FIDELIDAD QUE DUELE Y AFLIGE

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FIDELIDAD QUE DUELE Y AFLIGE

Salmo 119:75
Fidelidad que aflige Agosto 18
Yo sé, Señor, que tus juicios son justos, y que en tu fidelidad me has afligido.
Salmo 119.75 RVR60
Conozco, oh Jehová, que tus juicios son justos, Y que conforme a tu fidelidad me afligiste.
(LBLA)
(LBLA)
Sin duda la mayoría de nosotros coincidimos plenamente con la declaración de David en cuanto a los juicios del Señor, que en verdad son justos.
Lo creemos de corazón y por eso estudiamos con diligencia su Palabra,
para conocer mejor los caminos
y los preceptos de Dios.
La segunda parte de la declaración del salmista, sin embargo, nos lleva a un plano que es mucho más difícil de aceptar. Unos cuantos, entre nosotros, hasta se opondrían con vehemencia a esta afirmación: que Dios en su fidelidad nos aflige.
FIDELIDAD TRIUNFALISTA
No nos cuesta creer que las aflicciones son parte de la vida, aunque algunos tienen dificultad aun para aceptar esto, prefiriendo una espiritualidad triunfalista que niega la existencia del dolor, la angustia y el sufrimiento.
Nos basta con mirar la vida, no obstante, para ver que las aflicciones están inseparablemente ligadas al mundo en que vivimos.
Nuestra teología, entonces, nos indica que nuestro Padre celestial permite la existencia de estas aflicciones para nuestro bien
y que debemos buscar en él la fortaleza e integridad que necesitamos para sobrellevarlas con fidelidad.
¿Cómo podemos abrazarnos a esta verdad, cuando el sufrimiento produce en nosotros tanta congoja?
¿Quién puede verdaderamente creer que Dios, en su fidelidad, nos aflige?
La misma frase hasta parece ser contradictoria, pues la fidelidad, según la entendemos, requiere que Dios nos libre de las aflicciones, ¡no que las produzca!
La meta siempre es la misma: evitar que nuestros hijos pasen un mal momento.
La meta siempre es la misma: evitar que nuestros hijos pasen un mal momento.
Nuestro amor imperfecto, sin embargo, tiene implicaciones a largo plazo.
La más fácil de identificar es que ese hijo no tendrá capacidad de enfrentar ni de responder a las adversidades que inevitablemente le presentará la vida.
Tampoco desarrollará la grandeza de carácter que solamente se cultiva por medio del dolor.
De modo que, evitándole una incomodidad presente, le hacemos daño para el futuro.
LA ETERNIDAD DEBE ESTAR EN NUESTRA MENTE
El Señor invierte en nosotros con la eternidad en mente.
Hay aspectos de nuestras vidas que necesitan ser tratados.
Hay lecciones que debemos aprender, si es que vamos a caminar en fidelidad por sus caminos.
Nuestro carácter debe ser pulido y refinado.
Es por esto, entonces, que él no solamente permite la aflicción en nuestras vidas, sino que a veces la produce.
Para pensar:
David revela un aspecto del amor de Dios que no entendemos muy bien. ¿Se anima, de todas maneras, por fe, a darle gracias a Dios porque en su fidelidad nos aflige? ¡Su opinión del Padre cambiará radicalmente cuando comience a hacerlo!
Alza tus ojos Agosto 18: Fidelidad que aflige

Fidelidad que aflige AGOSTO 18

Yo sé, Señor, que tus juicios son justos, y que en tu fidelidad me has afligido. Salmo 119.75 (LBLA)

Sin duda la mayoría de nosotros coincidimos plenamente con la declaración de David en cuanto a los juicios del Señor, que en verdad son justos. Lo creemos de corazón y por eso estudiamos con diligencia su Palabra, para conocer mejor los caminos y los preceptos de Dios. La segunda parte de la declaración del salmista, sin embargo, nos lleva a un plano que es mucho más difícil de aceptar. Unos cuantos, entre nosotros, hasta se opondrían con vehemencia a esta afirmación: que Dios en su fidelidad nos aflige.

No nos cuesta creer que las aflicciones son parte de la vida, aunque algunos tienen dificultad aun para aceptar esto, prefiriendo una espiritualidad triunfalista que niega la existencia del dolor, la angustia y el sufrimiento. Nos basta con mirar la vida, no obstante, para ver que las aflicciones están inseparablemente ligadas al mundo en que vivimos. Nuestra teología, entonces, nos indica que nuestro Padre celestial permite la existencia de estas aflicciones para nuestro bien y que debemos buscar en él la fortaleza e integridad que necesitamos para sobrellevarlas con fidelidad.

En este pasaje, sin embargo, David agrega al tema de las aflicciones una observación que, francamente, nos incomoda. En ella el salmista declara que las aflicciones fueron una demostración del amor del Señor hacia nosotros. ¿Cómo podemos abrazarnos a esta verdad, cuando el sufrimiento produce en nosotros tanta congoja? ¿Quién puede verdaderamente creer que Dios, en su fidelidad, nos aflige? La misma frase hasta parece ser contradictoria, pues la fidelidad, según la entendemos, requiere que Dios nos libre de las aflicciones, ¡no que las produzca!

