HOGARES DE FE
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La mujer Sunamita (2 REYES 4:8–37)
EN ESTE PASAJE se observa claramente el cuidado de Dios por las mujeres y sus necesidades particulares. Aunque las mujeres se consideraban inferiores a los hombres en la mayoría de las culturas del antiguo Cercano Oriente, aquí, así como en muchos otros pasajes de las Escrituras, Dios muestra su preocupación por ellas.
(1) Esta mujer de Sunem (que se encontraba cerca de Jezreel), era una mujer importante (i.e., acaudalada) y tenía marido.
Cuando viajaba entre Samaria, Jezreel y otras ciudades, con regularidad y a invitación de ella, Eliseo se detenía en su casa … a comer.
La fe en Jehová de la mujer se pone de manifiesto por su deseo de beneficiar al varón santo de Dios. Con seguridad, ella era más extrovertida y sensible espiritualmente que su marido (cf. el comentario del v. 23).
Construir un pequeño aposento de paredes como cuarto de huéspedes sobre el típico techo plano de su casa y amueblarlo para comodidad de Eliseo.
LA GRATITUD DE ELISEO 4:11–13.
Después de que Eliseo disfrutó de la hospitalidad de la pareja por algún tiempo, por gratitud le vino el deseo de hacer algo por ellos.
Entonces dijo a Giezi su criado que transmitiera su oferta a la mujer. Quizá así lo hizo para hacer que ella se sintiera más inclinada a pedir algo a través del siervo que si el profeta la hubiera interrogado. En la oferta de Eliseo podemos ver la gracia de Dios hacia los fieles (v. 13; cf. v. 2).
Seguramente Eliseo disfrutaba de una cierta influencia en el palacio, a pesar de que se oponía a las políticas religiosas de Joram.
La mujer respondió: Yo habito en medio de mi pueblo, lo cual indica que estaba contenta con lo que tenía en la vida; estaba en paz y no tenía necesidades especiales.
14 Y él dijo: ¿Qué, pues, haremos por ella? Y Giezi respondió: He aquí que ella no tiene hijo, y su marido es viejo.
15 Dijo entonces: Llámala. Y él la llamó, y ella se paró a la puerta.
16 Y él le dijo: El año que viene, por este tiempo, abrazarás un hijo. Y ella dijo: No, señor mío, varón de Dios, no hagas burla de tu sierva.
La respuesta de la mujer a ese anuncio no significa que ella no quisiera un hijo, ya que cualquier mujer israelita lo desearía.
En Israel, ser estéril se consideraba una terrible tragedia.
Más bien, su respuesta indica que ella pensaba que le sería imposible tener un hijo. Lo que pidió a Eliseo fue que no la hiciera concebir falsas esperanzas que posteriormente se verían frustradas.
(2) Nacimiento y muerte del niño. 2 REYES 4:17–23. Al igual que Sara (cf. Gn. 18:12–13; 21:2), la sunamita concibió, y dio a luz un hijo al año siguiente como Dios había prometido.
Pero una mañana, el niño, que evidentemente era tierno todavía, salió con su padre, que estaba con los segadores en la época de la cosecha y debido al calor intenso, repentinamente le dio un fuerte dolor de cabeza.
El muchacho fue llevado de brazos a su madre, pero en lugar de recuperarse, murió al poco tiempo, tal vez por insolación. Es evidente que el muchacho estaba muerto, no sólo desmayado (cf. 2 R. 4:32); y su madre lo sabía.
Sus pensamientos volaron de inmediato a Eliseo y se dispuso a buscar su ayuda. Es probable que no haya dicho a su marido que el niño había muerto, por temor a que él no la dejara ir si lo sabía.
Cuando le dijo que quería ver a Eliseo (al varón de Dios; cf. vv. 9, 16, 21, 25 [dos veces], 27 [dos veces]), él se extrañó, ya que no era nueva luna, ni día de reposo, que eran los motivos de festivales religiosos. Es evidente que las preocupaciones espirituales del marido eran superficiales y ritualísticas. La respuesta de ella fue: Paz (v. 23), que fue dicha para evitar cualquier otra explicación y más demoras.
(3) El ruego de la madre (4:24–31).
2 REYES 4:24–26
Con rapidez, la mujer hizo enalbardar el asna, y dijo al criado: Guía y anda. Eliseo se encontraba a pocos 25 kms. de distancia, en el monte Carmelo. Es interesante que ella supiera dónde encontrarlo.
Y cuando el varón de Dios la vio de lejos, mandó a Giezi a que la interceptara. Pero ella no quería perder tiempo dando explicaciones; quería ver a Eliseo. Su confianza estaba depositada en la capacidad de Eliseo como varón de Dios, no en su siervo.
27 Luego que llegó a donde estaba el varón de Dios en el monte, se asió de sus pies. Y se acercó Giezi para quitarla; pero el varón de Dios le dijo: Déjala, porque su alma está en amargura, y Jehová me ha encubierto el motivo, y no me lo ha revelado.
28 Y ella dijo: ¿Pedí yo hijo a mi señor? ¿No dije yo que no te burlases de mí?
Llegando a donde estaba el varón de Dios …, se asió de sus pies, postura que denota humildad extrema, necesidad y desesperación.
Por su parte, Giezi pensaba que su comportamiento era por demás impropio, pero Eliseo reconoció que era expresión del más profundo dolor y amargura.
