La Santidad de Dios
Introducción
Definición
La palabra bíblica santo tiene dos significados distintos. El significado principal es “lo apartado” o “lo otro”. Cuando decimos que Dios es santo, estamos llamando la atención a la profunda diferencia que existe entre Él y todas las demás criaturas. Se refiere a la majestad trascendente de Dios, a su augusta superioridad, en virtud de la cual Él es digno de todo nuestro honor, nuestra reverencia, nuestra adoración y nuestra alabanza. Él es “otro”, o es distinto a nosotros en su gloria. Cuando la Biblia habla de objetos santos, o de un pueblo santo, o de un tiempo santo, se refiere a objetos que han sido apartados, consagrados o hechos diferentes por la mano de Dios. El suelo que pisaba Moisés frente a la zarza que ardía era suelo santo porque Dios estaba allí, presente de una manera muy especial. Era la cercanía de lo divino que convertía a lo ordinario súbitamente en algo extraordinario, y a lo cotidiano en algo fuera de lo común.
El segundo significado de santo se refiere a las acciones puras y justas de Dios. Dios hace lo que está bien. Nunca hace algo que esté mal. Dios siempre actúa de manera justa porque su naturaleza es santa. Podemos entonces diferenciar la justicia interna de Dios (su naturaleza santa) de la justicia externa de Dios (sus acciones).
Las cosas en esta lista no son santas en sí mismas. Para llegar a ser santas, primero tuvieron que ser consagradas o santificadas por Dios. Sólo Dios es santo en sí mismo y sólo El puede santificar algo más. Sólo Dios puede con su toque, hacer que lo común se convierta en algo especial, diferente y separado
Recuerden que sólo Dios puede consagrar. (Cuando un ministro “consagra” un matrimonio o el pan de la Cena del Señor, se entiende que él sólo está proclamando una realidad que Dios ya ha consagrado. Esto es un uso autorizado de la consagración humana.) Cuando un ser humano trata de consagrar lo que Dios nunca ha consagrado, esto no es un acto de consagración genuina sino un acto de profanación, de idolatría
La fuerza completa de la exclamación de Isaías debe considerarse en el contexto del uso del lenguaje bíblico. La forma más frecuente para referirse a los mensajes de los profetas era “oráculo.” Los oráculos eran mensajes provenientes de Dios; podían ser buenos o malos. Los oráculos positivos empezaban con la palabra “bienaventurado.”
Pero Jesús también usaba la forma negativa del oráculo. Al pronunciar su airada denuncia contra los fariseos, les anunció el juicio de Dios diciendo, “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas!” (Mateo 23:13–29).
