Resurrección

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Resurrección de Jesús

La resurrección de Jesucristo es ese momento central de la historia humana que sirve como doctrina fundamental del cristianismo. Después de haber asumido verdaderamente la naturaleza humana y haber sido sometido a una muerte pública atroz y vergonzosa, el eterno Hijo de Dios fue resucitado realmente de entre los muertos en su cuerpo físico glorificado, no estando ya sujeto a la descomposición y la muerte. Su resurrección valida su identidad como divino Hijo de Dios, demuestra su victoria irrevocable sobre la muerte y la tumba, y asegura tanto la salvación presente como la futura resurrección física de los creyentes.
  En el momento en que ocurrieron los acontecimientos narrados en el Nuevo Testamento, la resurrección de los muertos era un concepto muy familiar para el pueblo judío, que esperaba que tendría lugar al final de los tiempos (Dn 12:2-3).
De hecho, Marta cree que Jesús se está refiriendo a esta resurrección cuando le explica que su hermano Lázaro “resucitará” (Jn 11:23). Sin duda, después de haber escuchado el mismo consuelo de otros ofreciendo sus condolencias, Marta responde diciendo que ella sabe que “resucitará en la resurrección, en el día postrero” (Jn 11:24). El peso de la respuesta de Jesús, que él es “la resurrección y la vida”, debe de haber aumentado una vez que Marta vio a su hermano, muerto por entonces desde hacía cuatro días, salir de su tumba (Jn 11:38-44).  
Además de las profecías del Antiguo Testamento, la resurrección de Cristo fue proclamada varias veces, de manera repetida y concreta, por el Señor mismo (Mt 12:38-40, Mr 8:31, 10:34, Lc 9:22), e incluso cuando los discípulos encuentran la tumba vacía, se les tiene que recordar lo que Jesús dijo acerca de su propia resurrección (Lc 24:6-7). Cuando los discípulos finalmente encuentran al Cristo resucitado, comprueban que su cuerpo no es un fantasma o un espejismo, sino verdaderamente de carne y hueso: él insiste en que Tomás le toque físicamente (Jn 20:24-29) y come alimentos corrientes (Jn 21:9-14). El cuerpo “celestial” al que Pablo hace referencia en 1 Corintios 15:40 es el cuerpo resucitado, uno más allá del alcance de la muerte.
El evento de la resurrección también se erige en evidencia de la victoria del Señor sobre la muerte y la tumba (1 Cor 15:54-55; Ap 1:17-18) y asegura nuestra salvación (Rom 4:25; 10:9-10; Heb 7:23-25; 1 Pe 1:3). quienes han sido “sepultados con él en el bautismo” (Col 2:12), se levantarán con él (2 Cor 4:14), y “serán manifestados con él en gloria” (Col 3:1-4), habiendo sido hechos “como él” (1 Jn 3:2).
Sin la realidad de la resurrección, nuestra salvación no es más que una farsa, la proclamación del evangelio es completamente inútil, y los cristianos deben ser compadecidos (1 Co 15:14-19).

“Creo en la resurrección de los muertos y la vida eterna”.

Versículos clave

Mt 12:38–40; Lc 24:25–27; Hch 2:22–23; Ro 6:4; Ro 10:9–10; Ro 14:9; 1 Co 15:3–32; He 7:23–25; 1 P 1:3.
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I. La Resurrección

A. La importancia de la resurrección de Cristo
1. Para Su persona. La resurrección autentica a nuestro Señor como un verdadero Profeta. Sin eso, todo lo que El dijo estaría sujeto a la duda. Mateo 20:19; 28:6.
2. Para Su obra. Tenemos ahora un Sumo Sacerdote, un Intercesor, un Abogado, o una Cabeza de la Iglesia. Romanos 6:1–10; Gálatas 2:20.
3. Para el Evangelio. El Evangelio se basa en dos hechos esenciales: un Salvador murió y vive. La sepultura comprueba la realidad de Su muerte. El no se desmayó meramente sólo para ser revivido después. El murió. La lista de testigos prueba la realidad de su resurrección. El murió y fue sepultado; resucitó y fue visto. Romanos 4:25; El fue entregado por nuestras transgresiones y resucitado para nuestra justificación. Sin la resurrección no hay Evangelio.
B. Las evidencias de la resurrección de Cristo
1. Sus apariciones después de la resurrección.
La cantidad y variedad de personas en diversas circunstancias que vieron al Señor después de Su resurrección prestan evidencia abrumadora del hecho de que El sí resucitó de entre los muertos.
El orden de las apariciones entre la resurrección y la ascensión de Cristo parece ser la siguiente: (a) a María Magdalena y a las otras mujeres (Mateo 28:8–10; Marcos 16:9–10; Juan 20:11–18); (b) a Pedro, probablemente por la tarde (Lucas 24:34; 1 Corintios 15:5); (c) a los discípulos en el camino a Emaús, al anochecer (Marcos 16:12; Lucas 24:13–32); (d) a los discípulos, excepto Tomás, en el aposento alto (Lucas 24:36–43; Juan 19:19–35); (e) a los discípulos incluso Tomás, el próximo domingo por la noche (Marcos 16:14; Juan 20:26–29); (f) a siete discípulos junto al mar de Galilea (Juan 21:1–24); (g) a los apóstoles y a más de 500 hermanos y a Jacobo el medio hermano del Señor (1 Corintios 15:6–7); (h) a los que presenciaron la ascensión (Mateo 28:18–20; Marcos 16:19; Lucas 24:44–53; Hechos 1:3–12).
2. Efectos que demandan una causa (la resurrección).
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