LA CULPA
¿Se encuentra usted en una batalla emocional debido a la culpa? ¿Es ésta un instrumento amoroso de Dios que él está usando para convencerlo, corregirlo, y conformar su carácter cuando se descarría? ¿O más bien esta usted luchando contra la vergüenza y la culpabilidad cuando ésta se hace presente es su corazón? La culpabilidad puede ser una compañera enviada por Dios que le habla al oído con la verdad y lo motiva a arrepentirse y a ser libre. Pero la falsa culpa es un enemigo cruel que se encuentran dentro de nosotros y que no nos hace más piadosos, sino que nos hace sentir una tristeza superficial que ¡en verdad mata el alma!
Como vivir libre de remordimiento
“Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte”.
(2 Corintios 7:10)
Con mucha frecuencia la culpa es como ese enemigo invisible… un adversario que quiere destruir el valor que Dios nos ha dado. Cuando se sienta esclavizado por la culpa. pregúntese: ¿se está enfrentando a un amigo o a un enemigo?
“¿Está sintiendo la convicción de pecado que viene de Dios, o las emociones negativas de los enemigos que tiene dentro?”
A. ¿Qué es la culpa verdadera?
A. ¿Qué es la culpa verdadera?
Nadie escapa de la culpa. Desde la primera infancia la experimentamos cuando robamos una galleta o decimos una mentira. La palabra hebrea del Antiguo Testamento es asham, que tiene muchos derivados. Según esa palabra, existen tres dimensiones de la verdadera culpa.
• Culpa significa haber fallado, merece un castigo y demanda un sacrificio.
• La culpa verdadera es un pecado cometido contra Dios.
• Cuando pecamos nos sentimos culpables, y debemos pagar una penalidad por nuestra falta con objeto de restaurar nuestro compañerismo con Dios.
“Después que David hubo censado al pueblo, le pesó en su corazón; y dijo David a Jehová: Yo he pecado gravemente por haber hecho esto; mas ahora, oh Jehová, te ruego que quites el pecado de tu siervo, porque yo he hecho muy neciamente”.
(2 Samuel 24:10)
La culpabilidad es la condición en que estamos cuando pecamos
La culpa es un hecho, no un sentimiento. Todos somos culpables porque hemos fallado. La Biblia hace hincapié en que todos somos responsables de nuestro comportamiento y en última instancia, daremos cuentas a Dios. Esto se aplica a la vida cotidiana.
Si deliberadamente usted decide no reducir la velocidad de su auto y pasa por una zona de velocidad restringida, recibirá una multa por parte de un policía que probablemente le diga: “Aunque ignore la ley, usted no está exento de ella”.
La culpa verdadera exigía un pago sacrificial por violar la voluntad escrita de Dios
En el Antiguo Testamento, Dios estableció que se presentara una ofrenda especial de “expiación” por violar las leyes divinas o los derechos de otras personas. Después de hacer restitución a la parte ofendida o afectada, se rociaba la sangre de un carnero sin defecto en el altar del templo. Ese carnero sacrificial se convirtió en la “ofrenda de expiación”, que aseguraba el perdón y la reconciliación con Dios.
“Y para expiación de su culpa traerá a Jehová un carnero sin defecto de los rebaños, conforme a tu estimación, y lo dará al sacerdote para la expiación.
Y el sacerdote hará expiación por él delante de Jehová, y obtendrá perdón de cualquiera de todas las cosas en que suele ofender”.
(Levítico 6:6–7)
Perspectiva del nuevo testamento en cuanto a la culpa verdadera
En el Nuevo Testamento, el sentido que se da a la culpa verdadera es judicial. Muchas palabras griegas que se traducen como “culpa” o “culpable” tienen una implicación legal y sugieren que hay responsabilidad personal. Por ejemplo, la palabra griega enochos significa “culpable de un pecado que merece castigo”. Cada uno de nosotros será llamado a cuentas y responsabilizado de sus faltas, ya sea en una corte judicial o bien en el tribunal divino en el cielo. Así como el Antiguo, el Nuevo Testamento señala que la verdadera culpa consta de los tres aspectos citados arriba.
“De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí”.
(Romanos 14:12)
La verdadera culpa es resultado del pecado
“De manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor”.
1 Corintios 11:27
La culpabilidad es la condición en que estamos cuando pecamos
“Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos”.
(Santiago 2:10)
La culpa verdadera exige un pago sacrificial por violar la voluntad revelada de Dios
“En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre”.
