Que todo lo creado alabe al Señor

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Salmo 148
Proposición exegética: El salmista llama a todo lo creado, en los cielos y en la tierra, a alabar al Señor, porque él lo creó y lo sustenta, y porque solo su nombre es sublime y su gloria está por encima de cielo y tierra.
Proposición homilética: Si toda la creación alaba a su Creador, ¡cuánto más debemos alabarlo nosotros!
Introducción
Hermanos, imaginen que salen de noche, lejos de la ciudad, donde no hay luz eléctrica. Levantan la mirada y ven miles de estrellas. ¿Qué sienten? Asombro, y a la vez pequeñez.
El Salmo 148 comienza con esa mirada hacia arriba. Pero el salmista no se queda maravillado con las estrellas, sino que les habla y les ordena: "¡Alábenlo!". Luego baja la mirada y le habla al mar, al fuego, a los montes, a los animales, y al final a los reyes y a los niños. Todo el universo está convocado a un solo coro.
Este salmo es el penúltimo del Salterio, y forma parte de los cinco "aleluyas" finales (Salmos 146-150). Fíjense en el marco del salmo: empieza con halelu-yah ("¡Aleluya!") y termina con halelu-yah. Entre esos dos aleluyas hay un universo entero adorando.
Hoy quiero responder una pregunta: ¿por qué debemos alabar al Señor? El salmo nos da tres razones.

I. Alabadle desde los cielos, porque él los creó y los sustenta

(vv. 1-6)
A. ¿A quiénes llama el salmista? (vv. 1-4)
El salmo abre con un mandato: "Alabad al Señor desde los cielos; alabadle en las alturas". El verbo es hālal (הָלַל), de donde viene nuestra palabra "aleluya". Significa literalmente alabar con entusiasmo, casi con euforia. Aquí aparece en forma de mandato repetido: Alabadle, alabadle, alabadle. Son ocho imperativos en los versículos 1-4.
¿Quiénes son los convocados?
Los ángeles y los ejércitos celestiales (v. 2). Observen algo importante: se les manda alabar al Señor, no se les dice que reciban alabanza. Los ángeles son criaturas, sirvientes. Nadie debe adorarlos, sino que ellos mismos adoran. Toda adoración pertenece únicamente al Señor soberano. Cuando Juan se postró ante un ángel en Apocalipsis 22:8-9, el ángel lo detuvo: "Mira, no lo hagas… adora a Dios".
El sol, la luna y las estrellas (v. 3). Aquí hay un detalle muy fuerte. Los pueblos antiguos rendían culto al sol, a la luna y a las estrellas. Los egipcios adoraban a Ra, los babilonios a Shamash y a Sin. Israel estaba rodeado de pueblos que se arrodillaban ante los astros. Y el salmista, con una sola frase, los baja del trono: son criaturas, y tienen un mandato, el de alabar.
Aquellos que no pueden hablar pueden declarar su alabanza por su belleza y diseño. Como dice el Salmo 19:1: "Los cielos cuentan la gloria de Dios". Su alabanza no tiene palabras, pero sí un testimonio visible y constante.
Las aguas sobre los cielos (v. 4). Probablemente se refiere a las aguas de Génesis 1:7 que Dios separó. Hasta eso alaba.
B. ¿Por qué deben alabarlo? (vv. 5-6)
Aquí hay una pausa en el salmo. Hasta ahora solo hubo mandatos. En el versículo 5 llega la razón: "Alaben el nombre del Señor, porque él mandó, y fueron creados".
Razón 1: Porque él es el Creador. Observen cómo fue creado todo: él mandó (ṣiwwâ, צִוָּה). Dios no necesitó herramientas ni materiales, solo habló. Génesis 1: "Dijo Dios… y fue así". Salmo 33:9: "Él dijo, y fue hecho; él mandó, y existió".
Y aquí hay una conexión con Cristo. Juan 1:3 dice que "todas las cosas por medio de él fueron hechas". Colosenses 1:16: "Todo fue creado por medio de él y para él". Quien mandó a las estrellas a existir es el mismo que caminó por Galilea. El Verbo que habló en Génesis es el Verbo que se hizo carne.
Razón 2: Porque él es el sustentador (v. 6). "Los hizo ser para siempre jamás; les puso ley que no pasará". No solo los creó. Los estableció, les dio una ubicación y una función. La palabra para "ley" o "decreto" es ḥōq (חֹק), un orden fijado, una frontera, una ordenanza. El Señor impuso este orden a su creación, y es un orden perpetuo, no limitado por el tiempo.
Esto nos lleva a la pregunta que ustedes mismos anotan: ¿por qué dice que el cielo y la tierra son eternos? Cuidado aquí. Jeremías 5:22 nos ayuda a entenderlo bien: allí Dios dice que puso la arena como límite del mar, "por decreto perpetuo, el cual no traspasará". Lo "perpetuo" no está en la creación misma, sino en el decreto de Dios que la sostiene. El cielo y la tierra no son eternos como Dios es eterno (Salmo 102:25-27; Isaías 51:6 dicen que pasarán). Lo que no pasa es el orden que Dios les dio, mientras él quiera sostenerlo. Dicho de otro modo, el universo no se mantiene por sí solo, sino porque alguien lo sostiene. Hebreos 1:3 lo dice de Cristo: "sustentando todas las cosas con la palabra de su poder".
Y así como el Señor soberano controla continuamente el mundo que creó (cf. Job 28:26-27), las alabanzas de sus criaturas deben continuar sin fin, por los siglos de los siglos.
Datos para quedar asombrados
Si les impresiona lo que hay en los cielos, miren estos datos:
El Sol es tan grande que caben dentro de él más de un millón de planetas como la Tierra. Y es una estrella mediana.
La luz del Sol, que viaja a unos 300.000 kilómetros por segundo, tarda más de 8 minutos en llegar a nosotros.
La nave Voyager 1, lanzada en 1977 y viajando a decenas de miles de kilómetros por hora, después de casi cincuenta años apenas está llegando a una distancia de. La estrella más cercana está a más de cuatro años luz. A esa velocidad tardaría más de setenta mil años en llegar. un día luz
Nuestra galaxia, la Vía Láctea, tiene cientos de miles de millones de estrellas, y los astrónomos calculan que el universo observable contiene cientos de miles de millones de galaxias, quizás más.
Y todo eso, hermanos, se creó con una orden. Y el salmista dice: si eso te asombra, ¿cuánto más debería asombrarte el que lo mandó a existir?
Aplicación
¿A qué "astros" le estoy dando mi admiración, mi tiempo y mi confianza en lugar de darlos a su Creador?
¿Alabo a Dios solo cuando entiendo lo que está haciendo, o también cuando solo puedo mirar su obra y callar?
¿Qué me dice el orden del universo sobre la fidelidad del Dios que me sostiene a mí?
Pero el salmista no se queda arriba. Si hasta lo más lejano alaba, ¿qué diremos de lo que está cerca? Baja la mirada y dice: "Alabad al Señor desde la tierra…"

