EL DISEÑO DE DIOS PARA LA IGLESIA Actitudes Espirituales Del Creyente
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EL DISEÑO DE DIOS PARA LA IGLESIA
Actitudes Espirituales Del Creyente
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INTRODUCCIÓN
Como ya hemos notado, las verdades fundamentales de una iglesia consiste en una series de verdades no negociables sobre las cuales no podemos ceder en nada. Como las columnas principales de un edificio, esas verdades son rígidas e inflexibles, constituyen la columna vertebral del ministerio bíblico.
Pero a semejanza de todo cuerpo vivo, la iglesia no puede existir solo como un esqueleto. Un esqueleto provee de una estructura, pero no está vivo. Un cuerpo físico tiene órganos y fluidos que lo mantienen vivo y funcionando. Así, pues, una iglesia debe tener sistemas internos, es decir, ciertas actitudes espirituales. La vida de una iglesia proviene de esas actitudes espirituales.
Quiero generar actitudes espirituales apropiadas en vuestros corazones. Una persona puede hacer algo bueno exteriormente y no obstante, tener una mala actitud. Sin embargo, el buen comportamiento exterior debiera ser el resultado de las buenas actitudes. Por eso es tan importante hacer hincapié en el fruto del Espíritu (): las actitudes internas.
Si no cambiamos esto y solo hacemos un cambio de cosas externas vamos a tener a los mismos miembros con las mismas actitudes malas en una estructura diferente y no vamos a entender el propósito detrás de los cambios.
Si las actitudes espirituales correctas se encuentran presentes en la iglesia, implementar una estructura adecuada nunca será problema, porque las personas controladas por el Espíritu van a hacer las cosas a las que el Espíritu les guía, porque se conformará con el modelo bíblico de la iglesia.
Deseo hablar de las actitudes que tenemos como creyentes. No estoy interesado en tratar de asegurarme que tengamos un comportamiento determinada en cuanto a las ofrendas, la asistencia a los cultos semanales; asistir al discipulado FDF, discipulado de evangelismo; a orar cinco horas a la semana y a leer la Biblia a diario. Estas cosas son respuestas a las actitudes correctas. Nuestra meta como iglesia debiera ser la de generar en las personas las actitudes espirituales correctas. Eso a veces resulta difícil porque las personas no quieren tener las actitudes que corresponden y es más fácil dejarles hacer cosas "buenas" con una mala actitud. Al hacerlo así les permitimos a esas personas con malas actitudes obtener satisfacción de un comportamiento legalista.
I. Obediencia
La obediencia está a la cabeza de todas las demás actitudes. Un creyente obediente hace todo lo que Dios dice que haga. No se dedica a buscar arreglos. Si Dios dice que haga algo, punto final. No hay nada que discutir. Es muy importante para nosotros tener la Palabra de Dios en nuestras mentes y corazones de modo que sepamos cómo ser obedientes. La obediencia es la sine qua non de todas las actitudes correctas. Es la actitud que lo invade todo y permite que las demás virtudes espirituales sean posible. El comportamiento sin una actitud de obediencia no tiene sentido; la obediencia interna es mucho mejor que un acto externo de adoración (). Además, la obediencia nos lleva a las otras actitudes espirituales correctas.
Hay otras razones importantes por las que debemos vivir en obediencia: Para glorificar a Dios, para recibir bendiciones, para dar testimonio a los incrédulos y ser un ejemplo para otros cristianos. El ser obedientes también nos permite ser llenados con el Espíritu Santo. Cuando estamos llenos con el Espíritu, estamos en condiciones de poder alcanzar a los no creyentes y ser un ejemplo para los que nos observan cómo vivimos.
Jesús dice en : "¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo". Si Jesús es el Señor de su vida, debiera hacer lo que le pide que haga. nos dice que el camino que lleva a la salvación es angosto. Lo es porque está limitado por la voluntad de Dios, la ley y la Palabra. Tenemos que afirmar a Cristo como Señor () y someternos a su señorío. Eso significa vivir una vida de obediencia.
