¿Cuánto pesa una oración?
Oración del Creyente • Sermon • Submitted
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· 578 viewsno importa cual sea la circunstancias que estemos viviendo, Dios dará respuesta según el peso de nuestra oración, en otras palabras según el peso de nuestra fe.
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Introducción:
Introducción:
Esta noche quiero hermanos que tomemos un momento, para pensar en ese inimaginable poder que tiene nuestra oración ante nuestro Dios, quiero hacerlo a través de una ilustración:
Una mujer pobremente vestida, con un rostro que reflejaba derrota, entró a una tienda. La mujer se acercó al dueño de la tienda y, de la manera más humilde, le preguntó si podía llevarse algunas cosas a crédito.
Con voz suave le explicó que su esposo estaba muy enfermo y que no podía trabajar; tenían siete niños y necesitaban comida.
El dueño le pidió que abandonara su tienda. Sabiendo la necesidad que estaba pasando su familia la mujer continuó: "¡Por favor señor! Se lo pagaré tan pronto como pueda". El dueño le dijo que no podía darle crédito ya que no tenía una cuenta de crédito en su tienda.
De pie cerca del mostrador se encontraba un cliente que escuchó la conversación entre el dueño de la tienda y la mujer. El cliente se acercó y le dijo al dueño de la tienda que él se haría cargo de lo que la mujer necesitara para su familia. El dueño, preguntó a la mujer: "¿Tiene usted una lista de compra?". La mujer dijo: "Si señor". "Está bien," dijo el dueño, "ponga su lista en la balanza y lo que pese su lista, le daré yo en comestibles".
La mujer titubeó por un momento y cabizbaja, buscó en su cartera un pedazo de papel y escribió algo en él. Puso el pedazo de papel, cabizbaja aún, en la balanza. Los ojos de dueño y cliente se llenaron de asombro cuando la balanza se fue hasta lo mas bajo y se quedó así. El dueño entonces, sin dejar de mirar la balanza dijo: "¡No lo puedo creer!". El cliente sonrió y el dueño comenzó a poner comestibles al otro lado de la balanza. La balanza no se movió por lo que continuó poniendo más y más comestibles hasta que no aguantó más. El dueño se quedó allí parado con gran asombro.
Finalmente, agarró el pedazo de papel y lo miró con mucho más asombro.... No era una lista de compra, era una oración que decía:
"Querido Señor, tú conoces mis necesidades y yo voy a dejar todo en tus manos".
El dueño de la tienda le dio los comestibles que había reunido y quedó allí en silencio. La mujer le agradeció y abandonó su tienda.
El cliente le entregó un billete de cincuenta dólares al dueño y le dijo:
"Valió cada centavo de este billete". Solo Dios sabe cuánto pesa una Oración.
Que tremendo hermano, a veces nosotros mismos no tenemos una fe tan grande, tan confiada para ver el poder de la oración, ese poder que nos da poder a los cristianos.
Santiago nos enseña en la lectura que leímos:
Vrs. 13a “¿Está alguno entre vosotros afligido? Haga oración.”
vrs. 14a “ ¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él”
Hay dos cosas que podemos entender de acuerdo a la interpretación contextual del texto:
1. A los que están afligidos, que sufren maltrato físico, a los que son perseguidos , encarcelados, o tratados de de forma inadecuada, como en nuestra ilustración, en la tienda, donde el dueño maltrataba a la mujer por no tener dinero, entonces, Santiago dice “ oren”.
2. A los enfermos, que no incluye, sólo a los que estén enfrentando una enfermedad física, sino que incluye a aquellos que se han debilitado por tal sufrimiento, los que han perdido la capacidad de soportar su sufrimiento, los cristianos exhaustos, agotados, deprimidos y derrotados, aquellos que han perdido la motivación, cayendo incluso en actitudes pecaminosas, en ese contexto, Santiago dice, el débil espiritualmente necesita la ayuda de los espiritualmente más fuertes, los ancianos espirituales, a los que son espiritualmente más fuerte , que han alcanzado la madurez espiritual, los espiritualmente victoriosos.
Deben llamarlos para que oren por ellos.
