Poder y Humildad

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Sigamos el ejemplo de poder y humildad de nuestro Señor Jesús

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Tumba y Cruz
Todos tenemos áreas de influencia, hay un círculo de personas sobre las que tenemos cierta influencia. Solemos pensar en quienes tienen autoridad, poder sobre nosotros, creyendo que no tenemos; la verdad es que si eres padre, tía, hermano, maestro, novio, novia, hermano mayor tienes cierta influencia sobre las personas que te rodean, quizá no todas, pero sí en algunas, tienes influencia, y hasta cierto grado, tienes poder. Como padre tienes poder de autorizar o no.
La pregunta es ¿por qué Dios nos deja tener poder? ¿por qué nos deja ejercer poder? Algo más es que el poder o influencia nos es otorgado, ya sea por alguien o por una circunstancia especial, entonces, de la misma forma como se nos da, se nos puede quitar, de ahí que el poder que se nos otorga es temporal.
¿Conoces personas que tienen mucho poder, pero nada de humildad? Quizá has trabajado con alguien así; o has conocido personas humildes, pero sin poder o influencia. Ahora imagina que puedes juntar un gran poder con gran humildad ¿te imaginas? Sería algo poderoso.
El Señor Jesús dejó señales de cómo quería que sus amigos usaran el poder que les estaba dando.
Hoy recordamos la resurrección de Jesús, en este día quiero llevar su atención a un mensaje increíble de Poder y Humildad. El poder demostrado al dejar una tumba vacía y la humildad de morir en la cruz.
Estos 2 iconos juntos, en una sola semana y en una misma persona. Es un mensaje poderoso que no podemos pasar por alto: la vida de nuestro Salvador y por irónico que parezca, este mensaje es bien fácil de pasarlo por alto, con todo y lo impactante que es.
Nuestra inclinación al tener poder es usarlo para nuestro beneficio, usarlo para proteger el poder que tenemos y si algo amenaza ese poder, haremos lo posible por eliminar la amenaza. Pero, es precisamente cuando tienes poder que necesitamos recordar la humildad. O sea que a más poder financiero, o en una relación, lo mejor es permanecer humildes.
Por eso, Semana Santa y especialmente este día es un recordatorio de poder y humildad. Un poder asombroso para salir de la tumba después de estar por varios días y humildad extraordinaria demostrado en la cruz. La parte que estudiaremos condensa de la mejor manera la cruz y la resurrección de nuestro Señor Jesús ¡Poder y Humildad!
Hay una carta llamada Filipenses, fue escrito por alguien que se convierte en seguidor de Jesús después que resucitó, y nos da unas palabras que hasta el día de hoy, se escriben libros tratando de explicar lo que este hombre quiso decir. Lo escribió, después de pasar tiempo con los que estuvieron más cerca de Jesús: los discípulos.
Una parte de la historia la vemos en el libro de los Hechos. Después que Jesús fue crucificado y resucitó, se reúne con sus discípulos, les dice que recibirían poder y autoridad, no sólo físico para poder soportar pruebas, sino espirituales.
La Biblia dice que semanas después, estos hombres fueron tocados por el Espíritu Santo y algo místico sucedió, después de eso salen a las calles de Jerusalén -la misma ciudad en que Jesús fue considerado enemigo público No. 1- y empezaron a dar un mensaje, pero no era un mensaje diciendo que Jesús era alguien importante, o que Jesús tenía un mensaje importante, ni para decir que Jesús era Hijo de Dios, ni que era buena persona, ni que hizo milagros y cosas bonitas, no dijeron las parábolas o predicaciones que Jesús dijo. Salieron a las calles a decir que Jesús, a quienes ellos habían crucificado ¡se había levantado de los muertos!
Este mensaje se lo estaban diciendo a las personas que vieron a Jesús caminar por las mismas calles que ellos caminaron, vieron SU arresto. El mensaje que decían era ¡Jesús ha resucitado! Cuando los discípulos decían eso, las personas no se ríen de ellos, tampoco los llevan a la tumba para mostrarles el cuerpo. La historia y la Biblia dice que miles y miles de judíos se arrepienten de sus pecados y aceptan a Jesús como Mesías. Creyeron el testimonio de estos hombres que salieron de un cuarto y empezaron a dar este mensaje: ¡Jesús ha resucitado.