(Hebreos 10:10)
El Cordero inmolado de Dios
(el único pago aceptable por nuestras culpas)
El cordero sin defecto del Antiguo Testamento que se ofrecía como ofrenda por la expiación del pecado sólo fue un anticipo de Jesucristo, el Cordero sacrificial de Dios. Así como se derramaba la sangre en el altar del templo para asegurar el perdón de Dios, la sangre derramada por Cristo cubre nuestros pecados personales y hace posible la reconciliación con el Padre celestial. ¿Ve usted su pecado como Dios lo ve? ¿Alguna vez ha aceptado el sacrificio que hizo Cristo a favor de usted y confiado en él para que sea su ofrenda personal para expiar su pecado?
Pasajes de Isaías 53:6–10
“Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros… como cordero fue llevado al matadero… Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento.
Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada”.
PREGUNTA:
“¿CÓMO DEBO RESPONDER A LA VERDADERA CULPA?”
RESPUESTA:
Usted experimenta culpa verdadera cuando reconoce que ha pecado.
Observe la sinceridad de David en Salmos 32:5 donde dice: “Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad… Y tú perdonaste la maldad de mi pecado”. ¿Cómo respondió Dios? Perdonándolo. Usted recibe la misma respuesta. 1 Juan 1:9 dice: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”. Dios es fiel y él siempre nos da lo que promete. No sólo nos perdona, también elimina nuestro pecado.
“Cuanto está lejos el oriente del occidente, hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones”.
(Salmos 103:12)
B. ¿Qué es culpa falsa?
La culpa falsa se basa en sentimientos que nos condenan porque no hemos cumplido con las expectativas que teníamos o que otros tenían de nosotros.
• La culpa falsa surge cuando usted se condena a sí mismo aunque no haya hecho nada malo o cuando se sigue culpando aun después de haber confesado y abandonado su pecado.
• La culpa falsa lo mantiene esclavizado bajo tres armas poderosas la VERGÜENZA, el TEMOR y el ENOJO.
• Es irónico que la confesión no resuelva la culpa falsa. Apocalipsis 12:10 dice que Satanás es “el acusador de nuestros hermanos”. A él le encanta poner sobre los creyentes el peso de la culpa falsa y la auto condena. Algunas de sus estrategias favoritas son: Traer a la memoria el pasado, recordarnos nuestros fracasos, y convencernos de que Dios no puede perdonarnos ni aceptarnos.
“el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche.
(Apocalipsis 12:10)
PREGUNTA:
“¿Cómo puedo dominar la culpa y la vergüenza que siento porque mi esposo me acusa de ser la culpable del maltrato que me da? ¿En verdad merezco sus malos tratos? ¿En verdad es mi culpa?”
RESPUESTA:
Una de las características de las personas violentas es que acusan de sus propias acciones a las personas a quienes maltratan. Culpar a otros es una forma de controlarlos y evitar cualquier resistencia. Nadie merece ser maltratado. Y nadie puede hacer que otro peque. Sólo su esposo es culpable de sus acciones. Usted no es culpable de lo que él decide hacer. La culpa es de él y no de usted.
“Ciertamente ninguno de cuantos esperan en ti será confundido; Serán avergonzados los que se rebelan sin causa”. (Salmos 25:3)
Vergüenza
Muchas personas piensan que la culpa y la vergüenza son lo mismo pero esto no es cierto.
• La vergüenza es una emoción dolorosa provocada por un sentido de culpabilidad muy fuerte.
• Usted experimenta vergüenza cuando su culpabilidad pasa de reconocer que ha hecho algo malo a la convicción de que usted es malo.
• La vergüenza no se basa en lo que usted ha hecho, sino en que se avergüenza de lo que usted es.
Aceptar que se es defectuoso ocasiona un profundo sentimiento de devaluación y un constante temor a ser abandonado y rechazado. A menudo, las cicatrices emocionales provocadas por la vergüenza son devastadoras y pueden durar toda la vida.
“Si fuere malo, ¡ay de mí!
Y si fuere justo, no levantaré mi cabeza”.
(Job 10:15)
Efectos secundarios de la vergüenza
• La vergüenza provoca un intenso deseo de mantener un control rígido de las emociones y el comportamiento.
• La vergüenza produce una soledad interna que provoca una dependencia enfermiza.
• La vergüenza hace que pierda usted el gozo de su salvación.
• La vergüenza le impide meditar en la palabra de Dios.
“Cuando viene la soberbia, viene también la deshonra; mas con los humildes está la sabiduría”. (Proverbios 11:2)
Miedo
La vergüenza y el temor son parientes cercanos. Se originan en un hogar donde los padres ejercieron una disciplina muy rígida y mostraban actitudes degradantes. El miedo surge sin ser notado como subproducto de la culpa falsa. Siempre que la vergüenza nos atenaza también experimentamos:
MIEDO DE NO SER DIGNO
Si es un niño: “A nadie le importo. Soy malo”
Si es adulto: “¿Para qué pido ese trabajo? No me lo darán de todos modos”.
