Cuándo Levantarte

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Hoy quiero compartirte algo maravilloso.
Y es que Dios quiere que te levantes.
Isaías 60.1–2 RVR60
Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti.Porque he aquí que tinieblas cubrirán la tierra, y oscuridad las naciones; mas sobre ti amanecerá Jehová, y sobre ti será vista su gloria.
Normalmente nos inspiramos con un eslogan que habla de levantarse a pesar de haber caído.
Nos resulta muy inspirador y nos sentimos identificados muy rápidamente porque todos hemos caído
¿Alguien siente que alguna vez en la vida has caído?
Todos.
No hay absolutamente nada de malo en que nos inspiremos en frases positivas que nos levanten.
De hecho prefiero un millón de veces mas una frase que te aliente a levantarte que una tipo.
“Si te critican es porque te envidian” o “El tiempo pone a todos en su sitio”
Es mucho mejor alentar a otros a seguir adelante, a levantarse y a superarse.
PERO.
Aveces en nuestro intento de levantarnos una y otra vez, terminamos agotados.
Nos levantamos una y otra vez en nuestras propias fuerzas.
Empezamos a encontrar maneras de levantarnos apoyándonos en nuestras propias verdades y en base a las experiencias de nuestra vida.
Y si esas experiencias han sido negativas, probablemente habrás desarrollado mecanismos de defensa que no son buenos para ti.
Como ej.: No voy a depender de nadie, no se puede confiar en nadie, es mejor tener 2 amigos contados que muchos y malos. ETC
Terminamos queriendo tener cosas en vez de personas en nuestra vida. Tarde o temprano ese virus, ese cancer podrá contigo.
Lo mas triste es que terminas sin poder demostrarles el amor que tienes a los que mas amas.
Les terminas dando lo que piensas que necesitan en vez de lo que verdaderamente necesitaban.
Es una historia que he visto repetirse tantas veces.
La historia más repetida. De adolescentes y jóvenes en contraste con la de sus padres..
Padres sienten que se han esforzado por darle a sus hijos lo que no tuvieron y los hijos se quejan de que sus padres no les conocen.
Esto es el fruto de levantarnos en nuestras propias fuerzas, en nuestra propia sabiduría, experiencia y por no escuchar a Dios.
Todos llegamos a Dios porque escuchamos de el en algún momento.
Alguien nos dijo que hacía milagros.
Que podía cambiarnos.
Otros lo encontraron mientras caminaban y fueron sorprendidos por Su amor.
Hoy quiero compartirte dos historias que no hablan de levantarnos y de cuándo y cómo hacerlo.
2º Reyes 5.1–12 NTV
El rey de Aram sentía una gran admiración por Naamán, el comandante del ejército, porque el Señor le había dado importantes victorias a Aram por medio de él; pero a pesar de ser un poderoso guerrero, Naamán padecía de lepra. En ese tiempo, los saqueadores arameos habían invadido la tierra de Israel, y entre sus cautivos se encontraba una muchacha a quien habían entregado a la esposa de Naamán como criada. Cierto día, la muchacha le dijo a su señora: «Ojalá que mi amo fuera a ver al profeta de Samaria; él lo sanaría de su lepra». Entonces Naamán le contó al rey lo que había dicho la joven israelita. «Ve a visitar al profeta —le dijo el rey de Aram—. Te daré una carta de presentación para que se la lleves al rey de Israel». Entonces Naamán emprendió viaje y llevaba de regalo trescientos cuarenta kilos de plata, sesenta y ocho kilos de oro, y diez mudas de ropa. La carta para el rey de Israel decía: «Mediante esta carta presento a mi siervo Naamán. Quiero que lo sanes de su lepra». Cuando el rey de Israel leyó la carta, horrorizado, rasgó sus vestiduras y dijo: «¡Este hombre me manda a un leproso para que lo sane! ¿Acaso soy Dios para dar vida y quitarla? Creo que sólo busca pelear conmigo». Sin embargo, cuando Eliseo, hombre de Dios, supo que el rey de Israel había rasgado sus vestiduras en señal de aflicción, le envió este mensaje: «¿Por qué estás tan disgustado? Envíame a Naamán, así él sabrá que hay un verdadero profeta en Israel». Entonces Naamán fue con sus caballos y carros de guerra y esperó frente a la puerta de la casa de Eliseo; pero Eliseo le mandó a decir mediante un mensajero: «Ve y lávate siete veces en el río Jordán. Entonces tu piel quedará restaurada, y te sanarás de la lepra». Naamán se enojó mucho y se fue muy ofendido. «¡Yo creí que el profeta iba a salir a recibirme! —dijo—. Esperaba que él moviera su mano sobre la lepra e invocara el nombre del Señor su Dios ¡y me sanara! ¿Acaso los ríos de Damasco —el Abaná y el Farfar— no son mejores que cualquier río de Israel? ¿Por qué no puedo lavarme en uno de ellos y sanarme?». Así que Namaán dio media vuelta y salió enfurecido.