Lo interesante es que esas mismas personas que oyen ese mensaje no creyeron cuando Jesús predicó, no creyeron cuando les dijo que era Hijo de Dios. Pero ahora miles de personas en pocos días -como dice Hechos-, aceptan a Jesús como Salvador y no basado en los milagros o en las pláticas públicas que dijo, sino que lo aceptan y reconocen por el testimonio de que había resucitado.
Después de esto los discípulos se convierten en personas importantes, influyentes, porque son quienes pasaron más de 2 años con Jesús. Ahora son populares; el pueblo judío se da cuenta de que Jesús, el Mesías vino y se fue, no lo pudieron reconocer, pero ahora ahí está su hermano Santiago y los demás que estuvieron con ÉL: Mateo, Pedro, Juan, Jacobo.
De un día a otros, miles de personas siguen a los discípulos, son influyentes, personas con poder y ¿sabes qué hicieron con ese poder? ¿qué hicieron con la influencia que la gente les estaba dando? Hicieron lo mismo que hizo su Maestro. Lo usaron por el bien del mensaje y de la causa y no para su propio beneficio. No construyeron reinos alrededor de ellos, es más, todos -menos Juan- fueron mártires, murieron de maneras crueles.
Estos hombres aprendieron la lección cuando Jesús les dijo que ÉL era Hijo de Dios y que estaba a punto de ser crucificado por el perdón de los pecados de toda la humanidad. Es más, la persona más importante dentro del cuarto donde les dice eso: ¡Es ÉL! ¿qué hace después? ¡les lavó los pies! En otras palabras les está diciendo: “Cuando tengan poder y tengan influencia, su actitud, su forma de actuar debe ser para ayudar a las personas alrededor de ustedes.”
Una de las razones por las que el evangelio se expandió tan rápido, fue por la autenticidad y por la manera como usaron el poder y la influencia. El reto esta mañana es para los que decimos que somos seguidores de Jesús, que somos cristianos. Es lo que el Señor Jesús dice después de lavar los pies.
Ciertamente les aseguro que ningún siervo es más que su amo, y ningún mensajero es más que el que lo envió.” (Juan 13:16, NVI)
En otras palabras: lo que YO he hecho por ustedes, ahora les doy la responsabilidad que lo hagan a otros. Así, de manera sencilla, pero poderosa, vemos cómo Jesús uso Su poder y humildad para perdonar a los que le clavaban en la cruz.
La pregunta que debemos hacernos es ¿cómo uso yo, el poder o influencia que tengo? Tengo el poder o la influencia, pero ¿tengo la humildad? ¿qué pasaría si en el trabajo, las relaciones con los demás? ¿qué pasaría si junto con el poder que Dios te da, lo acompañas con humildad de corazón? Porque cuando el poder se junta con la humildad, se crea una combinación poderosa.
Pablo dice:
No sean egoístas; no traten de impresionar a nadie. Sean humildes, es decir, considerando a los demás como mejores que ustedes.” (Filipenses 2:3, NTV)
Considerando a los demás, la pregunta es ¿quiénes son los demás? Seguramente a quienes son mejores que yo, porque seguramente no se refiere a to-dos-los-de-más, sino algunos ¿o no? Pero, la intención del verso es precisamente ese, que veas alrededor y pienses que los demás son mejores que yo -no que en realidad lo sean-, pero que los trate como si lo fueran ¿cómo los tratarías si pensaras así?
Es lo mismo cuando lees “ama a tu prójimo como a ti mismo” y queremos que nos definan ¿quién es mi prójimo?
No se ocupen sólo de sus propios intereses, sino también procuren interesarse en los demás.” (Filipenses 2:4, NTV)
Otra vez esa palabrita “los demás” ¿quiénes son los demás? ¿Acaso los negocios de los demás son más importantes que los míos? ¡debo preocuparme por los demás! Y ¿qué de mis cosas? Acaso ¿no soy yo el más importante? Pero Pablo, que es un hombre preparado, lo que nos dice es: seamos lógicos, congruentes, si decimos que somos seguidores de Jesús ¿no deberíamos tener la misma actitud que Jesús, en cuanto al trato con los demás? ¿no deberíamos tener la misma perspectiva en cuanto al poder, influencia, humildad? Y por si hubiera dudas, Pablo nos dice: deja que te diga cómo uso Jesús ese poder, influencia y demostró humildad.