Si nos trasladamos por un instante al plano de la relación de un padre hacia su hijo, donde normalmente vemos las manifestaciones más puras de fidelidad, podremos entender por qué nos resistimos a la declaración de David. Todo aquel que tiene un hijo le da prioridad a buscar la forma de evitar que su hijo sufra. Puede ser en cosas tan pequeñas como hacerle los deberes para evitarle problemas en la escuela, o en cosas tan grandes como asegurarle el futuro mediante una apelación a personas de influencia en una empresa o en el gobierno. La meta siempre es la misma: evitar que nuestros hijos pasen un mal momento.

Nuestro amor imperfecto, sin embargo, tiene implicaciones a largo plazo. La más fácil de identificar es que ese hijo no tendrá capacidad de enfrentar ni de responder a las adversidades que inevitablemente le presentará la vida. Tampoco desarrollará la grandeza de carácter que solamente se cultiva por medio del dolor. De modo que, evitándole una incomodidad presente, le hacemos daño para el futuro.

El Señor invierte en nosotros con la eternidad en mente. Hay aspectos de nuestras vidas que necesitan ser tratados. Hay lecciones que debemos aprender, si es que vamos a caminar en fidelidad por sus caminos. Nuestro carácter debe ser pulido y refinado. Es por esto, entonces, que él no solamente permite la aflicción en nuestras vidas, sino que a veces la produce.

Para pensar:

David revela un aspecto del amor de Dios que no entendemos muy bien. ¿Se anima, de todas maneras, por fe, a darle gracias a Dios porque en su fidelidad nos aflige? ¡Su opinión del Padre cambiará radicalmente cuando comience a hacerlo!

LAS AFLICCIONES
583–(1) Referencias generales: ; ; , ; ; ; .
Véase Tribulación 593; Duelo (2) 1618.
584–(2) A menudo bendiciones después de la prueba:
He aquí, bienaventurado es el hombre a quien Dios castiga; Por tanto, no menosprecies la corrección del Todopoderoso.
Mas él conoce mi camino; Me probará, y saldré como oro. ()
Antes que fuera yo humillado, descarriado andaba; Mas ahora guardo tu palabra. (; ; )
Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria;
Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados.
Yo le dije: Señor, tú lo sabes. Y él me dijo: Estos son los que han salido de la gran tribulación, y han lavado sus ropas, y las han emblanquecido en la sangre del Cordero.
Véase Felicidad (2) 1608; La vida, probada 4028.
585–(3) Provenientes de Dios.
Reconoce asimismo en tu corazón, que como castiga el hombre a su hijo, así Jehová tu Dios te castiga.
Y ella les respondía: No me llaméis Noemí, sino llamadme Mara; porque en grande amargura me ha puesto el Todopoderoso. ()
Próspero estaba, y me desmenuzó; Me arrebató por la cerviz y me despedazó, Y me puso por blanco suyo.
Nos metiste en la red; Pusiste sobre nuestros lomos pesada carga.
Porque con tu furor somos consumidos, Y con tu ira somos turbados.
Por lo cual yo como ceniza a manera de pan, Y mi bebida mezclo con lágrimas,
A causa de tu enojo y de tu ira; Pues me alzaste, y me has arrojado. ()
586–(4) De ministros y profetas: ; ; ; ; ; .
587–(5) Algunas veces son prolongadas: ; ; ; ; ; ; ; ; ; .
588–(6) Los verdaderos creyentes no desmayan en:
Por lo cual, teniendo nosotros este ministerio según la misericordia que hemos recibido, no desmayamos.
Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día. ()
por lo cual pido que no desmayéis a causa de mis tribulaciones por vosotros, las cuales son vuestra gloria.
y habéis ya olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige, diciendo: Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, Ni desmayes cuando eres reprendido por él;
y has sufrido, y has tenido paciencia, y has trabajado arduamente por amor de mi nombre, y no has desmayado.
Véase Ánimo (2) 1072; Ánimo (1) 1071; Fortaleza espiritual 537.
589–(7) La copa del sufrimiento, los santos toman de: ; ; ; ; ; .
Véase Aflicciones 585, 591.
590–(8) La influencia purificadora de:
Mas él conoce mi camino; Me probará, y saldré como oro.
Porque tú nos probaste, oh Dios; Nos ensayaste como se afina la plata. ()
He aquí te he purificado, y no como a plata; te he escogido en horno de aflicción. (; )
Y se sentará para afinar y limpiar la plata; porque limpiará a los hijos de Leví, los afinará como a oro y como a plata, y traerán a Jehová ofrenda en justicia.
para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo,
Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese,
Véase La vida probada 4028; Pruebas espirituales 3207.
591–(9) El castigo, una característica del amor del Padre.
Reconoce asimismo en tu corazón, que como castiga el hombre a su hijo, así Jehová tu Dios te castiga. ()
Bienaventurado el hombre a quien tú, JAH, corriges, Y en tu ley lo instruyes,
No menosprecies, hijo mío, el castigo de Jehová, Ni te fatigues de su corrección;
Porque Jehová al que ama castiga, Como el padre al hijo a quien quiere. ()
Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto. (; )
Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete.
Véase Felicidad (2) 1608; Promesas divinas (2) 3161; Pruebas espirituales 3207.
592–(10) Aguas de aflicción: ; ; ; ; ; .
593–(11) Tribulación, una parte de la experiencia terrenal: ; ; ; ; ; ; ; .
Véase Pruebas espirituales 3207.
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