Reclamando la Intimidad
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RECLAMANDO LA INTIMIDAD
RECLAMANDO LA INTIMIDAD
Serie: Familia Bíblica en un Mundo ModernoMensaje completo
Texto principal: Génesis 2:18-25 (NVI) Textos complementarios: Hebreos 13:4; Proverbios 5:15-19; 1 Corintios 7:3-5; Efesios 5:25-33; Colosenses 3:12-14.
Idea central: La intimidad es un regalo de Dios que debemos cultivar, proteger y, cuando sea necesario, restaurar. El matrimonio no fue diseñado simplemente para compartir una casa, criar hijos o permanecer juntos, sino para construir una relación en la que dos personas puedan conocerse profundamente, amarse y crecer juntas en la presencia de Dios.
INTRODUCCIÓN: ¿QUÉ NOS REVELÓ NUESTRO CUESTIONARIO?
INTRODUCCIÓN: ¿QUÉ NOS REVELÓ NUESTRO CUESTIONARIO?
¡Buenos días, iglesia!
Hoy continuamos nuestra serie Familia Bíblica en un Mundo Moderno, y vamos a abordar uno de los temas más importantes para nuestros matrimonios: la intimidad.
Recientemente realizamos un cuestionario para conocer mejor la realidad de nuestras familias y matrimonios. Una de las preguntas estaba relacionada con la intimidad física.
Cuando comencé a revisar los resultados, tengo que confesarles algo: ¡me llevé una tremenda sorpresa!
Por alguna razón, existe la percepción de que los hombres siempre desean tener más intimidad física y que las mujeres generalmente desean menos.
Pero ¿saben qué? ¡Los resultados de nuestro cuestionario cuentan una historia diferente!
Resultados de nuestro cuestionario
Resultados de nuestro cuestionario
Cifras compartidas para la preparación de este sermón.
Las mujeres y la intimidad física
Las mujeres y la intimidad física
95 %
95 %
Desean mantener o aumentar la intimidad física en su matrimonio.
95 % Mantener o aumentar5 % Desean menos
¿Quiénes desean más intimidad física?
¿Quiénes desean más intimidad física?
Mujeres
2 de cada 3
Hombres
2 de cada 3
¡Escuchen esto!
El 95 % de las mujeres expresaron que desean mantener o aumentar la intimidad física en sus matrimonios. Solamente el 5 % expresaron que desean menos.
Y cuando examinamos los resultados con mayor detenimiento, encontramos que aproximadamente dos terceras partes de las mujeres desean experimentar más intimidad física.
Pero aquí viene lo interesante.
¡También dos terceras partes de los hombres desean más intimidad física!
Esto rompe con algunas de las ideas tradicionales que tenemos acerca del matrimonio.
Muchas veces pensamos que la intimidad física es un tema que preocupa principalmente a los hombres. Sin embargo, nuestro cuestionario nos muestra que también existe un deseo significativo entre las mujeres.
La pregunta que debemos hacernos es la siguiente:
Si tanto los hombres como las mujeres expresan el deseo de disfrutar de una mayor intimidad física, ¿qué está sucediendo en nuestros matrimonios?
¿Por qué tantas parejas experimentan dificultades en esta área?
¿Será el cansancio?
¿Será la falta de tiempo?
¿Será que estamos tan ocupados criando hijos, trabajando y cumpliendo con nuestras responsabilidades que hemos descuidado nuestra relación?
¿Será que hemos perdido nuestra conexión emocional?
¿O será que hemos permitido que nuestras experiencias, la cultura y nuestras expectativas definan la intimidad de una manera diferente a como Dios la diseñó?
Nuestros resultados muestran que este tema tiene una demanda significativa dentro de nuestra propia congregación.
Y si existe una necesidad tan importante en nuestra iglesia, tenemos la responsabilidad pastoral de abordarla desde las Escrituras.
Ahora bien, los resultados nos muestran lo que las personas expresaron, pero no nos explican todas las causas de estas dificultades.
Para comprender mejor la intimidad matrimonial, necesitamos regresar al diseño de Dios.
Y antes de abrir nuestras Biblias, quiero compartir con ustedes una ilustración.
