Vinieron a los suyos: La oración intercesora en la iglesia
Notes
Transcript
Vinieron a los suyos
Hechos 4:23-31
Introducción
No hay lugar como el hogar – célebre frase inmortalizada en la obra del Mago de Oz
• El hogar provee personas que nos aceptan
• El hogar nos brinde protección
• El hogar nos separa de la adversidad
En Hechos 4:23 vemos un giro en la historia de Pedro y Juan ante el sanedrín. Después de haber sido puestos en libertad fueron no a las calles a proclamar su triunfo, ni a la prensa para publicar su historia – sino que “vinieron a los suyos” – a la compañía de discípulos, a la iglesia. Tous idious.
La iglesia es nuestro hogar como cristianos. Es el lugar que nos brinda aceptación, protección y refugio de las tempestades y las adversidades del mundo. Hechos 4:23-31 nos presenta un retrato de lo que encontraron Pedro y Juan después de esta impetuosa experiencia ante el sanedrín. Encontraron allí a los suyos, encontraron allí una expresión de dependencia en Dios, encontraron allí una unanimidad en cuanto a la autoridad de Dios y encontraron allí la aseguranza de la presencia de Dios.
He puesto por título a este mensaje “vinieron a los suyos” porque creo que podemos aprender de este relato la importancia de la iglesia como ese lugar de encuentro que nos provee aceptación, protección y refugio en tiempos de adversidad en nuestras vidas en este mundo. Los desafíos, las adversidades que experimentamos en nuestras vidas en el mundo son a veces difíciles y violentos. A veces no sabemos a donde ir, a donde acudir. Y nos retiramos a nuestras alcobas – a nuestros propios lugares. Las batallas que enfrentamos en el mundo son voraces y parecen ser invencibles. Y nos olvidamos de la autoridad absoluta y la soberanía total que es del Dios que servimos. Los ataques y las calumnias del mundo se nos avecinan y lo que buscamos es nuestra comodidad – es una pausa, un relevo de los azotes. Pero en este relato vemos una aproximación distinta a los desafíos, las adversidades, las batallas, los ataques y las calumnias. En vez de retirarse a sus alcobas, los discípulos vinieron a los suyos. En vez de enfocarse en el poder de sus adversarios, los discípulos irrumpieron en una oración que ensalzaba los atributos de Dios. En vez de buscar su propia comodidad, los discípulos pidieron a Dios denuedo y valor para seguir proclamando el evangelio.
¿Qué obtuvieron los discípulos al venir a los suyos, al correr a la iglesia – a la congregación de los creyentes – en su tiempo de necesidad? ¿Qué obtenemos nosotros al acudir a la iglesia en nuestros momentos de adversidad? La respuesta la podemos ver en la oración que hicieron al escuchar de la persecución que se iba desencadenando y que, como veremos en las siguientes semanas, permanecería e intensificaría a lo largo del Libro de los Hechos. Fue una oración intercesora – fue una oración que rogaba, que imploraba a Dios que actuara con poder y decisivamente ante las circunstancias adversas. Fue también una oración arraigada en profundas verdades teológicas – fue una oración que reconocía y re-afirmaba los atributos y la autoridad de Dios. Y, por último, fue una oración misionera – una oración que daba prioridad a la misión de Dios, a sus designios eternos de extender su reino celestial aquí en la tierra. Y esto, amados hermanos, es la singular importancia que tiene la iglesia en nuestras vidas como cristianos. La iglesia – no la iglesia como un edificio sino la iglesia como la congregación de los elegidos, la iglesia como el grupo de personas que son exclusivamente nuestras y parte de nosotros – es ese lugar apuntado por Dios donde podemos acudir a él en unísono para interceder los unos por los otros, para reconocer y reafirmar la revelación que él nos ha dado de sí mismo y para unirnos a su misión. Y por esa razón, la iglesia es nuestro hogar aquí en la tierra, es nuestro refugio en la tormenta, es la roca fuerte que Dios coloca debajo de nuestros pies cuando sentimos hundirnos en el lodo cenagoso. Y por eso, dice el Pueblo de Dios que no hay lugar como nuestro verdadero hogar – no hay lugar como el hogar, como estar congregados entre el número de los elegidos.
