El Pecado
Introducción
EL CAMELLO QUE ENTRO Y NO QUISO SALIR
1 Tes. 5:22.
Se dice que donde se deja entrar el pecado como suplicante, se queda como tirano.
Una leyenda árabe dice que cierto molinero un día fue sorprendido por un camello que metió la cabeza por la puerta de la tienda en que estaba durmiendo, y que le dijo: “Afuera hace mucho frío, permíteme meter tan sólo las narices.” El árabe le dio permiso de hacerlo así; pero pronto había metido todo el cuerpo, lo cual no era muy agradable al molinero, quien comenzó a quejarse diciendo que el cuarto era muy chico para los dos. Entonces el camello respondió “Si tú estás incómodo puedes salirte; yo, por mi parte, voy a quedarme donde estoy.”
Hay pecados, que a manera de ese camello, sólo quieren un lugarcito en el corazón humano, y cuando se les da, se meten y ocupan todo el corazón, después no quieren salir y dicen: “Aquí nos quedamos, suceda lo que suceda; no saldremos para nada.”
El hombre pecador, mientras el Espíritu Santo no lo despierte, no desea ser santo. Él quiere realización personal, pero no la encuentra porque la busca por medios egoístas y no mediante la sujeción a la voluntad de Dios, en donde se encuentra la plenitud. Él está en rebelión contra Dios (Ro. 8:7). Puesto que tira al blanco incorrecto, no obtiene la realización personal que desea.
Todo individuo hereda la naturaleza pecaminosa de Adán (Gn. 5:3; Ro. 5:12, 18). La iglesia ha denominado esta naturaleza con términos como “pecado innato”, “pecado heredado”, “depravación moral”, “la mente carnal”, y más comúnmente, “pecado original”. El apóstol Pablo declara en Romanos 7:7–9 que la naturaleza pecaminosa produce actos pecaminosos. Pablo testifica que él estaba espiritualmente vivo como un niño inocente, pero cuando alcanzó la edad de responsabilidad, la naturaleza pecaminosa lo impulsó a transgredir. Esto acarreó culpa y muerte.
Hay dos clases generales de pecado. Pecado es esa cualidad de la naturaleza caída del hombre que lo inclina a cometer actos de pecado. Por otro lado, pecado es un evento específico de rebelión, transgresión u omisión, en pensamiento o práctica.
Todo individuo hereda la naturaleza pecaminosa de Adán (Gn. 5:3; Ro. 5:12, 18). La iglesia ha denominado esta naturaleza con términos como “pecado innato”, “pecado heredado”, “depravación moral”, “la mente carnal”, y más comúnmente, “pecado original”. El apóstol Pablo declara en Romanos 7:7–9 que la naturaleza pecaminosa produce actos pecaminosos. Pablo testifica que él estaba espiritualmente vivo como un niño inocente, pero cuando alcanzó la edad de responsabilidad, la naturaleza pecaminosa lo impulsó a transgredir. Esto acarreó culpa y muerte.