Nota de preparación: se han utilizado las cifras que proporcionaste. Conviene confirmar que el 95 % corresponde exactamente a las mujeres que desean mantener o aumentar su intimidad y verificar la redacción original de la pregunta antes de presentar las cifras públicamente.
ILUSTRACIÓN: EL FUEGO QUE CALIENTA O DESTRUYE NUESTRO HOGAR
ILUSTRACIÓN: EL FUEGO QUE CALIENTA O DESTRUYE NUESTRO HOGAR
Imaginen conmigo una noche de invierno aquí en Texas.
Hace muchísimo frío. Afuera estamos experimentando una de esas temperaturas que nos hacen recordar que también en Texas existe el invierno.
Pero dentro de la casa tenemos una hermosa chimenea.
Encendemos el fuego, la familia se reúne en la sala y comenzamos a disfrutar de su calor.
El fuego proporciona comodidad. Nos permite disfrutar de un ambiente agradable y crea una oportunidad para compartir con nuestra familia.
¡El fuego es una bendición!
Ahora, quiero que imaginen algo completamente diferente.
¿Qué sucedería si tomáramos uno de esos troncos encendidos y lo colocáramos en medio de la alfombra de nuestra sala?
¡Tendríamos un problema enorme!
Ese mismo fuego que estaba proporcionando calor y comodidad ahora podría consumir y destruir nuestro hogar.
Pero escuchen esto:
El problema no es el fuego. El problema es dónde colocamos el fuego y cómo lo cuidamos.
La intimidad sexual fue diseñada por Dios.
Fue Dios quien creó nuestros cuerpos. Fue Dios quien estableció el matrimonio. Fue Dios quien diseñó la unión física entre el esposo y la esposa.
La intimidad sexual, dentro del matrimonio, puede ser un regalo extraordinario que fortalece nuestra unidad, expresa nuestro amor y nos permite disfrutar de una relación profundamente significativa.
Pero cuando buscamos satisfacer nuestros deseos fuera de ese diseño, mediante la infidelidad, la pornografía o las relaciones sexuales fuera del matrimonio, podemos causar heridas profundas.
Sin embargo, esta ilustración tiene una segunda enseñanza que quiero destacar esta mañana.
¿Qué sucedería si tenemos una hermosa chimenea, pero nunca encendemos el fuego?
Podríamos tener una chimenea extraordinaria, construida con los mejores materiales, perfectamente diseñada, pero nuestra casa continuaría fría.
Y eso también puede suceder en nuestros matrimonios.
Podemos permanecer juntos durante veinte o treinta años.
Podemos tener una hermosa casa, buenos trabajos, hijos extraordinarios y hasta servir activamente en nuestra iglesia.
Podemos proteger nuestro matrimonio de las amenazas externas.
Pero también podemos descuidar completamente nuestra intimidad.
¡Tenemos una chimenea, pero hemos dejado apagar el fuego!
Y quiero que escuchen esto:
No basta con proteger el fuego. También necesitamos aprender a cultivarlo.
No basta con proteger el fuego. También necesitamos aprender a cultivarlo.
El matrimonio atraviesa diferentes temporadas. La enfermedad, los cambios físicos, las responsabilidades familiares y muchas otras circunstancias pueden afectar nuestra intimidad sexual.
Por eso, cultivar el fuego no significa exigir una frecuencia determinada de relaciones sexuales. Significa cuidar nuestra conexión y procurar el bienestar de ambos.
La verdadera intimidad incluye mucho más que un encuentro físico.
Incluye amistad, confianza, comunicación, afecto, seguridad emocional y nuestra relación con Dios.
Y aquí encontramos la razón por la que hemos titulado este mensaje:
RECLAMANDO LA INTIMIDAD
RECLAMANDO LA INTIMIDAD
Reclamar significa recuperar algo que hemos perdido o que nos ha sido arrebatado.
Durante demasiado tiempo hemos permitido que la cultura defina nuestra comprensión de la sexualidad.
En ocasiones, incluso dentro de la iglesia, hemos hablado tanto de lo que no debemos hacer que nos hemos olvidado de enseñar el hermoso propósito para el cual Dios creó la intimidad matrimonial.
Pero si Dios diseñó la intimidad, debemos permitir que su Palabra nos enseñe cómo cultivarla.
