El Cristiano Que Dios Está Buscando
EL CRISTIANO QUE DIOS ESTÁ BUSCANDO
Daniel 1
En la historia personal de Daniel (capítulos 1 al 6) encontramos tres ocasiones distintas en que enfrentó situaciones difíciles: la prueba a los cuatro hebreos cuando llegaron a Babilonia (Daniel 1); el horno de fuego (Daniel 3); la cueva de los leones (Daniel 6). En cada una de estas experiencias, Daniel y sus amigos obtuvieron la victoria; sin embargo, la primera victoria fue la que puso el fundamento para las otras victorias. Debido a que estos muchachos fueron fieles a Dios cuando eran adolescentes, Dios estuvo con ellos y honró su fidelidad en los años siguientes.
I.- Una prueba difícil (Daniel 1: 1–7)
Imagínese cuatro jóvenes hebreos arrebatados de sus hogares en Jerusalén y trasladados a Babilonia. Debido a que estos jóvenes eran príncipes, provenían de familia real, no estaban acostumbrados a esta clase de trato. Es lamentable cuando los jóvenes tienen que sufrir a causa de los padres. Los judíos habían rehusado arrepentirse y obedecer al Señor, así es que (como Jeremías lo había profetizado) el ejército babilonio invadió y conquistó Jerusalén (606-586 a.C.). Era su costumbre tomar lo mejor de la juventud a Babilonia para que fuesen instruidos en la corte del rey. El versículo 3 nos dice que estos jóvenes eran del linaje real de los príncipes: físicamente fuertes, bien parecidos, de buenos modales, queridos por los demás, inteligentes, bien educados y espiritualmente entregados al Señor. Sus vidas estaban bien balanceadas, como lo vemos de Cristo en Lucas 2:52. Aún con todo y esto, les esperaba una prueba que probaría su carácter. El rey quería forzarlos a que se adaptaran a la forma de Babilonia. Al rey no le interesaba tanto ponerlos a trabajar, él quería convertirlos en babilonios. Los cristianos hoy enfrentamos la misma prueba: Satanás quiere que volvamos al mundo, por eso Pablo advierte en Romanos 12:1-2. Es lamentable que muchos cristianos se han rendido a este mundo y han perdido su poder, su gozo y su testimonio. Ahora, observe los cambios que estos jóvenes experimentaron:
· Un nuevo hogar: ya no estaban rodeados por las cosas de Dios en Jerusalén, ni tampoco contaban con la influencia de sus padres y maestros. Muchas veces, cuando los jóvenes están lejos de sus hogares se dan la gran vida y hacen todas las cosas que siempre quisieron hacer; sin embargo, este no era el caso de Daniel y sus amigos.
· Un nuevo conocimiento: tenían que deshacerse de las enseñanzas aprendidas en Jerusalén; ahora lo que contaba era la sabiduría del mundo, de Babilonia. Tenían que aprender el lenguaje y las enseñanzas de sus captores. El rey quería lavarles el cerebro a fin de convertirles en mejores siervos para él. Los creyentes muchas veces tienen que no están de acuerdo con la Palabra de Dios. Debemos hacer como Daniel, nunca abandonar nuestra fe.
· Una nueva dieta: Por los próximos tres años, estos cuatro jóvenes tenían que comer la dieta del rey, lo cual era contrario a las leyes dietéticas judías. Sin duda, esta comida también era ofrecida a los ídolos de aquella tierra lo cual para los judíos era una blasfemia comer esos alimentos.
· Nuevos nombres: al mundo no le gusta reconocer o aceptar el nombre de Dios, por ello, a cada uno de estos muchacho, que tenían un nombre de hablaba de Dios se lo cambiaron por un nombre profano. Por ejemplo Daniel (Dios es mi juez) le pusieron (Bel proteja su vida); Ananías (Jehová le ha favorecido) le pusieron Sadrac (comandante del dios de la luna); Misael (¿quién es como Dios?) le pusieron Mesac (¿quién es como Aku?) y a Azarías (Jehová es mi ayudador) le pusieron Abed-nego (el siervo de Nego). Los babilonios esperaban que con sus nuevos nombres, estos jóvenes se olvidaran gradualmente de su Dios y se convirtieran en paganos al igual que los demás en Babilonia.
