La antigua normalidad

Rumores de otro mundo, José  •  Sermon  •  Submitted
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¿Qué es “normalidad”?

«Lo normal es una ilusión. Lo que es normal para una araña es el caos para una mosca».
-Personaje de Morticia Adams-
La normalidad está regida, en primera instancia, por lo que es socialmente aceptado pero esto nos enfrenta a una variable: ¿si lo normalmente aceptado es perjudicial o incorrecto, lo anormal está mal aunque esté bien?
Desde ese punto de vista tendremos que asumir la anormalidad como la norma de unos pocos con tal de mantener la fidelidad a un principio moral o Bíblico aun cuando la mayoría esté en desacuerdo.
La normalidad es subjetiva pero parte de normas necesarias para convivencia, casi siempre fundamentadas en valores. Por ejemplo las nuevas normas de convivencia son solo una variable a la esencia de la convivencia real, buscando adaptarse al contexto pero manteniendo la certeza de que que sin valores no hay normas y por lo tanto no habría normalidad. La norma es ser afectivo con un amigo; lo normal es que lo abraces al encontrártelo; la nueva normalidad es que lo saludes a distancia y sin contacto físico.
Las formas cambian pero la esencia no. Sin embargo, al ser una sociedad egoísta, volvemos normal aquello que transgrede las normas tan solo porque la mayoría lo permite.
Si la normalidad es cambiante y caprichosa a gusto de las mayorías se vuelve trascendental apegarse a normas cuyos criterios sean confiables de manera que los podamos repetir y practicar aunque no sean socialmente aceptados.

La normalidad de la vida de José

Dolor: tenía razón de sentirse herido porque los demás lo habían tratado injustamente.
Reproche: tenía motivos para reclamarle a sus hermanos lo que habían hecho.
Juzgar: podía condenar con su desprecio y venganza el mal que le habían causado a lo largo de su vida.
Victimizar: podía sentirse maltratado, humillado y menospreciado por el capricho de quienes eran más fuertes y grandes que él.
Egoísmo: podía buscar la felicidad que se le negó y quitársela a quienes lo habían hecho sufrir, incluso a sus descendientes.

La anormalidad de Dios

Génesis 45.4–9 NVI
No obstante, José insistió: —¡Acérquense! Cuando ellos se acercaron, él añadió: —Yo soy José, el hermano de ustedes, a quien vendieron a Egipto. Pero ahora, por favor no se aflijan más ni se reprochen el haberme vendido, pues en realidad fue Dios quien me mandó delante de ustedes para salvar vidas. Desde hace dos años la región está sufriendo de hambre, y todavía faltan cinco años más en que no habrá siembras ni cosechas. Por eso Dios me envió delante de ustedes: para salvarles la vida de manera extraordinaria y de ese modo asegurarles descendencia sobre la tierra. Fue Dios quien me envió aquí, y no ustedes. Él me ha puesto como asesor del faraón y administrador de su casa, y como gobernador de todo Egipto. ¡Vamos, apúrense! Vuelvan a la casa de mi padre y díganle: “Así dice tu hijo José: ‘Dios me ha hecho gobernador de todo Egipto. Ven a verme. No te demores.
Perdonar: no importa el mal que te hayan hecho o si merecen o no tu compasión, perdona.
Compasión: sé sensible a la condición de los demás, poniéndote en su lugar y comprendiendo su dolor.
Propósito: cada acontecimiento es un paso hacia un plan mayor. Se vive en el presente con visión de futuro.
Paga bien por mal: no correspondemos, somos. Corresponder es dar a otros según lo que nos han dado, ser es mantener una esencia independientemente de cómo sean los demás con nosotros.
Confrontación: Dios nos lleva a confrontar nuestras zonas oscuras, no a ignorarlas o evadirlas sino a sanar (José tuvo que enfrentar a su familia).
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