Esta mañana vamos a regresar al principio, al huerto del Edén, para descubrir cinco verdades fundamentales que nos ayudarán a reclamar la intimidad en nuestros matrimonios.
1. RECLAMAMOS LA INTIMIDAD CUANDO REGRESAMOS AL DISEÑO DE DIOS
1. RECLAMAMOS LA INTIMIDAD CUANDO REGRESAMOS AL DISEÑO DE DIOS
Texto bíblico: Génesis 2:18-25
La primera vez que encontramos algo que Dios declara que no es bueno en la creación aparece en Génesis 2:18.
Dios dice:
«No es bueno que el hombre esté solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada». — Génesis 2:18, NVI
Pensemos por un momento en el contexto.
Adán vivía en el huerto del Edén.
Tenía trabajo, propósito, provisión y una relación con su Creador.
No existía el pecado.
No había conflictos económicos.
No había enfermedad ni una sociedad que amenazara su bienestar.
Sin embargo, Dios identificó algo que no era bueno: el hombre estaba solo.
Esto nos enseña que fuimos creados como seres relacionales. Necesitamos comunidad, compañía y conexiones significativas.
Dentro de ese diseño, Dios estableció el matrimonio como una relación singular de unidad y compromiso.
Dios creó a Eva y la presentó delante de Adán.
La respuesta de Adán es extraordinaria:
«Esta sí es hueso de mis huesos y carne de mi carne». — Génesis 2:23, NVI
Adán reconoció en Eva a alguien con quien podía compartir su vida.
El versículo 24 presenta el fundamento del matrimonio: dejar al padre y a la madre, unirse al cónyuge y llegar a ser una sola carne.
Y el versículo 25 añade un detalle extraordinario:
«En ese tiempo el hombre y la mujer estaban desnudos, pero no se avergonzaban». — Génesis 2:25, NVI
¡Qué descripción tan poderosa!
Estaban completamente expuestos y no experimentaban vergüenza.
No tenían nada que esconder.
No necesitaban fingir.
No tenían que aparentar ser personas diferentes para conseguir la aceptación del otro.
Esa es una imagen extraordinaria de la intimidad.
La intimidad consiste en poder presentarte delante de tu cónyuge con tus fortalezas, tus debilidades, tus alegrías y tus temores, sabiendo que estás en una relación comprometida con el amor, la verdad y el respeto.
La verdadera intimidad es ser plenamente conocido y profundamente amado.
Y hay algo particularmente importante que debemos reconocer.
Génesis presenta esta unidad y esta ausencia de vergüenza como parte del diseño de Dios antes de describir la relación sexual de Adán y Eva.
Por lo tanto, la intimidad matrimonial no se reduce a la actividad sexual.
La intimidad física es una expresión importante del matrimonio, pero no puede reemplazar la conexión emocional, relacional y espiritual.
Una pareja puede mantener relaciones sexuales sin disfrutar de verdadera intimidad.
También puede atravesar temporadas de enfermedad, recuperación o limitaciones físicas y continuar desarrollando una profunda intimidad matrimonial.
El diseño de Dios es mucho más rico que un encuentro físico.
Antes de preguntarnos cómo mejorar nuestra intimidad física, necesitamos hacernos una pregunta mucho más profunda:
¿Qué estamos haciendo para cultivar la confianza, la amistad y la conexión emocional en nuestro matrimonio?
2. RECLAMAMOS LA INTIMIDAD CUANDO RECONOCEMOS QUE ES UN REGALO SAGRADO
2. RECLAMAMOS LA INTIMIDAD CUANDO RECONOCEMOS QUE ES UN REGALO SAGRADO
Textos bíblicos: Hebreos 13:4; Proverbios 5:15-19
Durante muchos años, nuestras iglesias han enfatizado principalmente lo que no debemos hacer en relación con nuestra sexualidad.
Hemos hablado de la inmoralidad sexual, del adulterio y de los peligros de las relaciones fuera del matrimonio.
Todas estas enseñanzas tienen su lugar dentro de la ética bíblica.
Sin embargo, si eso es lo único que enseñamos, corremos el riesgo de transmitir la impresión equivocada de que la sexualidad es algo vergonzoso.
La Biblia presenta una realidad diferente.
