Salid de ella, Pueblo Mío
Meditaciones Semanales • Sermon • Submitted
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· 353 viewsLa iglesia de Cristo, está llamada a salir de en medio de la Gran Ramera, la Babilonia que representa a los deseos y placeres mundanos.
Notes
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Este pasaje nos está enseñando tres cosas en las cuales vamos a meditar en este tiempo:
Un mandato urgente
El mandato al Pueblo de Dios
La bendición y resultado de la obediencia
Un mandato urgente
Un mandato urgente
El caso de la mujer que se quedó varada en su automóvil para esperar ayuda con las ventanas cerradas, ignorando que quedó sobre las rieles de un tren
En la porción de las escrituras que meditaremos hoy, el mensaje que el Señor está diciendo desde el cielo tiene un carácter de mandamiento urgente, ya que la palabra para “Salid” bien puede traducir como “escapa”. Pero debemos preguntarnos:
¿De qué debemos escapar?
de la gran Babilonia
¿De qué nos está advirtiendo el Señor desde el cielo?
Que el fin de Babilonia será inminente
Como seres creados se nos manda a salir urgentemente de la Gran Babilonia. Este símbolo en el Apocalipsis, representa a las fuerzas del mal unidas contra Dios y su pueblo, es decir, a la mundanalidad y comodidad en que viven muchos, ignorando a Dios.
Pero esta actitud, es completamente necia, ya que:
Y clamó con voz potente, diciendo: Ha caído, ha caído la gran Babilonia, y se ha hecho habitación de demonios y guarida de todo espíritu inmundo, y albergue de toda ave inmunda y aborrecible.
¿CÓMO ESCAPO DE LA GRAN BABILONIA?
Leamos por favor la palabra del Señor para responder esta pregunta
Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados,en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia,entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás.Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó,aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos),y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús,para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios;no por obras, para que nadie se gloríe.Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.
Puedes escapar del lazo del pecado sólo por la gracia de Dios en Cristo Jesús, por su obra, muerte y resurrección.
Si el Señor tiene misericordia de ti, escaparás de la gran Babilonia que te tiene esclavizado y vendrás a ser parte del pueblo de Dios.
La importancia de pertenecer al Pueblo de Dios
La importancia de pertenecer al Pueblo de Dios
Todos nosotros desde que nacemos, pertenecemos por decirlo así, a la gran Babilonia, ya que no somos contados entre el pueblo del Señor por causa de nuestro pecado.
En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo.
Alejados, sin esperanza y SIN DIOS EN EL MUNDO. ¡Qué triste vida y destino! pero para aquel que ya vino y está en Cristo. ¡Qué esperanza!
Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo.
Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios,
Sumario Teológico Lexham. Bellingham, WA: Lexham Press.
La catolicidad de la Iglesia se refiere a la continuidad y universalidad del pueblo de Dios.
La catolicidad de la Iglesia hace referencia a la universalidad del pueblo de Dios tanto en el tiempo como en el espacio. En la historia primigenia de Génesis (Gn 1–11), Dios comunicó su palabra a los primeros ancestros de la raza humana y los formó en una comunidad de los redimidos. Aunque en estos relatos no todos los humanos a quienes Dios se dirige responden adecuadamente, Dios continúa eligiendo y preservando un remanente de su pueblo en cada generación.
En Génesis 12, Dios elige a Abraham y establece una relación de pacto con el pueblo concreto de Israel. Esta elección se produce en aras de una bendición universal de las naciones a través de la simiente de Abraham. Aunque la obra de Dios se concentra en el pueblo concreto de Israel durante el período del Antiguo Testamento, personas de diversos orígenes étnicos llegaron a asociarse con el pueblo de Dios y se incorporaron a la relación de pacto (Rahab, Rut, etc.).
En la época del Nuevo Testamento, el ministerio de Jesús se limitó inicialmente a Israel (con algunas pequeñas excepciones) pero luego tomó un alcance universal tras la resurrección. En Mateo 28, Cristo comisionó a los discípulos para ir a todas las naciones y bautizarlos en el nombre trinitario. Junto con ello, prometió su presencia en su ministerio. Esto se remonta a la declaración anterior de Cristo en Mateo 18: que dondequiera que las personas se reúnan en su nombre, él estará presente en medio de ellos. Esto da a entender que el pueblo de Dios puede ser identificado universalmente no con una etnia, nación o conjunto de estructuras institucionales determinadas, sino con la predicación de la palabra de Cristo y su presencia personal en el poder del Espíritu Santo.
Por lo tanto, en lugar de llamar al pueblo de Dios “Israel” (que se refiere a una etnia y nación específicas), los documentos del Nuevo Testamento llaman al pueblo de Dios la “iglesia” (ecclesia). Ecclesia significa literalmente “llamados”. Leído bajo esta luz, la iglesia es la reunión universal de judíos y gentiles que se definen por haber sido “llamados” por la palabra de Dios. De ahí que la catolicidad de la iglesia estuviera inexorablemente unida al ministerio de la palabra de Dios, que llama y preserva al pueblo de Dios en cada generación.
Mis hermanos, Dios está diciendo a su pueblo escogido por gracia, que salgan de la gran Babilonia y vivan en obediencia a su Señor que los rescató con la sangre de Cristo.
La bendición y resultado de la obediencia
La bendición y resultado de la obediencia
Nuestro pasaje concluye diciendo: para que no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas.
Mis hermanos, Dios está diciendo 2 cosas:
Es una bendición no ser partícipes de los pecados de la gran Babilonia
La obediencia trae un resultado eterno.
Concluyamos leyendo este versículo.
Porque dice:
En tiempo aceptable te he oído,
Y en día de salvación te he socorrido.
He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación.
¡Escapa de la gran Babilonia mientras hay tiempo y sé parte parte pueblo de Dios por medio de Cristo Jesús.
