Cuando Dios lleva nuestra relación a un nuevo nivel

Abraham: Siguiendo sus pisadas  •  Sermon  •  Submitted
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Dios se aparece a Abram para llevar su relación a un nuevo nivel de comprensión, obediencia y comunión.

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Introducción

En multitud de ocasiones nuestra vida se estanca y entramos en una especie de rutina de la que nos es muy difícil salir. Nuestra mirada se enfoca en lo que estamos haciendo más allá de aquello en lo que esperamos o deseamos conseguir. Esto en sí mismo no es malo, pues todo proyecto, plan o relación necesitan pasar por un amplio período de consolidación, profundización e inversión de tiempo y recursos para lograr aquello que queremos.
La visión e idealización de aquello que perseguimos o deseamos es necesario para embarcarnos en un proyecto nuevo. Por ejemplo, a la hora de empezar un curso o estudio nuevo nos enfocamos en la habilidad o conocimiento que vamos a adquirir y como lo vamos a aplicar después. Por ejemplo, vamos a comenzar clases de inglés y nos imaginamos como podremos entender y hablar el inglés, como vamos a poder comunicarnos y las nuevas posibilidades que se nos abren a la hora de visitar gente o conocer nuevos países.
El problema viene cuando lo que idealizamos no se corresponde con la realidad, este es por ejemplo uno de los motivos de que aquellas personas a las que denominamos “enamoradizas” inicien constantemente relaciones tóxicas y destructivas que todo el mundo, a excepción del interesado, ve que no va a llegar a nada.
Otro de los problemas vienen por las razones inversas, y es que nuestra idealización o visión de lo que queremos es la correcta, pero el camino que trazamos, es más duro o distinto a lo que imaginábamos y vamos rebajando nuestras expectativas. Esto también nos sucede con nuestra relación con Dios, comenzamos fuertes y animados, habiendo sido testigos en primera línea de las maravillas de Dios. Sin embargo, conforme va pasando el tiempo, la realidad de la vida, los problemas en las relaciones y la dureza de nuestro propio corazón van reduciendo la ilusión por las promesas de Dios.
Esto mismo es la experiencia de Abram. Sin duda alguna cuando salió de Harán en dirección a Canaán, tenía una alta expectativa de lo que Dios le había prometido, y no tenía ninguna duda de que la descendencia prometida sería a través de Sarai su esposa. Pero es el tiempo, la dificultad de la vida y la propia dureza de su corazón la que han hecho ver con buenos ojos que Agar fuese la madre del hijo de la promesa y no Sarai. De hecho, ambos estaban, de acuerdo.
Pasados 13 años de vivir con Ismael, su hijo, y ante la clara rebaja de las expectativas, promesas y poder de Dios, que este sale al encuentro para reconducir la situación y llevar la relación a un nuevo nivel de amor y comprensión.
Dios nos lleva aun nuevo nivel de relación con Él a través de un mayor conocimiento de Él, una mejor comprensión de sus propósitos y un nuevo comienzo de obediencia a Él.