II.- UNA OSADA PRUEBA.
Los babilonios pudieron cambiar el hogar de Daniel, sus libros, su menú y su nombre, pero no podían cambiarle su corazón. Él y sus amigos propusieron en su corazón obedecer la Palabra de Dios rehusando conformarse a este mundo. Seguramente algunos hubieran dicho: hay que ir con la corriente, o todo el mundo lo está haciendo, por qué nosotros no! O, mejor obedezcamos al rey, o aún, podemos obedecer por fuera, pero mantengamos nuestra fe en privado. Pero estos jóvenes no se conformaron con el estilo de Babilonia, se atrevieron a creerle a Dios y a confiar en Él para la victoria. Se rindieron a Dios en cuerpo y alma y dejaron que Dios hiciera en resto.
Daniel pidió una prueba de diez días, lo cual no era mucho tiempo, considerando los tres años que tenían por delante. El jefe de los eunucos aceptó hacer la prueba, la Biblia dice en Proverbios 16:7. Aun cuando el jefe de los eunucos tenía temor de desobedecer la orden del rey, Daniel le propuso que hiciese la prueba por diez días. Los jóvenes comerían legumbres y agua, evitando comer la comida que venía de la mesa del rey. Al final de la prueba, los jóvenes estaban más saludables y tenían mejor semblante que los otros siervos que se alimentaban de la comida de la mesa del rey.
Se necesita fe y obediencia para vencer las tentaciones que este mundo ofrece. La Biblia nos dice en 1 Corintios 10:13. Sin embardo, Daniel y sus amigos no conocían este versículo bíblico. Observe cuán cortés fue Daniel con el jefe de los eunucos, no trató de avergonzar su religión, solamente le dijo:”Compara nuestros rostros con los rostros de los muchachos que comen de la ración de la comida del rey, y haz después con tus siervos según veas”. Esta declaración demuestra fe y valor en que Dios le iba a respaldar. Este camino se debe vivir con convicción, no con timidez. Una de las verdades que nos enseña la Biblia se encuentra en 1 Corintios 4:20. El cristiano que Dios busca no es un fanático que cree cualquier cosa y que anda por ahí tratando de avergonzar a todo aquel que no comparte la misma fe; más bien, Dios está buscando gente de convicción que sabe muy bien dónde está fundamentado y que demuestra, en su manera de vivir, sus firmes convicciones basadas en la Palabra de Dios y Dios lo respaldará.
III.- UN TRIUNFO DIVINO.
Una cosa es una prueba de diez días, y otra cosa muy distinta es un curso de tres años en la Universidad de Babilonia. Sin embargo, la respuesta aparece en Daniel 1:17. Los magos y astrólogos que había en el reino eran hombres que estudiaban las estrellas y buscaban determinar que decisiones debía hacer el rey basado en esos estudios. También decían que podían interpretar sueños. Daniel y sus amigos no creían en esas fábulas aunque tuvieron que estudiar las mismas cosas. Similar caso sucede con los jóvenes creyentes hoy en día, tienen que estudiar cosas que ellos saben que son contrarias a la Palabra de Dios, pero aún así no cambian sus convicciones.
El propio rey tuvo que admitir que los jóvenes hebreos eran diez veces más sabios que sus mejores consejeros, reputación que envidiaban los astrólogos. Si Daniel se hubiera preocupado de complacerlos y hacerse popular habría cedido terreno al enemigo y consecuentemente fallado al Señor, pero vivió para complacer a Dios e ignoró las amenazas de la gente e hizo la Voluntad de Dios. Hoy en día Dios está buscando creyentes que propongan en sus corazones poner a Cristo en primer lugar, en el comedor, en la escuela, en la universidad, en el trabajo, en el edificio donde viven, donde Dios te lleve. Si Daniel hubiese seguido los consejos que seguramente el enemigo estaría poniendo en su mente, si no quieres que te quiten a vida, mejor haz todo lo que el rey dice, pero me gusta como lo dice Eclesiastés 5:8. Daniel no solamente no se conformó con las proposiciones que recibió de Babilonia, sino que fue fiel a su Dios y Dios siempre lo guardó en cada prueba.
DIOS LES BENDIGA