No diga como dijo un hombre que no quería obedecer la respuesta a su pregunta: "No creo que ustedes lo entiendan. Los cristianos están tan enredados en la Biblia que no entienden como obra y siente Dios". ¿Cómo vamos a saber lo que piensa Dios acerca de algo si no es mediante la lectura de la Biblia? Aquel hombre no estaba dispuesto a escuchar lo que Dios tenía que decirle acerca de su problema porque no quería enfrentarse a su propio sentimiento de culpa. dice: "Pero el que guarda su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él". La meta de nuestra iglesia debiera ser la de formar un pueblo obediente. Esa ha sido siempre la intención de Dios tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamentos. Cuando Dios habla, nosotros debemos obedecer.
Es triste que cuando algunas personas se ven confrontadas con la verdad divina que los convence de algo que no es correcto en sus vidas, ellos siguen en su camino de desobediencia. Por ejemplo, supongamos que escucha un sermón acerca del perdón y hay alguien que usted conoce que necesita su perdón. Pero usted procura borrar ese mensaje de su mente y continuar con su actitud de amargura y de negarse a perdonar. Eso es desobediencia. Es todo lo contrario a lo que Dios quiere conseguir en su vida.
Alguien dirá: "Yo voy al templo. ¿No es eso suficiente?" dice: "Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios". El ritual nunca puede reemplazar a la obediencia. En el apóstol dice: "Ceñid los lomos de vuestro entendimiento". En otras palabras, estén seguros de que sus prioridades están en buen orden. "Como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia" (). No vivan en la manera que vivían antes de ser cristianos. Tienen que ser hijos obedientes.
Jesús dijo: "Antes bienaventurados los que oyen la Palabra de Dios, y la guardan" (). Pablo, al elogiar a los cristianos de Roma, dice: "Porque vuestra obediencia ha venido a ser notoria a todos, así que me gozo de vosotros" (). El corazón de un pastor se alegra cuando es manifiesta la obediencia de los creyentes.
Quizá la razón por la que muchas personas al final dejan de servir a Cristo es porque escuchan la predicación de la Palabra y leen su biblia, pero no la aplican.
Debemos comprometernos a obedecer la Palabra de Dios. Si el Espíritu le enseña a usted una verdad, aplíquela. Cuando se sienta tocado en su conciencia por la verdad, no diga: "Cuánto me hubiera gustado que tal persona hubiera escuchado este sermón". Aplique el mensaje a su propia vida. Cuando usted obedece a Cristo, crece en madurez espiritual y se hace más útil en las manos de Dios.
II. Humildad
La segunda actitud que un cristiano debiera cultivar es la humildad. He luchado con el orgullo y seguro que usted también ha tenido problemas con ello. La humildad es muy escurridiza porque cuando usted se dice a sí mismo: "¡Qué humilde soy!", está siendo orgulloso.
La única diferencia que hay entre usted (la congregación) y yo es que Dios me había llamado a mí a predicar. Confío que cuando usted se hizo cristiano no cayó en la ilusión de pensar que Dios le necesitaba. Algunas personas dicen: "¡Si el Señor pudiera salvar a aquella persona! Tiene mucho talento y es un gran líder". Eso es ridículo. El Señor puede salvar a cualquier persona que Él quiera. Y nosotros no tenemos nada que ofrecerle a Dios. Somos como el hombre en que no podía pagar la deuda de diez mil talentos. El pobre no tenía nada para ofrecer. nos dice: "Bienaventurados los pobre en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos". Es decir, cuando entramos en el reino de Dios, lo hacemos como pobres mendigos que no tienen nada para ofrecer. Estábamos en la bancarrota espiritual. Si tenemos algo ahora, no es porque nos lo hayamos ganado, sino que Dios nos lo dio. Lo único que tengo para ofrecerle a Dios es lo que Él me dio mediante el don de la salvación y de su Espíritu. No puedo recibir reconocimiento por eso, debo darle la gloria a Dios. No tengo razón para enorgullecerme.
