EMBAJADORES DE CRISTO

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Somos embajadores. La palabra embajador proviene del griego presbéuo , que significa literalmente "ser mayor", "ser anciano", "ser embajador". Esto caracteriza al embajador como una persona llena de dignidad y experiencia, y por lo tanto investido de autoridad.

el Antiguo Testamento por tres términos hebreos: 1.° El título oficial de un mensajero (Is. 18:2). 2.° Intermediario; la misma voz significa «intérprete» en Is. 43:27 e «intercesor» en Job 33:23. 3.° Más frecuentemente, mensajero. Nuestras versiones traducen raramente «embajador», como sucede en Ez. 17:15; Jer. 27:3. Generalmente se traduce «mensajero» (cf. Ef. 6:20). Por regla general se les identifica con los diplomáticos que llevan la representación de algún alto dignatario. Sus funciones varían desde el embajador de una gran metrópoli, como Nínive, hasta emisarios entre las diez tribus o aun entre jefes de familia (Jue. 20:12; Gn. 32:2). Los mensajes varían entre una súplica respetuosa, una declaración de guerra, un acto de sumisión, un arreglo amistoso, un entendimiento económico o la concertación de una alianza (Nm. 21:21; 2 R. 14:8; 16:7; Jue. 11:12; 2 S. 3:12). Los mismos términos se aplican a los profetas como mensajeros del Altísimo (2 Cr. 36:15; Jer 49:14; Hag. 1:13). Malaquías significa «mimensajero» (Mal. 3:1). Jesús en el Nuevo Testamento usa presbeia, término empleado en las relaciones entre los reyes y entre las ciudades griegas de su tiempo (Lc. 19:14). Pablo usa presbuein, que designa las funciones del legado del emperador, como título propio del ministro de Cristo (2 Co. 5:20; Ef. 6:20).

Los embajadores de Cristo lo llegan a ser por haberse unido antes con él y a su causa (ver com. Hech. 14: 23). Se distinguen por su fidelidad (1 Cor. 4: 1-2; 1 Tim. 1: 12), su celo, su comprensión personal de las grandes verdades del Evangelio que conocen por experiencia, y por su diligencia en estudiar, en orar, en ganar almas y en la edificación de la iglesia. No hay mayor dignidad ni mayor honor que ser embajador de Cristo y del reino de los cielos.

el Antiguo Testamento por tres términos hebreos: 1.° El título oficial de un mensajero (Is. 18:2). 2.° Intermediario; la misma voz significa «intérprete» en Is. 43:27 e «intercesor» en Job 33:23. 3.° Más frecuentemente, mensajero. Nuestras versiones traducen raramente «embajador», como sucede en Ez. 17:15; Jer. 27:3. Generalmente se traduce «mensajero» (cf. Ef. 6:20). Por regla general se les identifica con los diplomáticos que llevan la representación de algún alto dignatario. Sus funciones varían desde el embajador de una gran metrópoli, como Nínive, hasta emisarios entre las diez tribus o aun entre jefes de familia (Jue. 20:12; Gn. 32:2). Los mensajes varían entre una súplica respetuosa, una declaración de guerra, un acto de sumisión, un arreglo amistoso, un entendimiento económico o la concertación de una alianza (Nm. 21:21; 2 R. 14:8; 16:7; Jue. 11:12; 2 S. 3:12). Los mismos términos se aplican a los profetas como mensajeros del Altísimo (2 Cr. 36:15; Jer 49:14; Hag. 1:13). Malaquías significa «mimensajero» (Mal. 3:1). Jesús en el Nuevo Testamento usa presbeia, término empleado en las relaciones entre los reyes y entre las ciudades griegas de su tiempo (Lc. 19:14). Pablo usa presbuein, que designa las funciones del legado del emperador, como título propio del ministro de Cristo (2 Co. 5:20; Ef. 6:20).

