El Corazón

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El Corazón

La semana pasada les traje un mensaje bastante fuerte. Fueron palabras fuertes de nuestro Señor Jesús porque tiene que ocurrir un despertar en el pueblo de Dios. Se necesita que la iglesia comience a impactar al mundo, en ves del mundo impactar a la iglesia. Hay una gran necesidad de que el pueblo elegido de Dios comience a obrar con eficacia, que comience a propagar el evangelio de nuestro Señor Jesucristo. Pero para que esto suceda, para que la iglesia comience a impactar al mundo, algo tiene que suceder en muchos de los creyentes. Para que la iglesia comience a cambiar las situaciones y circunstancias que nos rodea, el pueblo de Dios tiene que poseer un corazón dispuesto. Un corazón dispuesto a escuchar, un corazón dispuesto a hacer, un corazón dispuesto a obrar. Hoy quiero que analicemos este tema, hoy quiero que analicemos ¿dónde esta nuestro corazón? Hoy quiero que analicemos bien de cerca de la manera que nos sentimos. Pasemos ahora a la palabra de Dios.

Hebreos 3:7-15 - Por lo cual, como dice el Espíritu Santo: Si oyereis hoy su voz, 8 No endurezcáis vuestros corazones, Como en la provocación, en el día de la tentación en el desierto, 9 Donde me tentaron vuestros padres; me probaron, Y vieron mis obras cuarenta años. 10 A causa de lo cual me disgusté contra esa generación, Y dije: Siempre andan vagando en su corazón, Y no han conocido mis caminos. 11 Por tanto, juré en mi ira: No entrarán en mi reposo. 12 Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo; 13 antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado. 14 Porque somos hechos participantes de Cristo, con tal que tengamos firme hasta el fin nuestra confianza del principio, 15 entre tanto que se dice: Si oyereis hoy su voz, No endurezcáis vuestros corazones, como en la provocación! .

En estos versículos que estaremos utilizando en el día de hoy encontramos una gran advertencia acerca de nuestros corazones. Aquí encontramos una gran advertencia acerca de la manera que no debemos actuar o sentirnos. Lo primero que vemos aquí es que se nos dice “Por lo cual, como dice el Espíritu Santo: Si oyereis hoy su voz.” Quiero hacer un énfasis aquí cuando nos dice “Si oyereis hoy su voz.” La realidad del caso es que el Señor nos habla constantemente a través de Su Palabra, nos habla a través de nuestros hermanos y hermanas en Cristo, nos habla a través de las cosas que nos suceden, y en ocasiones nos puede hablar audiblemente; en si el Señor nos habla de tantas diferentes maneras que enumerarlas todas seria imposible. Pero el problema esta en que en muchas ocasiones nosotros no queremos escuchar lo que Él nos dice. No queremos escuchar las advertencias porque si escuchamos cuidadosamente, si prestamos atención al mensaje, encontraremos! que existen numerosas cosas que tenemos que cambiar, existen numerosas cosas que tenemos que superar. La realidad del ser humano es que siempre queremos escuchar acerca de las promesas, siempre queremos escuchar acerca de las bendiciones, pero cuando lo que el Señor nos dice no esta completamente de acuerdo con la manera que pensamos o nos sentimos, entonces dejamos de escuchar;en si endurecemos nuestros corazones. Pero sepamos que si rechazamos las advertencias o no escuchamos lo que Dios nos revela y dice, entonces tarde o temprano, tendremos que pagar las consecuencias. Como les dije, el Señor nos esta hablando constantemente de muchas maneras y formas, pero en muchas ocasiones no oímos las advertencias. La mayor razón por esto es que nuestro orgullo no nos deja escuchar, y mas que nada, no nos deja cambiar y automáticamente le faltamos a Dios (Proverbios 21:4). Al igual que los predicadores tienen que hablar de una manera simple para ser bien ! entendidos, los creyentes tienen que comenzar a escuchar la vos de Dios con humildad, tienen que escuchar la vos de Dios con un corazón dispuesto para entender. Si queremos no faltarle a Dios, si queremos realmente ser utilizados por Dios, entonces nuestros corazones tienen que cambiar (2 Timoteo 2:21-22).

