Dejando ir a Agar y a Ismael.

la ley y la gracia  •  Sermon  •  Submitted
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Que es ley-

LEY. Este término tiene dos sentidos diferentes en las Escrituras.
1. Fuerza determinante, actuando en un sentido único y obligando a la voluntad ().
2. Norma de conducta, impuesta por una autoridad competente, bajo amenaza de sanción en caso de desobediencia. La Biblia usa este término en esta acepción en la mayor parte de los casos. Son numerosas las costumbres inherentes a la vida en sociedad que han sido finalmente codificadas, pero una ley puede ser impuesta por una autoridad terrena o divina sin provenir de una costumbre o de una legislación anterior. El término castellano «ley» (del latín lex y de ligare, atar) traduce el heb. Torah, instrucción, y el aram. Dath, discreto, y el gr. Nomos, costumbre, ley. A excepción de la acepción bajo el n.° 1, este término «ley» significa regla de conducta, que emana de una autoridad que se revela al corazón, o que se im pone exteriormente. La ley puede ser decretada por los gobiernos (; ; ), o puede proceder directamente de Dios, por revelación sobrenatural audible, como en Sinaí, o mediante el ministerio de los profetas inspirados (). La ley moral se da a conocer también mediante la conciencia (, ). El principio de la sabiduría es el temor de Dios, la obediencia a Su voluntad, el estudio de Su palabra, el conocimiento del corazón humano, y la práctica de la santidad. La enseñanza de esta sabiduría divina es como hacer brotar una fuente de vida (). El seguimiento de los sabios preceptos que enuncian los padres es una corona de gracia (, ).
La Ley del AT. La expresión «la Ley», precedida del artículo determinado, sin calificativo, se aplica en ocasiones a la totalidad del AT (; ; cfr. ; ), pero más frecuentemente designa el Pentateuco (; , , ; ; ; ; ). Dios se sirvió de Moisés para comunicar la Ley (; ; ). Se trata de la Ley de Jehová (; ), escrita es un libro (, ), incluyendo las ordenanzas del Éxodo, Levítico, Números, Deuteronomio (cfr. y ; y ; ; y , ; , ; y ; ; y ; ). El Pentateuco (véase PENTATEUCO), primera división del canon, recibía el nombre de la Ley (). Los Diez Mandamientos y los estatutos que allí aparecen, dados en Sinaí, son la constitución del Estado teocrático. Todo el pueblo oyó la promulgación de esta ley fundamental. Este conjunto de ordenanzas, que regulaban el culto, que salvaguardaban los derechos de los hombres, que inspiraban la conducta individual, prescribiendo los sacrificios y las fiestas, fue dado en el mismo momento que los Diez Mandamientos, pero comunicado por medio de Moisés (véase TEOCRACIA).
La legislación que reglamentaba de manera detallada la manera de acercarse a Dios fue promulgada en la época de la erección del Tabernáculo (véase LEVÍTICO). Treinta y ocho años más tarde, Moisés proclamó públicamente la Ley a la nueva generación, introduciendo las modificaciones necesarias que demandaba el paso de vivir en una comunidad en un solo campamento a vivir en la Tierra Prometida, con la consiguiente dispersión (véase DEUTERONOMIO).
La abrogación de la Ley para el cristiano no entraña una dejación de las demandas y expectativas de Dios para con el creyente (cfr. ; y , ). El cristiano ha muerto a la Ley () y ésta no puede enseñorearse de él (). En realidad, el papel de la Ley es el de una plomada que muestra que el árbol está torcido. En la muerte de Cristo no solamente se trata de que Él llevara nuestro castigo, sino que nosotros somos identificados con Él en su muerte, con lo que la Ley cumple su cometido, su ministerio de muerte, muriendo así el creyente con Cristo (). Así, el creyente en Cristo entra en una nueva esfera en la que, por la gracia y por el poder del Espíritu, en absoluto bajo el principio de la Ley, sino como el fruto de