Manipulación y Liberalidad (Gálatas IIX)

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Pasaje biblico.

Gálatas 2.1–10 RVR95BTO
1 Después, pasados catorce años, subí otra vez a Jerusalén con Bernabé, llevando también conmigo a Tito. 2 Subí debido a una revelación y, para no correr o haber corrido en vano, expuse en privado a los que tenían cierta reputación, el evangelio que predico entre los gentiles. 3 Pero ni aun Tito, que estaba conmigo, con todo y ser griego, fue obligado a circuncidarse, 4 a pesar de los falsos hermanos que se habían introducido entre nosotros a escondidas, para espiar nuestra libertad—la que tenemos en Cristo Jesús—, para reducirnos a esclavitud. 5 A los tales ni por un momento accedimos a someternos, para que la verdad del evangelio permaneciera con vosotros. 6 Pero de los que tenían reputación de ser algo (lo que hayan sido en otro tiempo nada me importa; Dios no hace acepción de personas), a mí, pues, los de reputación nada nuevo me comunicaron. 7 Antes por el contrario, como vieron que me había sido encomendado el evangelio de la incircuncisión, como a Pedro el de la circuncisión 8 (pues el que actuó en Pedro para el apostolado de la circuncisión actuó también en mí para con los gentiles), 9 y reconociendo la gracia que me había sido dada, Jacobo, Cefas y Juan, que eran considerados como columnas, nos dieron a mí y a Bernabé la diestra en señal de compañerismo, para que nosotros fuéramos a los gentiles y ellos a los de la circuncisión. 10 Solamente nos pidieron que nos acordáramos de los pobres; lo cual también me apresuré a cumplir con diligencia.
galatas 2.1-

Contexto:

Debido a esta unión, usted murió con Cristo cuando El murió. Y porque usted murió, es ahora libre de la culpa y el poder del pecado. Esa es su total y verdadera identidad es su unión con Cristo. Y debido a esta posición y a esta identidad inconmovible, usted ya ha sido justificado; e incluso estoy seguro que también está siendo santificado, pero todavía no es perfecto. Por tanto, confirmemos cada día en nuestras vidas lo que ha sucedido, reconociendo lo que verdaderamente somos en Cristo.
El temor de Pablo: por qué fue a Jerusalén Pablo, escribiendo todavía de una manera autobiográfica, nos traslada a una época “catorce años después” de su primera visita a Jerusalén, cuando él “subió de nuevo”, junto con dos miembros de confianza de su equipo misionero, Bernabé y Tito (v 1).
¿Por qué fue? Externamente, “en obediencia a una revelación” de Dios, e internamente “por temor” (v 2). Esto nos obliga a hacer una pausa.
¡El Pablo que conocimos en Hechos y en sus cartas no es un hombre dado a sentir miedo! Primero fue un valiente perseguidor de la iglesia; después fue un predicador del evangelio más valiente aún.
Así que, ¿por qué un hombre como este sentiría temor? A primera vista podría parecer que Pablo estaba preocupado por la posibilidad de haberse equivocado en su mensaje o en sus métodos, y por eso regresó a Jerusalén. Quizá para encontrarse con los otros apóstoles “en privado”; para “exp[ oner] en privado a los [líderes] el evangelio que predico” (v 2), es decir, para obtener la confirmación de que estaba haciendo las cosas correctamente. Pero eso es imposible por varias razones. Primera, Pablo fue a Jerusalén “en obediencia a una revelación” de Dios (v 2). Esto nos recuerda que era un apóstol con acceso directo a Dios. Había recibido su evangelio de los labios del Cristo visible y resucitado (1: 12). ¡No tiene sentido que alguien que obtiene revelaciones de Dios vaya y obtenga la autorización de alguien más! Segunda, si hubiera estado inseguro, ¿por qué esperar 14 años antes de ir a Jerusalén? Y tercera, Pablo dijo en 1: 8 que los gálatas deberían rechazarlo incluso a él mismo si fuera y dijera que había cambiado de opinión en cuanto al evangelio. Nada estaba amenazando la seguridad de Pablo pero algo estaba amenazando su productividad. Si los otros apóstoles no confirmaban su mensaje y no repudiaban a los falsos maestros, sería muy difícil para él retener a sus convertidos. Los falsos maestros estaban diciéndoles a estos nuevos cristianos que Pablo estaba predicando un evangelio que era inadecuado y no tan completo como el evangelio original apostólico que predicaban los líderes de Jerusalén. Ellos insistían en que Pablo enseñaba una “creencia fácil” que era su propio y muy excéntrico mensaje. Pablo sabía que Dios le había revelado su mensaje y que por lo tanto era verdadero. Pero él no podría mantener a sus iglesias en la sana enseñanza del evangelio, si no lograba desmentir esta falsedad. Esta es la razón por la que Pablo sentía el peligro de que “que todo mi esfuerzo no fuera en vano” (v 2). Temía que su ministerio fuera reprimido y que fuera relativamente infructuoso. De igual manera, el viaje de Pablo no era “por temor” de que los apóstoles de Jerusalén no tuvieran el evangelio verdadero. Su temor más bien obedecía a que los apóstoles de Jerusalén no fueran fieles a ese evangelio. Quizá ellos no iban a enfrentar a los falsos maestros sino, por el contrario, se dejarían persuadir por sus propios prejuicios culturales, permitiendo que estos maestros avanzaran con sus nocivas afirmaciones.
Así que, ¿por qué un hombre como este sentiría temor? A primera vista podría parecer que Pablo estaba preocupado por la posibilidad de haberse equivocado en su mensaje o en sus métodos, y por eso regresó a Jerusalén.
Quizá para encontrarse con los otros apóstoles “en privado”; para “exp[ oner] en privado a los [líderes] el evangelio que predico” (v 2), es decir, para obtener la confirmación de que estaba haciendo las cosas correctamente.
Pero eso es imposible por varias razones. Primera, Pablo fue a Jerusalén “en obediencia a una revelación” de Dios (v 2). Esto nos recuerda que era un apóstol con acceso directo a Dios. Había recibido su evangelio de los labios del Cristo visible y resucitado (1: 12). ¡No tiene sentido que alguien que obtiene revelaciones de Dios vaya y obtenga la autorización de alguien más! Segunda, si hubiera estado inseguro, ¿por qué esperar 14 años antes de ir a Jerusalén? Y tercera, Pablo dijo en 1: 8 que los gálatas deberían rechazarlo incluso a él mismo si fuera y dijera que había cambiado de opinión en cuanto al evangelio.
Nada estaba amenazando la seguridad de Pablo pero algo estaba amenazando su productividad. Si los otros apóstoles no confirmaban su mensaje y no repudiaban a los falsos maestros, sería muy difícil para él retener a sus convertidos.
Los falsos maestros estaban diciéndoles a estos nuevos cristianos que Pablo estaba predicando un evangelio que era inadecuado y no tan completo como el evangelio original apostólico que predicaban los líderes de Jerusalén.
Ellos insistían en que Pablo enseñaba una “creencia fácil” que era su propio y muy excéntrico mensaje. Pablo sabía que Dios le había revelado su mensaje y que por lo tanto era verdadero.
Pero él no podría mantener a sus iglesias en la sana enseñanza del evangelio, si no lograba desmentir esta falsedad. Esta es la razón por la que Pablo sentía el peligro de que “que todo mi esfuerzo no fuera en vano” (v 2). Temía que su ministerio fuera reprimido y que fuera relativamente infructuoso. De igual manera, el viaje de Pablo no era “por temor” de que los apóstoles de Jerusalén no tuvieran el evangelio verdadero.
Su temor más bien obedecía a que los apóstoles de Jerusalén no fueran fieles a ese evangelio. Quizá ellos no iban a enfrentar a los falsos maestros sino, por el contrario, se dejarían persuadir por sus propios prejuicios culturales, permitiendo que estos maestros avanzaran con sus nocivas afirmaciones.
La verdadera unidad de la iglesia Por un lado de la discusión, está Pablo diciendo:
El evangelio de la fe en Cristo es para las personas de todas las culturas. Por el otro, están sus oponentes que afirman: No todos los judíos son cristianos, pero todos los cristianos se deben volver judíos.
Si los apóstoles de Jerusalén hubieran intervenido, o mínimamente hubieran tolerado a los que estaban enseñando en contra de Pablo, esto hubiera dividido a la iglesia en dos.
Ningún bando hubiera aceptado completamente la postura del otro, y ¡se hubiera cuestionado si los otros eran salvos! Las iglesias gentiles fundadas por Pablo hubieran dudado de que las iglesias judías realmente tuvieran fe en Cristo; y las iglesias judías también hubieran dudado a cerca de la salvación de los gentiles.
John Stott lo dice de esta manera:
“Una cosa era que los líderes de Jerusalén dieran su aprobación a la conversión de los gentiles, pero ¿podrían aprobar… seguir al Mesías sin entrar en el judaísmo? ¿Era su visión lo suficientemente grande para ver el evangelio de Cristo, no como un movimiento reformador dentro del judaísmo, sino como las buenas noticias para todo el mundo? ¿Y para ver la iglesia de Cristo… como la familia internacional de Dios?”
Es por eso que Pablo dijo que “la libertad que tenemos en Cristo” (v 4) estaba bajo amenaza y que por lo tanto la mismísima “integridad del evangelio” estaba en riesgo (v 5).
Esta reunión pudo haber terminado dividiendo a la iglesia; y en una etapa tan temprana de su vida hubieran surgido dos religiones virtualmente diferentes. No es de extrañar que Pablo sintiera miedo. El riesgo no podía haber sido mayor.