Un mayor conocimiento de Él

En este punto Dios toma, una vez más, la iniciativa. Y lo hace de una forma inequívoca para Abraham, apareciéndose de una forma clara y poderosa, probablemente con algún esplendor de la gloria Shekiná. Hasta ahora, Abraham, no había tenido grandes encuentros con Dios, a tenor de lo que se nos relata en el texto de Génesis desde el capítulo 12. Ha tenido 3 ocasiones en las que ha recibido mensaje de Dios, el primero para salir de Harán, el segundo para confirmarle la tierra que iba a poseer, después de la separación de Lot y por último, una visión más impactante, con una aparición espectacular del humo y las llamas. Sin embargo, el texto da la impresión de que todo acontece en un permanente velo alrededor de la revelación de Dios, tanto por la visión como por el profundo sueño y la densa tiniebla que envuelven la consumación del pacto.
En este sentido, la aparición que tenemos en este capítulo 17 es única y novedosa, no se nos dice que oye una voz sino que Dios mismo se aparece y después asciende (22). Es decir, que Dios desciende al encuentro con Abram y después asciende, esto ya es algo muy distinto. Observamos, por cierto, que mientras Dios está presente en esta forma, Abram está postrado delante de Él, por lo menos en dos de los momentos más solemnes del discurso divino: la promesa de establecer el pacto, con el añadido de que de él saldrán naciones y el momento de identificar a Isaac como el hijo de la promesa.
Este modo de encuentro, es sin duda abrumador, pero no lo es menos el mensaje que Dios trae, como siempre lo es. En primer lugar, tenemos la primera presentación que Dios hace de sí mismo, a través de un nombre a los patriarcas: “Yo soy el Dios Todopoderoso” (17.1) “ אֵל שַׁדַּי” Y sin duda, está declaración es trascendental para la vida de Abram y para todos los que somos hijos de Abraham. Pero, pensemos un momento ¿qué conocía Abram de Dios hasta ese momento? Si no hubo ningún otro encuentro que haya quedado registrado, por lo menos no sería significativo para el desarrollo de la historia de Abraham que Dios quiere que conozcamos.
En primer lugar, vamos a ver una cita que nos va ayudar a comprender la situación de Abraham al respecto y se encuentra en Éxodo 6:3: “ Yo me aparecí a Abraham, a Isaac y a Jacob como ’El-Shadday, pero con mi nombre YHVH no me di a conocer a ellos.” (BTX). Así que, Dios escoge presentarse de esta manera a los patriarcas, antes de dar su nombre propio relacionado con la salvación y redención de Israel. Pero aquí hay algo más importante a notar, y es que enfáticamente Dios asevera que su nombre YHVH no lo conocen los patriarcas. Por lo tanto, entendemos que todas las veces que encontramos el nombre propio de Dios es una ayuda para dar claridad y seguridad de quien está hablando. Algo que Moisés introdujo para Israel y también para nosotros, aprobado por el Espíritu Santo. Podríamos decir más sobre este particular, pero vamos a dejarlo aquí.
En segundo lugar, en las interacciones directas de Dios con Abraham solo encontramos que Dios hace referencia así mismo en dos ocasiones: en una descripción de sí mismo, y por lo tanto, no es un nombre “Yo soy escudo para ti” (15.1) y en la segunda 15:7, donde leemos: “Yo soy YHVH”, pero ya hemos dicho que esta identificación está hecha para los israelitas en el desierto y no para Abram en ese momento, por lo tanto es difícil saber si hizo referencia alguna así mismo como Adonai (Señor), dado que en la respuesta inmediata de Abram es el nombre que usa: “Mi Señor YHVH” (אֲדֹנָי) o si sólo hizo referencia así mismo como el “que te saqué de Ur de los Caldeos”. Sea como fuere el título de Adonai es un título divino genérico, como el que usamos hoy en día para Señor, que es un nombre genérico que se convierte en propio cuando nos referimos a Dios. Lo mismo sucede con otro de los nombres de Dios que aparece mencionado por primare vez en la narrativa de Abraham en este capítulo y lo hace 6 veces (3, 9, 15, 19, 22, 23): אֱלֹהִ֖ים. De nuevo, estamos en lo que probablemente es un intensivo, el nombre es el plural para dioses, pero aplicado a Dios. Algo así como, Dios de dioses, y tomando solo la palabra final dioses, destacando su superioridad sobre el resto, como lo hace la expresión rey de reyes. No es hasta el capítulo 20 que encontramos este nombre en boca de Abraham.