una nueva naturaleza, vive conforme a la voluntad de Dios (vv. 8–23; ). En el NT hallamos todos los principios del Decálogo en su esencia, aunque no como Ley, sino como exhortaciones dadas a los cristianos para vivir como corresponde a personas que han adquirido la nueva naturaleza procedente de Dios, «como hijos amados» (cfr. ). No rige, pues, el principio de la Ley, «haced estas cosas, y viviréis», sino el de la gracia: «como es digno de la vocación con que fuisteis llamados» (), siendo pues las obras el fruto del Espíritu en el corazón del hombre, muerto al pecado, y estando bajo la gracia (cfr. ; ).
El monte Sinaí (Gebel-Musa).
Así, no se trata solamente de la abolición de la ley ceremonial para los cristianos procedentes del judaísmo, sino también de la abolición de la relación del cristiano con el principio mismo de la Ley. «La ley se introdujo para que el pecado abundase» (), no para aumentar el pecado, sino para mostrar su carácter ofensivo, y para hacer consciente de él a las personas. «Por medio de la ley es el conocimiento del pecado» (3:20). El apóstol Pablo afirma que él no hubiera conocido la codicia sino fuera porque la ley decía: «no codiciarás» (7:7). Así, el objeto de la Ley era evidenciar la condición pecaminosa del hombre, y lo horrendo de tal condición, y además una prueba de la obediencia del hombre hacia Dios. Fue dada solamente a Israel, la única nación que se hallaba bajo los tratos especiales de Dios, y mediante la cual Él estaba poniendo a prueba al hombre en la carne. El encabezamiento de los Diez Mandamientos es: «Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre» (); esto sólo se podía aplicar a los israelitas. Otra vez, Dios afirma: «A vosotros solamente he conocido de todas las familias de la tierra; por tanto, os castigaré por todas vuestras maldades» (). Los gentiles son descritos así: «no tienen ley» (); tenían sin embargo la obra de la ley escrita en sus corazones, y una conciencia que les daba testimonio cuando actuaban mal. Al asociarse los gentiles con Israel, y oír lo que Dios demandaba moralmente del hombre, es indudable que vinieron a ser más o menos responsables según la medida de luz recibida. Pero, habiendo venido aún más luz, los cristianos de Galacia son duramente reprendidos por ponerse a sí mismos bajo la Ley cuando, como gentiles, nunca lo habían estado. Algunas de las cosas prohibidas en la Ley eran malas intrínsecamente, como el asesinato, la codicia, el robo, el falso testimonio, etc.; otras eran malas sólo porque Dios las había prohibido, como la orden de abstenerse de comer algunas criaturas llamadas «impuras».
La Ley, en su instauración de sacrificios y fiestas, era esencialmente tipológica, y era una sombra de lo que se cumpliría en Cristo. Así, Pablo, como judío, podía decir: «La ley ha sido nuestro ayo para llevarnos a Cristo» (). El Señor dijo: «Si creyeseis a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él» (). Éste es un punto importante, porque el pasaje donde Pablo menciona a la Ley como «ayo» sigue diciendo que fue «a fin de que fuésemos justificados por la fe». Después que la fe ha venido, los creyentes ya no estamos bajo ayo (). Un judío convertido ya no estaba bajo la Ley. Mucho menos un creyente procedente de la gentilidad, a quien Dios jamás había puesto bajo la Ley. (Véase AYO.)
Con frecuencia se expone que en tanto que el cristiano no está bajo la Ley para justificación, sí que lo está para su camino, como norma de vida. Esta teoría, sin embargo, hace violencia a las Escrituras, pues se dice: «El pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia
Gálatas 4.27 RVR60
Porque está escrito: Regocíjate, oh estéril, tú que no das a luz; Prorrumpe en júbilo y clama, tú que no tienes dolores de parto; Porque más son los hijos de la desolada, que de la que tiene marido.

