Digo ó Hago
Nuestras profesiones de fe necesitan estar acompañadas de obediencia para que tengan validez
Digo ó hago
NO TODO EL QUE ME DICE SEÑOR, SEÑOR ENTRARÁ EN EL REINO DE LOS CIELOS.
Sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos
¿Cómo se puede decir que el reino de Dios es solo para los que hacen la voluntad de Dios, No para los que lo intentan hacerla o la cumplen en parte?
mientras estemos en esta vida, siendo enseñados por Cristo y transformados por su Espíritu, creciendo en santidad y reflejando poco a poco algo de la hermosura de nuestro Salvador —pero a la vez conscientes de lo mucho que aún nos queda para llegar a la meta—, tenemos acceso al Padre por cuanto estamos cubiertos por la sangre expiatoria de Cristo y revestidos de su perfecta justicia.
Pero nuestra esperanza es que, cuando en aquel día le veamos como él es, seamos semejantes a él, perfectos en santidad
no es cuestión de una vivencia inmaculada, sino de una vivencia íntegra; no se trata de alcanzar la perfección mientras estemos en la carne —pues sólo ha habido «uno bueno»(19:17)—, sino de perseguir la aspiración a la perfección (5:48); no se trata de la justicia sin desliz alguno, sino de una auténtica hambre y sed de justicia (5:6); no es cuestión de caminar sin caídas ni tropiezos, sino de perseverar fielmente en el camino a pesar de ellos; no es cuestión de nunca tener que llorar nuestros fracasos (5:4), sino de entregarnos con sinceridad, perseverancia y coherencia a la lucha contra el pecado (Hebreos 12:4).
“¿Por qué me llamáis Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?” Con estas palabras, Jesucristo nos lanza el reto de obedecer sus mandamientos si queremos llamarnos sus discípulos. Analice su vida por un momento y piense si está desobedeciendo alguno de ellos. Si así es, decida hoy mismo en oración corregirlo y obedecer a Cristo sin objeciones.
