DIOS ES FIEL Y CUMPLE SUS PROMESAS
ESDRAS Y NEHEMÍAS: DOS HOMBRES QUE CORRESPONDIERON A LA FIDELIDAD DE DIOS
LA FIDELIDAD DE DIOS: CUMPLE SU PROMESA EN EL TIEMPO PROMETIDO.
ESDRAS:
A. DIOS USA A LOS INCRÉDULOS:
1. CIRO, REY DE PERSIA.
2. ASTARJERJES
B. DIOS USA A SU PUEBLO
1. ZOROBABEL Y MUCHOS JUDÍOS.
El libro inicia con el decreto de Ciro, quien mandó a Sesbasar y a Zorobabel que edificaran el templo en Jerusalén. Zorobabel trajo consigo 42,360 judíos.
2. ESDRAS Y OTRO GRUPO DE HOMBRES FIELES
3. LA NECESARIA RESTAURACIÓN ESPIRITUAL COMIENZA CON EL ARREPENTIMIENTO:
NEHEMÍAS:
Nehemías (“Jehová consuela”) es un famoso copero quien en las Escrituras nunca aparece fuera de este libro. Tal como con los libros de Esdras y Ester, titulados de acuerdo a sus contemporáneos, el libro relata acontecimientos selectos de su liderazgo y fue titulado con su nombre.
Tanto la Septuaginta griega (LXX) como la Vulgata latina nombraron a este libro “Segundo Esdras”. Aunque los dos libros de Esdras y Nehemías están separados en la mayoría de las Biblias en español, es posible que en algún momento pudieron estar unidos formando un solo libro como lo están en la actualidad en los textos hebreos. Los escritores del Nuevo Testamento no citan a Nehemías.
Autor y fecha
Aunque gran parte de este libro fue claramente extraído de los diarios personales de Nehemías y escrito desde la perspectiva de Nehemías en primera persona (1:1–7:5; 12:27–43; 13:4–31), tanto las tradiciones judías como cristianas reconocen a Esdras como el autor.
Como un escriba, él tenía acceso a los archivos reales de Persia, los cuales explican la multitud de documentos administrativos que se encuentran registrados en los dos libros, especialmente en el libro de Esdras. A muy pocas personas se les habría permitido tener acceso a los archivos reales del Imperio Persa, pero Esdras fue la excepción (cp. Esd. 1:2–4; 4:9–22; 5:7–17; 6:3–12).
Los acontecimientos en Nehemías 1 comienzan a finales del año 446 a.C., el año 20 del rey persa, Artajerjes (464–423 a.C.). El libro sigue cronológicamente a partir del primer término de Nehemías como gobernador de Jerusalén alrededor del 445–433 a.C. (Neh. 1–12) a su segundo término, posiblemente comenzando alrededor del 424 a.C. (Neh. 13). Nehemías fue escrito por Esdras en algún momento durante o después del segundo término de Nehemías, pero no después del 400 a.C.
Contexto histórico
Fiel a la promesa que Dios hizo de juicio, Él trajo a los asirios y a los babilonios para disciplinar a Judá e Israel, quienes habían desobedecido. En el 722 a.C. los asirios deportaron a las diez tribus del norte y las dispersaron por todo el mundo que en ese entonces se conocía (2 R 17). Varios siglos después, alrededor del 605–586 a.C., Dios usó a los babilonios para saquear, destruir y casi despoblar a Jerusalén (2 R 25) debido a que Judá había persistido en su infidelidad al pacto. Dios disciplinó a su pueblo con setenta años de cautividad en Babilonia (Jer. 25:11).
Durante la cautividad de los judíos, el liderazgo del imperio mundial cambió de manos de los babilonios a los persas (alrededor del 539 a.C.; Dn. 5), después de lo cual Daniel recibió la mayor parte de su revelación profética (cp. Dn. 6, 9–12). El libro de Esdras comienza con el decreto de Ciro, un rey persa, estableciendo el regreso del pueblo de Dios a Jerusalén para reconstruir la casa de Dios (alrededor del 539 a.C.), y narra el establecimiento del calendario nacional de Judá de festividades y sacrificios
Zorobabel y Josué guiaron el primer regreso (Esd. 1–6) y reconstruyeron el templo. Ester da un vistazo de los judíos que se quedaron en Persia (alrededor del 483–473 a.C.) cuando Amán intentó eliminar a la raza judía. Esdras 7–10 relata el segundo regreso guiado por Esdras en el 458 a.C. Nehemías relata el tercer regreso para reconstruir el muro alrededor de Jerusalén (alrededor del 445 a.C.).
Nehemías y Malaquías representan los últimos escritos canónicos, tanto en términos del tiempo de los acontecimientos ocurridos (Mal. 1–4; Neh. 13) como en el tiempo cuando fueron registrados por Esdras. De esta manera los siguientes mensajes de Dios para Israel no vienen, sino hasta después de más de cuatrocientos años de silencio, después de los cuales los nacimientos de Juan el Bautista y Jesucristo fueron anunciados (Mt. 1; Lc. 1, 2).
Teniendo la revelación completa del AT de la historia de Israel previa a la encarnación de Cristo, los judíos aún no habían experimentado la plenitud de los varios pactos y promesas de Dios para con ellos. Mientras que había un remanente judío, como se le prometió a Abraham (cp. Gn. 15:5), no parece ni siquiera ser tan grande como en el tiempo del éxodo (Nm. 1:46). Los judíos ni poseyeron la tierra (Gn. 15:7) ni gobernaron como nación soberana (Gn. 12:2). El trono davídico estaba desocupado (cp. 2 S. 7:16), aunque el sumo sacerdote fue de la línea de Eleazar y Finees (cp. Nm. 25:10–13). La promesa de Dios a consumar el nuevo pacto de redención esperaba el nacimiento, crucifixión y resurrección del Mesías (cp. He. 7–10)
