LOS DIOSES
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LOS DIOSES
LOS DIOSES
Salmo de Asaf.
1 Dios está en la reunión de los dioses;
En medio de los dioses juzga.
2 ¿Hasta cuándo juzgaréis injustamente,
Y aceptaréis las personas de los impíos?
Selah
3 Defended al débil y al huérfano;
Haced justicia al afligido y al menesteroso.
4 Librad al afligido y al necesitado;
Libradlo de mano de los impíos.
5 No saben, no entienden,
Andan en tinieblas;
Tiemblan todos los cimientos de la tierra.
6 Yo dije: Vosotros sois dioses,
Y todos vosotros hijos del Altísimo;
7 Pero como hombres moriréis,
Y como cualquiera de los príncipes caeréis.
8 Levántate, oh Dios, juzga la tierra;
Porque tú heredarás todas las naciones.
Salmo de Asaf.
1 Dios preside la corte de los cielos;
pronuncia juicio en medio de los seres celestiales:
2 «¿Hasta cuándo dictarán decisiones injustas
que favorecen a los malvados?
Interludio
3 »Hagan justicia al pobre y al huérfano;
defiendan los derechos de los oprimidos y de los desposeídos.
4 Rescaten al pobre y al indefenso;
líbrenlos de las garras de los malvados.
5 Pero esos opresores no saben nada;
¡son tan ignorantes!
Andan errantes en la oscuridad
mientras el mundo entero se estremece hasta los cimientos.
6 Yo digo: “Ustedes son dioses;
son todos hijos del Altísimo.
7 Pero morirán como simples mortales
y caerán como cualquier otro gobernante”».
8 Levántate, oh Dios, y juzga a la tierra,
porque todas las naciones te pertenecen.
Salmo de Asaf.
1 Dios preside el consejo celestial;
entre los dioses dicta sentencia:
2 «¿Hasta cuándo defenderán la injusticia
y favorecerán a los impíos? Selah
3 Defiendan la causa del huérfano y del desvalido;
al pobre y al oprimido háganles justicia.
4 Salven al menesteroso y al necesitado;
líbrenlos de la mano de los impíos.
5 »Ellos no saben nada, no entienden nada.
Deambulan en la oscuridad;
se estremecen todos los cimientos de la tierra.
6 »Yo les he dicho: “Ustedes son dioses;
todos ustedes son hijos del Altísimo.”
7 Pero morirán como cualquier mortal;
caerán como cualquier otro gobernante.»
8 Levántate, oh Dios, y juzga a la tierra,
pues tuyas son todas las naciones.
Salmo 82
Este es un salmo de sabiduría que Morgan caracteriza como “un reclamo desesperado que implora justicia,
a partir del sentimiento de la mala administración de aquellos que ejercen el poder.
En primer lugar anuncia que Dios es el Juez supremo.
Esto equivale a un reconocimiento de la perfecta equidad de las pautas de la justicia.
Los jueces que se tiene en mente han pecado al hacer acepción en la persona de los malos,
apartándose de este modo del trato que Dios ofrece a los hombres, ante quien todos ellos son responsables”.
Los comentaristas han disentido de manera aguda con respecto al significado del versículo l,
y por lo tanto con respecto a la aplicación de la totalidad del salmo.
Los “dioses” son interpretados por algunos (Oesterley) como deidades subordinadas o como ángeles (Hupfeld).
Sin embargo, tanto el contexto como el uso que nuestro Señor hace del versículo 6 en Juan 10:34
hacen pensar que aquí el salmista se refiere a reyes o magistrados culpables de haber usado su oficio para fines egoístas.
Con respecto a “Asaf” en el título véase la introducción al Salmo 50.
1. Juez de jueces
1 Dios está en la reunión de los dioses;
En medio de los dioses juzga.
2 ¿Hasta cuándo juzgaréis injustamente,
Y aceptaréis las personas de los impíos?
Selah
El versículo 1 se traduciría, literalmente, “Dios (Elohim) está de pie en la congregación de Dios (El);
en medio de los dioses (elohim) juzgará”. El mismo lenguaje se usa en el versículo 6:
V. 6 “Yo he dicho, vosotros sois dioses (elohim).”
Debiera observarse que elohim es un sustantivo plural que por lo general se traduce Dios o dioses pero que también se usa para designar seres sobrenaturales tales como ángeles u hombres de rango elevado y autoridad suprema.
La mejor comprensión de este versículo indicaría, por lo tanto, que “Dios, como juez supremo en medio de los gobernantes y jueces corrompidos de Israel, los reprende y condena”.
29 La pregunta que los jueces deben responder ante el Soberano está indicada en el versículo 2
2: ¿Hasta cuándo juzgaréis injustamente, y aceptaréis las personas de los impíos?
—es decir, los juzgaréis con parcialidad favorable a ellos.
Esta queja no es nueva (véase 1 S. 8:3; Is. 1:17; 3:13–15; Jer. 21:12; Am. 5:12, 15; Mi. 7:3; Zac. 8:9–10).
Selah; véase el comentario sobre 3:2.
2. La confianza y su traición (82:3–7)
La obligación específica de los jueces era defender la causa del débil y el huérfano, el afligido y el menesteroso (3),
protegiéndolos contra la opresión de los impíos (4).
Libradlo debiera traducirse “rescatadlo” (Berk.).
Las dificultades que tenían los indefensos para hacerse escuchar por los magistrados corruptos están muy bien ilustradas en Lucas 18:1–6.
1 También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar,2 diciendo: Había en una ciudad un juez, que ni temía a Dios, ni respetaba a hombre.3 Había también en aquella ciudad una viuda, la cual venía a él, diciendo: Hazme justicia de mi adversario.4 Y él no quiso por algún tiempo; pero después de esto dijo dentro de sí: Aunque ni temo a Dios, ni tengo respeto a hombre,5 sin embargo, porque esta viuda me es molesta, le haré justicia, no sea que viniendo de continuo, me agote la paciencia.6 Y dijo el Señor: Oíd lo que dijo el juez injusto.
En contraste con lo que debieran ser, estos hombres no saben (5;
no les interesa), pues han cerrado sus ojos a todo lo que pueda llevarlos a una interpretación recta de sus deberes.
Andan en tienieblas, permitiendo que sólo su voluntad egoísta los oriente, hasta el punto que tiemblan todos los cimientos de la tierra,
toda la estructura de la sociedad sufre el desorden y la corrupción.
Dios ha dotado de dignidad y autoridad a los gobernantes y jueces.
Con respecto a Vosotros sois dioses (6) véase el comentario sobre el versículo 1 y la aplicación que Jesús hace de este pasaje en Juan 10:34.
Son hijos del Altísimo con respecto al poder y las responsabilidades que se les han otorgado.
Pablo describe a los magistrados humanos en el ejercicio de su función como guardianes de la paz, como “poderes … ordenados por Dios” y “ministros de Dios”.
Resistir su autoridad equivale a resistir la autoridad de Dios (Ro. 13:1–6).
A causa de su traición a la confianza que se ha tenido en ellos, estos gobernantes corruptos han de morir, como cualquiera de los príncipes caeréis (7).
Su oficio y rango no los salvará del desastre.