Entonces, hermanos, vamos a considerar estas tres características de esta oración corporativa y congregacional que tanta paz y tanto poder infundió en los discípulos ante la creciente oposición y persecución.
Una oración intercesora
La escena abre con la liberación de Pedro y Juan de la amenaza del sanedrín e inmediatamente fueron a donde estaban reunidos los discípulos. Contando lo que habían experimentado, nos dice el versículo 24 que “habiéndolo oído, alzaron unánimes la voz a Dios”. La ocasión de esta oración fue una ocasión de extremo peligro y de preocupación. Y la respuesta era de inmediatamente y en unísono acudir a Dios en oración. Fue una oración intercesora porque es la intervención de la iglesia a favor de los discípulos que se veían amenazados. La oración intercesora es común a lo largo del Libro de los Hechos y en toda la Biblia. Vemos en Hechos 12:5 que la iglesia intercedió por Pedro mientras estaba en la cárcel. Y en Números 14:19 vemos que Moisés intercede por el pueblo cuando ora diciendo: “perdona ahora la iniquidad de este pueblo según la grandeza de tu misericordia y como has perdonado a este pueblo desde Egipto hasta aquí.” El apóstol Pablo también solicitó de sus lectores la oración intercesora. Dice en 2 Cortintios 1:11: “cooperando también vosotros a favor nuestro con la oración, para que muchas personas sean dadas gracias a favor nuestro por el don concedido a nosotros por medio de muchos.” La oración intercesora es una de las funciones esenciales de la iglesia y es una función modelada en la actividad de la cabeza de la Iglesia, Cristo Jesús nuestro intercesor principal. Nos dice Hebreos 4:15 que Cristo conoce y compadece de nuestras debilidades en su oficio intercesor de sumo sacerdote. Y compadeciéndose de nuestra debilidad, nos dice Pablo en Romanos 15:3 que Cristo no pidió por sí mismo sino que pidió, intercedió por los demás. En la oración sumo sacerdotal de Jesús en Juan 17 Jesús intercede por los discípulos y por todos los que han de creer por su palabra.
Nuestro deber como cristianos es de orar los unos por los otros, de interceder los unos por los otros.
• Cuando intercedemos los unos por los otros estamos aligerando la carga que cada uno llevamos.
• Cuando intercedemos los unos por los otros estamos ministrando la Palabra de Dios – afirmando verdades eternas y recordando a nuestros hermanos de todos los beneficios que son nuestros en Cristo
• Cuando intercedemos los unos por los otros estamos fortaleciendo la fe de nuestros hermanos en su momento de debilidad
Una oración profundamente teológica
Esta oración intercesora a favor de Pedro y Juan contiene una dimensión profundamente teológica. La oración intercesora es una oración que recita la Biblia y las verdades fundamentales que comunica. Notemos primeramente como la oración abre – las primeras palabras. Acudieron a Dios usando un título distintivo – soberano Señor. En el griego del NT el término usual para referirse al Señor es kyrios pero esta no es la palabra que eligen los discípulos en esta oración. Si no, la palabra que usan es despotes, de donde proviene nuestra palabra española ‘déspota’. A diferencia de la palabra en español que casi siempre lleva una connotación negativa, la palabra despotes se usaba para referirse al amo de un esclavo – a una persona en posición de autoridad absoluta e incontestable. Y es así que estos discípulos se dirigen a Dios. Muchas veces acudimos a Dios como un salvavidas, como un espectador al margen de nuestra adversidad y dolor que puede intervenir si es que quiere. Pero estos discípulos comenzaron su oración intercesora con otra imagen en mente – la imagen de un soberano Señor. Y siguen perfilando esta imagen cuando atribuyen a Dios su posición como creador del cielo y la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay. Dios no está a la margen de la realidad sino que Dios creó la realidad. Al citar de Salmo 2, los discípulos reconocen que como creador y sustentador de todo, Dios mismo controla todos los eventos de la historia, incluso la oposición y la opresión de la cual habían sido víctimas Pedro y Juan. Citan Salmo 2 para mostrar que la oposición del evangelio es algo que Dios había decretado desde los tiempos de David. Y en los versículos 27-28 conectan esta palabra profética de David a la situación actual a que la iglesia se enfrentaba. “Porque verdaderamente se unieron en esta ciudad contra tu santo Hijo Jesús, a quien ungiste, Herodes y Poncio Pilato, con los gentiles y el pueblo de Israel, para hacer cuanto tu mano y tu consejo habían antes determinado que sucediera.” Esta oración intercesora entonces esta permeada de la Biblia y del carácter de Dios que se revela allí. Y esto es una fuente de consuelo para Pedro y Juan.
