar cualquier cosa, hay que reconocer que "no puedo cambiar" no es una declaración de fe, es una mentira aceptada como verdad. Y una mentira que creemos nos afecta exactamente igual que si fuera cierta.
Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; 4porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, 5derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo (2 Corintios 10:3-5)
El término traducido como “fortalezas” significa “encerrar” “fortificar” o “encarcelar”. Eso es lo que intenta hacernos nuestro enemigo. Nos miente hasta que quedemos convencidos de que estamos atrapados y jamás podremos escapar de nuestros problemas.

II. Admite el problema

Romanos 6:14 declara: "Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros” Esa es la promesa. Pero la realidad de muchos es otra: siguen dominados por algo —un hábito, una actitud, una adicción— y se niegan a nombrarlo. El primer paso hacia la libertad nunca es el cambio en sí; es la honestidad. Mientras sigamos justificando el problema, no podremos resolverlo. No se puede sanar lo que no se admite.
Algunos están atrapados en una falsa creencia. Piensan que no son lo suficiente buenos o agradables, y que jamás lo serán. O están convencidos de que siempre tendrán una actitud negativa. Otros creen que jamás podrán estar en forma, y hay otros más que están convencidos de que su destino es seguir en el empleo que tienen por más que no le encuentran sentido.
Muchos están encarcelados, presos de falsos pensamientos, creyendo que no podrán escapar, que nunca podrán cambiar.

III. Dios puede ayudarte a cambiar

Cuando los discípulos vieron lo difícil que era para un hombre rico entrar al reino de los cielos, se preguntaron quién podría salvarse. Jesús respondió en Marcos 10:27: "Para los hombres es imposible, mas para Dios no; porque todas las cosas son posibles para Dios."
Ahí está la clave de todo el mensaje de hoy: lo que es imposible para ti, no lo es para Él. Si has decidido que "simplemente no puedes cambiar", esa conclusión no viene de Dios, viene del enemigo, porque contradice directamente quién es Dios.

IV. Deja a un lado las excusas

Juan 5 nos narra que Jesús se acercó a un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo junto a un estanque, y le hizo una pregunta que parece obvia: "¿Quieres quedar sano?" (Juan 5:6). En lugar de decir "sí", el hombre respondió con una excusa (v. 7).
Y hay en Jerusalén, cerca de la puerta de las ovejas, un estanque, llamado en hebreo Betesda, el cual tiene cinco pórticos. 3En éstos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos, que esperaban el movimiento del agua. 4Porque un ángel descendía de tiempo en tiempo al estanque, y agitaba el agua; y el que primero descendía al estanque después del movimiento del agua, quedaba sano de cualquier enfermedad que tuviese. 5Y había allí un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo. 6Cuando Jesús lo vio acostado, y supo que llevaba ya mucho tiempo así, le dijo: ¿Quieres ser sano? 7Señor, le respondió el enfermo, no tengo quien me meta en el estanque cuando se agita el agua; y entre tanto que yo voy, otro desciende antes que yo. 8Jesús le dijo: Levántate, toma tu lecho, y anda (Juan 5:2-8)
Cuántas veces hacemos lo mismo. Dios nos ofrece sanidad, y nosotros le devolvemos justificaciones.
Pablo nos enseña el remedio en 2 Corintios 10:5: "Llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia de Cristo." No se trata de esperar a sentir ganas de cambiar; se trata de tomar cada pensamiento de derrota y someterlo a la verdad de Dios.
Y esa verdad incluye quién eres realmente:
— tienes la mente de Cristo.1 Corintios 2:16 
— Dios está renovando tu mente cada día.Romanos 12:2 
— el mismo Espíritu que resucitó a Cristo de los muertos vive en ti.Romanos 8:9-11 
— fuiste creado a imagen de Dios.Génesis 1:27 
— Él te conocía antes de que nacieras.Salmo 139:13-16 
— tiene planes preparados de antemano para ti.Efesios 2:10 
Con este fundamento no hay excusa que se sostenga. Con Dios, todo es posible.

V. Ríndete al poder de Dios

Aquí está el corazón del mensaje. En Colosenses 1:29, Pablo dice: "para lo cual también trabajo, luchando según la potencia de él, la cual actúa poderosamente en mí” La palabra que se traduce "lucho" es agonizomai: esforzarse, competir por un premio. Esto nos dice algo importante: cambiar sí exige esfuerzo de nuestra parte. Pero ese esfuerzo no nace de la fuerza de voluntad; nace del poder de Cristo obrando en nosotros.
Y por eso Pablo pudo escribir una de las declaraciones más contraintuitivas de toda la Escritura, en 2 Corintios 12:9-10: "Te basta con mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad... porque cuando soy débil, entonces soy fuerte."
El cambio verdadero no comienza cuando por fin encontramos la fuerza suficiente. Comienza cuando dejamos de confiar en nuestra propia fuerza y nos rendimos al poder de Dios en medio de nuestra debilidad.

Conclusión e invitación

No puedes cambiar con tus propias fuerzas. Nunca pudiste, y no es necesario que puedas. Lo que Dios te pide hoy no es que arregles todo de una vez, sino que hagas lo que esté a tu alcance hoy, y que confíes en que Él hará lo que tú no puedes hacer.
La pregunta no es si Dios puede cambiarte. Eso ya quedó establecido: para Dios todo es posible. La pregunta es si vas a seguir creyendo la mentira, o si hoy vas a rendirte a la verdad y al poder de Aquel que te formó.
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