Meritocracia

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La salvación es totalmente por gracia, es imposible ser salvos por nuestras obras.

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Propósito

Mostrar, a través de la historia del joven rico, que la salvación es totalmente por gracia, es imposible ser salvos por nuestras obras.

Texto principal:

Sus discípulos, al oír esto se asombraron mucho, y decían: —¿Quién, pues, podrá ser salvo? Mirándolos Jesús, les dijo: —Para los hombres esto es imposible, pero para Dios todo es posible. Mateo 19:25-26

Introducción

Existe una serie que le pondré por nombre “Meritocracia”, para nada se llama así, el nombre que le he puesto sé que es muy feo, pero lo cierto es que tuvo mucho éxito. La película narra la historia del mundo devastado en un futuro lejano, donde reina la miseria, y para poder vivir una vida mejor los jóvenes pasan por un proceso de selección donde solo un % de los candidatos pasan la prueba y pueden ir al paraíso. El tema principal de esa serie es la meritocracia. Los participantes del proceso tienen que hacer y pasar muchos desafíos para “merecer” la recompensa de ir al paraíso.
Mi pregunta es ¿con Dios las cosas son así también? ¿Para alcanzar la salvación necesitamos pasar por un proceso de selección donde solo algunos merecen entrar al cielo?
La palabra de Dios es como un GPS que nos guía de forma segura en esta dirección. Así que estudiemos juntos el tema de la salvación y de qué manera somos salvos. Para esto vamos a reflexionar en la historia del joven rico, alguien que vino donde Jesús con un gran de deseo de salvación pero que finalmente prefirió no aceptar las condiciones, es alguien que quería vida eterna, pero al final prefirió quedarse con lo pasajero. Su nombre pudo quedar registrado en la historia, pero solo se conoce como el “joven rico”. Este es un relato que pudo tener un final de película. Leamos juntos el evangelio de Mateo 19:16 y siguientes. (Mt 19.16-28)

1. Una gran pregunta

El relato presenta a un joven rico, era un tipo respetado, con prestigio, buena posición, y, sobre todo, era muy religioso. Si alguna vez hubo un candidato prometedor para el reino de los cielos, seguramente este era él.
Exteriormente, este joven estaba en su apogeo, en la cima del éxito. Él era lo que una madre o un padre podría querer que su hijo sea, se podría pensar que lo tenía todo. Sin embargo, ¡las apariencias engañan! A pesar de todo lo que tiene a su favor, este joven tenía un gran esqueleto en su armario. Había descubierto que su juventud le dejó insatisfecho. Su dinero le había dejado sentir insatisfecho. Su moral, su vida limpia y su actividad religiosa no habían sido capaces de satisfacer el anhelo más profundo de su alma. Su rápido crecimiento en la vida no había podido darle lo que más deseaba: estar en paz consigo y con Dios.
Es allí cuando se acerca a Jesús con una pregunta: ¿qué “bien haré” para “tener” la vida eterna? esta revela por lo menos dos cosas que había en la mente de este joven. Primero, aunque tengo todo y parezco completo y salvo, me siento perdido y, segundo, mis obras son importantes por eso, aunque he hecho todo, qué otra cosa tengo que hacer para salvarme.

a. Me siento perdido

Conocí la madre de un joven muy parecido a este. Mientras predicaba la señora lloraba desconsoladamente. Luego explicó que su hijo era cuál aquel joven rico, pues se portaba bien, era un excelente padre, hijo, esposo, tenía una buena posición en su trabajo, buenos ingresos, pero, para sorpresa de todos, la semana anterior, hacía apenas pocos días, se había suicidado y escribió que era porque se sentía vacío y perdido.
Es triste, pero según la Oficina Nacional de Estadísticas cada año, alrededor de 67 mil adolescentes se quitan la vida, convirtiendo el suicidio en la tercera causa de muerte en adolescentes en el mundo y la cuarta en América Latina y el Caribe. En República Dominicana las muertes por suicidio durante los años 2007-2016 ascendieron a más de 5 mil, un promedio de 566 casos anuales.
Es que, aunque vivimos en la era de la comodidad y la tecnología, donde todo está a nuestro alcance, somos más “educados”, contamos con mayores oportunidades de crecimiento y éxito, en fin, tenemos todos los beneficios que nuestros padres desearon, y, a pesar de esto, nuestra generación sigue anhelando algo más, sigue con aquella sensación del joven rico, una sensación profunda de “estoy perdido”.
Y es así, la Biblia dice en Romanos 3:10, “no hay un solo justo, ni siquiera uno”, y en 3:23 agrega “pues todos han pecado y están privados de la gloria de Dios”. Aquí nos dice que todos somos pecadores y que estamos perdidos. Con fallas grandes o pequeñas, ante Dios todos somos iguales. ¡Sí! ¡Estamos perdidos y “el cuerpo lo sabe”!

b. Qué bien tengo que hacer.

