¡Desesperado!
Desesperado por la bendición • Sermon • Submitted
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· 59 viewsConfresión, entrega, confianza
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Hagamos una rápida encuesta ¿cuántos son pacientes? ¿cuántos son desesperados? En ciertas áreas yo soy de los desesperados, de los impacientes. Si ya tenemos planeado comprar algo, yo soy de los de ¡vamos pero ya! ¡ahorita! ¿Quiénes son como yo? Por otra parte creo que todos queremos la bendición de Dios, la queremos de forma rápida, pero ahí sí ¡no somos desesperados! Este tema quiero desarrollar. Que seamos desesperados por la bendición de Dios.
Es la bendición que transforma, que no queda dudas que la presencia de Dios está con nosotros. Muchas veces nos quedamos conformes con nuestra vida espiritual y hasta nos justificamos diciendo ¡y antes era peor, da gracias que no soy igual! La pregunta es ¿qué tan cerca estás de lo que Dios quiere que seas? ¿Sabes que nuestro papel como iglesia es ser Casa de Dios y Puerta del cielo?
Hoy veremos una parte de la vida de Jacob, en la que el Señor, se le aparece y le dice que regrese a su tierra, a su familia, a su hermano y ÉL lo acompañará. Génesis 31. Léelo en casa.
Jacob, toma a sus 2 esposas y se las lleva; en cuanto el suegro se entera, empieza una persecución, quiere que regrese. El suegro llevaba varios años engañando a Jacob, 10 veces le cambió el salario y a pesar de eso, Jacob prosperaba, porque cuando un hombre, una mujer está en un pacto con Dios ¡Dios le bendice a pesar de la oposición que pueda tener! No hablo de dinero, hablo de toda bendición que incluye el dinero, la familia, hijos, vida, salud, trabajo.
El suegro Labán persigue a Jacob, va tan determinado que Dios se le aparece y prácticamente le dice ¡ni te atrevas a hablarle mal a Jacob! Dios tenía un pacto con Jacob. Hasta ese momento, Jacob se refiere a Dios como: el Dios de Abraham y de su padre Isaac, aún no lo considera su Dios.
Cuando el suegro lo encuentra le dice ¿por qué te fuiste sin decirme nada? Yo quería hacer una fiesta de despedida, despedirme de mis nietecitos, la barbacoa. Esto es parte del capítulo 31, aquí re tomamos la historia. Oremos
“Cuando Jacob emprendió nuevamente su viaje, llegaron ángeles de Dios a encontrarse con él. Al verlos, Jacob exclamó: «¡Este es el campamento de Dios!». Por eso llamaron a aquel lugar Mahanaim.” (Génesis 32:1–2, NTV)
Jacob va en su camino como si nada y de repente le salen al encuentro unos ángeles y aquí empieza algo interesante. Empieza a actuar movido por su naturaleza humana, por sus temores y a querer tomar el control de la situación.
¿Por qué? Porque tenía miedo de su hermano Esaú, y es que la última vez que se vieron, lo amenazó de muerte, dijo ¡la próxima vez que vea a mi hermano Jacob lo mato! Porque Jacob le robó la bendición de hijo mayor. Y ¡ésta es esa próxima vez! Esas palabras han resonado en la mente de Jacob por más de 20 años. Por eso hace planes, sus planes.
“Entonces Jacob envió mensajeros por delante a su hermano Esaú, quien vivía en la región de Seir, en la tierra de Edom. Y les dijo: «Den este mensaje a mi señor Esaú: “Humildes saludos de tu siervo Jacob. Hasta el momento, estuve viviendo con el tío Labán, y ahora soy dueño de ganado, burros, rebaños de ovejas y de cabras, y muchos siervos, tanto varones como mujeres. He enviado a estos mensajeros por delante para informar a mi señor de mi llegada, con la esperanza de que me recibas con bondad”».” (Génesis 32:3–5, NTV)
Jacob hace de su hermano su señor y empieza a pasar lista de sus propiedades, como queriendo impresionar a su hermano, para que no lo mate.
Pero recordemos un detalle ¡se le aparecieron ángeles! Ellos le dijeron de parte de Dios que regresara, le aseguraron que ¡no está sólo! Dios le dice que vaya, ahhh, pero no era suficiente, Jacob quiere asegurarse, quiere tomar el control de la situación.