Alegoría de Sara y Agar

21Decidme, los que queréis estar bajo la ley: ¿no habéis oído la ley? 22Porque está escrito que Abraham tuvo dos hijos; uno de la esclava, el otro de la libre. 23Pero el de la esclava nació según la carne; mas el de la libre, por la promesa. 24Lo cual es una alegoría, pues estas mujeres son los dos pactos; el uno proviene del monte Sinaí, el cual da hijos para esclavitud; éste es Agar. 25Porque Agar es el monte Sinaí en Arabia, y corresponde a la Jerusalén actual, pues ésta, junto con sus hijos, está en esclavitud. 26Mas la Jerusalén de arriba, la cual es madre de todos nosotros, es libre. 27Porque está escrito:

Regocíjate, oh estéril, tú que no das a luz;

Prorrumpe en júbilo y clama, tú que no tienes dolores de parto;

Porque más son los hijos de la desolada, que de la que tiene marido.

28Así que, hermanos, nosotros, como Isaac, somos hijos de la promesa. 29Pero como entonces el que había nacido según la carne perseguía al que había nacido según el Espíritu, así también ahora. 30Mas ¿qué dice la Escritura? Echa fuera a la esclava y a su hijo, porque no heredará el hijo de la esclava con el hijo de la libre. 31De manera, hermanos, que no somos hijos de la esclava, sino de la libre.

Ventura, S. V. (1985). En Nuevo diccionario b(Barcelona): Editorial CLIE.
Libres en Cristo: Estudio Expositivo de la Epístola a los Gálatas Capítulo 8: ¿De Quién eres Hijo, de Agar o de Sara? (Gálatas 4:19–31)

¿De Quién eres Hijo, de Agar o de Sara?

Gálatas 4:19–31

Parece que los padres nunca dejan de sentirse responsables por sus hijos. “Cuando son pequeños nos quitan el tiempo, pero cuando son grandes, a veces nos quitan el sueño”. Mi madre solía decir que cuando son pequeños la casa nunca está quieta, y cuando crecen nos inquietan el corazón.

Esto es lo que Pablo sentía al tratar de ayudar a los creyentes confusos de Galacia. Cuando llegó a ellos con el evangelio, había padecido “dolores de parto” espiritualmente, deseando que regresaran al Señor. Pero, después de todo, el Señor Jesús había sufrido en la cruz para hacer posible su salvación (Isaías 53:11), y el padecimiento de Pablo no era nada en comparación con el de su Señor. Pero, ahora los creyentes en Galacia estaban retrocediendo al legalismo y a una segunda infancia; y Pablo tuvo que “sufrir dolores de parto” por ellos otra vez. Anhelaba ver a Cristo formado en ellos, así como los padres anhelan ver a sus hijos madurar conforme a la voluntad de Dios.

Ya que los judaizantes apelaron a la ley, Pablo acepta su desafío y usa la misma ley para probar que los creyentes no están bajo ella. Toma de la conocida historia de Ismael e Isaac (Génesis 16–21) verdades básicas que muestran la relación de los creyentes con la ley de Moisés.

Los eventos descritos son verídicos, pero Pablo los usa como alegoría, o sea una narración que encierra un significado más profundo. Tal vez la alegoría más famosa es El Progreso del Peregrino, en la cual Bunyan traza las experiencias cristianas desde la ciudad de la destrucción hasta el cielo. En una alegoría, hay significados escondidos en cuanto a las personas y las acciones; así que, la narración puede interpretarse en dos maneras: literal y simbólica.

La manera en que Pablo interpreta ciertos pasajes de Génesis en esta sección no nos da licencia para encontrar significados ocultos en todos los eventos del Antiguo Testamento. Si adoptamos ese método de interpretar la Biblia podemos darle casi cualquier significado. Y por cierto, de esta manera surgen muchas enseñanzas falsas. El Espíritu Santo inspiró a Pablo a discernir el significado alegórico de las historias del Génesis. Debemos interpretar siempre el Antiguo Testamento a la luz del Nuevo Testamento, y en donde el Nuevo Testamento nos lo indica, podemos buscar significados figurativos. En los demás casos se debe interpretar las declaraciones de las Escrituras literalmente, y no tratar de espiritualizar todo.

Los Hechos Históricos (Gálatas 4:19–23)

Tal vez la manera más fácil de entender el relato histórico es estudiar brevemente las experiencias de Abraham relatadas en Génesis 12 al 21. Usando la edad de Abraham como guía, trazaremos los eventos en los cuales Pablo está basando su argumento en pro de la libertad cristiana.

A los 75 años—Abraham es llamado por Dios para ir a Canaán, y Dios le promete muchos descendientes (Génesis 12:1–9). Tanto Abraham como su esposa Sara querían hijos, pero Sara era estéril. Dios estaba esperando hasta que los dos estuvieran como muertos antes de hacer el milagro de darles un hijo (Romanos 4:16–25).