Aunque era Dios, no consideró que el ser igual a Dios fuera algo a lo cual aferrarse.” (Filipenses 2:6, NTV)
Jesús, Dios encarnado, divino, igual a Dios, Hijo de Dios de forma única. Los fariseos le preguntaron ¿eres Hijo de Dios? Jesús no contestaba, sólo los miraba y se retiraba ¡por eso lo odiaban! ¡por eso lo crucificaron! Aunque sabía que es Hijo de Dios, nunca intentó sacar provecho para sí mismo.
Nunca se salto la fila del banco diciendo: abran cancha ¡soy Jesús! Nunca le dijo a otra persona ¿acaso no sabes quién soy? ¡no sabes con quien estás hablando! ¡nunca! Ni una sola vez, no uso su influencia para su propio beneficio, aunque por naturaleza: Dios, no consideró esto para sacar ventaja.
Pero ¿Qué tal nosotros? ¡somos tan culpables! ¿cuántas veces hemos querido sacar ventaja de nuestro puesto? O un título o ministerio ¡soy el pastor, profeta, apóstol! O, soy compadre de…, o por el dinero que tengo puedo comprar todo, todo.
Pablo dice: en toda Su vida y ¡teniendo todo el derecho! Nunca lo uso para SU ventaja, nunca hizo presunción de ser Hijo de Dios, nunca uso quién es para SU provecho, nunca dijo ¡obedece Soy Jesús!
Por el contrario, se rebajó voluntariamente...” (Filipenses 2:7, NVI)
Se rebajó, se quitó, renunció a lo que era, se vació a sí mismo de sí mismo; no fue egoísta. El egoísmo es lo que causa conflicto en tu matrimonio, en el trabajo, porque sólo una persona puede tener la razón, y ¿adivina quién soy? Pero ÉL se vació de todo. Aunque tenía toda la autoridad, aunque todo era sobre ÉL y tenía el poder para que todo girara literalmente a SU alrededor ¡no lo hizo así!
…tomando la naturaleza de siervo y haciéndose semejante a los seres humanos.” (Filipenses 2:7, NVI)
Jesús se veía como cualquiera de nosotros, una persona normal, de manera que todos pensaron que era solo un hombre cualquiera, y que querría sacar provecho de el poder y la influencia que tenía -por eso le temían-, dejó toda Su divinidad para ser todo hombre y no solo hombre, sino siervo. ¡Eso hizo con SU poder!
se humilló a sí mismo en obediencia a Dios y murió en una cruz como morían los criminales.” (Filipenses 2:8, NTV)
Esto es ¡asombroso! ¡Nosotros ni siquiera nos queremos humillar para reconocer que estamos equivocados! No queremos ser humildes como para ceder en una discusión. Nos cuesta hasta en la fila del banco cuando vemos alguien conocido, no hacemos contacto visual para ayudarle y es verdad que son ejemplos simples, porque los ejemplos más reales son crudos, dolorosos. Se hizo obediente, se humilla y murió en una cruz como morían los criminales.
Yo no sé qué piensas hacer con el poder, la influencia que tienes, pero ya sabes qué fue lo que hizo Jesús, tu Salvador con el poder que tuvo aquí en la tierra. Una humildad asombrosa que se une a un poder asombroso, para hacer el acto más asombroso y poderoso.
Tú que nos ves en redes sociales, si eres nuevo en la iglesia o en el estudio de la Biblia, tal vez digas que Jesús hizo eso para dejarnos un ejemplo de lo que es el sacrificio, pero ¿cuál era Su propósito?
La forma más fácil de explicarlo es así: Dios está en un extremo y en otro estoy yo. Hay una distancia que nos separa. Las personas hacen cosas para poder acercarse a Dios, algunos hacen peregrinaciones, otros sacrificios, algunos ayunan, oran, otros van al templo, se confiesan, otros tienen diferentes expresiones. Pero de lo único que estamos seguros es que hay una distancia, una separación y no podemos escapar a esa verdad.
El dilema es -si se nos permite la expresión-, si Dios continuaba conservando todo SU poder y Gloria que ÉL merece, nosotros estaríamos perdidos, viviríamos sin esperanza y sin ningún poder para enfrentar al pecado ni las consecuencias del pecado. Pasaríamos toda la vida y generaciones preguntándonos y sin esperanza de tener respuesta ¿será que ya oré lo suficiente? ¡no estoy seguro! ¿será que ya hice los sacrificios suficientes? ¿será que mi corazón es en verdad sincero? ¡realmente no lo sé y no estoy seguro!
