Salmo 2

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Introducción:

¿Quien lo escribió?
El habla de la resistencia al SEÑOR y su Thorá, el nos coloca después en la oposición al SEÑOR y su mesías, su rey vasallo, su virrey.
El ve venir esa oposición también por parte de los enemigos, pero casi siempre de israelitas enemigos. Sin nombrarles, pues, vemos al sacar nuevamente a la escena a los impíos: esos miembros del pueblo de Dios que desprecian al SEÑOR y su Palabra.
El les tipificó como israelitas con un criterio propio, un camino propio y un propio círculo de gentes. El les caracteriza como apóstatas con un dios (¿Baal?) propio y un príncipe propio: “¡Fuera el SEÑOR y su virrey davídico!”
Al comienzo de los Salmos o Escritos está no sólo la confesión de fe del (“Y, a pesar de todo, el SE- ÑOR está del lado de los justos”), sino también la del (“Y, a pesar de todo, ¡el Reino del SEÑOR y su mesías alcanzarán la victoria final!)
Estructura:
El consta claramente de cuatro partes. En cada una de ellas oímos una voz diferente. En los versículos 1-3 suena un grito de amotinados contra el SEÑOR y su rey va- sallo o virrey, provisto ya del comentario del poeta: “¿Por qué...?” En los versículos 4-6 escuchamos la reacción a esto por parte del SEÑOR mismo. A continuación, en los versículos 7-9, el rey mismo toma la palabra. Mientras que el salmista mismo saca la conclusión en los versículos 10-12.
Versículos 1-3:
“Por qué se amotinan las gentes, y los pueblos piensan cosas vanas? Se levantarán los reyes de la tierra, y príncipes consultarán unidos contra Jehová y contra su ungido, diciendo: Rompamos sus ligaduras, y echemos de nosotros sus cuerdas”7.
Aquí tienes el “patrón fundamental” de más de un perío- do en la historia de Israel y en la de la Cristiandad: rebe- lión, y siempre rebelión contra el SEÑOR y su mesías; y ahí tienes también el patrón fundamental de la actual situación en la Cristiandad.
La Biblia hebrea usa la palabra mesías, además de para sacerdotes, especialmente para los reyes de Israel, pues éstos eran ungidos en su instalación en el cargo. Cuando Abisai propuso a David matar a es- pada a Saúl, David respondió: “Jehová me guarde de ha- cer tal cosa contra mi señor, el ungido de Jehová, que yo extienda mi mano contra él; porque es el ungido de Je- hová”,
Por tanto, la palabra “mesías” no es una palabra que sólo se refiera al Señor Jesús, sino también a Saúl, David y a todos sus sucesores en el trono en el monte Sión.
Pues el patrón fundamental del se dibujaba a cada paso en el mundo de Israel: rebelión contra el SEÑOR y su mesías. ¡Aunque este fenómeno alcanzó su clímax en la oposición contra el SEÑOR y su más grande Mesías: Jesús! Pero, incluso entonces, el aún no encontró su cum- plimiento último. Nuestro siglo rebosa revolución contra el SEÑOR y el Mesías Jesús.
Reyes y otros poderosos movilizan sus fuerzas mili- tares. Suenan consignas revolucionarias, y autoridades conspiran entre sí contra el SEÑOR y su mesías-rey en el monte Sión.
¿Dónde debemos buscar a estos revolucionarios: dentro o fuera de Israel? La respuesta a esta pregunta depende de la forma en que se traduzca el : “Los reyes de la tie- rra” o “Los reyes del país”. Ambas versiones (de la palabra hebrea ’eres) son posibles. Incluso se podría traducir: “Los reyes de la ciudad” o “Los reyes de la ciudad-del-estado
“Reyes del país se colocan en orden de batalla...” Con lo cual no buscamos fuera el foco de la rebelión contra el SEÑOR y su mesías, sino dentro de Israel; no en los paganos, sino dentro del pueblo de Dios mismo, en el círculo del Pacto de Dios; y con esto no excluimos seme- jante rebelión de reyes-vasallos como describe , pues, midiendo con la norma de la promesa de Dios a Abraham, entonces también tenemos que contar con “reyes del país”, que Dios había prometido a Israel.