“Después de transmitir el mensaje, los mensajeros regresaron y le informaron a Jacob: «Nos encontramos con su hermano Esaú y ya viene en camino a su encuentro, ¡con un ejército de cuatrocientos hombres!».” (Génesis 32:6, NTV)
Cuando se entera que viene con 400 hombres, las piernas le empiezan a temblar, se muere de miedo. Cree que su sospecha se hará realidad.
“Jacob quedó aterrado con la noticia. Entonces separó a los miembros de su casa en dos grupos, y también a los rebaños, a las manadas y a los camellos, pues pensó: «Si Esaú encuentra a uno de los grupos y lo ataca, quizá el otro grupo pueda escapar». Entonces Jacob oró: «Oh Dios de mi abuelo Abraham y Dios de mi padre Isaac; oh Señor, tú me dijiste: “Regresa a tu tierra y a tus parientes”. Y me prometiste: “Te trataré con bondad”.” (Génesis 32:7–9, NTV)
¿Qué notas? Como que es bipolar ¡hace planes por su cuenta! y al ratito se vuelve espiritual y empieza a orar ¡igualito a nosotros!
Dios le dijo que regrese y Jacob reconoce que Dios le ha hablado, entonces ¿por qué tiene tanto miedo? Dios le dijo ¡YO te trataré con bondad!
“No soy digno de todo el amor inagotable y de la fidelidad que has mostrado a mí, tu siervo. Cuando salí de mi hogar y crucé el río Jordán, no poseía más que mi bastón, ¡pero ahora todos los de mi casa ocupan dos grandes campamentos!” (Génesis 32:10, NTV)
Cuando escapó no tenía más que un pedazo de madera del bastón y la ropa que llevaba puesta. Jacob ha visto la misericordia de Dios, ha visto la provisión, el Poder de Dios y la prosperidad de Dios.
Él ha visto como Dios lo ha cuidado, como lo ha protegido, lo ha bendecido, se le aparecieron ángeles y a pesar de eso piensa que va a morir ¡antes de llegar a donde Dios le dijo que lo llevaría! Y aún así, sigue pensando cómo hacerle para salir de su problema.
¿Has vivido etapas similares en tu vida? En esto nos parecemos a Jacob, hemos recibido Palabra, hemos visto Sus milagros de sanidad, provisión, promesas cumplidas, sin embargo, a la primera que nos vemos en un aprieto, buscamos nosotros la forma de salir del problema ¡con nuestras fuerzas! En el matrimonio, los hijos, la salud, las finanzas, el trabajo, lotería.
“Oh Señor, te ruego que me rescates de la mano de mi hermano Esaú. Tengo miedo de que venga para atacarme a mí y también a mis esposas y a mis hijos. Pero tú me prometiste: “Ciertamente te trataré con bondad y multiplicaré tus descendientes hasta que lleguen a ser tan numerosos como la arena a la orilla del mar, imposibles de contar”».” (Génesis 32:11–12, NTV)
Jacob: si reconoces esa promesa para tu vida, entonces ¿por qué crees que te van a matar? Le estas repitiendo a Dios Su promesa y dudas que se cumpla y haces un plan B por si el plan de Dios falla. Y esto es para ti ¡le creemos a Dios o no le creemos!
“Así que Jacob pasó la noche en aquel lugar. Luego escogió de sus pertenencias los siguientes regalos para entregar a su hermano Esaú: doscientas cabras, veinte chivos, doscientas ovejas, veinte carneros, trienta camellas con sus crías, cuarenta vacas, diez toros, veinte burras y diez burros.” (Génesis 32:13–15, NTV)
“Separó esos animales en manadas y asignó cada manada a un siervo distinto. Luego dijo a estos siervos: «Vayan delante de mí con los animales, pero guarden una buena distancia entre las manadas».” (Génesis 32:16, NTV)
Aquí vemos la manipulación que Jacob planeó para que su hermano no lo matara. Debemos saber que nuestros problemas no se solucionan con nuestras habilidades, la respuesta verdadera, exacta ¡viene de Dios! Hay cambios en tu vida que no podrás lograr por tus fuerzas ¡necesitas la gracia de Dios! Tienes que desesperarte y decirle ¡hasta que no me cambies no me suelto de tu altar!