Dios, mis hermanos nos ha llamado a ser personas humildes y sacrificadas. La Biblia habla con frecuencia acerca de la humildad. En esencia Jesús nos dice en : "El hombre que se niega a sí mismo y toma su cruz, halla su vida al seguirme". Vuelve a decir lo mismo en : Niéguese a sí mismo y sígame. Pague el precio del humillarse a sí mismo y póngase por debajo de otros. En leemos: "Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros". Busque honrar a los demás y atender a sus necesidades. Si los miembros de una iglesia están peleando por las posiciones de autoridad o por un cargo, vamos a experimentar el mismo caos que cuando los discípulos andaban buscando los primeros puestos (; ; ).
Debiéramos desear de todo corazón ser humildes. Eso no quiere decir que tenemos que desvaloramos a nosotros mismos, porque en Cristo somos eternamente valiosos. No tenemos que andar por ahí diciendo: "Soy un gusano; soy una rata; soy una basura; no soy nada". (No obstante, nunca olvidemos que Cristo es quien nos hizo valiosos, no lo ganamos por nosotros mismos.) Somos de valor para Dios porque fuimos redimidos y santificados. Eso nos capacita para servirle.
III. Amor
Solo los que son humildes pueden mostrar amor. No me estoy refiriendo a esa clase de amor mundano que es una falsificación y está enfocado en objetos. Esa es la razón por la que muchos matrimonios no perduran. El amor mundano es solo una emoción y cuando la emoción desaparece la relación termina. Esa clase de amor solo busca recibir y no dar.
El amor bíblico no es eso. No es una emoción; es un acto de servicio y sacrificio. No es una actitud; es una acción. El amor siempre hace algo. Las palabras que se emplean en para describir el amor son todas verbos. El amor es un acto de servicio que fluye de un corazón de humildad.
El amor bíblico satisface las necesidades de las personas. Jesús dice en : "Amarás... a tu prójimo como a ti mismo". Un abogado respondió: "¿Y quién es mi prójimo?" (). Jesús respondió con la parábola del buen samaritano (). El samaritano iba pasando a lo largo de un camino y se encontró de pronto con un hombre al que habían golpeado y robado. Él ayudó a aquel hombre y le atendió en sus necesidades. ¿Quién es su prójimo? Todo aquel que tenga una necesidad que usted puede satisfacer. ¿A quién tienen que amar? A todo aquel que tenga una necesidad. ¿Cómo tiene que amarle? Atendiendo a sus necesidades, aun cuando no se sienta emocionalmente vinculado o atraído hacia esa persona.
Una ilustración clásica de la humildad del amor la encontramos en . Jesús y sus discípulos iban a cenar juntos. Los discípulos estaba discutiendo acerca de cuál de ellos era el mayor (). En aquellos días, las personas comían en una posición reclinada, lo que quiere decir que la cabeza de una persona solía estar a unos veinte centímetros de los pies de otro comensal. Era una cortesía común lavar los pies de los participantes antes de disponerse a comer. Pero no había ningún criado a manos para lavar los pies de los discípulos. Ninguno de los discípulos estaba tampoco dispuesto a prestar ese servicio porque habían estado discutiendo acerca de quién de ellos era el más importante. De modo que Jesús se quitó su túnica, se puso una toalla alrededor de la cintura y les lavó los pies (). Les enseñó una lección inolvidable. Cuando terminó, les dijo: "Ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis" (). En otras palabras, les estaba diciendo: "Como yo os he amado, que también os améis unos a otros" (). ¿Cómo demostró Él su amor por ellos? No por una vinculación emocional. Probablemente lo único que sentía en ese momento era disgusto debido al egoísmo y el orgullo de los discípulos. Les mostró su amor atendiendo a sus necesidades. De la misma manera, nosotros estamos llamados a satisfacer las necesidades de otros.
Debiéramos satisfacer las necesidades de otras personas espontánea y voluntariamente. Nuestro amor debiera ser el reflejo de un corazón humilde. El amor fluye de un corazón humilde. El amor busca el consuelo y el gozo de otros.
