La armadura de Dios
La fuente de fuerza
La necesidad de la armadura de Dios
La guerra del Santificado
“La Guerra del Santificado”. (1) Nuestro incansable enemigo debe ser confrontado y conquistado. Para ellos hemos de tomar toda la armadura de Dios, 11–13. (2) La armadura defensiva—(a) El cinturón de la verdad —una comprensión iluminada y un carácter firme; (b) la coraza de justicia —una vida santa para absorber la crítica y la persecución; (c) El escudo de la fe para rechazar el cruento ataque del enemigo, 14, 16. (3) La armadura ofensiva. La acción ofensiva es necesaria para triunfar.—(a) La espada del Espíritu—la Palabra de Dios en la mano, la Biblia en el corazón y en la mente; (b) Calzados los pies para marchas largas y arduas en obediencia a Cristo, el Comandante;
El yelmo de la salvación para guiar y proteger nuestros pensamientos a fin de que sean para Cristo en vez de ser para fines pecaminosos y egoístas, 15, 17. (4) Todo nuestro equipo espiritual ha de ser fortalecido y reforzado por la oración,
El enemigo del cristiano
El enemigo que ha de ser derrotado es el diablo y todo el ejército de fuerzas diabólicas en el universo. Pablo enseña aquí con claridad que la guerra cristiana no ha de ser conducida contra fuerzas humanas, pues afirma que no tenemos lucha contra sangre y carne
Si tal fuera el caso nos bastaría la fuerza humana. Sin embargo, y debido a que las fuerzas espirituales malignas están alineadas contra el cristiano, sólo fuerzas espirituales divinas pueden hacerles frente. Pablo dice que luchamos contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas … contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes
“Estamos confrontando organizaciones y poderes que controlan este oscuro mundo, y agentes espirituales que proceden del mismo cuartel general del mal.”
La armadura
El cinturón de la verdad
Dado el hecho de que las vestiduras orientales quedaban sueltas alrededor del cuerpo, lo primero que un soldado tenía que hacer era apretar el cinturón alrededor de su cintura. El cinturón ceñía su túnica estrechamente a su cuerpo, permitiéndole así que se moviera sin impedimento. El cinturón también le permitía portar su espada, en manera muy parecida a la forma en la que los oficiales militares de nuestro día portan la pistola. Probablemente los soldados romanos ligaban otras piezas de la armadura al cinturón.
Hodge define esta verdad como el conocimiento de la palabra revelada de Dios, y la creencia en ella. El apóstol está pensando en términos existenciales cuando habla de la verdad. Cuando un soldado cristiano se ciñe a sí mismo con la verdad, en el sentido paulino, significa que se apropia de la Palabra a través de la fe. Esto le imparte seguridad, estabilidad y la capacidad de hacer decisiones a su vida y a sus acciones. Por ende, no sólo tiene sabiduría y entendimiento, sino que está viviendo en la verdad.
La coraza de justicia
Isaías dice que Dios “se vistió de justicia como de una coraza, con yelmo de salvación en su cabeza” (59:17). Justicia (dikaiosyne) no debe interpretarse como el nuevo estado o posición que la persona tiene por su fe en Cristo Jesús. Más bien denota la vida de pureza y rectitud que la nueva relación con Dios genera.
Las sandalias del evangelio
Las sandalias diseñadas especialmente para uso militar tenían el doble propósito de proteger los pies y de capacitar al soldado a conservar su equilibrio en lugares difíciles. Además permitían que el pie pisara con seguridad y el soldado pudiera moverse rápidamente. El soldado cristiano necesita tener la protección y la movilidad que resultan de tener calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz.
El escudo de la fe
en este caso, no es la placa pequeña y redonda (aspis) que los soldados romanos portaban algunas veces, sino el escudo largo y oblongo (thyreos) que era parte del equipo del militar romano en las batallas severas. Era labrado de madera y estaba forrado con cuero para interceptar y apagar las flechas en llamas disparadas por el enemigo.
El yelmo de salvación
Pablo continúa su descripción y exhortación y nos exhorta imperativamente a tomar el yelmo de la salvación. Tomad (dexasthe) debería ser traducido: “recibid” (“cubrid la cabeza”, F y S). Después de ponerse las demás piezas de la armadura, el soldado recibía de su ayudante el yelmo, que era una parte más delicada y ajustada a su tamaño para la protección de esta parte vital de su cuerpo. Igualmente recibía la espada. Sin embargo, lo significativo de la figura de Pablo no es el elemento de tiempo. Más bien, la salvación que recibimos de Dios es nuestra gran protección de cualquier valor digno en la vida humana.
No parece correcto interpretar el yelmo de la salvación solamente como la gran confianza que poseemos de que Dios tiene poder para salvar. Más bien simboliza la protección que asegura la participación en la salvación de Dios. Si el soldado entra en el combate alejado de Dios, un enemigo y un extraño, sin Dios, no tiene garantía de protección. Pero si ha sido, y sigue siendo, un partícipe de la gracia de Dios para salvación, será “más que vencedor”. Dios cuida de los suyos. “Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?”
