Homo CHRISTUS

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Otra especie

“Los cristianos no se diferencian de los demás por su nacionalidad, por su lenguaje ni por sus costumbres…viven en sus propios lugares, pero como transeúntes. Cumplen con todos sus deberes de ciudadanos, pero sufren como extranjeros. Donde quiera que estén encuentran su patria, pero su patria no está en ningún lugar…se encuentran en la carne, pero no viven según la carne. Viven en la tierra, pero son ciudadanos del cielo. Obedecen todas las leyes, pero viven por encima de lo que las leyes requieren. A todos aman, pero todos les persiguen.”
Autor Cuadrato, principios del SII
1800 años después de escritas esas palabras, siguen estando actualizadas. Estas frases todavía describen a los cristianos.
Las bienaventuranzas dieron a luz una nueva especie de ser humano. El “homo sapiens” había sido considerada la especie más desarrollada en el planeta, pero Jesús nos tenía algo mejor.
El “Homo Christus” es el ser humano que ha sido hecho según Cristo, es este que describen las bienaventuranzas, cuyas características son antagónicas a las que sigue el homo sapiens.
Esta especie depende de Cristo y su obra salvadora para revelarse. No se puede provocar por mérito propio, porque las características de las bienaventuranzas son inalcanzables para el homo sapiens.
No es atrevido decir que los cristianos somos inadaptados. Los entornos no nos incapacitan. Los cambios no nos amedrentan. Los enemigos no nos detienen. Somos una especie única.
No conforme con las ocho características antes estudiadas, cierra con estas palabras:
Mateo 5.10–12 RVC
10 »Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. 11 »Bienaventurados serán ustedes cuando por mi causa los insulten y persigan, y mientan y digan contra ustedes toda clase de mal. 12 Gócense y alégrense, porque en los cielos ya tienen ustedes un gran galardón; pues así persiguieron a los profetas que vivieron antes que ustedes.
Cinco aspectos llaman mi atención en esta bienaventuranza:

Persecución

Jesús le anticipa a sus seguidores que tendrán persecución. No los trata de convencer vendiéndoles un evangelio de armonía, descanso y riqueza; sino uno de persecución.
A veces pareciera que Jesús trata de espantar a la gente más que enamorarla. Pero Él estaba claro que lo que estaba despertando era una nueva especie de ser humano cuya vida haría la diferencia y siempre, quien se destaca, enfrenta persecución.
1 Pedro 4.12–13 NVI
12 Queridos hermanos, no se extrañen del fuego de la prueba que están soportando, como si fuera algo insólito. 13 Al contrario, alégrense de tener parte en los sufrimientos de Cristo, para que también sea inmensa su alegría cuando se revele la gloria de Cristo.
La persecución caracterizó a la primera Iglesia, la cuál fue perseguida. Sin embargo esto, en vez de aplastar los planes de Dios, extendió el evangelio por el mundo.
La persecución para nosotros, en occidente, puede mostrarse en insultos, sarcasmos, burlas; sin embargo también se ha mostrado en violencia, calumnias y hasta la muerte.
Ninguno de nosotros debería ser tomado por sorpresa ante la persecución porque Jesús fue claro al anunciarla.

El precio de ser discípulo

Como Iglesia, muchas veces queremos vender un evangelio carente de dolor, hasta decimos: si no te trae paz, no es de Dios. Pero, ya vimos lo que es paz y, además, seguir a Jesús a veces trae conflicto.
No podemos pecar atrayendo la atención de las personas hacia los milagros, el bienestar o la prosperidad. Así como tenemos que hablar de las promesas de Dios, también tenemos que hablar del precio que debemos pagar como discípulos.
Lucas 9.23–24 NVI
23 Dirigiéndose a todos, declaró: —Si alguien quiere ser mi discípulo, que se niegue a sí mismo, lleve su cruz cada día y me siga. 24 Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa, la salvará.
El discípulo no es una oveja indefensa y temerosa que no sabe distinguir un lago de un río. Un discípulo es un león que ruge en la selva y conquista su territorio a base de guerras.
Es por eso que la Iglesia no es un club donde obtengo muchos beneficios, es un movimiento que avanza en medio de las dificultades. no te preguntes ¿qué puede darme la Iglesia? Sino ¿qué puedo hacer yo para el reino de Dios?
La gente quería a Jesús porque les daba comida pero Jesús no estaba interesado en seguidores interesados, sino en discípulos que estuvieran dispuestos a entregar su vida por él.

