La crisis nos hace fuertes

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La Crisis Nos Hace Fuertes

Apocalipsis 2:8–11 NTV
8 »Escribe esta carta al ángel de la iglesia de Esmirna. Este es el mensaje de aquél que es el Primero y el Último, que estuvo muerto pero ahora vive: 9 »Yo sé de tu sufrimiento y tu pobreza, ¡pero tú eres rico! Conozco la blasfemia de los que se te oponen. Dicen ser judíos pero no lo son, porque su sinagoga le pertenece a Satanás. 10 No tengas miedo de lo que estás a punto de sufrir. El diablo meterá a algunos de ustedes en la cárcel para ponerlos a prueba, y sufrirán por diez días; pero si permaneces fiel, incluso cuando te enfrentes a la muerte, te daré la corona de la vida. 11 »Todo el que tenga oídos para oír debe escuchar al Espíritu y entender lo que él dice a las iglesias. Los que salgan vencedores no sufrirán daño de la segunda muerte.

Introducción

Mike Breen, el autor del libro Las Siete Iglesias: Siendo Iglesia en Tiempos de Crisis, cuenta la historia de un hombre, que mientras exploraba un bosque en Canada, se topó con unos leñadores que estaban trabajando. Mientras los observaba le llamó la atención uno de los leñadores en particular.
Él veía cómo este leñador caminaba con gran habilidad, con sus botas con puntas, por encima de los troncos que estaban flotando en el rio. Su trabajo era remover el ataponamiento de los troncos para que estos pudieran ser transportados rio abajo. Y lo hacia utilizando una vara que tenía un gancho en la punta.
Mientras lo observaba, el hombre veía que mientras removía el ataponamiento, el leñador seleccionaba unos pocos troncos en particular y los halaba con su vara hasta la orilla del rio, separándolos de los demás.
Cuando llegó la hora del almuerzo, el hombre se acercó al leñador y le preguntó, ¿por qué hace eso?
A lo que el leñador contestó. Es que estoy escogiendo unos troncos en específicos para construir mi casa.
Entonces el hombre le pregunta, ¿y qué es lo que está buscando específicamente?
El leñador le contestó, estoy buscando árboles que crecen en el tope de la montaña.
Allá arriba hay tormentas todo el año y se experimentan grandes cambios de temperatura. Los aros internos de los arboles que crecen bajo esas condiciones están bien unidos y por lo tanto la calidad de la madera es superior.
Esos arboles que crecen bajo esas condiciones tan extremas son los más fuertes. Estos son los arboles que quiero para construir mi casa.

Nada que señalarles

De las siete iglesias del Apocalipsis, solo hay dos a las cuales Jesús no le hace ningún señalamiento. No tiene nada en contra de ellas. Estas son a Esmirna y a Filadelfia.
¿Sería que estas iglesias eran perfectas por lo cual Jesús no tuvo nada que señalarle?
Difícilmente. Estamos seguros que no hay tal cosa como una iglesia perfecta.
Entonces, ¿qué tenían estas iglesias que a pesar de ser imperfectas, el Señor no tuvo nada que señalarles?