Por consiguiente, los “reyes del país” del pueden haber sido muy bien toda clase de autori- dades israelitas, poderosos locales o regionales en Israel, quienes, por una u otra razón, gustosamente destronarían al mesías-rey de Jerusalén. En este contexto, piénsese en Absalón y Ahitofel, auténticos “poderosos” en el sentido del , y en israelitas amotinados contra David. Además, podríamos pensar en las batallas que Israel y Judá mantuvieron entre sí.
Así pues, el texto del no nos permite ver en los pueblos y reyes amotinados poderes paganos indetermi- nados, sino israelitas; reyes en el país prometido: autorida- des dentro del propio pueblo de Dios. Por consiguiente, el , en su descripción del frente en los salmos, se une estre- chamente al , el cual ya nos indicó a los impíos en Israel, en el territorio del Pacto de Dios. Así pues, el dardo de la profecía en el ciertamente pudo estar mucho más afilado de lo que podíamos sospechar en la corriente opinión “mundial”. Tanto más cuando pensamos cómo los apóstoles, movidos por el Espíritu Santo, han expuesto este salmo en sus escritos. Entonces somos fortalecidos aun más en nuestras sospechas sobre Israel como el lugar de incubación de constante oposición arrebatadora contra el SEÑOR y sus mesías.
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“Y Jesús, después que fue bautizado, subió del agua; y he aquí los cielos fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él.
Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo () amado, en quien tengo complacencia”.
Mateo, el evangelista de los judíos, al hilo de los escritos de Moisés y los Profetas, quería demostrar a los lectores judíos, que Jesús de Nazaret era, sin duda alguna, el gran Mesías prometido desde antiguo. En este gran marco apolo- gético de la oposición de Israel contra el SEÑOR y su Me- sías, el evangelista cuenta cómo Dios mismo, después del bautismo de Jesús, citó el . Por consiguiente, según Mateo, el frente del atravesaba entonces por entre el pueblo de Dios.
La carta a los Hebreos:
“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo (),
a quien constituyó heredero () de todo...” : 1s “Así tampoco Cristo se glorificó a sí mismo haciéndose sumo sacerdote, sino el que le dijo:
Tú eres mi Hijo, Yo te he engendrado hoy (), , cf. 7: 28.
Los cristianos judíos a quienes es dirigida esta carta es- tán a punto de volver a caer en el judaísmo enemigo del Mesías Jesús; un judaísmo que aún entonces poseía su imponente templo en Jerusalén. Semejante recaída sería terrible, pues estos cristianos judíos olvidarían que el Mesías Jesús es el Hijo de Dios (también en el sentido del ), y más que los ángeles ( y 2), y más que Moisés ( y 4), y más que Aarón ( y 6), sí, él es el sumosacerdote que, al mismo tiem- po, es rey, lo mismo que Melquisedec ( al 10).
Por tanto, también la carta a los Hebreos cita el en relación con la oposición al SEÑOR y su Mesías Jesús entre los Hebreos, los cuales, consiguientemente, ¡no son paganos, sino miembros del pueblo de Dios!
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143
salmos-I
“Pues cuando él recibió de Dios Padre honra y gloria, le fue enviada desde la magnífica gloria una voz que decía: Este es mi Hijo () amado, en el cual tengo complacencia”
En esta carta, Pedro avisa de los “falsos profetas dentro del pueblo”, que incluso niegan “al Señor que los rescató”, (2: 1). Mientras que Pedro mismo había oído cómo Dios llamó “mi Hijo” al Mesías. Una vez más, pues, una cita de este salmo en el marco de la oposición contra el Mesías Jesús entre el propio pueblo de Dios.
