Iglesia 101
Iglesia 101
Él está escribiendo para instruir acerca de cómo deben comportarse los creyentes en la iglesia. El antecedente de Esto se ha interpretado de varias formas. Algunos sugieren lo escrito en el capítulo 3 acerca de los pastores. Otros incluyen las observaciones de Pablo acerca de los hombres y de las mujeres en el capítulo 2, o su enseñanza acerca de la falsa doctrina en el capítulo 1. Pero como nada en el contexto pone límites a la frase, y como parece obvio que está enunciando su tema en una forma muy general, es mejor interpretarlo tan ampliamente como sea posible, para incluir toda la epístola. El tema es la conducta en la iglesia.
Esto te escribo, aunque tengo la esperanza de ir pronto a verte, para que si tardo, sepas cómo debes conducirte
No es simple conocimiento intelectual lo que Pablo tenía en mente, sino el conocimiento práctico de cómo debe [uno conducirse]. Aquí Pablo ensancha su instrucción para incluir no solo a Timoteo, sino también a todos los demás. La forma infinitivo presente de anastrephō (conducirte) indica una norma de vida constante. El comportarse en la iglesia como Dios desea, sin duda exige comprensión de varias verdades fundamentales.
El Señor de la Iglesia
Aquí la metáfora de Pablo no es la de un edificio, sino la de una familia. Los creyentes son miembros de la familia de Dios, y la responsabilidad de conducirse como corresponde es una orden del cielo para ellos. En Efesios 2:19, Pablo subraya la misma verdad: “Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios”. La idea de la iglesia como la familia de Dios también aparece en Gálatas 6:10; Hebreos 3:6; y 1 Pedro 4:17.
Pablo, por otro lado, define la asamblea de creyentes como la iglesia del Dios viviente o “la iglesia del Dios vivo”
Decisivo para una conducta adecuada es el conocimiento de que la asamblea de los santos es la iglesia del Dios vivo en el mundo de ídolos muertos, y que esto es ordenado y autorizado por una misión y mensaje divinos.
Decisivo para una conducta adecuada es el conocimiento de que la asamblea de los santos es la iglesia del Dios vivo en el mundo de ídolos muertos, y que esto es ordenado y autorizado por una misión y mensaje divinos.
Decisivo para una conducta adecuada es el conocimiento de que la asamblea de los santos es la iglesia del Dios vivo en el mundo de ídolos muertos, y que esto es ordenado y autorizado por una misión y mensaje divinos.
La misión de la Iglesia
la verdad es la revelación divina, que incluye la verdad del evangelio, el contenido de la fe cristiana. La solemne responsabilidad de cada iglesia es sostener sólida, firme e inquebrantablemente la verdad de la Palabra de Dios. La iglesia no inventa la verdad, y la altera solo a costa de juicio. Debe apoyarla y protegerla. Es el tesoro sagrado y salvador dado a los pecadores para su perdón, y a los creyentes para su santificación y edificación, que los pueden vivir para la gloria de Dios. La iglesia tiene la mayordomía de la Biblia, el deber de guardarla como la más preciosa posesión en la tierra. Las iglesias que usan mal, tergiversan, desprecian, relegan a un papel secundario o abandonan la verdad bíblica, destruyen su única razón de existir y experimentan ineficacia y juicio.
Aunque es responsabilidad colectiva de los cristianos reunidos respaldar la Palabra, esto no puede ocurrir a menos que cada creyente se comprometa con esa tarea. ¿Cómo los creyentes defienden la verdad? En primer lugar, creyéndola. Pablo dio testimonio ante Félix diciendo: “[yo] sirvo al Dios de mis padres, creyendo todas las cosas que en la ley y en los profetas están escritas” (Hch. 24:14). Su creencia en la Palabra de Dios se extendió a la revelación del nuevo pacto, como Pablo ponía en claro cuando les hablaba a los corintios: “nosotros también creemos, por lo cual también hablamos” (2 Co. 4:13). Las muchas exhortaciones a oír la Palabra también se refieren a oír con fe. Jesús dijo en Mateo 13:9: “El que tiene oídos para oír, oiga” (cp. Ap. 2:7, 11, 17, 29; 3:6, 13, 22). Los cristianos no pueden defender la Palabra si no la oyen y la creen.
En segundo lugar, memorizándola. El salmista escribió: “En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti” (Sal. 119:11). No basta con oír la Palabra, ella debe estar escondida en la memoria. Solo entonces pueden los creyentes “[estar] siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que [les] demande razón de la esperanza que hay en [ellos]” (1 P. 3:15).
En tercer lugar, meditando en ella. Josué 1:8 dice: “Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien”. Además de oír y memorizar la Palabra, los creyentes deben meditar en ella.
En cuarto lugar, estudiándola. En su segunda carta a Timoteo, Pablo lo exhorta a que “con diligencia [se presente] a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad” (2 Ti. 2:15).
En quinto lugar, obedeciéndola. Jesús dijo en Lucas 11:28: “Bienaventurados los que oyen la palabra de Dios, y la guardan”. No hace mucho bien oír la Palabra, memorizarla, meditar en ella, y estudiarla si no la obedecemos.
En sexto lugar, defendiéndola. Pablo les dijo a los filipenses que él “[estaba] puesto para la defensa del evangelio” (Fil. 1:17). La verdad siempre recibirá ataques, y la iglesia debe estar lista para defenderla.
En séptimo lugar, viviéndola. Pablo le recordó a Tito que los creyentes debían “en todo [adornar] la doctrina de Dios nuestro Salvador” (Tit. 2:10). Tener una mente controlada por la Palabra de Dios produce una conducta piadosa (Col. 3:16ss).
Por último, proclamándola. En obediencia al mandato de nuestro Señor, los creyentes han de “[ir], y [hacer] discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mt. 28:19–20).
La suprema misión de la iglesia es defender el valioso legado de la Palabra de Dios. Qué privilegio sustentar la verdad dada a nosotros por nuestro Salvador (cp. Jn. 17:14).
El mensaje de la Iglesia
Dios fue manifestado en carne
Justificado en el Espíritu
se refiere a la demostración que Dios hizo de que Jesús habiendo sido crucificado, es Señor y Mesías a través de la resurrección (cf. Hch. 2:24–36), por medio del Espíritu (cf. Ro. 8:11)
Visto de los ángeles
Predicado a los gentiles
Creído en el mundo
Recibido arriba en Gloria
En seis cortas estrofas, este himno resume el evangelio. Dios se hizo hombre, murió por nuestros pecados, triunfó sobre la muerte, fue honrado por ángeles y temido por los demonios, y ascendió al cielo. Se predicó este mensaje en todo el mundo y muchos creyeron y fueron salvos. Ese es el meollo del mensaje; es nuestra misión predicarlo al mundo.
En seis cortas estrofas, este himno resume el evangelio. Dios se hizo hombre, murió por nuestros pecados, triunfó sobre la muerte, fue honrado por ángeles y temido por los demonios, y ascendió al cielo. Se predicó este mensaje en todo el mundo y muchos creyeron y fueron salvos. Ese es el meollo del mensaje; es nuestra misión predicarlo al mundo.
Hubo una vez una antigua iglesia en Inglaterra. Un letrero frente al edificio decía “Predicamos a Cristo crucificado”. Después de algún tiempo, la hiedra creció y ocultó la última palabra. El lema ahora decía: “Predicamos a Cristo”. La hiedra creció un poco más, y el lema decía: “Predicamos”. Por último, la hiedra cubrió todo el letrero, y la iglesia murió. Tal es el destino de toda iglesia que deje de cumplir su misión en el mundo.
