¿Cuál es la responsabilidad de los miembros de la iglesia hacia sus pastores?
Las claves para ser humilde incluyen confianza en el poder de Dios, compromiso con la verdad de Dios, una comisión por la voluntad de Dios, una coacción por la omnisciencia de Dios y una pasión que consume por la gloria de Dios. El objetivo primordial de un pastor es alimentar. Además de esto, un pastor debe vigilar el rebaño y proveerles una vida ejemplar a la que puedan mirar. No puede hacer su trabajo con un espíritu indispuesto, tampoco puede hacerlo por ganancias monetarias. Más aún, debe obedecer los mandatos de las Escrituras a ser fiel a la verdad bíblica, intrépido en exponer y refutar el error, ejemplar en piedad, diligente en el ministerio y estar dispuesto a sufrir en su servicio.
Un pastor humilde estará confiado en el poder de Dios. En 1 Tesalonicenses 2:2
Tengan cuidado de ustedes mismos, no sea que su ejemplo contradiga su doctrina, y no pongan tales piedras de tropiezo delante de los ciegos, por cuanto podrían ocasionarles la ruina; no contradigan con su vida lo que afirman con la boca, y sean los mayores estorbos del éxito de sus propias obras. Es un gran impedimento para nuestra obra que haya quienes contradigan en privado lo que nosotros predicamos en público acerca de la Palabra de Dios, pues ciertamente no podemos estar siempre al lado de la pobre gente a la que predicamos para que no sean confundidas por la necedad de aquéllas. Pero mayor impedimento para la obra será que vosotros mismos os contradigáis, haciendo que con vuestras acciones la lengua se vuelva mentirosa, construyendo una hora o dos con vuestras bocas y durante el resto de la semana destruyendo con vuestras manos. Así es como se hace creer que la Palabra de Dios no es nada más que una historia, y la predicación algo que no es mejor que el mismo parlotear. Aquel que siente lo que habla, con certeza actuará conforme habla. Una palabra orgullosa, áspera, irrespetuosa, una contención innecesaria, una acción codiciosa, podrían cortar el cuello de muchos sermones y aplastar el fruto de todo lo que han estado haciendo…
Es un fatal error de algunos ministros causar tal desproporción entre su predicación y su vida, de aquellos que estudian mucho para predicar con exactitud, pero apenas estudian para vivir con exactitud. Una semana parece demasiado corta para estudiar cómo hablar durante dos horas y, sin embargo, una hora parece demasiado larga para estudiar cómo vivir toda la semana… ¡Oh!, curiosamente he escuchado con cuánto cuidado predican algunos, y cuán descuidadamente los he visto que viven…
Hermanos, ciertamente tenemos un gran deber de cuidar lo que hacemos del mismo modo que lo que decimos. Si hemos de ser siervos de Cristo en verdad, no solo debemos ser siervos de lengua, antes bien debemos servir con nuestros hechos, y ser «hacedores de la palabra, para que podamos ser bendecidos en nuestros hechos». Así como nuestro pueblo debe ser «hacedor de la palabra, y no solo oidor», también nosotros debemos ser hacedores y no solo habladores, no sea que «nos engañemos a nosotros mismos»…
Mantengan su inocencia, y anden sin ofensas. Que sus vidas condenen el pecado, y persuadan al hombre de su responsabilidad.¿Querrán que la gente tenga más cuidado de su alma que ustedes de la suya?…
Pongan atención en ustedes mismos, no sea que vivan en aquellos pecados contra los que predican a otros, y para que no sean culpables de aquello que condenan diariamente. ¿Convertirán en su labor el honrar a Dios, y, cuando lo hayan hecho, deshonrarle tanto como otros? ¿Proclamarán el poder de Cristo para gobernar, y no obstante, contender y rebelarse ustedes mismos? ¿Predicarán sus leyes, y las quebrantarán voluntariamente? Si el pecado es malo, ¿por qué viven en él? y si no lo es, ¿por qué disuaden a los hombres de él? Si es peligroso, ¿por qué se aventuran en él? Si no lo es, ¿por qué dicen a los hombres que lo es? Si las amenazas de Dios son verdaderas, ¿por qué no las temen? Si son falsas, ¿por qué preocupan innecesariamente a los hombres con ellas, y los hacen temer tanto sin causa alguna? ¿No conocen el juicio de Dios, que quienes cometen tales cosas son dignos de muerte, y sin embargo ustedes las hacen? Tú que enseñas a otro, ¿no te enseñas a ti mismo? Tú que dices al hombre que no debe adulterar, o emborracharse o reñir, ¿lo haces tú mismo? «Tú que te jactas de la ley, ¿con infracción de la ley deshonras a Dios? ¿Qué diremos? La misma lengua que habla contra el mal, ¿hablará el mal? Los labios que denuncian estas cosas y las similares, ¿censurarán, maldecirán y calumniarán al prójimo? Cuídense, no sea que denuncien el pecado, y sin embargo no lo venzan; no sea que, en tanto que buscan derrotarlo en otros, ustedes mismos se conviertan en sus esclavos, inclinándose ante él: Porque el hombre se convierte en esclavo de aquel que lo vence». «A quien ceden ser siervos para obedecer, del mismo se hacen esclavos, ya sea del pecado para muerte, o de la obediencia para justicia». ¡Oh, hermanos! es más fácil reprender el pecado que vencerlo.
Un pastor humilde es conducido por el conocimiento de Dios
el pastor tiene dos responsabilidades primarias para con su rebaño