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“Al que venciere... yo le daré autoridad sobre las naciones, y las regirá con brazo de hierro, y serán quebradas como vaso de alfarero (), como yo también la he recibido de mi Padre”
Fornicar y practicar el adulterio son expresiones muy usadas en las Escrituras para la interpretación de la relación de Pacto. Ese pecado lo cometen cristianos en la iglesia de Tiatira. De nuevo la rebelión del : ¡romper, deshacerse del yugo del Mesías o Cristo! A los vencedores en esta batalla de la iglesia, el Mesías les promete una participación en la promesa del . Por tanto, el Espíritu Santo también aquí cita el en relación con determinado frente contrac- tual en la herencia eclesial, y no precisamente con la opo- sición de paganos.
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“Y los reyes de la tierra, y los grandes, los ricos, los capitanes... se escondieron en las cuevas y entre las peñas de los montes; y decían a los montes y a las peñas:
Caed sobre nosotros, y escondednos del rostro de aquel que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero; porque el gran día de su ira ha llegado;
¿y quién podrá sostenerse en pie?”
El apóstol Juan ve aquí el juicio sobre Jerusalén, la ciu- dad de sangre, que mata a los profetas. El Apocalipsis tam- poco permite ver aquí juicios mundiales generales, sino jui- cios sobre la ciudad que ha abandonado el Pacto del SEÑOR, y mata a los testigos de la resurrección del Mesías Jesús. La apertura de los sellos trae justicia del Pacto. La cita del Sal- mo 2: 2 –”los reyes de la tierra (país)– coloca de nuevo a nuestro salmo en un determinado marco de pacto. Los “re- yes del país” son destacadas figuras eclesiales.
Amotinamiento entre el propio pueblo de Dios.
El habla de amotinamiento contra el SEÑOR y su Mesías. Pero, ¿dónde debemos buscar a los amotinados: dentro o fuera de Israel? El texto del salmo nos permitió buscarles dentro del propio pueblo de Dios, y el contexto en que los apóstoles lo citaron nos ha empujado en esa dirección: ¡el habla de amotinamiento contra el SEÑOR y su Me- sías dentro de su propio pueblo! Nada de líderes políticos en general, sino autoridades israelitas, “reyes del país”, se amotinan contra Dios y su Rey Mesías. Y las “naciones” que les siguen no es la humanidad no-creyente en general, sino israelitas, miembros de la comunidad del Pacto. Este es el “patrón fundamental” del .
El habla de oposición contra el Mesías de Dios en lo que el Señor Jesús y Juan evangelista llamaron “mundo”: ¡el gran mundo eclesiástico hostil a la Palabra! Y nosotros, 20 siglos después de los apóstoles, ¿no podemos ver surgir en cada momento el “patrón fundamental” de este salmo en la historia de la iglesia? El da enseñanza ulterior acerca del frente que el ya indicó que atravesaba a lo largo del pueblo de Dios; lo cual ahora es: a través de la cristiandad bautizada. A “los reyes del país” que traman complot contra Dios y su Mesías o Cristo ya no hay que buscarlos en el Kremlin o en Pekín, sino en las sesiones conciliares o sinodales y en las facultades teológicas donde se condenó a Martín Lutero y a Juan Calvino, o donde su crítica a las Sagradas Escrituras luchó realmente contra Dios y Su Mesías13.
“Rompamos sus ligaduras, y echemos de nosotros sus cuerdas”, . Esto no lo veremos enseguida llevado como consigna en una pancarta: pero sí se convierte cada vez más en una divisa de la cristiandad bautizada, la cual ha sido elevada hasta el cielo por el Espíritu de Dios, pero se deshace cada vez más de las ligaduras del Pacto de Dios, y rompe el yugo de sus mandamientos.
¿Qué pensaban realmente poder alcanzar? Pues quien se opone al Mesías tiene que vérselas con Dios mismo.
SEGUNDA VOZ: EL QUE SE SIENTA EN LOS CIELOS. EL REINO DEL MESÍAS ES ASUNTO DE DIOS, vs. 4-6.
