Crucificando Nuestra Carne

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Introducción

El día de hoy estamos celebrando la Cena del Señor.
Es un momento en que recordamos el sacrificio de Jesús en la cruz del Calvario.
Recordamos que Jesús, siendo un hombre sin pecado, dio su vida para rescatar la nuestra.
Jesús tomó nuestro lugar. Fue nuestro sustituto ya que recibió en su propio cuerpo el castigo que nosotros merecíamos.
Sin embargo, olvidamos que la muerte de Jesús logró hacer algo que humanamente es imposible.
Los hombres hemos podido, mediante la ciencia de la psicología, lograr ayudar a las personas a cambiar sus malos hábitos.
Hemos logrado crear programas (e.g., 7 step program, Alcohólicos Anónimos) para ayudar a las personas a superar sus vicios.
Sin embargo, hemos sido incapaces de transformar la vida de un ser humano y hacerlo apto para el cielo.
Los seres humanos podemos influenciar el comportamiento del ser humano pero no podemos/somos incapaces de transformar la vida de un ser humano.
Es por eso que hoy dirigimos nuestra atención a la obra maravillosa que Dios ha obrado en el creyente mediante la muerte de Jesucristo por el poder del Espíritu Santo. Hoy consideraremos:
La batalla entre el Espíritu y la carne
Las obras de la carne
El fruto del Espíritu
¿Cómo vivir por el Espíritu?

I. La batalla entre el Espíritu y la carne

Existe una batalla entre el Espíritu Santo de Dios y la carne/deseos pecaminosos del hombre.
Gálatas 5.16–17 RVR60
Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne.Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis.
Gal 5.16-
Pablo explica a las Gálatas que en nuestro ser, en nuestra carne, en nuestra naturaleza existen ciertos deseos que buscan ser satisfechos.
Estos deseos no son solamente deseos de placeres físicos.
Estos deseos buscan hacer lo que es en contra de la voluntad de Dios ya sea mentir, odiar, adulterar, blasfemar, etc.
La carne se deleita en hacer lo que ofende a Dios.
Pablo explica que estos deseos de la carne están en contra del Espíritu Santo de Dios.
Dios es santo.
Dios es tres veces santo.
Dios nos ha dado su ley. Sin embargo, los deseos naturales, por cuanto nacemos con una naturaleza pecaminosa, es deleitarnos en el pecado.
El hombre disfruta hacer lo que no agrada a Dios pues satisface sus instintos naturales. Seamos sinceros - el pecado deleita al hombre; de otra manera no pecaríamos.
Por tanto, vemos que existe una oposición real entre el Espíritu Santo de Dios y los deseos carnales del ser humano - y esto sucede en creyentes y no creyentes.
De hecho, Pablo escribiendo a los Gálatas quienes eran creyentes les dice que esta batalla entre el Espíritu y la carne es la que causa que ellos no puedan hacer lo que realmente quieren.
El creyente sabe que no debe pecar, el creyente sabe que no debe ofender a Dios, el creyente sabe que no debe hacer lo que no agrada a Dios - y sin embargo lo hacemos.
Lo hacemos porque cedemos ante el deseo de la carne.
A pesar de ser creyentes hacemos lo que sabemos que no debemos hacer.

II. Las obras de la carne

Pablo es muy claro con los Gálatas, sabiendo que muchos de ellos habían salido de un contexto pagano.
Muchos entre los Gálatas habían salido de la idolatría.
Muchos venían de haber vivido una vida de exceso y desenfreno.
Por tanto, Pablo da una lista, no exhaustiva (no completa) de lo que es vivir haciendo las obras de la carne:
Gálatas 5.19–21 RVR60
Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia,idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías,envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.
Gálatas 5.18–21 RVR60
Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley.Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia,idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías,envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.
Gal 5.
En esta lista vemos una serie de pecados que caracterizan a la persona que vive haciendo las obras de la carne. Notemos que estos pecados se dividen en por lo menos 4 categorías:
La vida sexual: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia
Estos pecados hablan de una persona que no tiene dominio propio.
Estos pecados caracterizaban la sociedad de los Gálatas y seguramente caracaterizan nuestra propia sociedad donde es normal que las personas:
Vivan en union libre
Tienen relaciones intimas antes del matrimonio como si fuese algo normal.
Damos por hecho que nuestros jóvenes van a tener relaciones intimas y mejor los llevamos al médico para prevenir un embarazo.
Sin embargo, la Biblia le llama a esto obras de la carne.
La vida religiosa: idolatría, hechicería
Estos pecados tienen que ver con las prácticas paganas religiosas de aquellos tiempos.
Nosotros tal vez no hacemos esculturas para adorarlas. Sin embargo, creamos nuestros propios ídolos al ser más devotos a nuestro trabajo, a nuestro físico, a nuestros hijos, etc., que a Dios.
La vida en sociedad: enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios
Estos pecados hablan de una person a que no se relaciona bien con el resto de la sociedad.
Esta persona vive en un eterno pleito con los demás a su alrededor.
Esta persona no puede vivir en paz con la demás gente.
Esta persona busca a destruir a los demás, busca insultar, busca salirse con la suya, busca agredir, busca faltar el respeto - no se puede contener. No puede estar en paz a menos que esté hiriendo a alguien.
Los vicios: borracheras, orgías
Estos pecados en particular se refieren a los desenfrenos de borrachera y fiesta que practicaban los Gálatas.
Estas personas se embriagaban a tal punto que perdían el control sobre sí mismos.
Estos mismos pecados los vemos en nuestros tiempo cuando vemos como la gente se alcoholiza, se droga, o toma medicamentos para salir unos momentos/escapar de su realidad.
Sin embargo, veamos como termina este pasaje:
Gálatas 5.21 RVR60
envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.
Pablo quiere darnos a entender lo serio que es vivir haciendo las obras de la carne.
Quienes practican las obras de la carne están excluidos del reino de Dios.
La gente de nuestra sociedad, en general, vive una religión de fantasía en la cual es posible ser un adultero, ser promiscuo, drogarse a diario, ser un blasfemo, ser racista, etc…y aun así ser heredero del reino de Dios.
Cuando alguien muere, no importa si haya sido creyente, no falta la persona que salga diciendo - por lo menos está en un lugar mejor; por lo menos está en el cielo.
¿Qué respondería Pablo ante tal declaración? Diría - ¡No! “los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.”
Esta es la urgencia para aquellos que hemos conocido el evangelio.
Esta es la razón por la cual urge llevar la palabra del evangelio de Jesucristo a todo lugar.
Esta es la razón por la cual debemos rogar por la salvación de nuestros familiares.
Si somos sinceros nos damos cuenta que nuestros seres queridos están viviendo haciendo las obras de la carne.
¿Hermanos, cree usted en la palabra de Dios?
Si usted cree que la Biblia es la palabra de Dios tiene que creer que si sus familiares parten de esta tierra sin haber recibido el perdón de Dios mediante su fe en Jesucristo - ellos no heredarán el reino de los cielos.
Por eso es que Dios nos ha encomendado el mensaje de reconciliación. Dios da la oportunidad que los hombres estén a cuentas con Dios por medio de Jesucristo - el único que murió en la cruz por nuestros pecados.