A los 85 años—El hijo prometido no había llegado todavía, y Sara se impacienta y sugiere a Abraham que se llegue a Agar, su esclava, y trate de tener un hijo de ella. Esta acción era legal en aquella sociedad, pero no era la voluntad de Dios. Abraham siguió la sugerencia y tomó a Agar por mujer (Génesis 16:1–3).

A los 86 años—Agar se pone encinta y Sara se encela, y le hace la vida tan difícil a Agar que ésta se ve obligada a huir. Pero, el Señor interviene, haciendo regresar a Agar y le promete cuidar de ella y de su hijo. Cuando Abraham tenía 86 años le nació el hijo, y lo llamó Ismael (Génesis 16:4–16).

A los 99 años—Dios le habla a Abraham y le promete una vez más que tendrá un hijo de Sara y le dice que lo llame Isaac. Más tarde, Dios aparece a Sara y confirma la promesa (ve Génesis 17–18).

A los 100 años—El hijo nace (Génesis 21:1–7), y lo llaman Isaac (“risa”) como lo mandó Dios. Pero la llegada de Isaac causa un problema en el hogar: Ismael tiene un rival. Por 14 años Ismael ha sido el único hijo de su padre, y por lo tanto, muy amado. ¿Cómo reaccionará Ismael con la presencia de un rival?

A los 103 años—Isaac fue destetado, siendo de tres años, y le hicieron una fiesta para celebrarlo, conforme a la costumbre. En la fiesta Ismael se burlaba de Isaac y esto causó problemas en el hogar. Hay sólo una solución para este problema, y de seguro, será dolorosa: Agar y su hijo tienen que salir del hogar. Con el corazón quebrantado Abraham despide a su hijo, porque así lo manda Dios (Génesis 21:8–14).

A primera vista esta historia parece ser nada más que el relato de un problema familiar, pero hay significados más profundos que son muy importantes. Abraham, las dos mujeres y los dos hijos representan verdades espirituales, y sus relaciones nos enseñan lecciones valiosas.

Las Verdades Espirituales (Gálatas 4:24–29)

Pablo explica ahora el significado oculto en estos versículos históricos, y tal vez la clasificación mejor sea la siguiente:

El Viejo Pacto

El Nuevo Pacto

• La ley

• La gracia

• Agar, la esclava

• Sara, la libre

• Ismael concebido según la carne

• Isaac concebido milagrosamente

• La Jerusalén terrenal, en esclavitud

• La Jerusalén celestial en libertad

Pablo empieza con los dos hijos, Ismael e Isaac (4:22, 23), y explica que éstos ilustran nuestros dos nacimientos; el físico, por el cual somos pecadores y el espiritual, por el cual somos hijos de Dios. Al pensar en esto, y leer Génesis 21:1–12, descubrirás algunas verdades maravillosas acerca de tu salvación.

Isaac ilustra al creyente en varios aspectos:

Nació por el poder de Dios. De hecho, Dios con intención esperó 25 años antes de darle a Abraham y a Sara un hijo. Isaac “nació según el Espíritu” (Gálatas 4:29), y por supuesto, el creyente es “nacido del Espíritu” (Juan 3:1–7). Isaac vino al mundo a través de Abraham (quien representa la fe, Gálatas 3:9), y Sara (quien representa la gracia); así que nació “por gracia… por medio de la fe” como todo creyente verdadero (Efesios 2:8–9).

Trajo gozo. Su nombre significa “risa”, y ciertamente trajo gozo a sus ancianos padres. La salvación es una experiencia de gozo, no sólo para el creyente, sino también para los que se encuentran a su alrededor.

Creció y fue destetado (Génesis 21:8). En la vida cristiana, la salvación es el principio, no el fin. Después de nacer, debemos crecer (1 Pedro 2:2; 2 Pedro 3:18). Junto con el crecimiento viene el destete: debemos hacer a un lado “lo que era de niño” (1 Corintios 13:11). Cuán fácil es conformarnos a los rudimentos de los primeros días de la vida cristiana y no echar mano de la “armadura de Dios”. Al niño no le gusta ser destetado, pero nunca llegará a ser hombre sin que esto suceda (lee el Salmo 131).