Este joven había crecido con esta fórmula: buenas obras + guardar los mandamientos = a mejor lugar en el cielo. O, dicho de otra forma, él creía que la salvación era por obras y, por lo tanto, el tenía que hacer algo. Esa era la fórmula matemática-espiritual judía.
Muchas personas todavía creen que la salvación se basa en “hacer”, entonces se unen a una iglesia, se bautizan, estudian su folleto, predican, dan ofrendas y diezmos, y la lista podría seguir.
La Biblia nos dice claramente que la salvación no es por obra (Efesios 2: 8-9; Tito 3: 5). No hay nada que tú y yo podamos hacer que le agregue a lo que Cristo ha hecho en la cruz. La salvación se logra por Jesús, cuando murió en la cruz, cuando resucitó y por la intercesión que está haciendo hoy.
El carcelero de Filipos preguntó en Hechos 16:30, “Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo”, Pablo le respondió, “Cree en el Señor Jesús; así tú y tu familia serán salvos” (Hechos 16:31) Nada ha cambiado. ¡La salvación nunca ha sido acerca de lo que podemos hacer, pero siempre ha sido acerca de lo que Cristo hizo!

2. Una gran respuesta

Ahora, esta historia crea un problema. Jesús no respondió a la pregunta del joven diciéndole que creyera en él, antes le dijo, “si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos” (v.17). Si la salvación es por gracia ¿por qué el Señor le dice que debe guardar los mandamientos? ¿Será que hay dos formas de salvarse, una por gracia y otra por obras? ¿y si es por gracias, qué hago con las obras?
Muchos se complican y hasta se dividen tratando de explicar la relación que existe entre gracia y obra. Santiago 2:18 lo dice sencillo, “muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras”. Por otro lado, el apóstol Pablo dijo “porque, aunque antes vivían ustedes en tinieblas, ahora la luz del Señor brilla en sus vidas y debe notarse en su conducta” (Efesios 5:8). En Mateo 7:16, Jesús agrega “Por sus frutos los conocerán”. Es simple, somos salvos por gracia, las obras son solo los frutos de la salvación que ya tenemos en Jesús. No hay manera de decir que somos salvos si no hemos dado evidencia de lo que ya Cristo hizo en nuestro corazón.

a. Un reconocimiento de pecador.

Jesús no está tratando de agregar otra “cosa buena” que hacer, antes bien intenta conseguir algo más en este joven y es que sea honesto acerca de su verdadera condición espiritual. Es por lo que le invita a vender lo que tenía y dárselo a los pobres, y así tendría tesoro en el cielo (v. 21). Un llamado demasiado comprometedor, le está invitado a dejar de ser rico, estado que señalaba la bendición de Dios por sus buenos actos y era una garantía de estar bien con El. Cristo realmente deseaba hacerle entender que él era un pecador y como tal no tenía cómo enfrentar a Dios. Le quería mostrar que, independientemente de lo que pueda poseer materialmente, él estaba moral y espiritualmente en quiebra.
Quizás tú, como la mayoría de la gente, has tomado una actitud externa superficial, has hecho un inventario de tu vida y piensas que estás bien y dices: “bueno pastor que le digo, soy un joven normal, me doy mi traguito, pero no más de ahí, ando de mi trabajo a la casa, de la casa a la uni. Soy una persona bastante buena. Y, después de todo, en comparación con algunas personas, ¡soy casi un santo!”
El problema no es lo que eres exteriormente, es lo que eres por dentro. ¡El núcleo del problema está en tu corazón! Recuerda eres un pecador, ya la Biblia te lo dijo. Puedes limpiar el exterior todo lo que quieras, pero sigues siendo un pecador.
Mira no hay una cosa mas cochina que un cochino, un cerdo. Pero hay gente que trata de cambiarlo y ponerlo tierno. Por ejemplo, Priscila y Poppleton, nada más y nada menos que dos hermanos cerditos con más de 685 mil seguidores en Instagram, si vas a su página verás sus fotos con sus diferentes vestuarios, la cama de lujo, los coches que poseen, en fin, toda una “ternura”. No sé la lucha de los dueños, pero estoy seguro de que los pobres cerditos tienen una terrible batalla por volver a revolcarse en lodo. ¿Por qué? Pues porque Priscila y Poppleton son cerdos y hacen lo que los cerdos hacen.
Asimismo, tú puedes dar la vuelta a la hoja para que todo se vea bien hacia el exterior. Puede que seas una persona moral, limpia, trabajadora, pero sigues siendo un pecador, uno que necesita un Salvador. Eso es lo que Jesús quería mostrarle a este joven.

b. Un llamado al discipulado.