“y asegúrense de decirle: “Mire, su servidor Jacob viene detrás de nosotros”». Jacob pensó: «Intentaré apaciguarlo enviando regalos antes de mi llegada, y cuando me encuentre con él en persona, quizá me reciba con bondad».” (Génesis 32:20, NTV)
“Así que los regalos fueron enviados por delante, y Jacob pasó la noche en el campamento. Durante la noche, Jacob se levantó y tomó a sus dos esposas, a sus dos mujeres esclavas y a sus once hijos, y cruzó el río Jaboc con ellos.” (Génesis 32:21–22, NTV)
“Después de llevarlos a la otra orilla, hizo pasar todas sus pertenencias. Entonces Jacob se quedó solo en el campamento, y llegó un hombre y luchó con él hasta el amanecer.” (Génesis 32:23–24, NTV)
Se levantó de noche, manda a su familia y se queda despierto, y es que cuando tenemos un problema o una necesidad ¡nos roba el sueño! Y no podemos dormir de tanto pensar ¿te ha pasado? Esa noche se queda sólo.
Hay momentos en la vida que te quedas solo, sola; en ese momento es cuando Dios viene a tratar contigo y qué bueno que es así, en la soledad o lo hace delante de la gente y te avergüenzas.
Sólo en la noche, la oscuridad, con miedo de su hermano que viene a matarle, pero hay un temor aún mayor que tiene Jacob, es el miedo de sí mismo, de su reacción, de lo que es capaz de hacer.
El mayor miedo es el de enfrentarnos honestamente con nosotros mismos, cuando nos reconocemos tal como somos, sabemos nuestra naturaleza y las cosas que hacemos cuando nadie no ve y de lo que somos capaces.
Por otra parte, Jacob sabe que se lo merece, engañó a su hermano y por eso necesita una seguridad. Tú y yo necesitamos una seguridad, y eso no te lo puede dar ningún pastor, iglesia, denominación, solamente Dios. Pero en esos momentos de crisis, piensas que estás solo, sola y ¡no es así! El Padre está contigo.
“Entonces Jacob se quedó solo en el campamento, y llegó un hombre y luchó con él hasta el amanecer.” (Génesis 32:24, NTV)
“Ahora el Señor presenta cargos contra Judá. Está a punto de castigar a Jacob por todos sus caminos engañosos y cobrarle por todo lo que hizo. Aun en la matriz, Jacob luchó con su hermano; cuando se hizo hombre, hasta peleó con Dios. Sí, luchó con el ángel y venció. Lloró y clamó para que lo bendijera. Allá en Betel se encontró cara a cara con Dios y Dios habló con él,” (Oseas 12:2–4, NTV)
Lloró y clamó ¡desesperado! Si tú no has llorado y clamado, quizá no estás lo suficientemente desesperado, esa desesperación que llega cuando sabes que no hay nada más que puedas hacer.
“Entonces Jacob se quedó solo en el campamento, y llegó un hombre y luchó con él hasta el amanecer.” (Génesis 32:24, NTV)
¡Sorprendente! Un ángel no pudo vencer a un hombre, en una ocasión un ángel mató a más de 170 mil sirios. Y Jacob es un hombre, sí, pero ¡un hombre desesperado por recibir una bendición! Hombre, mujer ¡tenemos esperanza! ¡no importa tu pasado! Lo que has hecho, en lo que te has metido ¡hay esperanza! Hombre en la carne, mentiroso, manipulador hay esperanza y todo eso era Jacob ¡sí es verdad! Pero está desesperado por una bendición.
La primera vez que Jacob vio un campamento de ángeles los dejó ir, ahora no lo dejará ir, ahora sí no se le escapa. Esa oportunidad la va a tomar.
Quizá tú has dejado ir oportunidades, otras crisis, enfermedades, errores, pero hoy es el momento de clamar por la bendición de Dios de forma desesperada.
El ángel le pregunta ¿qué quieres? ¡que me bendigas! El ángel dice: no, ¡eres un mentiroso! ¡bendíceme! No, eres un manipulador ¡bendíceme! No, estás confiando en tus fuerzas ¡bendíceme! No, tú no has sido justo ¡bendíceme! No me importa bendíceme ¡quiero cambiar!
“Cuando el hombre vio que no ganaría el combate….” (Génesis 32:25, NTV)
No podía con él, porque era un hombre de pacto, es verdad con muchas imperfecciones ¡sí! Pero un hombre desesperado. Jacob no se rindió y ya amanecía.