II. Alabadle desde la tierra, porque ninguna criatura merece lo que solo él merece

(vv. 7-12)
Ahora el salmo baja. Los versículos 7-12 llaman a todos los objetos y seres terrestres, tanto inanimados como animados, a adorar al Señor.
Observen la lista, que va de lo más grande a lo más pequeño, de lo salvaje a lo cercano:
Los monstruos marinos y los abismos (v. 7). Los tannînîm (תַּנִּינִים) son las criaturas gigantescas del mar. Para los pueblos vecinos de Israel, el mar y sus monstruos eran dioses temibles. Aquí son criaturas que alaban.   
El fuego, el granizo, la nieve, el vapor y el viento (v. 8). Fenómenos que aterraban a los antiguos. El salmista añade algo importante: el viento es una fuerza "que cumple su palabra". La creación. obedece
Montes, collados, árboles, fieras, ganados, reptiles y aves (vv. 9-10). Toda la geografía y toda la vida.
Y al final, el clímax: reyes, pueblos, príncipes, jóvenes y doncellas, ancianos y niños (vv. 11-12).
¿Se dan cuenta del orden? Los seres humanos aparecen al último. Todo el universo ya está alabando en silencio. Los montes lo hacen siendo montes, el viento lo hace soplando. Pero el ser humano es el único que puede alabar con conciencia y con voz. Y es también el único que puede negarse a hacerlo.
Observen también que la lista incluye a los poderosos (reyes y príncipes) y a los débiles (niños y ancianos). Nadie está demasiado arriba para alabarlo, ni demasiado abajo.
Conexión con Cristo: Cuando los fariseos le dijeron a Jesús que callara a los que lo alababan en su entrada a Jerusalén, él respondió: "Si estos callaran, las piedras clamarían" (Lucas 19:40). La creación entera está esperando para alabarlo, y lo hará, como se ve en Filipenses 2:10-11: "Toda rodilla se doble… y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor". Y en Apocalipsis 5:13, "toda criatura que está en el cielo, y sobre la tierra… oí decir: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza".
Aplicación
Si las piedras y los vientos cumplen su función de alabar, ¿estoy cumpliendo yo la mía?
¿Qué lugar le doy a la alabanza en mi casa, con mis hijos y con mis ancianos?
¿Alabo a Dios con mis palabras, y también con mi obediencia, como lo hace el viento que cumple su palabra?
 Entonces llegamos a la pregunta final: ¿por qué todo esto? ¿Por qué todo el universo, de arriba a abajo, tiene que alabar a Dios? Los versículos 13-14 nos dan la razón definitiva.