¡Desdichados israelitas pobres si ese mesías-rey mismo era oprimido! Como ocurrió después de la muerte de Ococías, cuando la reina madre Atalía asesinó a toda la descenden- cia real de David, excepto al príncipe Joás, y ss.; o si el mesías-rey se oponía a los poderosos sacerdotes de Baal, como Josías, . ¡Cuánto debe haber llorado el piadoso Resto en períodos semejantes por motivo de la destrucción de la Casa de David y su realeza en Israel! Léanse los Sal- mos: 44, 74, 79, 80, 89, 102, 106 y 120.
Y todo esto alcanza su punto culminante (se cumple) en nuestro gran Mesías Jesús. ¡Cuánto no esperamos ya de él, hoy y en el futuro: el perdón de nuestros pecados, la reno- vación de nuestro corazón y vida, sí, la renovación de toda esta tierra, nuestra resurrección de la muerte y la vida eter- na en la nueva Jerusalén! Por eso podemos padecer por causa de la oposición contra el Mesías Jesús, como se pone de manifiesto por la acentuada descristianización de los últimos siglos.
Versículos 4-6:
“El que mora en los cielos se reirá; el Señor se burlará de ellos. Luego hablará a ellos en su furor, y los turbará con su ira.
Pero yo he puesto mi rey sobre Sión, mi santo monte”.
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Así están las relaciones. Detrás del mesías David estaba Dios mismo que le ungió, y con ello le instaló como tal; y de- trás del mesías Ezequías estaba Dios mismo que le entroni- zó como tal. Pero también detrás del Mesías Jesús está Dios mismo que le ha entronizado como tal. Por tanto, la oposi- ción al Mesías Jesús significa amotinamiento contra “el que mora en los cielos”. La realeza del Mesías Jesús es asunto de Dios.
Alguien como Saúl no creía verdaderamente que su realeza era asunto de Dios, y que Dios efectiva- mente se bastaba a sí mismo para protegerle sin fuerza militar. David comprendió esta lección y la llevó a la práctica. David siempre se supo rey-siervo que podía esperar en el tiem- po de Dios y en su mediación. Por eso el es más y más “Davídico”. El fue el hombre que confesó: “Tuya es, oh Jehová, la magnificencia y el poder”, . Esto puede dar tranquilidad a un hombre, lo cual es la intención del . Pero, si alguna vez un mesías se ha comporta- do como siervo de Dios, ese fue ciertamente el Mesías Je- sús. El cumplió el , también profesando la fe de este salmo cual nunca alguien antes que él lo hubiera hecho. El creyó que el Reino, mirándolo bien, era asunto de Dios, y que él, en ese mismo Reino, como Mesías, era Siervo de Dios, , , y 26, 4: 27 y 30. ¡Con cuanta frecuencia habló como un auténtico Siervo acerca de “las obras de Dios”, para las que él había venido, ! “Las obras de mi Padre”, . “Las obras del que me envió”
¡Cuánto debe haber consolado a los creyentes de todos los siglos esta segunda parte del , cuando el poder del mesías-rey parecía pequeño, y el de los adversarios grande! Pero también ahora nosotros mismos a veces caemos profun- damente avasallados por el poder de la incredulidad. ¡
Cuántas armas, cuánta inteligencia, cuánto dinero, cuánto poder hu- mano, cuánta grandeza y cuánto poder tentador arroja una Cristiandad apóstata en la batalla contra la Palabra de Dios, que prescindió de su Hijo por nosotros para tomar nuestra carne, para ser nuestro Garante y Mediador, para vencer a la muerte y salvarnos! ¡Cuánta fuerte oposición en contra de nuestro Mesías Jesús en todas partes de la Cristiandad! ¡Cuánto le atacan en su honor de diversas maneras cristianos apóstatas! “Los reyes del país”, destacados líderes eclesiásticos, niegan su Deidad, su resurrección de entre los muertos, su segun- da venida. Pero, para consuelo del piadoso Resto entre el pueblo de Dios de todos los siglos, el Libro de los Salmos abre el Libro de Oraciones e Himnos de Israel, inspirado por el Es- píritu de Dios, con la comunicación de que Dios se ríe de eso.