En tercer lugar, llama la atención que los otros dos nombres vienen dados por personas de otras naciones. En primer lugar, tenemos el título que le da un canaaníta, ni más ni menos que el rey de Salem, Melquisedec: “El Elyon” אֵ֣ל עֶלְי֔וֹן, que significa el Dios Altísimo, “que enfatiza el hecho de que Él es supremo y demuestra su elevado estatus” Además, viene acompañada con la declaración acerca de que es el creador de los cielos y tierra, señalando de manera abrumadora su superioridad sobre todo el resto de deidades.
El otro nombre de Dios le viene dado por una egipcia, su esclava Agar, “’El-Roí” , el Dios que ve. Declarando de esta manera que Dios ve todas las situaciones, y no solo las ve, si no que se preocupa por ellas e interviene cuando es necesario. Para Abram esto era de un significado tremendo, no sólo porque Dios había rescatado a su hijo de una muerte segura (similitud con Isaac), sino porque Dios veía toda la situación propia de Abram, sus sufrimientos y dificultades. De hecho, si unimos eso a que todos los días de su vida veía a “Dios oye” (Ismael), podemos estar bien seguros de que le era muy presente la salvación, ayuda y cuidado de su Dios.
Ahora, debemos volver a nuestro texto, ¿qué añade אֵל שַׁדַּי a lo que conoce Abram sobre Dios? Pues la etimología de la palabra es incierta, y aunque desde la traducción a la Vulgata se usa el nombre de “el Dios Todopoderoso”, no está claro que significa exactamente. Algunos han propuesto la relación de esta palabra con un verbo que en heb. significa destruir, otros con palabras del acadio que significan montaña o pecho, la verdad es que esto no nos aporta gran cosa.
Por lo que lo más sabio es ver el uso que la propia escritura hace del del nombre de Dios y este siempre queda vinculado en Génesis al contexto de la promesa de descendencia y fertilidad:
Gn. 35:11; 28:3; 43:14: 48:3
Así que parece que el Nombre de Dios es una forma de enfatizar y asentar la garantía y capacidad de Dios de cumplir su Palabra y garantizar la descendencia según los términos de Dios sería algo asó como el todo suficiente, el fiel y capaz, el todopoderoso por lo que la traducción incial parece del todo acertada.
El nombre de Dios garantiza el Pacto y tiene como propósito dar evidencias y garantías a Abram para que deposite en el su confianza en Él de manera renovada.
La necesidad de conocer el nombre de Dios, también es vital en nuestra vida como creyentes para que podamos aferrarnos a Dios cada vez que flaqueamos, para volver a enfocar nuestra vida cristiana en el poder y la gracia de Dios. El Shadai, garantiza la bendición a traves del hijo de Abram a todas las naciones, algo que Dios ha cunplido al bendecir a todas las naciones con el Hijo con mayúscula, nuestro Señor Jesucristo. Y es que El Shaddai envío a Yosuá, o en otras palabras el Todopoderoso envío al Salvador, y es la combinación de estos dos nombres de Dios que nos dan plena garantías para saber que al haber depositado nuestra confianza en Jesucristo, hemos hecho la inversión más segura de nuestra vida, y que la culminación de todos los propósitos de Dios del cual somos beneficiarios. Al igual que Abram podemos descansar en la absoluta salvación de Dios y en el cumplimiento de sus promesas sobre nosotros por mucho que el pecado nos amargue, o el mundo tambalee a nuestro alrededor, a pesar de que incluso los polos se derritan, las pandemías se hagan mas mortíferas y devastadoras, podemos descansar en que nuestro depósito está bien guardado para aquel día y nuestro Dios nos reconocerá como su cosechas personal.
Swanson, J. (2014). Diccionario de idiomas bíblicos: Hebreo. Bellingham, WA: Lexham Press.
Santa Biblia: La Biblia Textual, Segunda Edición. (1999). (Éx 6.3). Sociedad Bíblica Iberoamericana, Inc.