Ven hermanos cómo la oración sirve para ministrar la Palabra de Dios a los afligidos. Cuando intercedemos los unos por los otros como el cuerpo de Cristo nos recordamos de las verdades eternas de la Palabra y reafirmamos su función principal de darnos consuelo y templanza frente a todo tipo de amenaza. Muchos suelen mirar a la teología y los conceptos teológicos como una actividad abstracta y académica. Pero como vemos en esta oración de los discípulos nada hay más lejos de la verdad. La teología es un servicio y un ministerio para la iglesia. La doctrina expresa y articula las verdades bíblicas con el fin de edificar y de ser de uso para la iglesia. Por eso dice la Confesión de Fe de Westminster que la doctrina de los decretos de Dios – de su incontestable autoridad para ordenar y determinar todo lo que en el mundo suceda – es una doctrina que proporciona “motivos de alabanza, reverencia y admiración a Dios y humildad, diligencia, y abundante consuelo a todos los que sinceramente obedecen al evangelio.” La oración intercesora, entonces, es la aplicación de la teología y de la Biblia a favor de los suyos.
Una oración misionera
La oración que registra Lucas aquí en Hechos 4 revela no sólo la intercesión por Pedro y Juan y una aplicación precisa de las verdades bíblicas y teológicas a su situación, sino que también revela una actitud misionera. Muchos comentaristas ven una simetría entre esta oración registrada por Lucas y la oración de Ezequías que leímos en Isaías 37. Y mientras que ambas oraciones comparten un enfoque en la soberanía de Dios, la oración de Ezequías pide protección mientras que la oración de los discípulos pide más bien denuedo y valor para seguir proclamando la Palabra. En este sentido, la oración que estamos viendo es una oración misionera. Los discípulos oyen de la persecución de Pedro y Juan y se unen a su causa. Leemos en los versículos 29-30: “Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra, mientras extiendes tu mano para que se hagan sanidades y señales y prodigios mediante el nombre de tu santo Hijo Jesús.” La oración intercesora que la iglesia levanta a favor de los suyos es también una oración misionera. Oramos que Dios intervenga en las adversidades y las tribulaciones de nuestros hermanos con el fin de llevar a cabo sus propósitos. Pues así pide Pablo que oren por él los hermanos de la iglesia de Efeso cuando escribe en Efesios 6:18-19: “orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos; y por mi, a fin de que al abrir mi boca sea dada palabra para dar a conocer con denuedo el misterio del evangelio.”
La oración misionera nos recuerda de la misión y el propósito de Dios en medio de nuestras tribulaciones y adversidades. Y es así que la intercesión que nos proveen nuestros hermanos sirve para fortalecer nuestra fe. En medio de la adversidad generalmente lo último en que pensamos es en la misión de Dios. Pero la Biblia nos dice que “a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados” (Romanos 8:28). Cuando nuestros hermanos interceden por nosotros nos recuerdan de los propósitos y los designios de Dios y así su fe de ellos potencia y fortalece nuestra fe debilitada.
Conclusión
No hay lugar como el hogar – la iglesia es nuestro hogar
Es el lugar donde podemos acudir para recibir las oraciones intercesoras de los nuestros
A través de esta oración se nos aligera la carga de nuestra adversidad, tribulación y dolor
A través de esta oración se nos recuerda de las verdades bíblica y se aplica la doctrina a nuestras almas
A través de esta oración se nos fortalece la fe colocando nuestras dificultades en los propósitos eternos de Dios
