Amables, simplemente amables

Tiempo después de Pentecostés  •  Sermon  •  Submitted   •  Presented
0 ratings
· 5 views
Notes
Transcript
Philippians 4:1–9 NVI
1 Por lo tanto, queridos hermanos míos, a quienes amo y extraño mucho, ustedes que son mi alegría y mi corona, manténganse así firmes en el Señor. 2 Ruego a Evodia y también a Síntique que se pongan de acuerdo en el Señor. 3 Y a ti, mi fiel compañero, te pido que ayudes a estas mujeres que han luchado a mi lado en la obra del evangelio, junto con Clemente y los demás colaboradores míos, cuyos nombres están en el libro de la vida. 4 Alégrense siempre en el Señor. Insisto: ¡Alégrense! 5 Que su amabilidad sea evidente a todos. El Señor está cerca. 6 No se preocupen por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. 7 Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús. 8 Por último, hermanos, consideren bien todo lo verdadero, todo lo respetable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo digno de admiración, en fin, todo lo que sea excelente o merezca elogio. 9 Pongan en práctica lo que de mí han aprendido, recibido y oído, además de lo que han visto en mí y el Dios de paz estará con ustedes.

Introducción

La carta a los Filipenses tiene una particularidad: Pablo nos invita a vivir con alegría mientras él mismo se encuentra encarcelado por anunciar el Evangelio.
¿Cómo es posible hablar de alegría en medio de la adversidad y la injusticia? Pablo encuentra la respuesta en Cristo. En el primer capítulo reconoce que su encarcelamiento ha contribuido al avance del Evangelio y que otros creyentes, lejos de atemorizarse, anuncian la Palabra con mayor valentía.
Este testimonio nos interpela en tiempos de persecución, injusticia y angustia, cuando la Iglesia está llamada a proclamar el Evangelio y promover la justicia social con mayor firmeza.
Esto no significa que Pablo estuviera disfrutando de su situación, sino que su alegría no dependía de las circunstancias. Por eso afirmaba: «Para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia» (Filipenses 1:21).
Desde esa experiencia, el apóstol exhorta a la comunidad: «Alégrense siempre en el Señor. Insisto: ¡Alégrense! Que su amabilidad sea evidente a todos» (Filipenses 4:4-5).
Alegría y amabilidad aparecen aquí como dos rasgos de la vida cristiana. La primera nace de nuestra relación con Cristo; la segunda va más allá de la cortesía: es una disposición de paciencia, consideración y gentileza hacia los demás.
Esto nos lleva a preguntarnos: ¿Cómo se refleja nuestra alegría en Cristo en la manera como tratamos a los demás, especialmente cuando ser amables resulta difícil?
Hoy el Señor nos llama a ser amables, simplemente amables, porque la alegría que encontramos en Cristo también debe hacerse visible en nuestras relaciones.
Veamos cómo se manifiesta esa amabilidad en tres situaciones de nuestra vida.

1. Amables cuando tenemos diferencias

Philippians 4:1–3 NVI
1 Por lo tanto, queridos hermanos míos, a quienes amo y extraño mucho, ustedes que son mi alegría y mi corona, manténganse así firmes en el Señor. 2 Ruego a Evodia y también a Síntique que se pongan de acuerdo en el Señor. 3 Y a ti, mi fiel compañero, te pido que ayudes a estas mujeres que han luchado a mi lado en la obra del evangelio, junto con Clemente y los demás colaboradores míos, cuyos nombres están en el libro de la vida.
Pablo exhorta a los miembros de la iglesia de Filipos a mantenerse firmes en el Señor. Esta invitación es importante porque la carta ha venido desarrollando el tema de la alegría en Cristo. Permanecer firmes en el Señor significa perseverar en la fe, cultivar la unidad y mantener nuestra alegría en Cristo, aun en medio de las dificultades
En este escenario aparecen dos mujeres que, al parecer, tenían diferencias entre ellas. El texto permite pensar que existía un desacuerdo importante, aunque desconocemos sus causas. ¡Qué difícil resulta vivir la fe cristiana en medio de discusiones, enfrentamientos y el deseo constante de tener la razón!
Estas actitudes no edifican a la Iglesia; por eso, Pablo las invita a ponerse de acuerdo en el Señor. Sin embargo, no descalifica a Evodia ni a Síntique. Por el contrario, reconoce que ambas han trabajado en la proclamación del Evangelio. A pesar de sus diferencias, tienen algo fundamental en común: su compromiso con la obra de Dios.
Ser amables, entonces, implica buscar caminos de encuentro y reconciliación con quienes tenemos diferencias. Significa reconocer en los demás la imagen de Dios, dejar de lado nuestro orgullo y trabajar juntos en su obra. En definitiva, ser amables implica amar como Jesús nos amó y reconciliar como él nos reconcilió.
¿Cómo tratamos a las personas con las que tenemos diferencias?