III. Alabadle ustedes, su pueblo, porque solo su nombre es sublime

(vv. 13-14)
"Alaben el nombre del Señor, porque solo su nombre es enaltecido; su gloria es sobre tierra y cielos".
Razón: Solo él lo merece. La palabra nisgāb (נִשְׂגָּב) significa "ser exaltado, inalcanzable, puesto en alto". Es la idea de algo tan alto que nadie más puede llegar allí. Hay muchas cosas grandes en el universo, pero solo una persona es sublime.
Y la comparación del salmo es contundente: su gloria es sobre tierra y cielos. Todo lo que contemplamos, por inmenso que sea, está debajo de él. Los cientos de miles de millones de galaxias no son su techo, son su alfombra. La palabra que usa el salmista es hôd (הוֹד), "esplendor, majestad", la misma que se usa para describir la gloria de un rey.
Por eso, si te impresionan las cosas que hay en los cielos, deberías maravillarte más de Dios, porque él es mucho más grande.
El versículo 14: Dios y su pueblo
Y ahora sucede algo hermoso. Después de hablar de un Dios tan alto, el salmista dice: "Él ha exaltado el cuerno de su pueblo… de los hijos de Israel, su pueblo cercano".
¡Qué contraste! Un Dios que está por encima de cielos y tierra, pero que tiene un pueblo cercano. El "cuerno" en el Antiguo Testamento simboliza fuerza, dignidad y victoria. Dios exaltó a su pueblo. El que es inalcanzable, se acercó.
Conexión con Cristo: Zacarías, el padre de Juan el Bautista, usó esta imagen cuando cantó: "Nos levantó un cuerno de salvación en la casa de David su siervo" (Lucas 1:69). Ese cuerno es Jesucristo. El Dios que está por encima de los cielos descendió en Cristo para estar cerca. Y por Cristo, hoy ustedes y yo, que no somos Israel según la carne, somos "hechos cercanos por la sangre de Cristo" (Efesios 2:13).
Y el salmo termina como empezó: Halelu-yah. ¡Aleluya!
Aplicación
¿Qué cosa hoy me parece más grande que Dios en mi vida: mis problemas, mis deudas, mis miedos?
¿Vivo como alguien que pertenece a un Dios "cercano", o como alguien que lo mira solo de lejos?
¿Quién necesita escuchar de mí que el Dios de los cielos quiere acercarse a él?
Conclusión
Volvamos a aquella noche de estrellas. Ahora sabemos qué hacer cuando levantemos la mirada. No basta con decir "qué bonito". El salmo nos enseña a hacer lo que las estrellas ya hacen: alabar al que las mandó a existir.
El universo entero, desde los ángeles hasta los monstruos del mar, desde el sol hasta el granizo, desde los reyes hasta los niños, tiene una sola tarea. Y a nosotros nos toca ser la voz consciente de esa creación.
¿Por qué debemos alabar al Señor?
Porque él es el Creador: todo existe porque él lo mandó.
Porque él es el sustentador: todo permanece porque él lo sostiene.
Porque solo él es sublime: nada ni nadie se le compara.
Y porque se hizo cercano: en Cristo, el cuerno de salvación, el Dios inalcanzable nos alcanzó.
Hermanos, que esta semana, cuando miren el cielo, cuando sientan el viento, cuando escuchen cantar un ave, se unan al coro. Y que no calle la única voz que puede decir "gracias" con conciencia.
¡Aleluya!
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