La fe que justifica.

Grandes hombres de fe.  •  Sermon  •  Submitted
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Introducción.

En Costa Rica tenemos un Salón ubicado en el edificio central del Poder Legislativo y en el que se exhiben a quienes han ejercido la Jefatura de Estado o la Presidencia de la República es el salón más grande, que resalta por su belleza, y tiene en orden cronológico a quienes han ocupado esos altos cargos.
En las escrituras tenemos también un Salón dedicado a los grandes hombres y mujeres de la fe y de los cuales podemos imitar su ejemplo.
El gran predicador Charles Spourgeon dijo una vez; “poca fe traerá su alma al cielo, pero mucha fe traerá el cielo a su alma” Con respecto a este pensamiento; ¿no le gustaría a usted tener una gran fe?
El nombre Abel proviene del griego “Hebel” que siginifica; “lamentar” o “dolerse” posiblemente este nombre tiene que ver con la desilución de Eva en cuanto al caracter de su hijo Caín cuyo nombre en hebreo significa “una posesión” como si lo valorara sobre todas las cosas.
Hebreos 11.4 describe a Abel como el primer hombre de fe en la tierra y la demostración de esa fe se hizo visible precisamente en su ofrenda a Dios.
La pregunta que hoy hacemos a la escritura es; que había de singular en Abel para que este fuera citado como el primer gran hombre de fe en la tierra.

La fe se manifiesta en el caracter.

“Y miro Jehová con agrado a Abel” Gen4.
Abel era pastor de ovejas a diferencia de su hermano Caín que era labrador de la tierra. El oficio de Abel nos indica mucho de su caracter y conducta. La labor de pastor era la más sencilla y humilde en los tiempos bíblicos y prefigura el ministerio del Hijo de Dios como el “buen Pastor” quien da su vida por las ovejas.
Caín representa el cinismo del hombre de siempre convertirse en el centro, de sobresalir, de buscar y conseguir la ventaja sobre los demás el espiritu competitivo. Abel en cambio es el perdedor, el pasivo, quien en terminos de este mundo no sirve para nada.
Abel presenta su ofrenda con el caracter de un humilde y sencillo pastor, reconociendo la condición de su humanidad caída y la santidad de Dios.
Las escrituras no hablan de la fe de su padre, porque Adán en su estado de inocencia tuvo comunión perfecta con Dios, en cambio Abel nunca había visto a Dios, ni escuchado a Dios, y el conocimiento que tenía de Dios lo había recibido del testimonio de sus padres, por lo que es el primer hombre en creer en Dios sin haberle visto. Por eso Heb 11.1 nos da un significado claro de la fe...
“Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.” Heb 11.1
En todas las edades han existido y existirán estas dos clases de personas: los que se acercan a Dios como Caín, llenos de orgullo religioso, confiados en su propia capacidad para agradar a Dios y los que como Abel reconocen su incapacidad como hombres de ser salvos por sus meritos.
Caín representa el intento del hombre de reconciliarse con Dios por sus propios méritos.
El hombre no se pierde por algún pecado en especifico, no es por el pecado de adulterio, ni siquiera por el pecado de homicidio, el hombre se pierde por la incredulidad.
Abel en su humillación quiso agradar a Dios, no a su hermano Caín y eso precisamente es lo que enseña el libro de Hebreos en cuanto a la fe:
“Pero sin fe es imposible agradar a Dios”
No importa a quien usted desagrade si lo que busca siempre es agradar a Dios.
Su sangre clamando a Dios desde la tierra, demuestra cuán precioso fue a causa de su fe, aun estando muerto. Así que Abel nos es testigo de los efectos bienaventurados de la fe.

La fe se manifiesta en la gratitud.

“Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas”
Primero entendamos ¿QUE ES OFRENDAR?   
Es un acto de agradecimiento, es un acto de fe, es algo que se da como muestra de gratitud o amor a alguien. Es presentar un sacrificio o una dádiva como un acto de adoración.
En cuanto a dar a Dios; ninguna ofrenda será aceptable ante sus ojos sino proviene o nace de fe.
La fe de Abel se manifestó en su gratitud y generosidad, pues no solo escogió los primogénitos de sus ovejas sino también las mejores.
¿Como Abel y Caín podían saber que tipo de ofrenda agradaría a Dios?
La única respuesta a esta pregunta es una sola palabra; FE y eso precisamente hizo la diferencia entre la ofrenda de Caín y Abel.
“Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín” Heb 11.4a
Abel sentía tanto agradecimiento que no dudo que su ofrenda sería agradable a Dios, en cambio Caín nunca tuvo esa certeza, su corazón no era un corazón agradecido.
¿Cuan agradecido esta usted con Dios? ¿De que manera demuestra usted su agradecimiento a Dios? ¿Puede decir hoy que su fe se manifiesta en su gratitud?

La fe manifestada en la adoración.

“Por lo cual alcanzó testimonio de que era justo” Heb 11.4b
Caín al ofrecer su ofrenda decidió por si mismo la manera de adorar a Dios, en cambio Abel por la fe comprendió la manera en que Dios desea ser adorado.
Hoy se quiere que aceptemos la idea que todas las religiones son buenas y llevan a Dios y que por lo tanto debemos abrazarnos y aceptar como buena la religión de otros.
De hecho existen muchas religiones en este mundo, pero la verdad es que este mundo lo único que necesita es a Jesús.
David Barac, erudito en la materia dice que en el mundo actual hay 9,900 religiones diferentes, algunos tienen muchos dioses; solo los hindúes tienen 300 millones de dioses.
La verdad es que solo hay dos religiones en el mundo: la verdadera y la falsa. Hay la religión de la fe en Jesucristo y hay la religión de las obras, hay la religión de Caín y hay la religión de Abel.
“Ay de ellos! porque han seguido el camino de Caín” Jd 11
Abel nos enseña la adoración verdadera por medio de la fe en Jesucristo, por medio del sacrificio, Abel estaba anticipando y anunciando el sacrificio de Jesús el cordero de Dios.
“Y sin derramamiento de sangre no hay remisión de pacados” Heb 9.22
Caín representa el intento religioso del hombre de acercarse a Dios en sus propias condiciones, no con las condiciones de Dios.
El judío, como muchos hoy en día, pensaba que Dios tenía una balanza. En uno de los platos de la balanza colocaba las buenas obras y en el otro colocaba las malas obras. Si al morir, el plato con las buenas obras pesaba más que el plato con la malas obras, el judío se salvaba. En cambio, si al morir, el plato con las buenas obras pesaba menos que el plato con las malas obras, el judío era condenado.
“Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia” Is. 64.6
La sangre en la ofrenda de Abel hizo la diferencia.
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