Células en las casas
Después de la ascensión de Jesús, los primeros discípulos volvieron a Jerusalén y “subieron al lugar donde se alojaban” (Hch. 1:13), y allí “todos, en un mismo espíritu, se dedicaban a la oración, junto con las mujeres y con los hermanos de Jesús y su madre María” (Hch. 1:14). Más tarde, después de la experiencia de Pentecostés, Lucas nos refiere que los discípulos “no dejaban de reunirse en el templo ni un solo día,” y agrega el detalle que “de casa en casa partían el pan y compartían la comida con alegría y generosidad” p 26 (Hch. 2:46). Esto pronto se transformó en un hábito y en el estilo de reunión de la iglesia temprana. En el resumen que presenta Lucas en Hechos 5:42 nuevamente se afirma el doble lugar de reunión de los cristianos de Jerusalén: en el templo para la oración y el testimonio público, y de casa en casa para el discipulado y la enseñanza. Es interesante recordar que más tarde, cuando Saulo se propuso terminar con los cristianos, no los fue a buscar a un templo cristiano (que no había), ni siquiera al templo de Jerusalén (donde solían reunirse para la oración), sino que causó “estragos en la iglesia: entrando de casa en casa,” y arrastrando a hombres y mujeres y metiéndolos en la cárcel (Hch. 8:3). Algún tiempo después, el apóstol Pedro terminó en prisión, y mientras él se encontraba allí, “la iglesia oraba constante y fervientemente a Dios por él” (Hch. 12:5). Cuando milagrosamente Pedro quedó libre, fue al lugar donde la iglesia estaba reunida orando por él, es decir, “fue a casa de María, la madre de Juan, apodado Marcos, donde muchas personas estaban reunidas orando” (Hch. 12:12).
Casi se podría decir que la iglesia celular es la iglesia bíblica. Todas las iglesias en tiempos del Nuevo Testamento eran pequeñas asambleas de creyentes, que se reunían en hogares. Si bien el establecimiento de formas eclesiásticas institucionales puede proveer de maneras válidas de honrar a Dios, el movimiento hacia la institución y la autoridad humana, que tiende a acompañar a la estructura jerárquica institucional, no está bíblicamente fundamentado ni es teológica e ideológicamente neutral. El formato presente de la iglesia, en su variedad de formas y estructuras, no es una expresión exacta de lo que encontramos en el Nuevo Testamento.
