¡Confía!

¡CONFÍA!  •  Sermon  •  Submitted
0 ratings
· 43 views
Notes
Transcript
Esta mañana quiero compartir algo que quizá has escuchado la frase es: ¡la salvación es gratuita! Esto es una gran verdad, pero, puede ser confuso para algunos. Por que, si la salvación es gratuita, no tienes que hacer nada, es un regalo y lo único que haces cuando te van a dar un regalo es extender la mano y recibirlo, no tienes que hacer nada.
Si bien es cierto que la salvación es gratuita, seguir a Jesús ¡tiene un costo! Y esto ya no es tan popular o atractivo. Si crees que eres espíritu envuelto en carne, crees que el espíritu es eterno, no muere, vivirá en algún lugar eternamente, pero cuando oyes esto de un costo, creo que empiezas a pensar en cosas como: qué debo dejar de hacer, ahora qué me van a pedir; y en esto tiene que ver algunas iglesias legalistas que prohíben hasta que te rías ¡no os divertiréis!
Al leer el NT, las condiciones, la forma como debes guiarte en la vida, la santidad de tu cuerpo, el perdonar a quienes te ofenden, etc. Esto, como costo no gusta. Por eso hay mucha gente que van a las iglesias buscando la salvación, pero no quieren seguir a Jesús, por el costo. Algunos van a la iglesia porque ¡son llevados! Otros para cubrir la cuota semanal de “religión, iglesia y similares”.
En esto del costo, lo primero en que se piensa es: ¿qué me van a pedir? ¿qué áreas de mi vida tengo que entregar? Y te da miedo cuando oyes la respuesta ¡Todas!
Nos da miedo, que, si le damos todo a Jesús, ya no tendremos el control y no sabemos qué va a pasar ¡eso da miedo! Puede pedirnos nuestro tiempo y no se lo queremos dar; puede pedirnos el negocio y no se lo queremos dar; puede pedirnos nuestra soltería y no se lo queremos dar y decimos: lo único que quería es ir a la eternidad con ÉL.
En algún momento de nuestra vida hemos visto cómo Dios ha sido fiel; con aquellas cosas que le entregamos y que aparentemente no iban bien, pero, a fin de cuentas ¡funcionaron! Y hemos visto que TODAS Sus promesas se cumplen, quizá no como esperamos, pero se cumplen. LA ORACIÓN DE MI SOBRINO ANTES DE MORIR. Aún así, hay veces que no queremos darle nuestros planes, el matrimonio, los hijos, porque da miedo. Porque solemos pensar que lo que damos es más de lo que vamos a recibir, y así no es negocio.
Así, hay muchos que se dicen cristianos, pero no son seguidores de Jesús, por el miedo.
El asunto verdadero, no se trata del valor de las cosas que no queremos soltar, sino si de verdad confiamos en Dios. ¿Confiamos en las promesas de Dios? ¿hará Dios lo que dijo que iba a hacer?
Lo que es de valor para Dios, no es el hecho de controlar nuestras vidas o de que ÉL necesite lo que nos pide, sino que ÉL sabe, lo que es mucho mejor para tu vida.
Dios honra la libertad que nos ha dado y nunca nos va a obligar a hacer algo, violando nuestra libertad. Dios nunca te va a arrebatar algo que ÉL te ha dado: tu libre albedrío. ÉL quiere que decidamos voluntariamente cederle todas las áreas de nuestra vida, ahí vemos que, muchas veces, la realidad es que ¡no confiamos lo suficiente en Jesús! Es como si pensáramos ¿qué tal si Dios no me cumple? ¿y si se equivoca? ¡no sé qué sucederá si cedo el control de mi vida! Y Dios dice: ¡Precisamente de eso se trata, que tu vida sea una aventura increíble! Solo quiero que confíes en mí.
Veremos una historia que trata de un hombre que estuvo escuchando a Jesús, quizá lo ha visto en ocasiones anteriores. Se trata de Pedro, quién en este momento no era famoso ni lo pensaba. Él sabía lo que era ¡un simple pescador! Destinado a trabajar año tras año en la pesca hasta morir, al igual que su padre pescador y sus hermanos, pescadores.
Si le preguntabas a Pedro de niño ¿qué quieres de ser grande? Diría: ya se lo que seré: pescador, no tengo que pensarlo mucho, ya lo sé. Lo único que quería ese día era pescar lo suficiente para llevar comida a la casa. Lejos está Pedro de imaginar que ese día su vida cambiaría.