La intimidad sexual, dentro del matrimonio, forma parte de la buena creación de Dios.
Hebreos 13:4 nos llama a honrar el matrimonio y preservar la santidad de la relación conyugal.
La intimidad sexual no fue creada por Hollywood.
No fue inventada por las redes sociales ni por nuestra cultura.
¡Fue diseñada por Dios!
Y el mismo Dios que diseñó el matrimonio también creó el deseo, el afecto, el romance y el disfrute mutuo.
Consideremos Proverbios 5:18-19.
El escritor bíblico anima al esposo a alegrarse con la esposa de su juventud y a deleitarse en su amor.
¡Eso también está en la Biblia!
El libro de Cantares presenta el romance, la admiración, el deseo y el disfrute de la relación amorosa.
Dios no diseñó el matrimonio como una sociedad comercial entre dos personas que comparten responsabilidades.
El matrimonio también debe ser un lugar donde se cultiven la alegría, el afecto, la amistad y el romance.
Esto significa que necesitamos recuperar nuestra capacidad de disfrutar a nuestro cónyuge.
¿Recuerdas cuando comenzaste a salir con tu esposo o tu esposa?
Querías pasar tiempo con esa persona.
Buscabas oportunidades para conversar.
Te preparabas para encontrarte con ella.
Tenías interés en conocerla.
Ahora, después de varios años de matrimonio, tal vez nuestras conversaciones giran alrededor de quién va al supermercado, quién recoge a los niños o quién olvidó pagar una cuenta.
Todas esas responsabilidades son necesarias, pero no pueden sustituir nuestra relación.
No podemos permitir que las responsabilidades del matrimonio terminen desplazando la relación que dio origen al matrimonio.
No podemos permitir que las responsabilidades del matrimonio terminen desplazando la relación que dio origen al matrimonio.
La intimidad matrimonial puede incluir la procreación, pero su propósito no se limita a tener hijos.
La Biblia también presenta el compañerismo, la unidad y el deleite mutuo como partes importantes del matrimonio.
La pareja que no puede tener hijos o que ya ha pasado esa etapa de su vida no tiene un matrimonio menos completo o una intimidad menos valiosa.
La intimidad sigue siendo un regalo que podemos cultivar durante las diferentes temporadas de nuestra vida.
Y precisamente porque es un regalo sagrado, también necesita protección.
3. RECLAMAMOS LA INTIMIDAD CUANDO PROTEGEMOS NUESTRA UNIDAD
3. RECLAMAMOS LA INTIMIDAD CUANDO PROTEGEMOS NUESTRA UNIDAD
Textos bíblicos: Génesis 2:24; Proverbios 4:23; 1 Corintios 6:16
Quiero que regresemos por un momento a Génesis 2:24.
Dios estableció que el hombre dejaría a su padre y a su madre, se uniría a su esposa y ambos serían una sola carne.
Observa que Dios no está describiendo simplemente dos personas que viven bajo el mismo techo.
Está estableciendo una unión.
La palabra unirse expresa la idea de permanecer estrechamente unidos, de establecer un compromiso que transforma nuestras prioridades.
Cuando nos casamos, estamos declarando que esta relación ocupará un lugar especial en nuestra vida.
Pero quiero que escuchen esto:
Todo aquello que consideramos verdaderamente valioso merece ser protegido.
Protegemos nuestras cuentas bancarias.
Protegemos nuestros hogares.
Protegemos nuestros vehículos.
Instalamos sistemas de seguridad y contratamos seguros.
Sin embargo, a veces dejamos sin protección una de las relaciones más importantes que Dios nos ha entregado.
Hay cuatro áreas que debemos proteger.
Cuatro áreas que debemos proteger
Cuatro áreas que debemos proteger
A. Protege tu corazón
A. Protege tu corazón
Proverbios 4:23 nos recuerda que debemos cuidar nuestro corazón por encima de todo, porque de él mana la vida.
Las relaciones inapropiadas no siempre comienzan con un encuentro físico. En ocasiones comienzan cuando dejamos de compartir nuestro corazón con nuestro cónyuge y comenzamos a desarrollar una intimidad romántica secreta con otra persona.
B. Protege tus ojos
B. Protege tus ojos
Jesús enseñó en Mateo 5:27-28 que la fidelidad también involucra nuestros pensamientos y deseos.
