Estudio de Hageo 2:1-9
Estudio de Hageo 2:1-9
Base biblica
1. el mes séptimo—el año hebreo; el segundo año del reinado de Darío (1:1) un poco menos de un mes después que hubieron empezado la obra (1:15). Esta profecía fué dada muy poco antes P 942 que la de Zacarías.
Según el pacto que concerté—Lit., “(Yo soy con vosotros) la palabra que pacté;” eso es, Yo soy con vosotros como lo pacté con vosotros cuando salisteis de Egipto (Exodo 19:5, 6; 34:10, 11). El pacto de la promesa de Dios al pueblo elegido en Sinaí es un motivo adicional para que ellos perseveren. El término hebreo por “pactar,” es lit., cortar, que alude a las víctimas de los sacrificios partidas en la ratificación de un pacto. así—o bien, “y” en consecuencia. mi espíritu estará en medio de vosotros—para fortaleceros para la obra (1:14; Zacarías 4:6). La inspiración de Hageo y Zacarías en este tiempo fué un ejemplo de la presencia del Espíritu de Dios que permanecía aún con su pueblo, como él había estado con Moisés e Israel antiguamente (Esdras 5:1; Isaías 63:11)
6. De aquí a poco aun [otra vez] haré yo temblar—o bien, “Hay aún un poco de tiempo.” O “Hay ya solamente un corto plazo;” lit., un poco, es decir, un solo espacio breve hasta cuando ha de comenzar una serie de movimientos, o sea, los sacudimientos de las naciones pronto a empezar, que han de terminar en el advenimiento del Mesías, “el Deseado de todas las naciones.” (Moore.) El sacudimiento de las naciones indica juicios de ira sobre los enemigos del pueblo de Dios, que precederán al reino del príncipe de paz (Isaías 13:13). Los reinos del mundo no son sino el andamiaje para el templo espiritual de Dios, que ha de ser derribado cuando haya cumplido su propósito. Lo transitorio de todo lo que es terrenal debiera conducir a los hombres a buscar la “paz” en el reino eterno del Mesías (v. 9; Hebreos 12:27, 28). (Moore.) Los judíos en el tiempo de Hageo vacilaron respecto de ir adelante con la obra, por causa del temor al poder mundial medopersa, influídos por la astucia de los samaritanos. El profeta les asegura que éste y todos los demás imperios mundiales han de caer ante el Mesías, quien ha de estar asociado con este templo; por lo tanto no necesitan temer nada. Así Hebreos 12:26, que cita este pasaje: el apóstol compara el castigo más pesado que espera a los desobedientes bajo el Nuevo Testamento con aquel que tocaba a los tales bajo el Antiguo Testamento. Al ser establecido el pacto sinaítico, solamente la tierra fué conmovida para inaugurarlo, pero ahora cielo y tierra y todas las cosas han de ser sacudidas, eso es, juntamente con prodigios en el mundo de la naturaleza, todos los reinos que se opongan a la marcha del reino del Mesías—“el cual no puede ser conmovido”—han de ser trastornados (Daniel 2:35, 44; Mateo 21:44). Hebreos 12:27: “Aun una vez más,” favorece la Versión Inglesa. San Pablo condensa juntos los dos versículos de Hageo (vv. 6, 7, y 21, 22), indicando que fué una y la misma conmoción, de la cual los primeros versículos de Hageo denotan ser el principio, los últimos, el final. El sacudimiento empezó como introducción al primer advenimiento, y será terminada con el segundo advenimiento. Concerniente al último, véase Mateo 24; Apocalipsis 16:20; 18:20; 20:11; tocante al primero, véase Mateo 3:17; 27:51; 28:2; Hechos 2:2; 4:31. (Bengel.) Apenas hay una profecía del Mesías en el Antiguo Testamento que, en alguna extensión por lo menos, no se refiera a su segunda venida. (Isaac Newton.) El Salmo 68:8 menciona la destilación de los cielos cerca del monte (Sinaí); pero