Es le mismo sentido que Pablo da a su exhortación en
14 También os rogamos, hermanos, que amonestéis a los ociosos, que alentéis a los de poco ánimo, que sostengáis a los débiles, que seáis pacientes para con todos.
Ahora bien Santiago hace hincapié en la oración para sanar, y aunque el texto menciona también el aceite, como una practica, debemos tener en cuenta que pudiera haber sido que los ancianos literalmente frotaban aceite en los creyentes que habían sufrido lesiones físicas, producto de la persecución, porque era una practica común entre la gente de la época, veamoslo en Lucas 10.34 , en la parábola del Samaritano.
34 y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él.
John MacActhur al respecto expresa:
“ Metafóricamente, el ungir con aceite por parte de los ancianos a los creyentes débiles y abatidos, expresa la responsabilidad que tienen los ancianos de estimular, animar, fortalecer y renovar a estas personas”
Hablando de Israel, escribió Isaías:
6 Desde la planta del pie hasta la cabeza no hay en él cosa sana, sino herida, hinchazón y podrida llaga; no están curadas, ni vendadas, ni suavizadas con aceite.
Podemos ver que esta practica era parte de lo que ellos realizaban para curar a una persona, sin embargo, no era una sanidad instantánea igual que ahora nosotros usamos muchas cosas y medicina para sanar.
Pero Santiago hace énfasis en el poder sanador de la oración, y finalmente en el verso 14, nos da la clave de esta oración de poder:
..........Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor.
Nuestra oración tiene poder, si oramos en el Señor.
No olvide que no es el aceite, no es lo que yo haga, es la oración en el nombre de Jesús.
Si recordamos a la mujer en nuestra ilustración inicial,
.....ella solo buscó en su cartera un pedazo de papel y escribió algo en el....
Fue un acto de fe , un acto de confianza, estaba pasando momentos difícil, estaba siendo maltratada en ese momento, estaba, siendo ultrajada, y hasta pudo sentirse humillada.
Sin embargo fue un desafío de fe, de convicción, como nos enseña el escritor de Hebreos.
1 Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.
No es fácil confiar cuando enfrentamos la adversidad, cuando no tenemos los recursos que necesitamos, cuando no tenemos nada ante aquello que nos aflige, que nos desespera, pero si logramos confiar vamos a ver el peso de esa oración de confianza actuando sobre nuestra circunstancia.
Recuerdo la enseñanza de Jesús en Lucas, acerca de la viuda y el juez injusto.
1 También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar,2 diciendo: Había en una ciudad un juez, que ni temía a Dios, ni respetaba a hombre.3 Había también en aquella ciudad una viuda, la cual venía a él, diciendo: Hazme justicia de mi adversario.4 Y él no quiso por algún tiempo; pero después de esto dijo dentro de sí: Aunque ni temo a Dios, ni tengo respeto a hombre,5 sin embargo, porque esta viuda me es molesta, le haré justicia, no sea que viniendo de continuo, me agote la paciencia.6 Y dijo el Señor: Oíd lo que dijo el juez injusto.7 ¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará en responderles?8 Os digo que pronto les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?
Hermanos, vamos a ver el peso de nuestra oración actuando a través de nuestras circunstancias, cuando seamos persistentes, insistentes y perseverantes como esta viuda.
No porque nuestro Señor, nuestro Juez sea injusto, sino por lo que dice el verso 7 y 8, en forma de pregunta:
¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará en responderles?, Os digo que pronto les hará justicia.
Pero la pregunta más importante es la del final del verso 8,
“ Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?”
La clave está en nuestra fe, en nuestra confianza en Dios.
Conclusión:
Conclusión:
¿Qué tanta fe hay en nosotros?
¿Tendremos tan solo un poco de fe de la que la mujer de la ilustración?
¿Qué tato peso tienen nuestras oraciones?
Es importante que podamos medir este peso, porque tal peso es también la medida de nuestra fe.
Recuerde no importa cual sea la circunstancias que estemos viviendo, no importa que tan rudo sea lo que tenemos enfrente, Dios dará respuesta según el peso de nuestra oración, en otras palabras según el peso de nuestra fe.