Aquí leemos: “No endurezcáis vuestros corazones, Como en la provocación, en el día de la tentación en el desierto, 9 Donde me tentaron vuestros padres; me probaron, Y vieron mis obras cuarenta años. 10 A causa de lo cual me disgusté contra esa generación, Y dije: Siempre andan vagando en su corazón, Y no han conocido mis caminos. 11 Por tanto, juré en mi ira: No entrarán en mi reposo.” Todos conocemos la historia del pueblo de Israel, ellos fueron el pueblo escogido por Dios, el pueblo que Dios libero de la esclavitud en Egipto. Pero no obstante todo esto, ese pueblo que Dios libero nunca logro entrar en la tierra prometida. Esa generación que Moisés guió a través del desierto nunca logro entrar en la tierra prometida a causa del endurecimiento de sus corazones. Dios les hablo a través de Moisés, pero ellos no escucharon, su corazón estaba endurecido debido a las circunstancias, y pruebas que les había tocado pasar. ¿Qué sucedió? Porque sus corazones se hab! ían endurecido, ellos dejaron de ver las bendiciones que Dios había derramado. Ellos dejaron de ver que Jehová les estaba guiando al lugar que Él les había prometido (Éxodo 13:21-22). Ellos dejaron de ver que Jehová les había salvado del ejercito que le perseguía para matarles (Éxodo 14:26-28). Ellos dejaron de ver que cuando hambrientos estaban, Jehová les había dado alimento (Éxodo 16:4). Ellos dejaron de ver que cuando sedientos estaban, Jehová les dio de beber (Éxodo 17:3-6). Lo que sucedió con este pueblo no es muy diferente a lo que sucede hoy en día. Existen numerosas personas que han permitido que su corazón endurezca, y debido a esto, dejan de ver lo que Dios ha hecho, y esta haciendo por nosotros.

Continuando leemos: “Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo; 13 antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado.” Aquí encontramos una gran advertencia para nosotros. En esta vida tan apurada que llevamos y debido a malas experiencias en nuestros pasados o circunstancias difíciles en nuestro presente, nosotros creamos barreras a nuestros alrededor, cerramos nuestros corazones, y no permitimos que nada ni nadie penetre. Esto automáticamente nos conduce a caer en la trampa del pecado; en si nos vamos alejando más y más de Dios asta que finalmente nos apartamos por completo. En otras palabras permitimos que nuestros corazones se endurezcan de tal manera que se convierten en corazones malos, corazones que no pueden confiar en las promesas de Dios, corazones de pecado e incredulidad. ¿Cómo podemos prev! enir que esto nos suceda? La respuesta es fácil, tenemos que abrir nuestros corazones a Dios. Tenemos que permitir que Su Palabra penetre los más profundo de nuestro ser, que nos dé convicción, que nos instruya hacia el camino que Él quiere que tomemos. Tenemos que poner nuestros corazones en el lugar apropiado, permitiéndole a Él que nos motive y nos reesfuerce diariamente para nunca fallarle. Como el pueblo de Dios que somos, no podemos permitirle al enemigo que el pecado y la rebeldía reine nuevamente en nuestros corazones (Santiago 4:7). Cuando dejamos que nuestro corazón se endurezca perdemos la visión que Dios nos ha dado. Dejamos de dar frutos agradables para el Señor, y caemos en las mentiras de Satanás. Perdemos las bendiciones que Dios nos tiene, porque nuestro corazón deja de ser tierra fértil. Nos vamos a la deriva, y dejamos de escuchar lo que Dios nos dice. Tenemos que revisar bien de cerca donde se encuentra nuestro corazón hoy en dí! a. Tenemos que examinarnos bien de cerca para ver si estamos cumpliendo con la voluntad de Dios o si estamos haciendo las cosas para lucir bien, o para que se piense bien de nosotros. Recordemos que Dios conoce muy bien nuestros pensamientos y manera de sentir (Romanos 8:27). Tenemos que concentrarnos en la Palabra de Dios, tenemos que abrir nuestros corazones, y no tan solo abrir nuestros corazones a Dios, sino también a nuestros hermanos y hermanas que nos rodean. Tal como nos dice la Palabra aquí cuando leemos “antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado."

Continuando leemos “Porque somos hechos participantes de Cristo, con tal que tengamos firme hasta el fin nuestra confianza del principio, 15 entre tanto que se dice: Si oyereis hoy su voz, No endurezcáis vuestros corazones, como en la provocación.” En la provocación ellos endurecieron sus corazones y no alcanzaron ver todas las bendiciones que Dios había derramado, la pregunta que nos debemos hacer es ¿alcanzamos nosotros ver las bendiciones que Él ha derramado sobre nosotros? ¿Qué bendición ha derramado Dios sobre Su pueblo? Veamos algunos ejemplos. La primera bendición es que Dios nos ha escogido a ser santos y sin mancha (Efesios 1:4). Él nos ha escogido individualmente para que estemos con Él. ¿No es esto la bendición más grande que podemos recibir? Dios ha escogido a los creyentes para que seamos perfectos. Pero solo somos perfecto en Cristo.