“…tocó la cadera de Jacob y la dislocó.” (Génesis 32:25, NTV)
Pensaríamos que sería suficiente para dejar ir al ángel, pero después leemos algo sorprendente:
“Luego el hombre le dijo: —¡Déjame ir, pues ya amanece! —No te dejaré ir a menos que me bendigas —le dijo Jacob.” (Génesis 32:26, NTV)
“… —No te dejaré ir a menos que me bendigas —le dijo __________.” (Génesis 32:26, NTV)
Podemos pedir la bendición de Dios, pero hay que pagar un precio, si estás dispuesto a pagar el precio ¡clama a Dios de forma desesperada! Y dile ¡no te dejaré ir a menos que me bendigas! No te dejaré hasta que vea tu Mano en mi vida, no te dejaré ir hasta que me restaures, no te dejaré ir hasta que me levantes. No te dejaré ir a menos que me bendigas.
“—¿Cómo te llamas? —preguntó el hombre. —Jacob —contestó él.” (Génesis 32:27, NTV)
¿Sabes qué significa Jacob? Manipulador, mentiroso, estafador, usurpador, Dios te pregunta ¿cómo te llamas? Si Dios te pregunta quién eres ¿qué respondes? Para que el cambio pueda venir, Dios va a pedir que confieses quién eres delante de ÉL y entonces, vendrá el cambio. ¿Cómo te llamas? ¿quién eres? Soy mentiroso, amargado, infiel, manipuladora, desleal.
“—Tu nombre ya no será Jacob —le dijo el hombre—. De ahora en adelante, serás llamado Israel….” (Génesis 32:28, NTV)
Muchas veces no recibimos la bendición porque nos resistimos a la transformación, quiero el cambio de mi consecuencia, sin ser transformado.
Quiero la bendición, pero no dejar esa relación ilícita, quiero la bendición, pero no dejar la mentira, etc.
Jacob fue sincero, le dijo ¡esto es lo que soy! No sé cómo cambiar, no he podido cambiar. No podemos recibir la bendición y seguir siendo mentirosos, o lo que sea, debe haber una transformación. Y Dios lo bendijo.
Lo que pensamos que es bendición, no se puede comparar con lo que Dios tiene para ti y para mí, después que eres transformado ¡nada es igual!
“…porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido.” (Génesis 32:28, NTV)
Entendemos la lucha con Dios, pero ¿qué lucha con los hombres? Había 2 hombres luchando en una sola persona, el hombre espiritual y el hombre carnal. El hombre de fe y el hombre temeroso. Luchó con sus 2 naturalezas, su mayor lucha no era con Dios, tu mayor lucha no es con Dios, es contigo mismo. ¡No te engañes! No digas ¡cuando yo quiera dejo de tomar, de fumar, de mentir, de robar, de engañar, de anojarme, de controlar, etc. porque ¡no es verdad! Y no me digas, si no lo he dejado es porque no he querido.
Pablo dijo: “Lo que no quiero hacer eso hago”. El espíritu quiere orar, la carne quiere dormir, el espíritu quiere ayunar, la carne quiere tlayudas.
“—Por favor, dime cuál es tu nombre —le dijo Jacob. —¿Por qué quieres saber mi nombre? —respondió el hombre. Entonces bendijo a Jacob allí. Jacob llamó a aquel lugar Peniel (que significa «rostro de Dios»), porque dijo: «He visto a Dios cara a cara, y sin embargo conservo la vida». El sol salía cuando Jacob dejó Peniel y se fue cojeando debido a su cadera dislocada.” (Génesis 32:29–31, NTV)
Cuando las personas vieron que regresaba cojeando, le preguntaban ¿de dónde vienes? ¿cómo estás? Y él decía: Bendecido, vengo de ver a Dios ¿dónde está mi hermano Esaú? Ya no tengo miedo.
¿Dónde está la enfermedad, el problema? Cuando soy débil, soy fuerte, cuando no puedo más, SU Poder está en mí. Cuando todos me han dejado, es cuando más siento Su presencia. Porque el ángel de Jehová está conmigo.
Por el resto de su vida Jacob no pudo ocultar que había estado en crisis, que lo llevó a la desesperación por la bendición de Dios, lo veías a la distancia.
Quizá quedes con la cicatriz de la cirugía, con la secuela del Covid, con la deuda en el banco, sin el negocio. Dios lo dejó cojo, pero ¡bendecido! Quizá lo dejó así para que no confiara en nada que no sea sólo Dios, en el Poder, la Gracia de Dios.
Si quieres estar desesperado por una bendición de Dios ¡de pie! Si quieres hacer de este altar tu altar ¡hazlo! Que hoy seas el día y éste el lugar de nuestro encuentro con Dios.
Palabra de Dios
Oremos