Una mejor comprensión de sus propósitos

También es necesario una mayor comprensión de sus propósitos para que nuestra relación con Él crezca y sea llevada a un nuevo nivel de intimidad.
En esta aparición de Dios aparece por primera vez una demanda de vida integra, y no es una demanda cualquiera. Hasta ahora todo lo que tuvo que hacer Abram es salir de Ur de los Caldeos y establecerse en Canáan. Pero ahora el Señor le pide algo más:
“anda delante de mí y sé perfecto” Esta combinación de palabras de andar en la presencia de Dios y ser íntegro (quizás una traducción más adecuada para le heb. Tamín que perfecto) aparecen una sola vez en Génesis antes que Abram, pero no como un mandato, sino como una realidad:
Gn. 6:9, es la descripción que hace la Biblia de Noé. Ahora el Señor, le está pidiendo que sea como Noé y que esto es un requisito para el desarrollo del Pacto. Noé era perfecto entre sus compañeros dice el texto, con lo que se destaca la vida separada y diferenciada de Noé que brillaba con más fuerza en en medio de una generación malvada y perversa. Y el motivo es que andaba con Dios, esta es la razón por la que brilla entre su generación, y este estilo de vida es el que debe caracterizar a Abraham. En este punto debemos recordar que este tema es clave en Las Escrituras, Dios ha diseñado al ser humano para que sea su reflejo y virrey en este mundo, en total dependencia y sintonía con Él. Sin embargo, en génesis 3 está confianza y dependencia del ser humano con su creador ha quedado rota Gn 3:8, ahora el hombre se esconde de Dios, en vez de andar delante de Él.
Desde ese momento, la relación correcta con Dios es descrita como un llamado por misericordia Gn. 4:9, y un andar Gn. 5:24, en contra posición a esconderse. Del mismo modo, Dios no espera menos que a aquel a quien va a bendecir, refleje y manifieste el mismo deseo de caminar en dependencia, obediencia y amor a su Creador.
Por descontado, la salvación del creyente se debe expresar en los mismo términos bajo en Nuevo Pacto o ¿no es acaso la misma idea que hay reflejada en los términos pueblo de Dios, cuerpo de Cristo y Templo del Espíritu Santo con los cuáles se describe la relación de la iglesia con Jesús? o ¿qué si hablamos de que Jesús es la vid y nosotros los pámpanos? Todos ellos son términos que manifiestan una estrecha comunión y relación entre la criatura y el creador, un vínculo tan estrecho y especial que es difícil describir. Sin embargo, me da la sensación que pasamos más tiempo intentando salvar al que no camina con Dios y justificar al que reniega de ser Cuerpo de Cristo que en poner nuestra mirada y atención “en esta salvación tan grande”.
En este sentido, todos nosotros necesitamos del toque especial de Dios, para desprendernos o hacernos volver de ideas reduccionistas de la vida cristiana que ponen su foco en las reuniones o en el tiempo devocional y que consideran el resto del tiempo como propio o una esfera donde Dios no tiene lugar. Desde el trabajo, a los estudios, desde el tiempo de ocio a las relaciones, e incluso “el lecho matrimonial sea honroso” nos dice hebreos 13:4 son esferas de la relación estrecha con Dios, andar en su presencia y ser perfectos.
Pero aun hay que añadir algo más.
Y es que hay necesidad de un mayor conocimiento específico de la voluntad de Dios. Abram tiene que volver a comprender que Sarai está incluida en le pacto y no Ismael. Y el Señor lo enfatiza por medio de dos maneras: la primera es por medio de todos los nombres y cambios de nombres que salen en el texto. Abram por Abraham, Sarai por Sara, Isaac e Ismael. Todos tiene un significado relacionado con el Pacto y a pesar de que de nuevo no está muy claro el cambio de significado tanto de Abram como de Sarai, por sus respectivos Abraham y Sara, lo seguro del texto es que estos tienen que ver con los propósitos de Dios en el Pacto, Abraham como padre de multitud de naciones, del cual saldrán reyes y naciones, como de Sara que será la princesa de la cual saldrán reyes y naciones, de hecho ambos están al mismo nivel en el alcance de la promesa y bendición de Dios, con distinto papel a jugar en la misma. Como Isaac, que significa risa, la alegría de la incredulidad que trae un pacto tan maravilloso como el que Dios trae. A pesar, de que Abraham necesita un segundo empujón, con toda la firmeza, pero sin reproche, para comprender que "risa” será su hijo, y no “Dios oye”. Sin embargo, el gran amor de Abraham por “ Dios oye” es oído por Dios y de él también saldrá una nación importante. La bendición de Dios también es para el hijo que no es de la promesa, ya que está no limita el alcance y amor de Dios.
Como decíamos en la introducción, nuestra relación con Dios también necesita de muchos momentos, de la firmeza cariñosa de Dios, para comprender el alcance amplio de sus propósitos pues tendemos por naturaleza abajar la mirada. Pero, ¿cómo Dios hace eso en la actualidad? Porque Dios no suele descender y presentarse ante nosotros. Sin embargo, tenemos una guía más adecuada para nosotros, que es la guía del Espíritu Santo, la cual está al alcance de todos sus hijos, hya muchas cosas concretas de nuestra vida, que no están escritas, sería aburridísimo tener que estar leyendo lo que voy a hacer en todo momento. Dios tiene un plan mucho mejor para nosotros, la guía de su Espíritu: 2 ejemplos.: Claure y Spurgeon y Muller.

Un nuevo comienzo de obediencia

Por último, cuando hay un mayor conocimiento, se adquiere un nuevo comienzo de obediencia a la nueva información, pero también a la nueva relación. Esta obediencia renovada es la consecuencia de el encuentro con Dios, y una vez Dios ha ascendido, entonces inmediatamente Abraham circuncida a todos los suyos, tal y el Señor le ha pedido, sólo consideraremos algunas cosas, en cuanto a la circuncisión:
práctica común a otros pueblos, adolescencia y matrimonio. Gn. 34:14-17
señal para Dios, el matrimonio y los padres.
incluidos todos los de la casa sin distinción de nacionalidad o edad.
El pueblo de Dios se distingue por la obediencia a Dios tanto interna como externa. La realidad interna del corazón se manifiesta en actos externos porque precisamente para eso tenemos sangre y carne, para manifestar físicamente nuestra realidad interna. En el nuevo testamento hay dos ordenanzas en este sentido que practicamos como pueblo el bautismo y la Santa Cena, como recordábamos ayer. Y lo hacemos como señal de nuestra fe y amor por Dios y su Hijo Jesucristo, con elementos comunes manifestamos una realidad espiritual, poderosa e impactante. Una relación con Dios extraordinaria y sin parangón a la espera de recibir del cielo, al Rey de Reyes y Señor de Señores, a Aquel en quien todas las promesas son sí y amen. Al sea la gloria en neustra vida y en el mundo. Amén.
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