Otra ciudad importante

Esmirna era otra ciudad muy importante de la región de Asia Menor en la época del imperio romano. Estaba ubicada a unas 35 millas al norte de Éfeso.
Algunos piensan que es una de las pocas ciudades de la antiguedad que permanecen hasta el día de hoy. Su nombre actual es Izmir.
Se dice que era una de las ciudades más hermosas de la región por la manera en que fue construida, por sus montañas y por la cantidad de arboles de mirra que rodeaban la ciudad.
Su nombre significa literalmente mirra. Que es una resina aromática utilizada mayormente para embalsamar a los muertos y así ayudar a neutralizar el hedor. Este fue una de los regalos que los sabios del oriente le trajeron a Jesús.
En el pasado Esmirna fue destruida por los lidios, en el siglos sexto antes de Cristo. Pero en el siglo 4 fue reconstruida por Alejandro Magno. Así que en un sentido esta ciudad estuvo muerta y volvió a la vida.
Al igual que Éfeso, Esmirna era una ciudad costera cuya importancia marítima y comercial era clave para el imperio romano. De hecho, se cree que ambas ciudad competían entre sí por ser la más importante para el imperio.
Pero Esmirna se caracterizó por ser fiel, leal y devota al imperio. Podríamos decir que fue fiel hasta la muerte. Se dice que fue la primera ciudad a la que el imperio le autorizó construir un templo al emperador Tiberio y alardeaban de ser los primeros en rendirle culto al emperador.
Allí también se le rendía culto a la diosa griega Cibeles, quien interesantemente tenía una corona en su cabeza en forma de una ciudad fortificada. Este pueblo también alardeaba de ser la corona del imperio.
Se cree que esta fidelidad al imperio los hizo intolerantes a las demás religiones, en especial el cristianismo que afirmaba tener un solo Dueño y un solo Señor y no era el emperador romano.
Por eso se cree que la iglesia sufrió gran persecución en esta ciudad. Y peor aún, eran los mismos judíos quienes acusaban a los cristianos ante el imperio de practicar otra religión.
A esta iglesia perseguida el Señor le envía una carta de aliento, de ánimo y esperanza.
Jesús se presenta como el Primero y el Último. Lo que significa que Él es único Dios verdadero. En medio de una ciudad llena de idolatría y de culto a tanto dioses, Jesús le dice a la iglesia, fuera de mí no hay otro dios.
Y demostré que soy el Dios verdadero al ser el primero y el único que estuvo muerto y volvió a la vida para ya no morir jamás.
Ese Dios verdadero, no es como los dioses griegos que no se inmiscuían con sus seguidores, y tampoco es como el Emperador que ignora el sufrimiento del pueblo.
El Dios verdadero está cercano a su pueblo. Él conoce su tribulación y su sufrimiento. Él conoce su pobreza.
Para la iglesia temprana la persecución representaba pobreza extrema. La mayoría eran despojados de sus bienes. Eran echados de sus casas. Eran separados de sus familias. Eran despedidos de sus trabajos. Por el simple hecho de profesar una fe distinta.
Entonces Jesús los consuela diciéndole que Él conoce su pobreza, no solo porque Él es el Dios omnisciente que lo sabe y lo ve todo, sino porque para poder salvarnos tuvo que venir a este mundo a experimentar en carne propia nuestra pobreza.
Pablo le escribe a los Corintios:
2 Corintios 8:9 NTV
9 Ustedes conocen la gracia generosa de nuestro Señor Jesucristo. Aunque era rico, por amor a ustedes se hizo pobre para que mediante su pobreza pudiera hacerlos ricos.
Entonces Jesús les dice que a pesar de ser pobres físicamente ellos realmente son ricos. Mientras más son empobrecidos a causa de la persecución más ricos se vuelven ante los ojos de Dios.
Santiago le escribe a la iglesia:
Santiago 2:5 NTV
5 Escúchenme, amados hermanos. ¿No eligió Dios a los pobres de este mundo para que sean ricos en fe? ¿No son ellos los que heredarán el reino que Dios prometió a quienes lo aman?
Porque los que son verdaderamente ricos en este mundo, no son aquellos que tienen muchas posesiones, sino aquellos que han puesto su confianza y su esperanza exclusivamente en el Señor Jesucristo. Son aquellos cuyos corazones están enfocados en el cielo donde han depositado su tesoro.
¿Será esta la razón por la cual Jesús no le señala nada a esta iglesia, porque su corazón estaba en el lugar correcto a pesar de la gran tribulación que estaban experimentando?
Jesús no le escribe para decirles que los va a librar del sufrimiento. O que los va a librar de la persecución. O que va a hacer que les devuelvan todos sus bienes. O que le devuelvan sus trabajos. O que de ahora en adelante los ciudadanos van a ser más tolerantes con ellos.
Al contrario. Les advierte que el sufrimiento continuará.
Pero a diferencia de aquellos que no creen en Él, su sufrimiento tendrá un propósito. No será en vano.
Del verso 10 se desprenden varias verdades poderosas acerca del sufrimiento.
En primer lugar, si creemos que el sufrimiento tendrá un propósito en nuestra vida entonces no tenemos de qué temer. Y hasta en un sentido debemos abrazarlo.
No estoy diciendo que no lo suframos, que no lo lloremos. Lo que estoy diciendo es que no le temamos. Porque sabemos que al final todo obrará para bien para aquellos que amamos a Dios.