La pornografía, las fantasías y el consumo de contenido sexual pueden crear expectativas que distorsionan nuestra comprensión de la intimidad.
No permitamos que las imágenes de otras personas desplacen la conexión real que necesitamos cultivar con nuestro cónyuge.
C. Protege tus palabras
C. Protege tus palabras
Nuestras palabras tienen el poder de construir o destruir.
Cuidado con las conversaciones secretas, los coqueteos y las comparaciones constantes que pueden debilitar nuestra relación.
Protege también la manera en que hablas con tu pareja. La crítica, el desprecio y las humillaciones pueden destruir la confianza necesaria para desarrollar una intimidad saludable.
D. Protege tus decisiones
D. Protege tus decisiones
Establece límites saludables en tus relaciones, tus comunicaciones y las situaciones que puedan comprometer tu fidelidad.
No esperes a enfrentar una tentación para decidir cuáles serán tus convicciones.
Cultiva hábitos que fortalezcan tu matrimonio.
Pero quiero que comprendamos algo más.
No basta con proteger nuestro matrimonio de las amenazas externas.
También necesitamos prestar atención a lo que ocurre dentro de nuestra relación.
Podemos construir una muralla alrededor del matrimonio y olvidarnos de cultivar lo que está dentro.
La ausencia de infidelidad no garantiza la presencia de intimidad.
Podemos ser fieles físicamente y permanecer emocionalmente ausentes.
Podemos evitar una relación inapropiada y, sin embargo, dejar de expresar afecto, escuchar y dedicar tiempo a nuestro cónyuge.
La fidelidad protege el matrimonio, pero el amor intencional cultiva la intimidad.
4. RECLAMAMOS LA INTIMIDAD CUANDO APRENDEMOS A CONOCERNOS PROFUNDAMENTE
4. RECLAMAMOS LA INTIMIDAD CUANDO APRENDEMOS A CONOCERNOS PROFUNDAMENTE
Textos bíblicos: Génesis 4:1; Filipenses 3:10; Efesios 5:25-33
Existe una palabra muy interesante en las Escrituras.
Génesis 4:1 utiliza el verbo hebreo yada, traducido tradicionalmente como «conocer», para referirse a la relación íntima entre Adán y Eva.
Este verbo puede describir diferentes clases de conocimiento según su contexto.
Aquí se utiliza para hablar de una relación sexual.
Sin embargo, en otros pasajes bíblicos también aparece para expresar un conocimiento personal y relacional.
Esta riqueza del lenguaje nos permite reflexionar sobre una realidad fundamental.
Existe una gran diferencia entre saber cosas acerca de una persona y conocer verdaderamente a esa persona.
Puedes saber muchas cosas acerca de tu esposa sin conocer lo que está ocurriendo en su corazón.
Puedes vivir con tu esposo durante veinte años y descubrir que desconoces algunos de sus temores más profundos.
La intimidad requiere un proceso continuo de descubrimiento.
¿Y saben por qué?
Porque las personas cambiamos.
La persona con la que te casaste hace quince años no es exactamente la misma persona que está sentada a tu lado hoy.
Han vivido experiencias diferentes.
Han atravesado situaciones que han transformado su manera de pensar.
Sus cuerpos han cambiado.
Sus prioridades posiblemente también.
Por eso, el matrimonio necesita cultivar una curiosidad constante.
No podemos asumir que conocemos completamente a nuestro cónyuge simplemente porque llevamos muchos años casados.
La intimidad tiene diferentes dimensiones
La intimidad tiene diferentes dimensiones
Intimidad emocional
Poder expresar nuestros temores, sentimientos, frustraciones y alegrías sin miedo a ser ridiculizados o rechazados.
Intimidad espiritual
Compartir nuestra relación con Dios, orar juntos, conversar sobre las Escrituras y acompañarnos en nuestro crecimiento espiritual.
Intimidad relacional
Cultivar la amistad, disfrutar experiencias compartidas, conversar, divertirnos y desarrollar intereses que nos acerquen.
Intimidad física
Expresar amor mediante el afecto, los abrazos, las caricias y la relación sexual, respetando las necesidades, los límites y el bienestar de ambos.
