todo es para mi bien (4)
natanael duda que de nazaret pueda salir algo bueno,felipe llamado por jesus lo confronta y le dice ven y ve
Llamamientos de Felipe y de Natanael.
I. Felipe fue llamado directamente por Jesús, no como Andrés y Juan, que fueron dirigidos a Cristo por el Bautista, ni como Pedro, que fue conducido a Jesús por su hermano Andrés. Dios usa métodos diversos para llamar los hombres hacia Sí: «Jesús … halló a Felipe
Felipe» es nombre griego, que significa «amigo de los caballos»;
Jesús, que se hallaba todavía en Betania, la del otro lado del Jordán, decide cruzar hacia Galilea, al dirigirse hacia el noroeste. Felipe fue traído al discipulado por el poder omnímodo de la palabra de Cristo, que le dijo, como a Leví (Mateo): «Sígueme». Se nos dice que Felipe era de Betsaida, de donde también eran Andrés y Pedro (v. 44). Betsaida era un lugar perverso (Mt. 11:21); sin embargo, también allí había un remanente, conforme a la libre elección de la gracia de Dios.
«Hemos hallado a aquel de quien escribió Moisés en la ley, así como los profetas». También aquí, el original usa el tiempo presente al inicio del versículo, y dice textualmente: «Encuentra Felipe a Natanael y le dice». Felipe no se contenta con obedecer la invitación de Jesús y seguirle, sino que va en busca de Natanael, de Caná (21:2). Natanael es un nombre hebreo que, como el griego «Teodoro» significa «don de Dios» o «Dios ha dado». Por 21:2 no cabe duda de que Natanael fue uno de los Doce Apóstoles y que es, con toda probabilidad, el Bartolomé de los Sinópticos, pues su nombre (Bar-Tholmay = hijo de Tholmay) es, en realidad, su apellido, como el «Barjonás» de Pedro. Felipe le dice: «Hemos hallado», porque eran israelitas y, por tanto, esperaban al Mesías (v. el contraste en Ro. 10:20–21, donde los gentiles son hallados por Dios sin buscarle, mientras que los israelitas veían el auxilio de Dios y las promesas mesiánicas como cosa dirigida a ellos). «¡Lo hemos hallado, lo hemos hallado!», parece decir, lleno de gozo, Felipe. Es muy de notar el orden que las palabras de Felipe guardan en el original: «Al que describió Moisés en la ley y los profetas, le hemos encontrado; Jesús, hijo de José, de Nazaret». Por eso es por lo que Natanael percibe con más fuerza lo paradójico de que el Mesías proceda de Nazaret. Gran ventaja tenía Felipe en conocer bien las Escrituras del Antiguo Pacto, pues por ellas estaba preparada su mente para recibir la luz del Evangelio. Al decir que Jesús «era (procedía) de Nazaret
Felipe no tenía todavía un conocimiento como el que el propio Natanael adquirió en su primer encuentro con Jesús (v. 49); menos aún, el sentido claramente trinitario de la confesión de Pedro en Mateo 16:16. Nadie sabía o recordaba que Jesús había nacido en Belén a causa del censo y para que se cumplieran las profecías.
(B) La reacción de Natanael: «¿De Nazaret puede salir algo bueno?» (v. 46). ¿Por qué era Nazaret tan despreciable? Primero, por su posición, aislada casi del resto de Israel, en un extremo limítrofe con Esdrelón; segundo, porque ni el Antiguo Testamento, ni los Apócrifos, ni Flavio Josefo ni el Talmud hacen mención de ella. De todas maneras, podemos decir: (a) Que la precaución con que hablaba Natanael no estaba del todo exenta de alguna prudencia. El Apóstol dice: «Examinadlo todo; retened lo bueno» (1 Ts. 5:21) pero (b) su objeción nacía de la ignorancia, al pensar que Jesús había nacido en Nazaret.
(C) La respuesta de Felipe. A la objeción de Natanael, Felipe no contesta con argumentos, sino que actúa de una forma que debe servir de pauta a todo creyente que se halle en situación de dar testimonio de Cristo. El mejor argumento es la experiencia personal de un encuentro salvífico con Cristo. Le dice: «Ven y ve». Como si dijese: «Ven a Jesús tú también y ve por tus propios ojos al que es el Mesías, el Salvador del mundo, que puede hacer contigo lo mismo que ha hecho conmigo». Con este argumento se puede silenciar al más erudito filósofo que se oponga a nuestra fe, pues es una inducción totalmente empírica y a salvo de cualquier abstracción metafísica o prejuicio alucinatorio
Llamamientos de Felipe y de Natanael.