Dios nos ha escogido antes de la fundación del mundo para que vivamos en su reino. Dios nos ha bendecido de tal manera que ahora nos ha aceptado en la justicia de Jesucristo. Él ha tomado nuestra fe en Cristo y lo ha contado como la justicia de Cristo. Es por esa razón que nosotros somos aceptable a Dios, porque confiamos en Cristo y Su justicia. No somos perfectos, no somos sin manchas, pero hemos recibido la bendición que algún día estaremos ante Su presencia en justicia y verdad porque Cristo nos lo entrego en la cruz. La segunda bendición es que fuimos adoptados como sus hijos (Efesios 1:5). Esto pinta la mas bella imagen de lo que Dios ha hecho por nosotros. Nosotros fuimos adoptados por Dios como sus hijos. Esto nos esta diciendo que nada nos puede detener. Nada ni nadie puede detener el propósito que Dios tiene con nuestras vidas. Nosotros podemos pasar por situaciones que encontremos difíciles; podemos sufrir a causa de la maldad y deshonra de! este mundo, pero cuando somos hijos genuinos de Dios, no seremos vencidos. Si nos encontramos en situaciones difíciles y hemos bajado nuestra guardia o hemos caído, tenemos que levantarnos rápidamente y seguir a Cristo. Porque solo Cristo nos puede dar la victoria, solo Cristo nos puede proteger. La tercera bendición es que fuimos redimidos y nuestros pecados perdonados (Efesios 1:7). Jesús nos ha hecho libre, nos ha entregado la salvación. El hombre estaba cautivo por el pecado, estábamos cautivos por las cosas de este mundo, pero cuando llegamos a Cristo somos redimidos de todas esas cosas. La sangre de Cristo nos lava de todo pecado y pasamos a ser criaturas nuevas. La cuarta bendición es que Dios nos da la sabiduría y inteligencia (Efesios 1:8). De nuevo les digo que esta bendición solo viene a través de Jesucristo. Porque Dios solo le dará Su sabiduría e inteligencia a aquellos que honran a Su Hijo. ¿De que sabiduría le! s hablo? La sabiduría es el saber que hacer, y mas importante lo que no hacer. La sabiduría es el ver las soluciones a los problemas según surjan usando la Palabra de Dios. La quinta bendición es que Dios nos ha revelado el misterio de Su voluntad a nosotros (Efesios 1:9-10). La voluntad de Dios es de recoger y unir a todos los creyentes en un espíritu de paz y armonía. Todas las cosas son reunidas bajo la autoridad y justificación de Jesucristo. La iglesia de Cristo es el instrumento de reconciliación y paz, el cuerpo representativo de Él aquí en la tierra. La sexta bendición es que Dios nos ha dado una herencia (Efesios 1:11-12). Que lindo, ¿verdad? Dios toma al creyente y lo hace su posesión. Él nos toma a cada uno de nosotros y nos da el privilegio de vivir ante Su presencia y de tener vida eterna. Viviremos por siempre en el nuevo cielo y la nueva tierra como una perfecta demostración de Su gloria. La séptima bendición! que hemos recibido es que Dios nos ha sellado con el Espíritu Santo (Efesios 1:13-14). El Espíritu Santo nos fue dado a cada uno de nosotros como una seguridad de nuestra salvación. Nosotros todos sabemos que fuimos redimidos, que somos hijos de Dios por mediación del sacrificio de Cristo en la cruz, y que ahora el Espíritu Santo mora en nosotros. El Espíritu Santo es el sello de Dios de que le pertenecemos a su deposito o arras; nos garantiza de que Él hará lo prometido. Pero para recibir lo prometido nuestro corazón tiene que estar en el lugar apropiado, nuestro corazón tiene que estar dispuesto a recibir.

Para concluir. Lo más importante que todo creyente debe tener es un corazón limpio y dispuesto. Recordemos siempre que nuestros corazones o manera de sentir determina quienes somos, recordemos que si lo permitimos el enemigo utilizara nuestros corazones para sembrar lo malo, para sembrar la maldad (Marcos 7:21-22). Recordemos que Dios esta buscando a personas dispuestas a servirle con un corazón dispuesto, esta buscando a personas que se dejen guiar por el Espíritu Santo que ahora mora en nuestros corazones (Gálatas 4:6). ¿Queremos hacerle la tarea difícil al diablo? Entonces busquemos limpiar nuestros corazones (Mateo 5:8). Cuando nuestro corazón esta en el lugar apropiado, cuando nuestro corazón esta puro, limpio, entregado y consagrado a Dios, la tarea de destruir, confundir, y apartarnos de los caminos de Dios se le hará mucho mas difícil si no imposible al diablo (Sal! mo 37:31). Limpiemos hoy nuestros corazones, entreguémosle a Dios esas penas, cargas, malos pensamientos o deseos; esto es esencial para vivir vidas agradables a Dios (Proverbios12:2). ¿Deseas alcanzar todas las bendiciones que Dios tiene para ti? Entrégale hoy tu corazón (Apocalipsis 3:20). ¿Has escuchado Su vos? Recuerda "Si oyereis hoy su voz, No endurezcáis vuestros corazones.”

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