Además, el Señor anhelaba convertirlo en un discípulo. Este hombre tenía que deshacerse de sus dioses antes de que pueda recibir a Dios. Sus dioses eran su riqueza espiritual. Es por lo que, luego de invitarlo a dar todo a los pobres, le dice “ven, sígueme” (v. 21). Esta es un llamado al discipulado, a una experiencia más cercana con Jesús, donde el Señor, y no sus riquezas y autosuficiencia, sea lo primero, su único y verdadero Dios.
Cristo quería librarlo de la esclavitud del dinero. Sin embargo, esta liberación de la preocupación material no es en sí misma el secreto de la vida eterna; es solo el plato de entrada a una nueva vida como discípulo de Jesús. Es en esto que se encontrará la vida eterna que el hombre está buscando.
No te apresures a pensar “bueno, siendo que yo no tengo un peso, me libré. Ese no es mi dios”. ¡Alto ahí! has pensado ya, ¿qué es lo que estás atesorando? ¿Qué está ocupando el lugar de Dios en tu vida? ¿A qué le dedicas el mayor tiempo? ¿Es tu trabajo, tu pareja, algún placer, algún pecado, tu independencia, tus estudios, alguna prenda de vestir, las redes sociales, o quizás tu misma reputación que te impide dejarlo todo para seguir a Cristo? Si el Señor te invitara a abandonar una de estas cosas para seguirlo ¿estarías dispuesto?

3. Dos grandes decisiones

Cuando el joven escuchó las demandas del Señor decidió no responder a esa invitación, prefirió no seguirlo y se fue “triste”. En realidad, él tomó dos decisiones desgarradoras: una terrenal y una eterna.

a. Tomó una decisión terrenal:

¡El hombre rico eligió sus posesiones sobre Jesús! Amaba a su dinero más de lo que quería ser salvado.
Jesús te está mandado la misma tarjeta de invitación. Puede que no sea con relación al dinero, sino con el placer, algún pecado, tu familia, tu independencia, etc. Ahora hazte esta pregunta “¿eso realmente vale más que mi alma?”. La Biblia dice “porque ¿de qué le aprovechará al hombre ganar todo el mundo, si pierde su alma?” (Marcos 8:36).

b. Tomó una decisión de vida eterna

Un día la juventud de este hombre se desvaneció y desapareció. Su prestigiosa posición se perdió con todo y la sociedad que se la daba. Se dio cuenta de que su religión y su estilo de vida moral no fueron suficientes. Tratando de conservar lo que tenía, lo perdió todo. Por último, la edad y la enfermedad le alcanzaron e incluso su vasta riqueza no podían prolongar lo inevitable, y murió. Hoy no sabemos ni siquiera cómo se llamaba. ¡Qué tristeza! él se había alejado de la única esperanza que tenía, se alejó de Jesús, su salvador.
Conocí a Juan mientras predicaba en una iglesia a la que él asistía. Ya tenía diez años en aquella congregación. Un hombre honesto, trabajador, parecía tan adventista: camisa, corbata, conocía los cánticos de las conferencias, predicaba a otros y hasta diezmaba. Sin embargo, me dijo que no podía entregar su vida al Señor por completo a través del bautismo, que Dios lo había llamado muchas veces, pero era imposible. Su empleo era lo único que sustentaba su familia y no podía arriesgarse a perder su trabajo por asistir a la iglesia en sábado. En su casa conversamos sobre su decisión por Cristo y, luego, de estudiar la Biblia, se atrevió seguir adelante con el Señor y bautizarse. Solo que ahora tenía que enfrentar a su jefe. Su paso de fe fue reconocido por Dios y pudo permanecer en su puesto. El prefirió a Jesús antes que todo y el Señor obró en su vida.
Piensa esto, lo que haces con el Señor en esta vida, determinará lo que sucederá contigo en el momento del juicio. En aquel momento será cuando el joven rico verá lo que realmente perdió, la eternidad. ¡Que Dios nos ayude a pesar bien nuestras decisiones ahora que hay tiempo! Te pregunto, ¿estas escuchando la voz de Jesús invitándote a venir a Él? Míralo con los brazos abiertos esperando por ti. Cristo te está llamando a una nueva, extrema y apasionante experiencia con El. Es tiempo de decisión, ¿qué vas a hacer?

CONCLUSIÓN

Este relato concluye con las palabras de Jesús a sus discípulos donde les indica cuán imposible es para el hombre alcanzar la salvación por sí mismo, de forma especial para aquellos que confían en sus riquezas, sean estas materiales o espirituales. “Para los hombres esto es imposible – dijo el Señor -, pero para Dios todo es posible”. (Mateo 19:26)
Considera donde está tu fe hoy, ¿has puesto tu confianza en quién eres? ¿Buen trabajo? ¿Un buen nombre? ¡Todas esas cosas van a fallar! Es posible que tengas mucho a tu favor, pero si no tienes a Jesús, estas perdido y condenado. Hoy el Señor quiere darte la victoria, quiere salvarte, no importa lo bueno o malo que has hecho. Recuerda la salvación no es un problema nuestro. La salvación es un regalo de Dios. ¡Solo debes aceptarlo!
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