Hageo habla de la totalidad de los cielos creados: “Esperad solamente un poco de tiempo, aun cuando el prometido evento no está manifiesto aún, porque pronto Dios cambiará las cosas para mejor: no os detengáis con estos preludios para fijar los ojos en el estado presente del templo.” (Calvino.) Dios conmovió el cielo por los relámpagos en Sinaí; la tierra, para que diera aguas; la mar, para que fuera dividida en dos. En el tiempo de Cristo, Dios conmovió el cielo, cuando habló desde allí; la tierra, cuando ésta tembló; la mar, cuando mandó a las olas y los vientos. (Grocio.) Cicerón registra el silencio de los oráculos paganos en el tiempo de Cristo; y Dio la caída de los ídolos en el Capitolio Romano
8. Mía es la plata—(Job 41:11; Salmo 50:12.) Vosotros estáis desilusionados por la ausencia de estos preciosos metales en el adorno de este templo, en comparación con el primero; si yo lo deseara, podría adornar este templo con aquellas cosas, pero yo lo adornaré con una “gloria” (vv. 7, 9) mucho más preciosa, es decir, con la presencia de mi divino Hijo, en su velada gloria primero, y en su segunda venida con su gloria revelada, acompañada con el adorno exterior de oro y plata, del cual es el tipo el revestimiento dorado por dentro y por fuera puesto por Herodes. Entonces traerán las naciones ofrendas de aquellos preciosos metales que vosotros ahora tanto echáis de menos (Isaías 2:3; 60:3, 6, 7; Ezequiel 43:2, 4, 5; 44:4). La Jerusalén celestial será adornada similarmente, pero no necesitará de “templo” (Apocalipsis 21:10–22). Véase 1 Corintios 3:12, donde el oro y la plata representan las cosas más preciadas (Zacarías 2:5). La gloria interior de la redención del Nuevo Testamento sobrepasa en mucho a la gloria exterior de la dispensación del Antiguo Testamento. Así, en el cao individual del creyente pobre, Dios, si le pluguiese, podría otorgarle oro y plata, pero él concede tesoros mucho mejores, la posesión de los cuales podría peligrar por la posesión de aquéllos (Santiago 2:5).
9. La gloria de aquesta casa postrera será mayor que la de la primera—es decir, por medio de la presencia del Mesías, en cuya faz es dada la luz del conocimiento de la gloria de Dios (2 Corintios 4:6; véase Hebreos 1:2), y quien dijo de sí mismo, “en este lugar hay uno mayor que el templo” (Mateo 12:6), y quien “se sentaba diariamente enseñando en él” (Mateo 26:55). Aunque el templo de Zorobabel fué derribado hasta los cimientos cuando Herodes reedificó el templo, éste era considerado, desde el punto de vista religioso, no como un tercer templo, sino virtualmente el segundo templo. daré paz en este lugar—es decir, en Jerusalén, la metrópoli del reino de Dios, cuyo asiento era el templo: donde el Mesías “hizo la paz por la sangre de su cruz” (Colosenses 1:20). De esta manera la “gloria” consiste en esta “paz.” Esta paz empieza quitando las dificultades del camino del aceptamiento del culpable por el justo Dios (Salmo 85:8, 10; Isaías 9:6, 7; 53:5; Zacarías 6:13; 2 Corintios 5:18, 19); luego ella crea la paz en el propio corazón del pecador (Isaías 57:19; Hechos 10:36; Romanos 5:1; 14:17; Efesios 2:13–17; Filipenses 4:7); luego la paz en toda la tierra (Miqueas 5:5; Lucas 2:14). Primero la paz entre Dios y el hombre, después entre el hombre y Dios, y luego entre el hombre y el hombre (Isaías 2:4; Oseas 2:18; Zacarías 9:10). Como Silo (Génesis 49:10) significa paz, este versículo confirma la noción de que el versículo 7, “el Deseado de todas las naciones,” se refiere a Silo, o sea, el Mesías, predicho en Génesis 49:10.