Estas dimensiones no funcionan de manera completamente independiente.
Se relacionan entre sí.
Por ejemplo, una persona que se siente emocionalmente rechazada posiblemente experimente dificultades para conectar físicamente.
De igual manera, para otra persona, el contacto físico puede ser una manera especialmente significativa de experimentar cercanía emocional.
Cada matrimonio necesita aprender a comprender estas diferencias.
Lo que resulta importante para una persona podría ser diferente para la otra.
Y aquí quiero dirigirme especialmente a los esposos.
Efesios 5:25 nos presenta un modelo extraordinario de amor: Cristo amó a la iglesia y se entregó por ella.
El modelo bíblico no es el egoísmo.
Es el sacrificio.
Un matrimonio saludable no se construye cuando ambos se preguntan constantemente qué pueden obtener del otro.
Se construye cuando aprendemos a servirnos, escucharnos y cuidarnos mutuamente.
Primera de Corintios 7:3-5 presenta la intimidad sexual matrimonial en términos de reciprocidad y consideración mutua.
Este pasaje no autoriza la presión, la manipulación ni la exigencia de relaciones sexuales sin consentimiento. Su enseñanza debe entenderse a la luz del amor cristiano y de la dignidad de ambos cónyuges.
La intimidad verdadera necesita libertad, confianza y respeto.
Cuando el afecto se transforma en una obligación impuesta, perdemos de vista precisamente aquello que buscamos recuperar.
No puedes exigir intimidad. Necesitas cultivar las condiciones donde la intimidad pueda crecer.
5. RECLAMAMOS LA INTIMIDAD CUANDO DECIDIMOS RECONSTRUIR LO QUE HEMOS DESCUIDADO
5. RECLAMAMOS LA INTIMIDAD CUANDO DECIDIMOS RECONSTRUIR LO QUE HEMOS DESCUIDADO
Textos bíblicos: Colosenses 3:12-14; Efesios 4:31-32
Quizás algunos de ustedes están escuchando este mensaje y pensando:
«Pastor, todo esto suena muy bien. Pero usted no conoce nuestro matrimonio».
Posiblemente llevan años sin tener una conversación verdaderamente profunda.
Quizás la crianza de los hijos, las presiones económicas o las exigencias del trabajo han consumido toda su energía.
En algunos casos hay heridas mucho más profundas: traición, infidelidad, resentimiento o una confianza que se ha quebrantado.
En otros matrimonios existen diferencias importantes en cuanto al deseo sexual, condiciones de salud o dificultades emocionales.
La pregunta es: ¿por dónde comenzamos?
Quiero presentarles tres decisiones que pueden ayudarnos a cultivar o reconstruir la intimidad.
Primera decisión: Dejemos de ignorar el problema
Primera decisión: Dejemos de ignorar el problema
Una relación no mejora simplemente porque dejamos de hablar sobre sus dificultades.
En ocasiones hemos aprendido a mantener la paz evitando cualquier conversación incómoda.
Pero evitar un conflicto no es lo mismo que resolverlo.
Necesitamos aprender a conversar con honestidad y humildad.
En lugar de comenzar diciendo: «Tú nunca tienes tiempo para mí», podemos expresar: «Te extraño. Me gustaría que pudiéramos pasar más tiempo juntos».
En lugar de decir: «A ti no te importa nuestro matrimonio», podemos preguntar: «¿Qué crees que podríamos hacer para fortalecer nuestra relación?».
El propósito de estas conversaciones no debe ser encontrar un culpable.
Debe ser comprendernos.
Y comprender requiere escuchar.
No escuchar simplemente para responder, defendernos o demostrar que tenemos razón.
Escuchar para conocer lo que está ocurriendo en el corazón de nuestro cónyuge.
Segunda decisión: Recuperemos nuestra amistad
Segunda decisión: Recuperemos nuestra amistad
No todos los matrimonios necesitan comenzar su proceso de restauración con una gran conversación o una experiencia extraordinaria.
A veces necesitan comenzar con pequeños hábitos.
Salir a caminar juntos.
Tomar un café.
Tener una cita.
Dedicar algunos minutos al día para conversar sin distracciones.
Demostrar afecto sin que cada expresión física tenga que conducir necesariamente a una relación sexual.