Entre la plata y el oro hoy al peso serían 4.000.000 €.
Quiero parar aquí un segundo.
Igual que Naamán aveces no queremos levantarnos como Dios nos pide que nos levantemos.
Ya tenemos en nuestra cabeza el “como debería de ser”
El aqui se “levanta”
Pero furioso, lleno de si mismo, de su opinión de todo lo que está pasando.
Y digo que se levanta porque Naamán estaba golpeado, enfermo y sabía que sus dias estaban contados.
No somos muy diferentes a Naamán
Pero gracias a Dios por los sirvientes de Naamán
2º Reyes 5.13–17 NTV
Sus oficiales trataron de hacerle entrar en razón y le dijeron: «Señor, si el profeta le hubiera pedido que hiciera algo muy difícil, ¿usted no lo habría hecho? Así que en verdad debería obedecerlo cuando sencillamente le dice: “¡Ve, lávate y te curarás!”». Entonces Naamán bajó al río Jordán y se sumergió siete veces, tal como el hombre de Dios le había indicado. ¡Y su piel quedó tan sana como la de un niño, y se curó! Después Naamán y todo su grupo regresaron a buscar al hombre de Dios. Se pararon ante él, y Naamán le dijo: —Ahora sé que no hay Dios en todo el mundo, excepto en Israel. Así que le ruego que acepte un regalo de su siervo. Pero Eliseo respondió: —Tan cierto como que el Señor vive, a quien yo sirvo, no aceptaré ningún regalo. Aunque Naamán insistió en que aceptara el regalo, Eliseo se negó. Entonces Naamán le dijo: —Está bien, pero permítame por favor cargar dos de mis mulas con tierra de este lugar, y la llevaré a mi casa. A partir de ahora, nunca más presentaré ofrendas quemadas o sacrificios a ningún otro dios que no sea el Señor.
Naamán antes de levantarse tuvo que pasar 2 cosas.
Obedecer
Bajar y humillarse.
Salmo 138.6 LBLA
Porque el Señor es excelso, y atiende al humilde, mas al altivo conoce de lejos.
Para ver la respuesta de Dios necesitas Obedecer
y Ser humilde
Pero algo diferente es ser enviado a una vida.
Lucas 17.11–19 NTV
Mientras Jesús seguía camino a Jerusalén, llegó a la frontera entre Galilea y Samaria. Al entrar en una aldea, diez leprosos se quedaron a la distancia, gritando: —¡Jesús! ¡Maestro! ¡Ten compasión de nosotros! Jesús los miró y dijo: —Vayan y preséntense a los sacerdotes. Y, mientras ellos iban, quedaron limpios de la lepra. Uno de ellos, cuando vio que estaba sano, volvió a Jesús, y exclamó: «¡Alaben a Dios!». Y cayó al suelo, a los pies de Jesús, y le agradeció por lo que había hecho. Ese hombre era samaritano. Jesús preguntó: «¿No sané a diez hombres? ¿Dónde están los otros nueve? ¿Ninguno volvió para darle gloria a Dios excepto este extranjero?». Y Jesús le dijo al hombre: «Levántate y sigue tu camino. Tu fe te ha sanado».
Los leprosos ya estaban rotos y humillados por la vida, no les quedaba nada mas que estar al borde de los caminos.
Pero hicieron algo importante.
1. Clamaron por sus vidas
Pero uno de esos Leprosos volvió a donde estaba Jesus. Para mostrar su gratitud.
Naaman y el Leproso tiene algo en común.
Los dos Bajaron. Uno al Rio y otro A sus rodillas.
Hoy quizas tienes que tu tb humillarte y clamar a Dios, obedecer, y volver a el con Gratitud.
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