I. Felipe fue llamado directamente por Jesús, no como Andrés y Juan, que fueron dirigidos a Cristo por el Bautista, ni como Pedro, que fue conducido a Jesús por su hermano Andrés. Dios usa métodos diversos para llamar los hombres hacia Sí: «Jesús … halló a Felipe
Felipe» es nombre griego, que significa «amigo de los caballos»;
Es parecido a lo que dijo el recién curado ciego de nacimiento en 9:25: «Una cosa sé, que yo era ciego y ahora veo». Notemos que Felipe no le dice: «Anda y ve», sino: «Ven y ve», como si dijera: «Yo te acompañaré».
Jesús, que se hallaba todavía en Betania, la del otro lado del Jordán, decide cruzar hacia Galilea, al dirigirse hacia el noroeste. Felipe fue traído al discipulado por el poder omnímodo de la palabra de Cristo, que le dijo, como a Leví (Mateo): «Sígueme». Se nos dice que Felipe era de Betsaida, de donde también eran Andrés y Pedro (v. 44). Betsaida era un lugar perverso (Mt. 11:21); sin embargo, también allí había un remanente, conforme a la libre elección de la gracia de Dios.
Es sorprendente que Felipe llamara a Jesús, el hijo de José. Sin embargo, esto es lo que los discípulos habían creído hasta entonces. Pero muy pronto, Natanael reconocería que él era “el Hijo de Dios” (Jn. 1:49).
1:46. Por un momento, Natanael dudó a causa del humilde origen del Mesías. ¿De Nazaret puede salir algo de bueno? Conocía la mala reputación de la ciudad de Nazaret. Seguramente, el Mesías vendría de Jerusalén, Hebrón, o alguna otra ciudad prominente. La humillación de Jesús todavía deja perpleja a mucha gente. ¿Cómo puede ser el Logos un hombre? Felipe fue lo suficientemente sabio como para no discutir, sino que gentilmente invitó a su amigo a conocer a Jesús: Ven y ve. Él sabía que así se resolverían las preguntas de Natanael.
1:47. Jesús, teniendo un conocimiento sobrenatural (cf. v. 42), llamó a Natanael … un verdadero israelita, en quien no hay engaño (dolos, “engañoso”), contrario a lo que era Jacob (cf. v. 51 con Gn. 28:12).
1:48. Natanael se preguntaba cómo había sabido Jesús de él. Jesús dijo que él sabía lo que Natanael estaba haciendo aun antes que Felipe lo llamara; cuando estaba debajo de la higuera. Esta expresión significaba a menudo tener seguridad o recreación (cf. 1 R. 4:25; Mi. 4:4; Zac. 3:10). Quizá aquí la higuera era un lugar destinado a la meditación (cf. el comentario de Jn. 1:50–51). Salmos 139 amplía el tema del conocimiento detallado que Dios tiene de la vida de una persona.
1:49. El conocimiento sobrenatural de Jesús movió a Natanael a aceptar y confesar que era el Hijo de Dios y el Rey de Israel. Esto no significa que en esa fecha tan temprana Natanael ya entendiera completamente la Trinidad o la encarnación. Pero sí comprendía que Jesús era el Hijo de Dios en el sentido mesiánico (cf. Sal. 2:6–7) porque el rey davídico futuro tendría el Espíritu de Dios sobre él (Is. 11:1–2) y por tanto, tendría conocimiento sobrenatural.
43 Al día siguiente, Jesús decidió ir a Galilea. Encontró a Felipe y le dijo: «Ven, sígueme». 44 Felipe era de Betsaida, el pueblo natal de Andrés y Pedro.
45 Felipe fue a buscar a Natanael y le dijo:
—¡Hemos encontrado a aquel de quien Moisés y los profetas escribieron! Se llama Jesús, el hijo de José, de Nazaret.
46 —¡Nazaret! —exclamó Natanael—. ¿Acaso puede salir algo bueno de Nazaret?
—Ven y compruébalo tú mismo —respondió Felipe.
47 Mientras ellos se acercaban, Jesús dijo:
—Aquí viene un verdadero hijo de Israel, un hombre totalmente íntegro.
48 —¿Cómo es que me conoces? —preguntó Natanael.
—Pude verte debajo de la higuera antes de que Felipe te encontrara —contestó Jesús.
49 Entonces Natanael exclamó:
—Rabí, ¡tú eres el Hijo de Dios, el Rey de Israel!