Cierto día, mientras Jesús predicaba en la orilla del mar de Galilea, grandes multitudes se abalanzaban sobre él para escuchar la palabra de Dios.” (Lucas 5:1, NTV)
Los pescadores salían de noche, porque el agua estaba más fresca y los peces suben a la superficie; por la mañana lavan sus redes, las cuelgan a que sequen, para de nuevo salir por la noche a pescar.
Jesús está predicando, apretado por la gente, decide subir a una barca, la otra opción era adelantar la caminada sobre el agua; así que, sube a una barca que resulta ser la de Pedro; quizá Pedro está cerca de su barca lavando sus redes. Pedro sabe que Jesús es un profeta o algo así, lo ha escuchan hablar en otras ocasiones, lava sus redes y escucha a este hombre, Pedro está cansado, desvelado, quizá con hambre.
De repente Jesús le dice ¡vamos a pescar! Pedro quiero que te arriesgues por mí, quiero que hagas algo y que la gente vea que lo haces.
Pedro pudo decir: Jesús, he oído que eres carpintero, yo soy pescador y debes saber que ¡no se pesca de día! Es más ¿no ves que estoy lavando mis redes?
El asunto es que si la gente veía que Pedro sube sus redes para volver a pescar al medio día, seguro se burlarían de él y pensar+ian que se estaba volviendo loco. Pedro, informa a Jesús del tema, así como tú y yo solemos hacer.
¡Dios, no sabes lo difícil que es estar casado con… si lo conocieras como yo…!
¡Dios no sabes lo difícil que es no tener pareja! ¡Dios esta es mi última oportunidad!
Como si Dios no supiera y te fuera a decir ¡ahh, cierto, no lo había visto así! Tienes razón, lo siento.
Pedro le dice: ¡la gente nos está viendo! las redes están casi secas, estoy cansado, además ¡de día no se pesca! Si salgo contigo, voy a tener que lavar otra vez mis redes, ponerlas a secar y estaré más cansado para salir otra vez esta noche. Mi familia me está esperando. ¡Hay muchas en juego! ¿por qué me pides que vayamos a pescar!
Quiero ser cristiano y buen seguidor de Jesús, pero ¡Cómo que me pides muchas cosas! Y una vez más, confundimos lo que creemos que tiene valor y lo que verdaderamente está en juego; lo que está en juego es la confianza que decimos tener en Dios o que deberíamos tener en Dios.
PASAR EJEMPLO DE ALGUIEN QUE ME DE RELOJ Y REGRESARÁ MEJOR QUE COMO SUBIÓ.
El asunto no es la diferencia entre el valor del dinero y el valor del reloj, el asunto es si puede confiar en mí. La promesa de que al regresar, lo hará en mejor condición que al subir. Si me da diez pesos, me puede dar un reloj, las llaves de su carro, su casa, soltería ¡porque confía en mí!
El asunto no tiene nada que ver con el valor de las cosas ¡tiene todo que ver con la confianza! ¿confías en Dios? ¿qué tanto confías en Dios? Algunas veces nos pide cosas pequeñas, como donar una silla, visitar un enfermo, orar por un enfermo, pero al ir creciendo la fe, nos pide cosas de más valor para nosotros y que nos pueden distraer, pero siempre nos dará algo mejor, porque lo que está en juego no es el valor de las cosas, sino la confianza en Dios.
Regresar reloj, dinero, devocional.
Si ahora digo: ¡otro voluntario! Serán más quienes levanten la mano, será fácil darme un reloj o la cartera ¿sabes por qué? Porque ya viste lo que acabo de hacer.
Y la Biblia es un registro de la fidelidad de Dios a hombres y mujeres que no confiaban en el valor de las cosas, sino que tenían confianza en Dios. A Dios le podemos dar el reloj, el matrimonio, tus relaciones, tus hijos, el negocio, tu pasado, presente, futuro, tu esposo ¡todo! El asunto no es el valor de las cosas, sino ver si de verdad confías en Dios.
Mi deseo es que podamos crecer y cada vez que Dios nos pida algo, que confiemos en ÉL en todas las áreas de nuestra vida; cuando nos diga: ¡quiero que dejes ese trabajo! ¡quiero que esperes un año más mi promesa! ¡quiero que hables con esa persona! Que nuestra respuesta sea un reflejo de nuestra confianza en Dios.