La única forma de romper el poder del pecado y la desesperanza en nuestras vidas, no era movernos hacia Dios -nunca llegaríamos a ÉL por nuestras fuerzas-, sino que Dios se moviera hacia nosotros, que se acercara. Y Dios no se quedó esperando que llegáramos a ÉL, porque sabía que no podríamos, por eso se acercó, prefirió buscarnos y mandó a Su Hijo a este mundo, dejando todo SU poder, y no solo lo demostró durante SU Vida, sino también en la muerte, ese viernes. Y no cualquier muerte, muerte en una cruz para pagar por el pecado, un pago que ni el sacrificio de todos los corderos del mundo podían cubrir, sólo la muerte del Cordero de Dios lo pudo hacer.
La razón por la que rehusó sacar provecho de ser Dios y por la que soportó la muerte de Cruz, la razón por la que se vació de sí mismo y permitió ser maltratado, llevado a la cruz a ser clavado como un criminal -sin serlo-, la razón por la cuál decidió mostrar esa humildad extraordinaria, fue por su increíble amor por ti y por mi. ¡Eso es lo que hizo Jesús con SU poder! ¿qué vas a hacer con tu poder e influencia?
Por eso cuando Pablo dice: Ismael, no solo veas por tus intereses, sino por los intereses de los demás, considera a los demás como mejor que tú ¡ya no tengo excusas! Como seguidor de Jesús me dice: considera a los demás como mejor que tú ¡me quedo sin argumentos, sin excusas!
Antes que levantes la mano, o las cejas para dar un argumento o pretexto, recordemos que:
“...ningún siervo es más que su amo...” (Juan 13:16, NVI)
Y eso es lo que hizo tu Salvador por ti y por mí, así que no hay excusa para no hacerlo. Hago una observación que no debería ser necesaria hacerlo, pero lo digo por mí. Deja de pensar en lo que tu cónyuge no ha hecho, esto no es un arma para que le digas: ¡ya vez, te hablaron, eso es para ti! ¡calla! Porque esto no es para él o ella, esto es exclusivamente para ti y para mí.
Cuando decidimos humillarnos y le agregas el poder que nos ha dado por medio de SU Espíritu Santo, es entonces que suceden cosas asombrosas y poderosas.
Algunos se consideran lejos de Dios o no cristianos, otros han rechazado el cristianismo, porque han conocido cristianos que hemos actuado mal, o que han entendido el poder, pero que no han entendido nada de humildad.
Imagina lo diferente que sería nuestra cultura, sociedad, iglesia, familia, matrimonio, tu vida, si los cristianos retomáramos estos 2 principios básicos y tan importantes que vemos en el mensaje de la cruz y la tumba vacía.
Humildad extraordinaria y Poder extraordinario. Si podemos practicar estos 2 conceptos, nuestra familia, el negocio, la sociedad sería diferente ¡nosotros seríamos diferentes!
En la cruz y en la tumba vacía, perdimos todas nuestras excusas para no hacerlo, porque el siervo, nunca es mayor que el amo, que el Maestro. Pablo termina así:
Por lo tanto, Dios lo elevó al lugar de máximo honor y le dio el nombre que está por encima de todos los demás nombres” (Filipenses 2:9, NTV)
No se que haces con tu poder, con tu influencia, pero esto es lo que tu Salvador hizo con el suyo, y al fin el Padre reconoció su extraordinaria humildad y el sacrificio extraordinario de Su Poder, por eso estamos aquí, 2 mil años después, al otro lado del mundo, adorando a El Salvador Resucitado.
Un ejemplo de lo que sucede a los que tienen poder y lo demuestran con humildad.
¿Cómo se verá esto reflejado en tu casa, con tus hijos, tu pareja, padres, en el trabajo, escuela, ministerio? ¿cómo se vería en las diferentes áreas de tu vida que usas tu poder o influencia? ¿Cómo sería si juntas el poder, la influencia que Dios te ha dado -que es temporal- y lo usas con humildad?
¿Cómo será si la iglesia no abandona este mensaje, este ejemplo que encontramos en Jesús? ¿qué si la iglesia decide retomar este principio? ¡que Casa de Fe adopte estos principios!
No sé qué piensas hacer con el poder o la influencia que tienes, pero esto es lo que hizo Jesús con SU Poder. Oremos que desde el momento que salimos de este lugar, cuando empiecen las batallas, podamos considerar a los demás como superiores a nosotros y actuar con humildad.
Palabra de Dios.
Oremos
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