Fue perseguido (Génesis 21:9). Ismael (la carne) causó problemas a Isaac, como nuestra vieja naturaleza a nosotros. (Pablo habla sobre esto en detalle en Gálatas 5:16). Ismael no causó problemas en el hogar sino hasta que Isaac nació, así como nuestra vieja naturaleza no origina problemas sino hasta que recibimos la nueva naturaleza al creer en Cristo. Vemos en el hogar de Abraham los mismos conflictos que los hijos de Dios enfrentan hoy en día:

Agar contra Sara = la ley contra la gracia

Ismael contra Isaac = la carne contra el Espíritu

Es importante saber que no se puede separar estos cuatro factores. Los judaizantes enseñaban que la ley hacía al creyente más espiritual, pero Pablo aclara que la ley provoca la oposición de la carne, ocasionando un conflicto en el creyente (ve Romanos 7:19). No había ley que podía cambiar o controlar a Ismael, pero Isaac no necesitó de ninguna ley. Bien se ha dicho: “La vieja naturaleza no conoce ley, y la nueva naturaleza no la necesita”.

Habiendo explicado el significado de los dos hijos, Pablo da una explicación de las dos mujeres, Sara y Agar, ilustrando así el contraste entre la ley y la gracia, y mostrando que el creyente no está bajo la ley, sino bajo la libertad que viene por medio de la gracia de Dios. Observa, entonces, los hechos acerca de Agar que demuestran que la ley ya no tiene poder sobre el hijo de Dios.

Agar fue la segunda mujer de Abraham. Dios no empezó con Agar, sino con Sara.

En cuanto al trato de Dios con el hombre, Dios empezó con gracia, proveyendo para Adán y Eva en el Edén. Aun después de que pecaron, en su gracia les vistió con túnicas de pieles (Génesis 3:21). No les dio leyes para que las obedecieran con el fin de obtener la redención, sino que en su gracia les dio una promesa para que la creyeran: la promesa de un Redentor victorioso (Génesis 3:15).

También en su trato con Israel Dios obró basado en su gracia, no en la ley. Su pacto con Abraham (Génesis 15) fue todo de gracia, porque Abraham dormía profundamente cuando el pacto fue establecido. Cuando Dios liberó a Israel de Egipto, fue sobre la base de la gracia y no de la ley, puesto que la ley aún no había sido dada. Como Agar, la segunda mujer de Abraham, la ley fue “añadida” (Gálatas 3:19). Agar desempeñó una función temporal, y entonces salió del escenario, así como la ley desempeñó una función especial y entonces fue quitada (3:24–25).

Agar era esclava. Cinco veces en esta sección se le llama “esclava” (vs. 22–23, 30–31). Sara no era esclava, por eso su posición era de libertad; pero Agar, aunque era mujer de Abraham, todavía era esclava. Asimismo, la ley fue dada como esclava. “Entonces, ¿para qué sirve la ley?” (3:19). Sirve como espejo para revelar los pecados de los hombres (Romanos 3:20), y como ayo para llevarlos a Cristo (Gálatas 3:23–25); pero la ley nunca fue dada con el fin de que fuera madre.

Agar no era la que debía tener un hijo. La unión de Abraham con Agar se llevó a cabo fuera de la voluntad de Dios; fue el resultado de la incredulidad e impaciencia de Sara y Abraham. Agar estaba tratando de hacer lo que solamente Sara podía hacer, y falló. La ley no puede dar vida (Gálatas 3:21), o justicia (2:21), o el don del Espíritu (3:2), o una herencia espiritual (3:18). Isaac nació como heredero de Abraham (Génesis 21:10), pero Ismael no pudo participar de esa herencia. Los judaizantes trataban de hacer a Agar madre nuevamente, mientras que Pablo padecía dolores espirituales como de parto por los nuevos creyentes para que llegaran a ser más como Cristo. No hay religión ni leyes que pueden dar vida a un pecador. Solamente Cristo puede hacerlo por medio del evangelio.

Agar dio a luz a un esclavo. Ismael fue “hombre fiero” (Génesis 16:12), y aunque era un esclavo, nadie pudo controlarlo, ni siquiera su propia madre. Al igual que Ismael, la vieja naturaleza (la carne) está en enemistad contra Dios, y la ley no puede cambiarla ni controlarla. Por naturaleza, el Espíritu y la carne se “oponen entre sí” (Gálatas 5:17), y no hay actividad religiosa que cambie esto. Cualquiera que escoja a Agar (la ley) como madre va a sufrir esclavitud (4:8–11, 22–25, 30–31; 5:1), pero aquel que escoja a Sara (la gracia) por madre gozará de libertad en Cristo. Dios quiere que sus hijos sean libres (5:1).