Cuando terminó de hablar, le dijo a Simón: —Ahora ve a las aguas más profundas y echa tus redes para pescar.” (Lucas 5:4, NTV)
Pedro le dice: no lo haría por nadie más; no lo hago porque parezca lógico, porque ¡no lo parece! Es más, pienso que no pescaremos nada. No creo que nos vaya bien, pero te he escuchado y voy a confiar en ti. No me importa si se ríen de mí, pero si tú lo pides ¡lo haré! Porque tú lo pides.
Y esta vez las redes se llenaron de tantos peces, ¡que comenzaron a romperse! Un grito de auxilio atrajo a los compañeros de la otra barca, y pronto las dos barcas estaban llenas de peces y a punto de hundirse. Cuando Simón Pedro se dio cuenta de lo que había sucedido, cayó de rodillas delante de Jesús y le dijo: —Señor, por favor, aléjate de mí, soy demasiado pecador para estar cerca de ti.” (Lucas 5:6–8, NTV)
Pedro ve la gran pesca y dice: ¡wow! Qué montón de pescados ¡no! Dice: ¡soy pecador! Ahora dime ¿Qué tiene que ver? Pedro levántate, tienes pescados que limpiar, ya te volviste rico ¿qué pasó? Pedro dice: Ya entendí, cuando mi fe se encuentra con la fidelidad de Dios, me doy cuenta de con quién estoy tratando en realidad. Lo he visto, lo he oído ahora lo estoy conociendo. Este hombre no solo sabe mi nombre, ÉL sabe quién soy, ÉL conoce lo que esperaría que nadie más conozca.
En ese momento Jesús se volvió el Hijo de DIOS para Pedro y nunca más fue el mismo. En ese momento los pescados perdieron importancia para Pedro.
Cuando tú digas: Dios confío en ti, haré lo que me pidas, y cuando veas que Su fidelidad se encuentra con tu fe, te das cuenta de SU poder y que ÉL te conoce y te quiere mostrar Su Favor, Misericordia y Su Poder.
Entonces, el asunto ya no se trata del dinero, del negocio, tu juventud, el esposo, la novia, la renta, sino de que puedes confiar en DIOS porque ÉL te desea bendecir.
El camino más corto para experimentarlo en nuestra vida es cuando decimos: ¡voy a confiar en ti! Y cuando Dios se muestra, vas a caer de rodillas y adorarlo. Tu testimonio no será de pescados, si no de tu fe y tu confianza en ÉL creciendo.
Pues estaba muy asombrado por la cantidad de peces que habían sacado, al igual que los otros que estaban con él. Sus compañeros, Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, también estaban asombrados. Jesús respondió a Simón: «¡No tengas miedo! ¡De ahora en adelante, pescarás personas!». Y, en cuanto llegaron a tierra firme, dejaron todo y siguieron a Jesús.” (Lucas 5:9–11, NTV)
Tenía miedo de pescar, pero ahora tiene más miedo. Dejaron todo lo que tenían, la pesca, las redes, el barco. El milagro de los pescados se volvió irrelevante; ya no se trata del negocio, ya no se trata del matrimonio, no se trata de los problemas, la salud, la deuda, se trata de en quién estoy confiando. Ahora se que puedo confiar, aún cuando tengo miedo.
La historia termina con la frase: “Y siguieron a Jesús”. Seguir a Jesús tiene un costo, pero negarte a seguir a Jesús te va a costar mucho más. Imagina que Jesús le dice a Pedro: Si decides obedecer serás famoso, escribirás 2 libros, se construirá una catedral en tu honor. Dos mil años después van a seguir hablando de ti más que de emperadores. Quizá Pedro hubiera dicho: Ok, le entro.
Pero ¡Pedro no tenía ni idea! Así tú no tienes idea de lo que está en juego cuando decides seguir a tu Salvador. No sabes lo que está en juego con tu decisión de dejar de una buena vez esa relación que está mal, no sabes lo que está en juego con tu decisión de continuar con el matrimonio, con la decisión de cambiar tus prioridades, con tu obediencia a Dios.
Venir a Casa y escuchar estos temas no harán la diferencia, no harán que cambies, eso sucede cuando empiezas a obedecer y dices ¡Sí, confío en ti!
Cuando decides confiar en Dios, ÉL se hace cargo de ti. Hoy es el día.
Palabra de Dios
Oremos
Related Media
See more
Related Sermons
See more
Earn an accredited degree from Redemption Seminary with Logos.