¡Dios se ríe de ellos! Toda oposición contra nuestro Mesías-Rey resultará vana y sin sentido; pues, “Yo he puesto mi rey sobre Sión, mi santo monte”, dice “el que mora en los cielos”, el SEÑOR. ¿Quién podría, pues, volver atrás esto? “Vosotros (sois) de Cristo, y Cristo de Dios”, .
TERCERA VOZ: EL MESÍAS DEJA OIR LO QUE EL SEÑOR LE HA PROMETIDO, vs. 7-9.
Versículos 7-9:
“Yo publicaré el decreto; Jehová me ha dicho: Mi hijo eres tú; yo te engendré hoy. Pídeme, y te daré por herencia las naciones, y como posesión tuya los confines de la tierra. Los quebrantarás con vara de hiero; como vasija de alfarero los desmenuzarás”
Cuando nuestro Salvador se hubo hecho bautizar, sonó la voz de Dios desde el cielo: “Este es mi Hijo...”, . Esos eran los antiguos sonidos del y del Pacto que Dios había establecido con la casa real de David, . Y en su transfiguración en el monte sonó desde aquella nube luminosa nuevamente el : “Este es mi Hijo...”, . También la carta a los Hebreos ve cum- plido el en el Mesías Jesús: “Porque ¿a cual de los ángeles dijo Dios jamás: Mi Hijo eres tú, Yo te he engendrado hoy, y otra vez: yo seré a él Padre, y él me será a mí hijo?”, , cf. 5: 5, 7: 28, . Y por eso “constituido heredero de todo”, , y autorizado a hacer la petición del . Satanás le había tentado mostrándole todos los reinos del mundo, y como si él, Satanás, fuera Dios para decir al Mesías: “Todo esto te daré” (¡alusión al !)-, “si postrado me adorares”, . Pero Jesús escogió obediente el camino del sufrimiento que Dios le indicó, y después, confiando plena y justificadamente en la invitación de Dios en el , pudo declarar: “Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra”, : 1822. Fíjate en la fecha de estas palabras: ¡el Mesías-rey está ante su subida al trono!.
CUARTA VOZ: LLAMADA A SERVIR AL SEÑOR Y AL MESÍAS, vs. 10-12.
Cuando un antiguo rey oriental tenía un rey vasallo rebelde, por lo general no castigaba enseguida a semejante virrey con una expedición correctiva, sino que primero enviaba una misión diplomática para avisar al apóstata. Para tal acontecimiento, el mundo de la Biblia conocía ciertas formas y términos di- plomáticos consagrados. Primero, se le recordaban al vasa- llo infiel, una vez más, sus obligaciones del pacto, se traían a su consideración las sanciones del pacto y entonces el gran rey concluía su mensaje con un ultimátum que frecuentemente comenzaba con las palabras: “Ahora, pues,...”; o con éstas: “Por tanto,...”23.
Con este auténtico término de pacto comienza el salmista la última estrofa del . Esto marca enseguida a los versículos 10 al 12 como un determinado ultimátum contractual que apela a cláusulas del tratado. Por eso, una vez más nos sentimos confirmados enseguida en nuestra opinión de que el habla de oposición al SEÑOR y a su mesías dentro del pueblo de Dios.
Versículos 10-12:
“Ahora, pues, oh reyes, sed prudentes; admitid amonestación, jueces de la tierra24. Servid a Jehová con temor, y alegraos con temblor. Honrad al Hijo,25 para que no se enoje, y perezcáis en el camino; pues se inflama de pronto su ira. Bienaventurados todos los que en él confían”.