Agar fue despedida. Fue Sara la que dio la orden “echa a tu sierva y a tu hijo” (Génesis 21:9–10), y Dios la aprobó (Génesis 21:12). Ismael había estado en el hogar por lo menos 17 años, pero su estancia no iba a ser permanente; al fin tenía que ser echado fuera. No había lugar en la casa para Agar e Ismael con Sara e Isaac; tenían que salir dos.

Es imposible que haya armonía entre la ley y la gracia, o entre la carne y el Espíritu. Dios no pidió que Agar e Ismael visitaran el hogar ocasionalmente; la separación fue permanente. Los judaizantes de los tiempos de Pablo, y de nuestros tiempos, están tratando de reconciliar a Sara con Agar, y a Isaac con Ismael; tal reconciliación es contraria a la Palabra de Dios. Es imposible mezclar la ley y la gracia, la fe y las obras, el regalo de la justicia de Dios y los esfuerzos del hombre para ganar la justicia.

Agar no se casó otra vez. Dios no dio la ley a otra nación o pueblo, ni a su iglesia. Así que, al imponer los judaizantes la ley sobre los creyentes en Galacia, se oponían al plan de Dios. En los tiempos de Pablo la nación de Israel estaba bajo la esclavitud de la ley, mientras que la iglesia estaba gozando de la libertad bajo el gobierno de la “Jerusalén de arriba” (Gálatas 4:26). Los judaizantes querían casar al monte Sinaí y al monte de Sión celestial (Hebreos 12:22), pero hacer esto hubiera sido negar lo que Cristo hizo en el monte Calvario (Gálatas 2:21). Agar no debe casarse de nuevo.

Puede ser que parezca cruel que Dios ordenara a Abraham que echara fuera a su hijo Ismael, a quien tanto amaba. Pero era la única solución al problema, ya que “el hombre fiero” nunca podría vivir con el hijo de la promesa. Cuánto más le costó a Dios dar a su Hijo para que llevara sobre él la maldición de la ley para librarnos. El corazón quebrantado de Abraham resultó en la libertad de Isaac; que Dios diera a su Hijo resulta en nuestra libertad en Cristo.

Las Bendiciones Prácticas (Gálatas 4:30–31)

Nosotros los creyentes, como Isaac, somos hijos de la promesa por medio de la gracia. El pacto de la gracia, simbolizado por Sara, es nuestra madre espiritual. La ley y la vieja naturaleza (Agar e Ismael) quieren perseguirnos y llevarnos a la esclavitud. ¿Cómo podríamos resolver este problema?

Podríamos tratar de cambiarlos. Esto fallaría ya que no podemos cambiar ni la ley ni la vieja naturaleza. “Lo que es nacido de la carne, carne es” (Juan 3:6), y siempre lo será. Dios no trató de cambiar a Agar ni a Ismael, ni por la fuerza ni por medio de la educación; asimismo, no podemos cambiar ni la vieja naturaleza ni la ley.

Podríamos tratar de llegar a un acuerdo con ellos. Esto no dio buen resultado en el hogar de Abraham, ni tampoco lo dará en nuestras vidas. Los gálatas estaban tratando de efectuar tal acuerdo, pero sólo les estaba llevando gradualmente a la esclavitud. Los maestros falsos de hoy nos dicen: “No abandonen a Cristo; pero tendrán una vida cristiana más abundante practicando la ley junto con su fe en Cristo. Inviten a Agar y a Ismael a que regresen al hogar”. Pero este es el camino que lleva de nuevo a la esclavitud. “¿Cómo es que os volvéis de nuevo a los débiles y pobres rudimentos, a los cuales os queréis volver a esclavizar?” (Gálatas 4:9).

Podríamos echarlos fuera. Esto es lo que debemos hacer. En primer lugar, Pablo aplica esto a la nación de Israel (vs. 25–27); luego lo aplica a cada creyente individualmente. La nación de Israel había estado en esclavitud bajo la ley, pero esto era temporal, y les preparó para la venida de Cristo. Ahora que Cristo había venido, la ley tenía que irse. Cristo Jesús, como Isaac, fue hijo de la promesa, nacido por el poder milagroso de Dios. Una vez que Cristo vino y murió por el mundo, la ley tuvo que salir.