Como si Dios.
El embajador de Cristo es quien presenta "la palabra de la reconciliación" " (vers. 19). Dios habla a los hombres por medio de sus embajadores así como reconcilió al mundo consigo por medio de Cristo. En cuanto al interés que tiene Dios por los pecadores, ver Isa. 1: 18; Jer. 44: 4; Eze. 33: 11; Ose. 11: 8.
En nombre de Cristo.
Literalmente "por Cristo", es decir, de parte de Cristo. El embajador cristiano no es en ningún sentido un sustituto de Cristo, es sencillamente aquel por medio del cual se efectúa la reconciliación. No es en ningún sentido un sacerdote intermediario, pues hay " "un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre" " (1 Tim. 2: 5). La reconciliación ya fue hecha en y por Cristo. El ministro es sencillamente el instrumento mediante el cual "la palabra de la reconciliación" " (2 Cor. 5: 19) es proclamada a otros. No es ni el creador ni el dispensador de ella. Conduce a hombres y mujeres hasta la presencia de Dios, donde por sí mismos experimentan la reconciliación. Su misión es la de convencer a los hombres de que Dios ha provisto la reconciliación en Cristo. Por lo tanto, cada creyente tiene acceso directo a Dios y trata directamente, sin intermediarios, con él (Rom. 5: 1; Efe. 2: 13, 16-18; 3: 12; Heb. 4: 14-16).
Reconciliaos.
Dios es el autor y dispensador de la reconciliación; los hombres son los que la reciben. Estos no pueden reconciliarse a sí mismos con Dios lamentando sus pecados pasados, haciendo un duro servicio o practicando ciertas ceremonias establecidas. Sencillamente reciben la reconciliación arrepintiéndose de sus pecados y aceptando la dádiva de la misericordia divina.
21.
No conoció pecado.
Es un insondable misterio que Jesús pudiera venir a este mundo como un ser humano y fuera " "tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado" " (Heb. 4: 15). Nunca cometió un pecado en palabra, en pensamiento o en hecho. A través de toda su vida se abstuvo de toda forma de pecado. En esta tierra vivió una vida santa, incontaminada y pura, y siempre estuvo consciente de estar en armonía con la voluntad del Padre (Juan 8: 46; 14: 30; 15: 10; Heb. 7: 26; ver Nota Adicional de Juan 1; 867 com. Luc. 2: 52). Cristo, el Ser sin pecado, tomó a la humanidad pecaminosa en su cálido corazón de amor y experimentó las tentaciones que nos acosan, pero no fue vencido por ellas en el más mínimo grado. "Se identificó con los pecadores" (DTG 85). Sobre la cruz, cuando llegó a la hora para la cual había venido al mundo (Juan 8: 20; 12: 23, 27; 13: 1; 17: 1; 18: 37), " "fue ofrecido. . . para llevar los pecados de muchos" " (Heb. 9:28) y se convirtió en " "el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo" " (Juan 1: 29).
La culpabilidad de los pecados del mundo le fue cargada a él como si hubiera sido suya (Isa. 53: 3-6; 1 Ped. 2: 22-24). "Fue contado con los inicuos" " (Mar. 15: 28). Cristo se identificó con el pecado; lo tomó sobre sí mismo en un sentido real, y sintió el horror de la separación de Dios.
Lo hizo pecado.
Es decir, Dios lo trató como si hubiera sido pecador, aunque no lo era (DTG 17). Las verdades expuestas en el vers. 21 están entre las más profundas y significativas de toda la Biblia. Este versículo resume el plan de salvación al declarar la absoluta impecabilidad de Cristo, la naturaleza vicaria de su sacrificio, y cómo el hombre se libera del pecado por medio del Salvador. Ver com. Juan 3:m16.
Justicia de Dios.
Ver com. Rom. 5: 19. Así como nuestros pecados le fueron imputados a Cristo como si hubieran sido suyos, así también su justicia no es atribuida a nosotros como si fuera nuestra.
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