“¿Quiero yo la muerte del impío? -dice Jehová el Señor. ¿No vivirá, si se apartare de sus caminos?”, . Este amor salvador de Dios suena también al final del . El paro de la oposición significaría liberación de la ira del rey. A esto llama el salmista a sus impíos colegas israelitas.
Pero, al mismo tiempo, consuela a los humildes en Israel, los cuales están tristes por causa de la oposición contra el SEÑOR y su mesías-rey. ¿Y cómo se puede presentar ese consuelo más poderosamente que en la forma de un ultimátum a los enemigos del rey? Difícilmente se puede hablar de ellos más triunfalmente que por este uso de una llamada de ca- pitulación. ¿Quizá oímos aquí el eco del secular pleito en- tre el SEÑOR e Israel, acerca del cual cuentan los libros de los Profetas? Como embajadores del Gran Rey de Israel ha- bían entregado sus muchas advertencias.
¡La última frase de este salmo es una felicitación a la di- rección de aquellos que se esconden en el SEÑOR como su Soberano Señor o Gran Rey, y en el mesías o virrey de Aquel! Con lo cual, el salmista termina con el mismo poderoso lenguaje de fe con que había comenzado. Mientras en todas partes en Israel (¿y en sus territorios subordinados?) “reyes” y otros poderosos conspiran contra el rey davídico en Jerusalén, y suenan sus consignas de rebelión por el país, el salmista con la mano sobre el propio decreto de Dios acerca de su mesías, confiesa: ¡Y, a pesar de todo, dentro del pueblo de Dios son dignos de felicitación todos aquellos que se esconden en el SEÑOR y en su mesías fuertemente perseguido! Por tanto, también para él la fe fue una “convicción (prueba) de lo que no se ve”, .
Por consiguiente, el Mesías de las Sagradas Escrituras sen- cillamente no se parece al dulce “Jesús” de la jesulatría, o a la idea de Jesús como un hombre suave, dulce e infinita- mente humilde. Ante el Mesías del , sus enemigos quieren esconderse en la tierra, . Por tanto, ¡ten cuida- do con él! ¡Ay de nosotros si su ira se enciende sobre no- sotros! ¡Ese Mesías Jesús será un Príncipe al que no tendre- mos más remedio que ver en el Ultimo Día!
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I. El patrón fundamental.
1. Vs. 1-3: Poderosos insurgentes en el país israelita quieren echar del trono a David o a uno de sus sucesores.
2. Vs. 4-6: El SEÑOR, que está sentado en el cielo, se ríe de estos conatos, y da a conocer, que él, a la oposición contra su mesías, la considera como oposición contra Dios mismo.
3. Vs. 7-9: El mesías amenazado apela a su único medio de rechazo: el decreto del SEÑOR, que su rey vasallo de la casa de David ejercitará sobre el país prometido.
4. Vs. 10-12: Un ultimátum llama a los amotinados a atenerse a las cláusulas del tratado de su Gran Rey Jehová, y a parar su rebelión contra el mesías-rey de Aquel. Los súbditos obedientes son felicitados. Su amado mesías puede ser duramente amenazado, pero las promesas de Dios ponen a salvo a él y a su reino.
II. Israel en los años 33-70.
1. Vs. 1-3: Los “reyes” en el país judío y los poderosos en el Sanedrín y en las sinagogas se levantan juntos contra el Mesías Jesús y sus seguidores. A él mismo le matan y a sus discípulos les echan de las sinagogas en todas partes, cuando es posible con la ayuda del fuerte brazo romano.
2. Vs. 4-6: Con ello, la apóstata iglesia judía entabla la lucha con Dios mismo, quien había puesto a este Mesías-Rey so- bre su pueblo. Juan el Bautista y Jesús avisan de la “ira ve- nidera”, , .