bienvenidos

Era crucial que Pablo “lleva[ ra] también a Tito” (v 1). Tito “era griego” (v 3), un cristiano no circuncidado de carne y hueso. Los “falsos hermanos” de Pablo (v 4) que “se habían infiltrado entre nosotros (la iglesia)” habían insistido en que, con el fin de ser salvo, Tito tenía que confiar en Cristo y vivir de acuerdo con los rituales judíos, por ejemplo, la circuncisión.
Así que, usando el ejemplo de Tito, Pablo confrontó a los otros apóstoles con un caso concreto que servía de evidencia. La reunión de Jerusalén no podía ser una discusión abstracta. ¿Exigirían que Tito fuera circuncidado o no? “Ahora bien, ni siquiera Tito, que me acompañaba, fue obligado a circuncidarse, aunque era griego” (v 3). Por la gracia de Dios, los apóstoles de Jerusalén estuvieron a la altura e “hicieron lo que predicaban” en vez de solo “hablar por hablar”.
Lo externo tiene que ver con lo que hacemos; lo interno tiene que ver con nuestro ser; y el cristianismo se trata de quién soy yo en Cristo, no de qué hago yo por Él.
Los apóstoles de Jerusalén estuvieron de acuerdo en que es solo la fe en Cristo, y no ningún otro ritual o conducta, lo que es necesario para la salvación. El haber aceptado a Tito era prueba de que ellos habían aceptado el ministerio de Pablo y las implicaciones radicales del evangelio.
para nuestra comprensión de lo que es la fe cristiana. Las incontables reglas de “limpieza” contenidas en las leyes de Moisés fueron diseñadas (entre otras cosas) para mostrarnos cuán imposible resulta nuestra pretensión de hacernos perfectamente aceptables ante un Dios santo. Pero estos “falsos hermanos” habían usado esas reglas para enseñar exactamente lo contrario: que nosotros podemos hacernos puros y más aceptables a Dios por medio del estricto cumplimiento de ellas.

