CRISTO VENCIÓ EL PECADO - SU FINAL

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La única lucha y la única victoria sobre el pecado es Cristo a través de su Espíritu.

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Hebreos 12.1 NVI
Por tanto, también nosotros, que estamos rodeados de una multitud tan grande de testigos, despojémonos del lastre que nos estorba, en especial del pecado que nos asedia, y corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante.

INTRODUCCIÓN:

Este es el cuarto domingo que venimos hablando de la victoria de Cristo sobre el pecado. Hablamos de su origen, su efecto, su proceso, y hoy vamos a estar viendo su final.
Hebreos dice que el pecado nos asedia.
Un asedio es un bloqueo militar prolongado a una fortaleza, impidiendo que salgan los que están en ella o que reciban alguna clase de socorro de afuera. El asedio suele ir acompañado del asalto a la fortaleza para romperla, con el objetivo de conquistar mediante la fuerza o el desgaste.
Esta descripción es muy acertada, ya que muchas veces nos encontramos atrapados en las garras del pecado y por más que no queremos salir de nuestra fortaleza, terminamos entregándonos y rindiéndonos.
Pero hay esperanza de liberación y de vida en Cristo.
Vamos a ver como ponerle fin a ese asedio.

DESARROLLO:

PUESTO LOS OJOS EN JESÚS

Hebreos 12.2 RVR60
puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.
La primera propuesta para ponerle fin al asedio del pecado, es dejar de mirar el pecado, y comenzar a mirar a Jesús.
El pecado nos distrae...

El manuscrito más temprano disponible dice «nos distrae» en vez de «nos asedia». En el griego estas palabras son muy similares, pero la evidencia parece a «nos asedia». La diferencia es mínima. En ambos casos, el pecado supone una amenaza a que se corra la carrera.

No debemos tener los ojos fijos en el que nos está asediando, nos quiere entretener para que dejemos de mirar a Cristo y correr la carrera que tenemos por delante.
Y debemos considerar, tener en cuenta a aquel que lo logró. Si el lo logró, yo también.
Él abrió el camino para que nosotros también lo transitemos.
Hebreos 12.3 NVI
Así, pues, consideren a aquel que perseveró frente a tanta oposición por parte de los pecadores, para que no se cansen ni pierdan el ánimo.
El asedio nos desgasta, nos cansa, nos hacer perder el ánimo, y la muerte comienza a correr por nuestras venas ep

COMBATIENDO CONTRA EL PECADO

Hebreos 12.4 NVI
En la lucha que ustedes libran contra el pecado, todavía no han tenido que resistir hasta derramar su sangre.
El sacrificio de renunciar lo que desea nuestra carne, nuestro control, orgullo, soberbia, independencia.
Derramar la sangre significa morir a nuestra forma de vida. Hay cosas que ya están tan establecidas en nuestras vidas, que cambiarlas o dejarlas significaría la muerte.
Mateo 5.29 NVI
Por tanto, si tu ojo derecho te hace pecar, sácatelo y tíralo. Más te vale perder una sola parte de tu cuerpo, y no que todo él sea arrojado al infierno.
Jesús, en este dicho está usando lo que comúnmente se denomina un hipérbole. (Figura retórica de pensamiento que consiste en aumentar o disminuir de forma exagerada lo que se dice).
Esta descripción bien gráfica, muestra lo extremo que es el combate contra el pecado, no es cuestión de decir algunas palabras mágicas en una oración mística, sino es tomar decisiones dramáticas que nos cuestan mucho.
El ojo representa lo importante que es aquello que tenemos que dejar, pero si nos hace pecar, más vale perder lo más importante para nosotros, pero no perder al Señor.
El tema es el “hasta”… hasta derramar sangre… hasta donde estamos dispuestos a combatir contra el pecado.

VIVIENDO EN EL ESPÍRITU

Romanos 8.1–4 NVI
Por lo tanto, ya no hay ninguna condenación para los que están unidos a Cristo Jesús, pues por medio de él la ley del Espíritu de vida me ha liberado de la ley del pecado y de la muerte. En efecto, la ley no pudo liberarnos porque la naturaleza pecaminosa anuló su poder; por eso Dios envió a su propio Hijo en condición semejante a nuestra condición de pecadores, para que se ofreciera en sacrificio por el pecado. Así condenó Dios al pecado en la naturaleza humana, a fin de que las justas demandas de la ley se cumplieran en nosotros, que no vivimos según la naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu.
La única victoria posible es vivir en el Espíritu.
Juan 14.26 RVR60
Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.
1 Juan 2.27 NVI
En cuanto a ustedes, la unción que de él recibieron permanece en ustedes, y no necesitan que nadie les enseñe. Esa unción es auténtica—no es falsa—y les enseña todas las cosas. Permanezcan en él, tal y como él les enseñó.
El pecado crea dependencia de otras cosas y de otras personas, pero cuando uno vive en el Espíritu, no necesita mas nada que la unción.
No hay vida en el Espíritu sin Biblia, sin oración, sin adoración, sin obediencia.

CONCLUSIÓN:

1 Corintios 15.57 RVR60
Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo.
La vida cristiana es una vida de fe, de creer en el Señor y en lo que él dice de nosotros. Y si él dice que me da la victoria yo la recibo.
Romanos 8.37 RVR60
Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.
Si la palabra dice que soy más que vencedor entonces soy más que vencedor.
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