3. Vs. 7-9: El Mesías Jesús respeta la naturaleza totalmente propia de su realeza. Rechaza todo poder carnal en la fun- dación de su reino, y apela exclusivamente al decreto de Dios acerca del Mesías. Satanás le ofrece todos los reinos, pero el Mesías Jesús sólo desea los de su Padre. Poco antes de su ascensión a los cielos, confiesa su fe en el y ss., cf. .
Sus apóstoles predican dondequiera que viven judíos, que “a este Jesús... Dios le ha hecho Señor y Cristo”, , , . Y Jesús mismo, por su Revelación, consoló a los perseguidos cristianos judíos y a los paganos, en el mundo eclesial de la época, con referencias al , cf. , , .
4. Vs. 10-12: Desde la predicación de Juan el Bautista hasta la de Jesús y sus apóstoles inclusive, suena por todo el mundo judío el ultimátum del : “¡Ahora, pues,... servid a Jehová y a su Mesías!” Un resto se convierte, pero la masa perma- nece rechazando los lazos del Pacto de Dios. En el año 66 d. C, el SEÑOR comienza a derramar su maldición del Pac- to sobre Jerusalén y sus “reyes”. En la guerra judía (años 66-70), Israel es bautizado con “fuego”, y ss. El libro Apocalipsis se cumple por primera vez, y el por enésima vez. “Bienaventurados” los cristianos que se esconden en el Me- sías. En Pela encuentran salvación, ; como Jerusa- lén, la gran Babilonia, sucumbe en el año 70. Allí encuen- tran la muerte 1.100.000 personas.
III. Después del año 70: la Cristiandad en Occidente. 1. Vs. 1-3: En la Cristiandad, los “reyes” y los poderosos
o principales figuras eclesiásticas desalojan al rey Jesús de su singular lugar de Obispo sobre la iglesia cristiana. Le arrebatan su honor de Salvador único y suficiente, de Hijo de Dios en- carnado y de Mayordomo del reino de los muertos. La na- turaleza espiritual de su realeza es desconocida y despreciada. Cristianos apóstatas adelantan los acontecimientos del prometido reino de Dios del futuro mediante la esperanza de un esta- do utópico, aquí y ahora, a establecer, si es necesario, con violencia revolucionaria. Se admira a Jesús como “un hom- bre bueno”.
2. Vs. 4-6: Con esto, la Cristiandad bautizada llega, a tra- vés de los siglos, a sublevarse a cada paso contra Dios mismo, el cual concedió este Mesías y, en él, la promesa de su sal- vación total. Dios habla de ira sobre este rechazo de su Mesías, y del Espíritu del mismo, .
3. Vs. 7-9: Frente al rechazo masivo del Mesías Jesús, los humildes pueden consolarse con el decreto inquebrantable respecto a los derechos reales del Mesías Jesús y su atribu- ción posterior para derribar toda oposición contra él. El Apocalipsis consuela a los creyentes posteriores al año 70 mediante muchas citas del . El libro corrobora con este salmo, que el Mesías Jesús juzgará también a la “Babilonia” de la Cristiandad apóstata, la cual ha perseguido a tantos justos.
4. Vs. 10-12: Dios aún es paciente, “no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento”, . Por tanto, la predicación cristiana debe llevar también el carácter de ultimátum, el cual toma su punto de partida en la demanda que Dios tiene sobre la Cristiandad por me- dio de su Pacto. ¡Que la demanda concreta: “ahora, pues,...” del , siga resonando en nuestros encuentros de evangelización con aquellos que rechazan o niegan al Me- sías Jesús! ¡Avísese de su perdición a todos los que rechazan el ultimátum de Dios! Lo que Juan evangelista vio en visio- nes acerca de la caída de Jerusalén, se repetirá a escala mundial, cuando el Mesías Jesús, en el Día Postrero, venga a castigar a sus díscolos súbditos, derramando sobre ellos la cólera de la maldición del Pacto de Dios. ¡Que antes de esto muchos compañeros cristianos aún puedan aceptar el ultimátum de Dios! Con vistas a ese día, el felicita a aquellos que se han amparado en Dios y en su Mesías.
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