Libres en Cristo

En el versículo 4, Pablo caracteriza los dos lados de este argumento de una forma reveladora. Los “falsos hermanos” que se habían infiltrado en las iglesias gentiles querían, según Pablo, “esclavizarnos”, impidiéndoles disfrutar la “libertad que tenemos en Cristo Jesús”.
Pablo está diciendo que el evangelio bíblico da libertad, mientras que el mensaje de sus oponentes de “gánate tu salvación” conduciría a las personas a la esclavitud.
Este es un tema al que él regresará repetidamente en su carta. Así que, ¿cómo es que el evangelio da libertad?
Primero, el evangelio conduce a una libertad cultural. La religión moralista tiende a presionar a sus miembros para que adopten reglas y normas muy específicas con relación al vestido y al comportamiento diario.
¿Por qué? Si tu salvación depende de obedecer reglas, entonces quieres que las reglas sean muy específicas, factibles y claras. Tú no quieres: Ama a tu prójimo como a ti mismo, ¡porque ése es un estándar inalcanzable que tiene un sinfín de implicaciones!
Tú quieres: No vayas al cine o No bebas alcohol o No comas este tipo de comida. Pero reglas y normas como estas se implantan en el área de la vida cultural cotidiana.
Si los falsos maestros hubieran ganado el debate, un italiano o un nigeriano no podrían ser cristianos sin hacerse culturalmente judíos. Los cristianos tendrían que formar pequeños guetos culturales en cada ciudad.
Significaría darle demasiado énfasis a la separación cultural externa en vez de a la diferencia interna de espíritu, motivos, actitud y perspectiva. Elevar el decoro cultural al nivel de la virtud espiritual lleva a los cristianos a un énfasis esclavizante de ser culturalmente “agradables” y “correctos”, y también a promover actitudes intolerantes
Segundo, el evangelio conduce a la libertad emocional. Cualquiera que cree que nuestra relación con Dios se basa en guardar el comportamiento moral está en una “carrera” de culpa e inseguridad interminables.
Como sabemos por las cartas de Pablo, Él no liberó a los creyentes gentiles de los imperativos de los Diez Mandamientos. Los cristianos no podían mentir, robar, cometer adulterio, etc.
Pero aunque no están libres de la ley moral como una forma de vida, los cristianos están libres de ella como un sistema de salvación. Obedecemos, no por temor e inseguridad esperando ganar nuestra salvación, sino en la libertad y la seguridad de saber que ya somos salvos en Cristo.
Obedecemos en la libertad de la gratitud. Así que tanto los falsos maestros como Pablo, les dijeron a los cristianos que obedecieran los Diez Mandamientos, pero por razones y motivos totalmente diferentes. Y, a menos que tu motivo para obedecer la ley de Dios sea el motivo de la gratitud por la gracia del evangelio, estás en esclavitud. El evangelio da libertad, cultural y emocional. El “otro evangelio” destruye ambas.
Diferencias
Algunas iglesias enseñan que debemos creer en Cristo más ser bautizados con el fin de ser salvos.
Otros insisten en que debemos pertenecer a su iglesia con el fin de ser salvos.
Muchos tipos de cristianismo agregan sus distinciones al evangelio, por ejemplo: la creencia en la predestinación, la abstinencia del alcohol o hablar en lenguas, como formas que nos pueden brindar seguridad de que somos cristianos.
En otras palabras, muchas iglesias dirán que somos salvos solo por la fe, pero que solo podemos estar seguros de que somos verdaderos cristianos si tenemos estas distinciones.
Muchas iglesias y grupos cristianos agregan a la Biblia reglas culturales –sobre cosas como el vestido y la diversión–e insisten en que ninguno de los que violen estos estándares puede ser cristiano.
En segundo lugar, la unidad cristiana reconoce que tenemos llamados diferentes. Los apóstoles reconocían esto dentro de su propio número: “reconocieron que a mí se me había encomendado predicar el evangelio a los gentiles, de la misma manera que se le había encomendado a Pedro predicarlo a los judíos” (v 7).
Aunque Pedro y Pablo estaban predicando “el [mismo] evangelio”, reconocieron que existen maneras diferentes de abordarlo. Algunas personas tienen un don y una habilidad para comunicar el evangelio a un grupo de personas y otras a un grupo diferente. La implicación de esto es que podemos adaptar el evangelio a diferentes personas, siempre que preservemos su esencia.
Esta es una implicación importante para la misión. Si no logramos adaptar el mensaje del evangelio a los intereses de la gente, o si por el contrario, lo sobre-adaptamos y perdemos su esencia, no lograremos persuadir y ganar a personas para entrar en el gozo y la libertad del evangelio.
¿Cuáles son algunas formas comunes en las que podríamos fracasar en preservar el mensaje hoy? Algunas iglesias y cristianos han adaptado el evangelio al mundo moderno quitando elementos “ofensivos” como los milagros o la exigencia de que solo podemos llegar a Dios por medio de Cristo.
Pero de esta manera, el evangelio mismo se pierde, dejándonos en una posición de tener que salvarnos a nosotros mismos por ser buenos. Este es un fracaso en el propósito de preservar el mensaje.
Por otro lado, es posible ir demasiado lejos en la otra dirección y no lograr adaptarnos. Muchas iglesias y cristianos están tan casados con su música o con su organización o con su lenguaje evangelico, que no están dispuestos a hacer cambios para incorporar los gustos y las sensibilidades de los que no pertenecen a ellos.
Irónicamente, si estás subadaptando o sobreadaptando el evangelio, lo “pierdes”. Si elevas tus tradiciones a la zona de no negociables, esencialmente creas un sistema de legalismo.
Estás diciendo: Los verdaderos cristianos siempre hacen las cosas de esta manera. Así que, tanto el conservadurismo como el legalismo (no adaptación) pueden amenazar el evangelio tanto como lo hace el liberalismo (no preservación). Los apóstoles estaban decididos a preservar el mensaje del evangelio y sus implicaciones para el estilo de vida; pero estaban igualmente preparados para adaptar el medio de ese mensaje.
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