En segundo lugar, a pesar de que el autor del sufrimiento es el diablo, Dios es quien se lo permite. El diablo es como un perro bravo que está amarrado y es Dios quien determina el largo de la cadena. Él no tiene la libertad que a veces pensamos que tiene para hacer lo que le dé la gana.
En tercer lugar, el sufrimiento tiene fecha de expiración. La expresión sufrirán por diez días es una expresión simbólica de que el sufrimiento será por un tiempo definido y no muy extenso.
Pablo le dice a los Corintios:
2 Corintios 4:16–17 NTV
16 Es por esto que nunca nos damos por vencidos. Aunque nuestro cuerpo está muriéndose, nuestro espíritu va renovándose cada día. 17 Pues nuestras dificultades actuales son pequeñas y no durarán mucho tiempo. Sin embargo, ¡nos producen una gloria que durará para siempre y que es de mucho más peso que las dificultades!
En cuarto y último lugar, el propósito del sufrimiento en aquellos que amamos a Dios es ser probados. Santiago le dice a la iglesia:
Santiago 1:2–4 NTV
2 Amados hermanos, cuando tengan que enfrentar problemas, considérenlo como un tiempo para alegrarse mucho 3 porque ustedes saben que, siempre que se pone a prueba la fe, la constancia tiene una oportunidad para desarrollarse. 4 Así que dejen que crezca, pues una vez que su constancia se haya desarrollado plenamente, serán perfectos y completos, y no les faltará nada.
El propósito de Dios con la prueba es hacernos más fuertes, más resistentes, más maduros. Pero esa fuerza, esa resistencia y esa madurez no viene de nosotros sino de Él. Por eso al final del día las pruebas lo que pretenden es acercarnos a Él y hacernos más dependientes de Él.
Al igual que para la mayoría de las ciudades greco-romanas, los deportes eran importantísimos en Esmirna. Todo el que llegaba a la meta y salía vencedor recibía una corona de olivo.
Y ciertamente todo atleta que trabaja duro y se esfuerza llega a la meta, pero solo uno sale vencedor.
Sin embargo, Jesús le dice a la iglesia, se fiel hasta la muerte y yo te daré la corona de la vida. Llega hasta el final. No te rindas. Que yo te estaré esperando en la meta. Y yo mismo pondré la corona sobre tu cabeza.
Pero a diferencia de un atleta, Jesús no demanda de nosotros trabajo y esfuerzo, sino fidelidad a Él. Porque todo el trabajo y todo el esfuerzo ya Él lo hizo por nosotros.
Lo único que Él nos pide es que mantengamos nuestra fe y confianza puesta en Él. Que nos mantengamos creyendo en Él y creyéndole a Él. Que nos mantengamos creyendo, atesorando y encarnando su Palabra.
Para la iglesia de Esmirna, el final de la carrera seguramente representaría el martirio. En el caso de nosotros, ojalá no sea el martirio, pero puede ser una enfermedad o un accidente o simplemente la muerte natural. Cualquiera sea el caso Jesús nos dice, sé fiel hasta la muerte y recibirás la corona de la vida.
En sus días finales, Pablo le escribe a Timoteo:
2 Timoteo 4:7–8 NTV
7 He peleado la buena batalla, he terminado la carrera y he permanecido fiel. 8 Ahora me espera el premio, la corona de justicia que el Señor, el Juez justo, me dará el día de su regreso; y el premio no es sólo para mí, sino para todos los que esperan con anhelo su venida.
La palabra corona viene del griego estéfanos. De esa palabra se deriva el nombre de Esteban y Steven.
Entonces no es casualidad que el primer mártir de la iglesia se llamara Esteban. El final de su carrera no fue derrota sino victoria. Justo antes de ser apedreado él tuvo una visión:
Hechos de los Apóstoles 7:55–56 NTV
55 pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, fijó la mirada en el cielo, y vio la gloria de Dios y vio a Jesús de pie en el lugar de honor, a la derecha de Dios. 56 Y les dijo: «¡Miren, veo los cielos abiertos y al Hijo del Hombre de pie en el lugar de honor, a la derecha de Dios!».
La historia nos hace pensar que la iglesia de Esmirna prestó atención y obedeció las palabras de Jesús. Menos de 100 años después de haber recibido esta carta, específicamente el 23 de febrero del año 155 DC, el obispo en ese entonces de la iglesia de Esmirna, llamado Policarpo y quien sirvió por muchos años, fue citado a juicio. Allí se le planteó que si negaba a Jesús viviría pero si insistía en confesarle como Señor moriría.
A lo que Policarpo contestó: He servido a Cristo por 86 años y nunca me ha hecho nada malo. ¿Cómo puedo blasfemar a mi rey que me salvó?
Como resultado de su confesión, Policarpo fue condenado a la hoguera en donde fue fiel hasta la muerte.
Policarpo, Pablo, Esteban y muchos más estaban convencidos de que el que saliera vencedor recibiría la corona de la vida y sabían que lo que esto verdaderamente significaba era que no sufrirían la muerte segunda. Que aunque perdieran su vida, un día Cristo los resucitaría a una nueva vida junto a Él. Vida que no acabará jamás.
Ellos entendieron muy bien las palabras de Jesús cuando dijo:
Marcos 8:35 NTV
35 Si tratas de aferrarte a la vida, la perderás; pero si entregas tu vida por mi causa y por causa de la Buena Noticia, la salvarás.