Como sucede con frecuencia cuando nos encontramos bajo tensión extrema, las primeras palabras de la mujer no mencionaron el motivo de su visita, sino la forma en que se sentía por lo sucedido. A continuación, le dijo que haber tenido un hijo que había muerto era una pérdida completa de sus esperanzas, peor a nunca haber tenido a su hijo. Estaba tan desesperada por la muerte del muchacho, que en ese momento sentía que hubiera sido mejor nunca haberlo tenido.
4:29–31. Sin duda, Eliseo entendió que el niño había muerto; Entonces mandó a Giezi con su báculo, que era símbolo de su autoridad como profeta del Señor. Le dio instrucciones de que lo pusiera sobre el rostro del niño.
Eliseo estaba seguro de que Dios iba a honrar ese método, o bien quería enseñar una lección a su criado. Giezi debía trasladarse de inmediato a Sunem; no debía saludar a nadie que encontrara en el camino ni regresar el saludo de otros. (La gente del Oriente pasaba mucho tiempo dando y respondiendo a prolongadas salutaciones.)
La madre del niño dijo a Eliseo: Vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré.
Así que Eliseo se levantó y la siguió de regreso a Sunem. Giezi había ido delante de ellos, por lo que se supone que Eliseo lo siguió a un paso más lento.
El siervo siguió al pie de la letra las instrucciones del profeta, pero el niño … no tenía voz ni sentido, ni volvió a la vida. Así que regresó a su amo y le informó lo que había sucedido.
(4) El milagro del profeta (4:32–37).
32 Y venido Eliseo a la casa, he aquí que el niño estaba muerto tendido sobre su cama.
33 Entrando él entonces, cerró la puerta tras ambos, y oró a Jehová.
34 Después subió y se tendió sobre el niño, poniendo su boca sobre la boca de él, y sus ojos sobre sus ojos, y sus manos sobre las manos suyas; así se tendió sobre él, y el cuerpo del niño entró en calor.
35 Volviéndose luego, se paseó por la casa a una y otra parte, y después subió, y se tendió sobre él nuevamente, y el niño estornudó siete veces, y abrió sus ojos.
Eliseo entró en el aposento y cerró la puerta tras ambos para poder concentrarse en la oración del objeto de su intercesión, mientras Giezi y la mujer permanecían fuera del cuarto.
El denuedo con que oró Eliseo a Jehová se observa por su postura, pues se tendió sobre el niño. Como resultado del contacto con el cuerpo del profeta, el cuerpo del niño entró en calor; Dios estaba empezando a contestar la oración de su siervo.
Entonces, Eliseo se paseó por la casa a una y otra parte, evidentemente vaciando su alma en oración ferviente y perseverante.
Regresó a tenderse obre el cuerpo del muchacho nuevamente. Esos movimientos no eran una especie de magia, eran expresiones externas de un hombre que estaba en momentos de denodada oración.
Dios restauró la vida del muchacho, el aire volvió a sus pulmones, estornudó siete veces (el siete indica una obra de Dios; cf. 5:14), y abrió sus ojos. Esas fueron las primeras señales de que Dios lo había revivido.
36 Entonces llamó él a Giezi, y le dijo: Llama a esta sunamita. Y él la llamó. Y entrando ella, él le dijo: Toma tu hijo.
37 Y así que ella entró, se echó a sus pies, y se inclinó a tierra; y después tomó a su hijo, y salió.
. A continuación, el profeta llamó a Giezi y le pidió que llamara a la sunamita, quien probablemente también estaba orando en algún aposento privado.
Entrando ella en el cuarto, y al ver a su hijo vivo, primero ella se echó a los pies del profeta debido al respeto y gratitud que sentía (cf. v. 27), y se inclinó a tierra delante de Jehová en adoración. Después, ella tomó a su hijo, probablemente en sus brazos, y salió llena de gozo y gratitud por lo que Dios había hecho por ella.
A través de esta historia observamos LECCIONES DE FE la mujer que brillan por doquier (cf. vv. 8–10, 16, 21–22, 24–25, 27, 30, 37).
1.- ES UNA BENDCION TENER LA PRESCENCIA DE DIOS EN EL HOGAR
2.-COLOCA ADIOS EN UN LUGAR ESPECIAL lugar apropiado
3.TU HOGAR PUEDE SER BENDICION INCLUSO MUCHOS SIN SABER HOSPEDARON ANGELES
4.Dios premió su confianza con un nacimiento milagroso y una resucitación milagrosa.
TE GUSTARIA TENER LA PRESENCIA DE DIOS EN TU VIDA
TE GUSTARIA QUE TU HOGAR SEA UN HOGAR DE BENDICION
HAY ALGUN MILAGRO QUE DESEES QUE DIOS HAGA EN TU VIDA
UNA PROMESA ESPECIAL
“Los angeles juntaran a los escogidos de los cuatro vientos, de un cabo del cielo hasta el otro. Santos angeles les llevan niñitos a los brazos de sus madres. Amigos a quienes la muerte ha separado desde largo tiempo se reunen para no separars jamas y con cantos de laegria suben juntos a la ciudad de Dios”. CS 627
Walvoord, J. F., & Zuck, R. B. (1996). El conocimiento bíblico, un comentario expositivo: Antiguo Testamento, tomo 3: 1 Reyes-Ester (pp. 86–88). Puebla, México: Ediciones Las Américas, A.C.