Pablo cita a Isaías (54:1), aplicando sus palabras a Sara quien era estéril antes del nacimiento de Isaac, pero también las aplica a la iglesia (Gálatas 4:27).

Observe los contrastes:

Israel

La Iglesia

• Jerusalén terrenal

• Jerusalén celestial

• esclavitud

• libertad

• legalismo estéril

• gracia fructífera

Sara había sido estéril, pero quería ser reconocida como una mujer fructífera, así que aconsejó a Abraham a que tomara a Agar por mujer. Esta no fue la solución correcta, pues sólo trajo problemas. La ley no puede dar vida o fruto; el legalismo es estéril. Si la iglesia primitiva regresara a la esclavitud esto resultaría en esterilidad, y sería desobediencia a la Palabra de Dios. Pero, por cuanto la iglesia ha sido fiel en predicar la gracia, se ha extendido por todo el mundo llevando fruto.

Pero, tanto iglesias como creyentes en forma individual, pueden cometer el mismo error de los gálatas de no echar fuera a Agar y a Ismael. El legalismo es uno de los problemas más grandes para los creyentes en la actualidad. Debemos entender que el legalismo no consiste en establecer normas para la vida cristiana, sino en sobreestimarlas, y pensar que uno es más espiritual cuando las obedece. También consiste en juzgar a otros hermanos basándose en dichas normas. Una persona puede dejar de fumar, de beber, y de ir al cine, por ejemplo, y aun así no ser espiritual. Los fariseos tenían normas elevadas, sin embargo crucificaron a Cristo.

La vieja naturaleza ama el legalismo, porque le da oportunidad de quedar bien. Le cuesta muy poco a Ismael no hacer ciertas cosas malas o hacer ciertas obras religiosas, siempre y cuando pueda continuar siendo Ismael. Por 17 años Ismael no causó ningún problema en el hogar; pero al llegar Isaac, el conflicto empezó. El legalismo complace en todo a Ismael. El creyente que se cree espiritual porque no hace esto o aquello sólo se engaña a sí mismo. Una vida espiritual fructífera es más que negarse a esto o a aquello.

Sin duda los judaizantes eran personas atractivas. Tenían credenciales de las autoridades religiosas (2 Corintios 3:1); tenían normas elevadas; tenían cuidado de lo que comían y bebían; y tenían éxito en ganar convertidos y les gustaba hacer alarde de sus logros (Gálatas 6:12–14; 4:17–18). Además, tenían reglas y normas para cada área de la vida, proporcionando así una manera a sus seguidores para que distinguieran quién era espiritual y quién no. Pero los judaizantes estaban guiando a la gente a la esclavitud y al fracaso en vez de a la libertad y a la victoria, y la gente no sabía distinguirlas.

En los últimos capítulos de esta carta, Pablo señala la más grande tragedia del legalismo: da oportunidad a la carne de obrar. La vieja naturaleza no puede ser controlada por la ley; finalmente tiene que rebelarse ¡y cuidado cuando lo hace! Esto explica por qué los grupos religiosos legalistas tienen luchas y divisiones “os mordéis y os coméis unos a otros” (Gálatas 5:15), y a menudo están plagados de las obras de la carne (5:19–21). Toda iglesia sufre esta clase de problemas, sin embargo, son predominantes en aquellos grupos en donde existe un ambiente legalista. Cuando los creyentes invitan a Agar y a Ismael a vivir con Sara e Isaac, están invitando a los problemas.

Gracias a Dios, el hijo de Dios es libre de la maldición y del dominio de la ley. Echar fuera “a la esclava y a su hijo”, es la solución, y aunque nos duela mucho, como le dolió a Abraham, debe llevarse a cabo. Procurar mezclar la ley y la gracia es intentar lo imposible, y produce una vida frustrada y estéril. Pero vivir por gracia, por medio de la fe, da al creyente una vida cristiana libre y abundante.

¿Cuál es el secreto? El Espíritu Santo. Estudiaremos acerca de este secreto al final de esta carta. Mientras tanto, necesitamos estar alerta, no sea que Ismael y Agar entren encubiertamente en nuestras vidas. Si es que ya han entrado, ¡echémoslos fuera!

III

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