Conclusión

Recuerdan al leñador del que les hablé al principio. Recuerdan la clase de tronco que estaba escogiendo.
Dios quiere que seamos esa clase de tronco. Que en vez de partirnos con las frecuentes tormentas y los cambios extremos de temperatura que se experimentan en el tope de la montaña, cada tormenta nos haga crecer, madurar y ser más fuertes en el Señor.
En medio de una generación tan frágil, que se parte de mirarla, Dios nos está llamando como creyentes y como iglesia a ser fuertes en Él. A resistir lo vientos con valentía. A enfrentar las tormentas sin temor.
Cuando el mundo nos mira no puede ver la misma fragilidad que ve a su alrededor.
Porque entonces, ¿cómo vamos a distinguirnos? ¿Cómo vamos a sorprender al mundo? ¿Cómo van a ver la grandeza y la gloria de aquel que nos salvó?
Este mundo necesitan urgentemente una iglesia que se para firme y sin temor, no importando las circunstancias de esta vida.
Y no estoy diciendo que vivamos aparentando un triunfalismo. No es que no lloremos ni lamentemos las pérdidas. No es que no suframos.
Pero tenemos que demostrarle al mundo que el que está con nosotros es más fuerte que el que está en contra de nosotros. Que si Cristo venció nosotros también venceremos. Que con Cristo, cuando somos débiles es que entonces somos fuertes. Que somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.
La iglesia de Esmirna comprendió que no podían fijar su mirada en las circunstancias del presente sino en el futuro glorioso prometido por Dios.
Iglesia, seamos como Esmirna, fieles hasta la muerte, porque al final, de seguro, recibiremos nuestra corona.
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