Reconocer las cosas buenas de nuestro cónyuge.
Expresar gratitud.
Volver a reírnos juntos.
Y, cuando sea apropiado, recuperar el romance.
Quiero recordarles algo sencillo: el matrimonio requiere intencionalidad.
Antes de casarnos, muchas parejas invierten una enorme cantidad de tiempo, creatividad y energía en desarrollar su relación.
Después de casarnos, a veces actuamos como si el matrimonio pudiera mantenerse automáticamente.
No funciona así.
El matrimonio que descuidamos hoy puede convertirse en la relación que lamentamos haber perdido mañana.
El matrimonio que descuidamos hoy puede convertirse en la relación que lamentamos haber perdido mañana.
Por eso, no esperes a una crisis para comenzar a invertir en tu matrimonio.
Tercera decisión: Permitamos que Dios sane nuestras heridas
Tercera decisión: Permitamos que Dios sane nuestras heridas
Colosenses 3:12-14 nos invita a vestirnos de compasión, bondad, humildad, amabilidad y paciencia, y destaca el amor como aquello que mantiene la unidad.
Estas cualidades son fundamentales para construir matrimonios saludables.
Pero existe una realidad importante.
La restauración no siempre es sencilla ni inmediata.
Cuando ha existido una traición profunda, recuperar la confianza requiere tiempo, arrepentimiento genuino y cambios verificables.
Cuando hay dificultades persistentes de comunicación o intimidad, buscar orientación profesional puede ser un paso de sabiduría.
Y cuando existe abuso, coerción o violencia, la prioridad debe ser la seguridad de la persona afectada.
La Biblia no debe utilizarse para justificar el maltrato ni para exigir que alguien permanezca en una situación peligrosa.
La reconciliación saludable nunca debe confundirse con tolerar el abuso.
La gracia de Dios nos llama al arrepentimiento, la verdad, la justicia y la transformación.
Y para los matrimonios que están luchando con problemas ordinarios de desconexión, cansancio o diferencias en sus necesidades, quiero compartir una palabra de ánimo.
No tienen que resolver todas sus dificultades hoy.
Pero pueden decidir dar un primer paso.
Quizás ese primer paso sea una conversación.
Quizás sea pedir perdón.
Quizás sea reconocer que necesitan ayuda.
Quizás sea comenzar a orar juntos nuevamente.
Lo importante es comprender que la intimidad necesita ser cultivada intencionalmente.
CONCLUSIÓN: EL CAMINO DE REGRESO A LA INTIMIDAD
CONCLUSIÓN: EL CAMINO DE REGRESO A LA INTIMIDAD
Quiero terminar llevándolos nuevamente al huerto del Edén.
En Génesis 2 encontramos a Adán y Eva disfrutando de una relación en la que podían estar completamente expuestos sin experimentar vergüenza.
Pero cuando llegamos a Génesis 3, la historia cambia dramáticamente.
El pecado entra en el mundo.
Y una de las primeras consecuencias que encontramos es que Adán y Eva descubren su desnudez y comienzan a esconderse.
Génesis 3:7 describe cómo confeccionaron coberturas para ellos mismos.
Después, cuando Dios se acerca, se esconden de su presencia.
¡Qué contraste!
En Génesis 2 estaban desnudos y no sentían vergüenza.
En Génesis 3 sienten vergüenza y comienzan a esconderse.
El pecado afectó profundamente su relación con Dios y también su relación matrimonial.
Y algo semejante puede ocurrir en nuestras vidas.
Nos escondemos detrás del trabajo.
Nos escondemos detrás de nuestras responsabilidades.
Nos escondemos detrás del orgullo.
Nos escondemos detrás de nuestras heridas.
En ocasiones construimos muros tan altos para protegernos que terminamos aislándonos de las personas que más amamos.
Pero hay algo maravilloso en esta historia.
Después de que Adán y Eva pecaron, Dios salió a buscarlos.
En Génesis 3:9, Dios llamó al hombre y le preguntó dónde estaba.
La pregunta no significa que Dios desconociera su ubicación. Nos muestra al Creador confrontando al ser humano que se había escondido.
Y esa historia nos recuerda que nuestra esperanza de restauración comienza con Dios.