MIEDO AL RECHAZO
Si es un niño: “Si les muestro interés, no querrán jugar conmigo”.
Si es adulto: “Nadie que valga la pena querrá casarse conmigo”.
MIEDO AL CASTIGO
Si es un niño: “Si no le doy gusto a mami, dejará de hablarme”.
Si es adulto: “Dios está enojado y quiere castigarme”.
MIEDO A LA SOLEDAD
Si es niño: “No soy bueno ni atractivo como otros”.
Si es adulto: “Si en realidad supieran cómo soy, no les gustaría”.
“Dios es amor… En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo.
De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor.
(1 Juan 4:16, 18)
Resutados Del Temor
Si usted vive temiendo el rechazo, solitario, o con la sensación de que es indigno, desarrollará una personalidad basada en el temor. Esa personalidad, profundamente arraigada en la vergüenza que experimentó en su infancia, puede acompañarlo por el resto de su vida.
“Y él [Adán] respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí”.
(Génesis 3:10)
Esto se manifiesta en:
DIFICULTAD para expresar sus sentimientos
DIFICULTAD para arrostrar los fracasos
DIFICULTAD para aceptar las criticas
DIFICULTAD para enfrentar el conflicto
DIFICULTAD para aceptar responsabilidades
DIFICULTAD para estar solo
DIFICULTAD para sentir empatía
“No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia”.
(Isaías 41:10)
Enojo
Tal vez usted pregunte: “¿Qué tiene que ver el enojo con la culpa?” El enojo es la forma normal en que combatimos los sentimientos te culpa. Ésta última se pone en contacto con nuestra antena emocional y nos envía mensajes de vergüenza. Cuando usted se avergüenza por algo malo que hizo, aflora la temida amenaza de rechazo, y el enojo se convierte en el arma más cercana para atacar a:
La persona que se enfrenta a usted y descubre sus faltas.
“Ella me critica y me hace parecer un tonto frente a mis amigos”.
La persona que es importante para usted que descubre sus fallas y puede rechazarlo.
“Mi papá quiere a mi hermano más que a mi porque él hace todo mejor que yo”.
La persona que sufre (usted), y que desea ser aceptada.
“Me odio por ser inferior y no estar a la altura de los demás”.
“Temblad, y no pequéis; Meditad en vuestro corazón estando en vuestra cama, y callad”.
(Salmos 4:4)
Dando rienda suelta al enojo
La mayoría de las personas no reconoce el poder destructivo de la culpa falsa sobre las relaciones. Pero el papel que juega el enojo para desbaratar las relaciones es aún menos evidente. Puesto que la ira es una emoción amenazante y peligrosa, a menudo tratamos de esconderla manteniendo el control de las cosas. La necesidad de controlar lo que nos rodea provocada por el enojo escondido es donde la culpa falsa surge como el enemigo más manipulador y engañoso.
• Queremos controlar siendo rebeldes
“Si no te gusta cómo soy, ni modo”.
• Queremos controlar atacando al otro
“Tú dijiste que soy deshonesto, y es que ¡siempre me criticas!
• Queremos controlar culpando a otros
“No pude terminar mi tarea porque tuve que ayudar a otro”
• Queremos controlar escondiendo nuestras emociones verdaderas
“Yo nunca me enojo. La gente no puede evitar ser como es”.
• Queremos controlar aceptando toda la culpa
“Lo siento, fue mi culpa. ¿Me perdonas?”
(La motivación es aliviar nuestra culpabilidad en vez de cambiar nuestro comportamiento.)
“porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios”.
(Santiago 1:20)
PREGUNTA:
“¿Cómo puedo resolver la culpa falsa?”
RESPUESTA:
La próxima vez que la pantalla de su mente empiece a recordarle sus pecados pasados, reconozca que esa tentación viene de Satanás, el acusador, que quiere desanimarlo. Pregúntese: “¿Qué es lo que estoy escuchando?” (Acusación.) “¿Qué estoy sintiendo?” (Culpa.) “¿Cuáles son los hechos?” (He sido totalmente perdonado.)
Puesto que usted ha recibido a Jesucristo como su Salvador personal y puesto que el Salvador murió para pagar por sus pecados, decida centrarse en la verdad de Dios. Busque Romanos 8:1 y conviértalo en su oración: “Te doy gracias Padre, que tú no me condenas y no quieres que yo me condene a mí mismo. Estos sentimientos de culpa falsa no son válidos porque he aceptado el sacrificio de Cristo y he abandonado mis pecados”.
“Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu”. (Romanos 8:1)
El enemigo encubierto
Es raro que los enemigos se dejen ver como realmente son hasta que la verdad empieza a revelar sus características y tendencias sospechosas. Debido a que la culpa falsa puede sobrevivir toda la vida sin ser notada, pocas personas sospechan que es la verdadera culpable que sabotea sus relaciones y destruye su intimidad. Algunas personas, aunque no están conscientes de ello, en la parte más profunda de su ser actúan con base en ciertas convicciones que ni reconocen ni saben que existen.
Considere los siguientes comportamientos, que pueden darle la pista para descubrir los sentimientos de culpa que han quedado sin resolver.
EL SOLITARIO
“Temo que seré rechazado si la gente me conoce como soy”.
EL CRÍTICO
“Me concentro en las faltas de los demás para no verme como soy”.
EL PERFECCIONISTA
“Para poder recibir aprobación y aceptación de los demás, no debo cometer errores”.
EL ADICTO AL TRABAJO
“Si me mantengo ocupado y soy productivo, evitaré analizar mis verdaderos sentimientos”.
EL BENEFACTOR
“Dar muchos regalos y hacer cosas por otros es la única manera de mostrar amor”.
EL TACAÑO
“Nunca gastaré en cosas superfluas como vacaciones, ropa nueva, o buenos restaurantes”.
EL MÁRTIR
“¿Cómo puedo aceptar un cumplido? Los demás pensarán que soy orgulloso”.
EL PREOCUPÓN
“Evito resolver el pecado verdadero de mi vida preocupándome por cosas menos importantes”.
EL TÉMPANO
“Me parece imposible responder a la intimidad sexual porque dentro de mí creo que el sexo es sucio”.
EL QUE PIDE DISCULPAS
“Si me disculpo continuamente, la gente no se enojará conmigo”.
EL DEFENSOR
“Mi mejor defensa (o protección) es el ataque”.
EL CONFESOR
“Si acepto la culpa de todo, sutilmente puedo negar la culpa de cualquier cosa”.
EL LEGALISTA
“Con seguridad Dios perdonará todas mis faltas si me entrego a su servicio”.
EL MELANCÓLICO
“En vez de resolver mis sentimientos de culpa, prefiero la depresión”.
A la mayoría de nosotros se nos dificulta reconocer nuestros puntos ciegos o vernos reflejados en alguna de estas “personalidades”. Pero si realmente quiere conocer la verdad acerca de usted mismo, enfrente a sus enemigos internos y líbrese de ellos
“Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”.
(1 Juan 1:8–9)
El enemigo diagnosticado
El enemigo diagnosticado
• Tensión muscular
• Ansiedad
• Fatiga constante
• Incapacidad de relajarse
• Sobrepeso
• Úlceras
• Insomnio
• Impotencia sexual
• Dolores de cabeza
• Fobias
• Hipertensión
• Depresión
PASOS PARA ENCONTRAR LA SOLUCIÓN
El quebrantamiento espiritual no destruye nuestro valor, sino que lo aumenta. Un caballo salvaje sin domar no tiene ningún valor real. El caballo domado se hace más y más valioso a
medida que es entrenado y aprende a obedecer aun el toque más leve de las riendas. Dios se agrada de un corazón contrito por el pecado y una voluntad quebrantada y sometida al Salvador.
“Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios”.
(Salmos 51:17)
Decida perdonarse a sí mismo
Aunque algunos pecados producen peores consecuencias que otros, desde la perspectiva de Dios, el pecado siempre es pecado. Su perdón cubre todos ellos, pero algunos nos ponemos por encima del Señor y no estamos dispuestos a perdonarnos a nosotros mismos. En ningún lugar de la Biblia dice que Dios perdona todos nuestros pecados sin excepción. Si usted decide endurecer su corazón para no perdonar, tendrá que luchar con:
• Incertidumbre en cuanto a qué posición tiene delante de Dios
• Un comportamiento compulsivo indeseable
• Falsa humildad, no espiritual
• Auto negación exagerada
• Desconocimiento de las prioridades de Dios para usted
• Subestimar su utilidad en la obra de Dios
“Amados, si nuestro corazón no nos reprende, confianza tenemos en Dios”.
(1 Juan 3:21)
Muchos cristianos que saben que Dios los ha perdonado todavía se sienten abrumados con su auto condenación. Esos corazones atormentados deben reprender las mentiras de Satanás y decirle: “¡Yo estoy cubierto con la sangre de Cristo!”