2. Amables cuando podemos ayudar

Philippians 4:3–5 NVI
3 Y a ti, mi fiel compañero, te pido que ayudes a estas mujeres que han luchado a mi lado en la obra del evangelio, junto con Clemente y los demás colaboradores míos, cuyos nombres están en el libro de la vida. 4 Alégrense siempre en el Señor. Insisto: ¡Alégrense! 5 Que su amabilidad sea evidente a todos. El Señor está cerca.
Otro aspecto importante de la amabilidad es nuestra disposición para ayudar. Pablo se dirige a su «fiel compañero», alguien cuyo nombre no conocemos con certeza, pero a quien le encomienda acompañar a Evodia y Síntique.
Me gustaría que cada uno de nosotros pusiera su nombre en ese lugar y permitiera que el texto nos hablara personalmente:
«Y a ti, mi fiel compañero…, te pido que ayudes a estas mujeres».
No basta con estar en paz con los demás. Como cristianos, estamos llamados a ser puentes de reconciliación y a procurar el bienestar integral de quienes nos rodean.
El domingo pasado reflexionamos sobre la unidad y la importancia de reconocer a cada persona como parte del cuerpo de Cristo. Sin embargo, para que esa unidad se haga visible y podamos manifestar el Reino de los cielos al mundo, como lo expresa el sexto gran fin de la Iglesia, necesitamos aprender a acompañar a otros en sus procesos de reconciliación.
Nuestra vida de fe, entonces, nos llama no solamente a buscar la reconciliación para nosotros mismos, sino también a acompañar a quienes la necesitan y a asumir responsablemente nuestro compromiso con la comunidad. Porque la amabilidad cristiana no consiste solamente en evitar los conflictos, sino también en atrevernos a construir caminos de reconciliación
¿Cuál es nuestra actitud ante los conflictos de nuestra comunidad?

3. Amables, incluso en nuestras preocupaciones

Philippians 4:6–9 NVI
6 No se preocupen por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. 7 Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús. 8 Por último, hermanos, consideren bien todo lo verdadero, todo lo respetable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo digno de admiración, en fin, todo lo que sea excelente o merezca elogio. 9 Pongan en práctica lo que de mí han aprendido, recibido y oído, además de lo que han visto en mí y el Dios de paz estará con ustedes.
Ahora bien, todo esto podría parecer una carga enorme. Sin embargo, debemos recordar que nuestra capacidad de reconciliarnos y asumir responsablemente la vida comunitaria encuentra su fundamento en la alegría que tenemos en Cristo. Y Pablo sabe que, aun viviendo en esa alegría, enfrentamos preocupaciones.
«No se preocupen por nada». Estas palabras podrían parecer una frase de cajón. En un mundo marcado por la persecución, las cuentas por pagar, la incertidumbre y los riesgos que enfrentan nuestros hijos, ¿cómo no preocuparnos? Además, nuestras preocupaciones pueden debilitar nuestro gozo y afectar la manera como tratamos a los demás.
Lo interesante es que el consejo de Pablo no surge de la indiferencia ante la realidad. No se trata de dejar de sentir, sino de aprender a llevar nuestras preocupaciones delante de Dios: «Más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias».
La Escritura nos invita a acudir a Dios con nuestras cargas, culpas, debilidades y necesidades, confiando en su promesa de paz. Una paz que sobrepasa todo entendimiento y que guarda nuestros corazones y pensamientos en Cristo Jesús. Esa paz nos sostiene incluso cuando las dificultades permanecen, cuando todavía tenemos cuentas por pagar o heridas emocionales por sanar.
Por eso, también necesitamos aprender a ser amables con nosotros mismos: reconocer nuestras limitaciones, presentar nuestras necesidades delante de Dios, agradecer y, sobre todo, confiar en él.
¿Cómo nos tratamos a nosotros mismos cuando llegan los problemas?

Conclusión

El Señor nos llama a ser amables, simplemente amables.
No porque la vida sea fácil, no porque siempre estemos de acuerdo, ni porque estemos libres de preocupaciones, sino porque Cristo está cerca.
Él nos ha reconciliado con Dios, nos sostiene en medio de nuestras angustias y nos enseña a vivir en paz.
Por eso, Pablo nos invita a cultivar pensamientos verdaderos, justos, puros y amables, y a poner en práctica lo que hemos aprendido. Porque la alegría cristiana también se hace visible en nuestra manera de hablar, de acompañar, de perdonar y de vivir en comunidad.
Seamos, entonces, amables… simplemente amables.
Related Media
See more
Related Sermons
See more
Earn an accredited degree from Redemption Seminary with Logos.