El evangelio anuncia que Jesucristo vino a reconciliarnos con el Padre.
Por medio de su muerte y resurrección encontramos perdón, una nueva vida y el poder del Espíritu Santo para comenzar a vivir de manera diferente.
Jesús no vino simplemente para mejorar nuestros matrimonios.
Vino para salvarnos y reconciliarnos con Dios.
Pero cuando el evangelio transforma nuestros corazones, también transforma la manera en que nos relacionamos con los demás.
Nos enseña a perdonar, a abandonar el egoísmo, a decir la verdad, a reconocer nuestras faltas y a amar de manera sacrificial.
Y estas transformaciones pueden renovar profundamente nuestros matrimonios.
No podemos recuperar la intimidad sin estar dispuestos a recuperar nuestro corazón.
No podemos recuperar la intimidad sin estar dispuestos a recuperar nuestro corazón.
La intimidad comienza cuando dejamos de escondernos y comenzamos a cultivar relaciones caracterizadas por el amor, la verdad, la confianza y el compromiso.
LLAMADO: TRES PREGUNTAS PARA NUESTRO CORAZÓN
LLAMADO: TRES PREGUNTAS PARA NUESTRO CORAZÓN
Hoy quiero invitarte a examinar tu vida delante del Señor.
No mires a tu esposo o a tu esposa pensando en todo lo que necesita cambiar.
Comienza preguntándote qué necesitas cambiar tú.
Reflexión personal
Reflexión personal
Tres preguntas que puedes llevarte a casa y conversar con tu cónyuge.
1. ¿Qué he dejado de hacer para cultivar la intimidad en mi matrimonio?
Quizás has dejado de escuchar, de dedicar tiempo, de expresar afecto o de demostrar gratitud.
2. ¿Existe algo en mi vida que esté debilitando nuestra intimidad?
Tal vez un resentimiento, una actitud egoísta, una relación inapropiada o una conversación que has evitado.
3. ¿Cuál será mi primer paso para reconstruir nuestra conexión?
Piensa en una decisión concreta que puedas comenzar a poner en práctica.
Copiar mis reflexionesLas respuestas permanecen en esta vista mientras la tengas abierta. Puedes copiarlas para conservarlas.
Y para quienes todavía no están casados, esta enseñanza también presenta una invitación: no construyan sus expectativas sobre la intimidad exclusivamente a partir de lo que enseña la cultura.
Busquen desarrollar relaciones saludables fundamentadas en la dignidad, el compromiso, el respeto y la Palabra de Dios.
Iglesia, Dios diseñó el matrimonio para mucho más que la supervivencia.
Nos llama a desarrollar relaciones donde existan amor, amistad, fidelidad y unidad.
Quiero que recordemos la ilustración con la que comenzamos esta mañana.
No queremos una casa que está siendo destruida por un fuego fuera de control.
Pero tampoco queremos una hermosa chimenea donde el fuego se ha apagado por completo.
Queremos matrimonios que protejan y cultiven el regalo que Dios les ha entregado.
¡Es tiempo de reclamar la intimidad!
ORACIÓN FINAL
ORACIÓN FINAL
Padre celestial:
Gracias por el regalo del matrimonio y por enseñarnos tu diseño para nuestras familias.
Hoy reconocemos que muchas veces hemos permitido que las responsabilidades, las preocupaciones y nuestras propias debilidades nos alejen de las personas que más amamos.
Perdónanos por las ocasiones en que hemos sido egoístas, por las palabras que han lastimado y por las oportunidades que hemos perdido para demostrar amor.
Señor, te pedimos que restaures la comunicación donde se ha perdido, que traigas sanidad donde existen heridas y que renueves el compromiso donde ha llegado el cansancio.
Ayúdanos a amar con el amor que Cristo nos ha demostrado.
Danos humildad para reconocer nuestros errores, sabiduría para establecer límites saludables y disposición para cultivar la intimidad espiritual, emocional, relacional y física conforme a tu voluntad.
Oramos especialmente por aquellos matrimonios que atraviesan dificultades.
Dales esperanza, dirección y las personas adecuadas que puedan acompañarlos.
Y sobre todas las cosas, permite que nuestras familias sean transformadas por el poder del evangelio.
En el nombre de Jesús.
Amén.