III. El fruto del Espíritu

Pablo contraste las obras de la carne con el fruto del Espíritu.
Gálatas 5.22–23 RVR60
Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe,mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.
Gal 5.22
Estas caracteristicas son frutos que tarde o temprano han de producirse en la vida de aquellos que han creído en el evangelio de Jesucristo.
En otras palabras - no es que hayan Cristianos que tienen amor y otros que no lo tienen. ¡No! Tarde o temprano todos los creyentes que han depositado su fe en Jesucristo producirán el fruto del amor.
Algunos teólogos han dividido estas caracteristicas en tres partes:
El fruto que tiene que ver con Dios: amor, gozo, paz
El amor que principalmente debemos tener es el amor hacía Dios - amarás al Señor tu Dios!
Gozo tiene que ver con el verdadero gozo que Dios produce en el creyente sin importar las circunstancias.
Paz tiene que ver con la paz que Dios nos da; una paz que sobrepasa todo entendimiento.
El fruto que tiene que ver con nuestro trato hacía los demás: paciencia, benignidad, bondad
Notemos como estas cualidades tienen que ver con la manera en que tratamos a las demás personas.
Evitamos ser impacientes, malos, égoistas.
Intentamos a hacer lo posible para noble en la forma que tratamos a los demás.
El fruto que tiene que ver con nostros mismos: fe, mansedumbre, templanza
Fe no tiene que ver con fe en Dios sino ser una persona confiable en que las demás personas puedan confiar.
Mansedumbre tiene que ver con ser personas mansas y humildes. Esta es una cualidad que se desarrolla en nuestro interior al evitar el orgullo y prepotencia.
La templanza tiene que ver con el dominio propio. Una persona templada tiene control de sí mismo y no es dominado por nada.
¡Qué gran contraste con las obras de la carne!
Estas cualidades caracterizan a todos aquellos que han confesado su pecado ante Dios y han sido llenos del Espíritu Santo de Dios.
Gloriosa transformación ha venido a la vida de todos aquellos que han confesado a Jesucristo como Señor y Salvador.
Dios nos ha salvado de la su ira, del castigo eterno, del justo juicio de Dios.
Sin embargo, nos ha salvado también de vivir una vida esclavizada a los deseos de la carne.
Nosotros no pecamos por ser esclavos del pecado. Pecamos porque existe aun esta lucha del Espíritu contra la carne.
Por tanto,
Sin embargo, es posible tener victoria sobre el pecado que nos acecha.

IV. ¿Cómo vivir por el Espíritu?

Pablo nos da la respuesta de como podemos resistir el pecado y cultivar el fruto del Espíritu:
Gal 5.24
Gálatas 5.24–25 RVR60
Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu.
Todo creyente ha de diariamente crucificar su carne junto con sus pasiones y deseos.
Esto implica tomar una decisión diariamente de no ceder ante las tentaciones del pecado.
Esto implica no tener una actitud frívola de - somos debíles, Dios entiende, Dios sabe que somos pecadores.
Dios nos ordena a ser decisivos y crucificar nuestra carne - darle muerte, no ceder ante el pecado, no rendirnos, luchar intensamente.
Pero la clave está en reconocer que no lo podemos hacer solos sino que lo hacemos mediante el poder del Espíritu Santo.
Es el Espíritu Santo quien nos da el poder para poder vencer.
El creyente ha de caminar tan cerca de Dios, tan de la mano de Dios, seguir sus pasos, vivir en comunión intima con él de tal manera que el Espíritu Santo pelea sus batallas.
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