Nuestra Victoria sobre la muerte es Cristo.

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Bosquejos para predicadores, Tomo 3 «SORBIDA ES LA MUERTE EN VICTORIA»

«SORBIDA ES LA MUERTE EN VICTORIA»

«Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? Ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley. Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo» (1 Corintios 15:54–58).

INTRODUCCIÓN: El famoso predicador Charles H. Spurgeon hablando del tema de la muerte se expresó de esta manera: «La muerte ha hecho la obra de un enemigo sobre aquellos que todavía han escapado de sus flechas. Los que han visitado recientemente una tumba para dejar allí sus corazones, saben de cerca qué clase de enemigo es la muerte. Se ha llevado a un amigo de nuestro lado, a un hijo del seno, y no le importa a cuántos deja llorando. Quizá ha sido la columna del hogar, o un joven en pleno florecimiento de sus capacidades. La muerte no se compadece de jóvenes ni de viejos; no respeta a los buenos ni a los hermosos. Su guadaña corta flores y hierbas nocivas, todo lo pisotea, lirios y rosas, desparramando su fragancia y secándolo con su árido aliento» (Doce sermones sobre la resurrección, Editorial Clie, páginas 133, 134). En este mensaje consideraré cuatro puntos homiléticos: I) La sentencia de la muerte para todos. II) La estima de la muerte del creyente. III) La seguridad en la muerte para el creyente. IV) La recompensa en la resurrección para el creyente.

I. La sentencia de la muerte para todos:

1. «… el día que de él comiereis, ciertamente morirás» (Génesis 2:17).

2. «Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio» (Hebreos 9:27).

3. «No hay hombre que tenga potestad sobre el espíritu para retener el espíritu, ni potestad sobre el día de la muerte» (Eclesiastés 8:8).

APLICACIÓN: El ser humano quisiera hacer cualquier cosa por librarse de la sentencia de la muerte. Pero todo adelanto científico es infructuoso, quizá podamos demorar la muerte, pero no eludirla. Sólo los que vivan al tiempo del traslado de la Iglesia no gustarán la muerte.

Dijo Spurgeon: «En su día designado, todo hombre va a morir. La muerte no se deja sobornar, ni por las riquezas de los príncipes ni por las fuerzas de los valientes. Tienes que descender a la tumba, monarca, con todos tus cetros y coronas. Tienes que descender a la tumba, valeroso guerrero, con tu espada y tu corona. Polvo eres y al polvo serás tornado: esto vale para todo miembro de la raza» (Doce sermones sobre la resurrección, páginas 134 y 135).

II. La estima de la muerte del creyente.

1. «Estimada es a los ojos de Jehová la muerte de sus santos» (Salmo 116:15).

2. «Mucho me cuesta a los ojos de Yahveh la muerte de los que le aman» (BJ).

APLICACIÓN: La muerte de los creyentes es valorizada ante los ojos de Dios. Aun para nosotros los ministros, nos es más fácil ministrar en el funeral de alguien que fue creyente, que en el funeral de uno que vivió apartado de Dios.

Dijo D. L. Moody: «¡No se puede enterrar el don de Dios; no puedes enterrar la vida eterna. Los que cavan tumbas en el mundo no pueden cavar una bastante grande para que pueda contener la vida eterna, y todos los fabricantes de ataúdes del mundo no pueden hacer un ataúd bastante grande para que quepa en él la vida eterna; es mía, es mía!» (El camino hacia el cielo, Editorial Clie, página 35).

III. La seguridad en la muerte para el creyente:

1. «Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento» (Salmo 23:4).

2. «Porque este Dios es Dios nuestro eternamente y para siempre; Él nos guiará aun más allá de la muerte» (Salmo 48:14).

3. «… Mas el justo en su muerte tiene esperanza» (Salmo 14:3).

APLICACIÓN: Cuando alguien fallece, si le practican una autopsia le sacan el cerebro, el corazón, un pulmón y otras partes. Luego, en la casa funeraria, embalsaman el cadáver inyectándole en las arterias ciertas químicas desinfectantes y preservativas. Después de limpiar bien el cadáver, lo visten, lo peinan y le aplican cosméticos. Finalmente, después de haber sido visto por muchos, es su ataúd cerrado y montado en el coche fúnebre. En el cementerio se le hace la ceremonia usual y el ataúd es bajado y luego cubierto con tierra. Tal parece que ahí se acabó toda la seguridad y la esperanza. Para el creyente, la realidad de la vida eterna comienza desde que éste se convierte, y más allá de la muerte tiene seguridad.

IV. La recompensa en la resurrección para el creyente:

1. «Y después de deshecha ésta mi piel, en mi carne he de ver a Dios; lo veré por mí mismo, y mis ojos lo verán, y no otro…» (Job 19:26).

2. «No os asombréis de esto; porque va a llegar la hora en que todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida…» (Juan 5:28, 29).

3. «… y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados» (1 Corintios 15:22).

4. «Destruirá a la muerte para siempre; y enjugará Jehová, el Señor, toda lágrima de todos los rostros…» (Isaías 25:8).

APLICACIÓN: La muerte no vencerá para siempre al creyente, pues llegará el día de la resurrección cuando el cuerpo que fue enterrado, volviendo el polvo al polvo, se levantará en la victoria. Del polvo se levantará un cuerpo incorruptible. La semilla que ha muerto y fue sembrada traerá a la luz una planta de vida hermosa.

CONCLUSIÓN: En una ocasión dijo Spurgeon, «Tienes que vivir bien para morir bien» (ob. cit. página 142). Sólo el que haya aprendido a vivir cerca del Señor estará preparado para la hora de la muerte. Querido creyente, vive para Cristo, el día llegará cuando la muerte nos invitará a salir con ella. Con el Señor a tu lado podrás decir como el salmista: «Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo.» Amén.

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