Beneficios de guardar tu corazon
Esta sección se une al resto del capítulo por la frase hijo mío, el joven dirigido por el maestro (ver 1:8). Además se une por la frase mis palabras, que es paralela con mis dichos en el v. 10 y la enseñanza en el v. 1. Por lo tanto, el imperativo pon atención une el cap. 4 con el cap. 5 (ver 5:1).
El contenido del pasaje revela la profundidad y la totalidad del compromiso necesario para lograr el éxito en la vida. Los vv. 20–22 hacen referencia a mis palabras-mis dichos. En el v. 21 se subrayan los ojos y el corazón, que simbolizan la alta visibilidad y las prioridades de uno (ojos) y el centro de la voluntad humana y de donde se toman las decisiones vitales (corazón). Las enseñanzas del sabio han de estar siempre presentes. La frase medicina para todo su cuerpo obviamente era un modismo conocido en el escenario internacional. En un escrito arameo, se encuentra la siguiente expresión: “No trates a la ligera la palabra de un rey: sea curativa para tu carne” (Las Palabras de Ahiqar, 7.95–110). La sabiduría afirma la vida del joven y a la vez muestra su poder para sanar el espíritu humano (v. 22b).
CORAZÓN. El corazón es a menudo mencionado en las Escrituras como el asiento de los afectos y de las pasiones, y también de la sabiduría y del entendimiento. De ahí que se lea de «el sabio de corazón» (Pr. 16:21); también, el Señor dio a Salomón «un corazón sabio y entendido» (1 R. 3:12). Es el centro del ser del hombre. Pero antes del diluvio el veredicto pasado por Dios sobre el hombre fue que los pensamientos del corazón de ellos eran hacia el mal (Gn. 6:5). Un veredicto similar es el que se halla en Gn. 8:21, después que Noé saliera del arca. El Señor Jesús añade que del corazón del hombre proceden los malos pensamientos y toda forma de maldad (Mr. 7:21). La ley exigía al hombre que amara a Dios con todo su corazón. La aceptación del evangelio tiene que ser en el corazón (Ro. 10:9), y Dios da la capacidad al oyente de recibir las buenas nuevas con un «corazón bueno y recto», lo cual da fruto (Lc. 8:15). En la nueva creación hay un «puro corazón», siendo conducido el cristiano por el Espíritu Santo (1 Ti. 1:5; 2 Ti. 2:22; 1 P. 1:22).