Por la causa de Cristo

El padecimiento que enfrentaremos no es por tomar malas decisiones o por andar de provocadores. Se trata de padecer por Cristo.
Seguir a Cristo ya trae consigo el vituperio, no tenemos nosotros que andar de masoquistas provocando lo innecesario.
¿Por qué habrá persecución? Por hacer lo justo. ¿Tiene esto lógica? Que te miren mal por decir la verdad, creer en la familia y defender la moral. Por eso será el rechazo.
Los cristianos serán rechazados porque vamos en contra de la corriente. Porque no nos adaptamos al sistema que quiere imponerse con estilos de vida vanos, inmorales y superficiales.
Los historiadores concuerdan con que los cristianos eran buenos súbditos de Roma, pero no adoraban al César, y ahí era donde estaba el problema. Eran buenos servidores pero se negaban a ser también adoradores.
Los cristianos deben caracterizarse por hacer lo correcto siempre. Si nos persiguen, critican o rechazan no es por hacer las cosas mal sino por hacerlas bien.
Tito 2.7 NVI
7 Con tus buenas obras, dales tú mismo ejemplo en todo. Cuando enseñes, hazlo con integridad y seriedad,
No significa que vas a sufrir porque te enfrascaste en un debate en el que no supiste controlar tu lengua y ahora creaste un problema, se trata de sufrir porque nuestros valores no corresponden con los del mundo.

¿Sufrir o alegrarse?

Siguiendo con esta línea de inadaptación a los valores del sistema del mundo, Jesús introduce otro estándar. Él dice que no solo se trata de comprender que vamos a ser perseguidos sino que debemos alegrarnos a pesar de ello.
¿No es suficiente con saber que vamos a tener persecución? ¿Además de eso nos tenemos que alegrar? Vaya, ser un Homo Christus es otro nivel.
Sin embargo, el enfoque es tan contundente, que podemos comprenderlo porque la persecución no hace al cristiano una víctima sino un provocador de cambios. Alguien que hace la diferencia. Alguien que sabe que su vida en la tierra es corta y que la del cielo es eterna.
En otras palabras el cristiano sabe qué valorar. Ya, con las características de las bienaventuranzas, el cristiano llega a esta sabiendo que su recompensa es el reino de los cielos.
Todo sufrimiento tendrá su recompensa. Dios no deja a sus hijos sin honra, él sabe pagar a cada uno según sus obras.
Debemos tener aquel mismo espíritu de los apóstoles, quienes más bien consideraban un honor sufrir por quien dio su vida por ellos.

No eres el único

Jesús concluye las bienaventuranzas dejándonos un tremendo consuelo, lleno de verdad y de firmeza; nos obliga a levantar nuestra vista de las circunstancias para mirar con luz larga.
No somos los únicos. Hay cientos y miles de cristianos que han padecido más que nosotros por su causa.
No tienes espacio para sentirte víctima, eres un cristiano que debe levantar la vista con honor y enfrentar la presión de seguir a Jesús.
Debes estar dispuesto al sacrificio, a enfrentar los desafíos, a chocar con otros cuando van en sentido contrario, a perder amigos, familiares, etc. por causa de Cristo.
No seas un mártir emocional cuando hay verdaderos mártires entregándolo todo sin quejarse ni un poquito y más bien sintiéndose indignos de padecer por Jesús.
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