El Fruto del Espíritu: Paciencia
Sermon • Submitted
0 ratings
· 82 viewsNotes
Transcript
La paciencia es otra característica del fruto del Espíritu en el creyente. En este versículo el autor de la carta a los Hebreos compara la vida cristiana con una carrera donde existe una gran número de testigos que nos observan. Este texto sugiere la idea de una competencia atlética en un gran anfiteatro. La palabra testigo en este versículo se traduce del griego mártus (μάρτυς), que literalmente significa mártir, y estos testigos o mártires son los héroes de la fe que aparecen en el capítulo 11 de esta misma carta, los cuales no son simples espectadores, sino verdaderos ejemplos que inspiran a los corredores. Los corredores griegos tenían la costumbre de desnudarse antes de la carrera con el fin de eliminar cualquier peso que pudiera hacerlos menos veloces, de igual manera, los creyentes debemos despojarnos de todo peso que nos angustie y en especial del pecado que nos asedia. Esta carrera debe ser corrida con mucha paciencia ya que no se trata de llegar primero, sino llegar a la meta. La palabra paciencia en este versículo viene del griego ipomoné (ὑπομονή), que literalmente significa constancia, resistencia o perseverancia. Por tanto, la paciencia es esa virtud que nos ayuda a mantenernos constantes y soportar las situaciones difíciles de la vida. De hecho, la vida cristiana requiere de constancia en medio de las circunstancias que nos rodea, para no desanimarnos en medio de las pruebas y desistir de la carrera. Necesitamos desarrollar la resistencia en medio de las calamidades y así culminar la carrera que tenemos por delante, de hecho, en varias partes de las Escrituras se visualiza la vida cristiana como una carrera.
Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante,
»Pero en ninguna manera estimo mi vida como valiosa para mí mismo, a fin de poder terminar mi carrera y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio solemnemente del evangelio de la gracia de Dios.
Si nos damos cuenta, para el apóstol Pablo lo más importante era concluir con gozo su ministerio y vida cristiana, y esto lo compara con una carrera, y para ello estaba dispuesto a resistir los sufrimientos que le podrían venir en el futuro, y esa capacidad de resistir es la virtud de la paciencia. Pablo demuestra una vez más ser un ejemplo de verdadera paciencia al resistir todos los vituperios por la causa de Cristo y alcanzar la recompensa eterna al culminar su carrera. Esto se visualiza en su última carta dirigida a Timoteo donde expresa sus grandes pruebas por las cuales estaba atravesando y de las cuales podemos mencionar algunas de ellas:
1. Las iglesias de Asia lo abandonaron:
Ya sabes esto, que me abandonaron todos los que están en Asia, de los cuales son Figelo y Hermógenes.
una vez la provincia de Asia, y en especial Éfeso brindo un gran apoyo a Pablo, sin embargo, ahora que estaba en prisión le daban la espalda y no se interesaba en él, siendo Figelo y Hermógenes los que conducían esta división.
2 Se enfrentó a personas que introdujeron herejías en medio de la congregación:
y su palabra se extenderá como gangrena. Entre ellos están Himeneo y Fileto,
que se han desviado de la verdad diciendo que la resurrección ya tuvo lugar, trastornando así la fe de algunos.
No obstante, el sólido fundamento de Dios permanece firme, teniendo este sello: «El Señor conoce a los que son Suyos», y: «Que se aparte de la iniquidad todo aquel que menciona el nombre del Señor».
También para esta época la iglesia estaba siendo atacada por herejías que engañaba y separaba a algunos de la verdadera doctrina.
3. Sufrió la decepción de desertores del evangelio:
Llevamos siempre en el cuerpo por todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo.
Porque nosotros que vivimos, constantemente estamos siendo entregados a muerte por causa de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo mortal.
La tristeza invadía el corazón de Pablo al mencionar a su antiguo colaborador Demas que en Filemón 24 y Colosenses 4:14 se menciona entre los colaboradores; pero ahora lo había abandonado volviendo al pecado.
4. También sus compañeros no lo respaldaron el día que tuvo su primera audiencia delante de las autoridades romanas.
En mi primera defensa nadie estuvo a mi lado, sino que todos me abandonaron; que no se les tenga en cuenta.
5. Aparte de todo esto había personas que se empeñaban en dañarlo:
Alejandro, el calderero, me hizo mucho daño; el Señor le retribuirá conforme a sus hechos.
Todas estas cosas aunadas al hecho de que Pablo se encontraba en prisión eran suficientes para desmotivar a cualquier persona y desistir de la carrera. Al final, él se encontraba en prisión sin recibir la menor ayuda, unos se habían apartado en pos del pecado, otros lo abandonaron, no recibió el apoyo cuando tuvo su primera defensa, la iglesia de Asia no quería saber nada de él, las herejías y enemigos del evangelio estaban atacando sin compasión. Su único consuelo era Timoteo. Pablo pudo haber escrito en su epístola a Timoteo las siguientes palabras que a lo mejor oímos de muchos creyentes desanimados: “Estamos perdidos, yo aquí me pudro en una cárcel olvidado y despreciado, el evangelio de Jesucristo es atacado por todos lados y solo tú quedas allá afuera, pero tú eres muy joven para que te tomen en cuenta, aparte de que eres enfermo del estómago, débil y tímido. ¡Es nuestro fin!”. Sin embargo, no fue así, su paciencia lo mantenía aun en la carrera y visualizaba con fe el futuro de la iglesia en su hijo en la fe, Timoteo:
Por lo cual te recuerdo que avives el fuego del don de Dios que hay en ti por la imposición de mis manos.
Tú, pues, hijo mío, fortalécete en la gracia que hay en Cristo Jesús.
Tú, sin embargo, persiste en las cosas que has aprendido y de las cuales te convenciste, sabiendo de quiénes las has aprendido.
Es importante desarrollar el fruto de la paciencia ya que estaremos expuestos a diversidad de pruebas en nuestra vida cristiana y lo único que nos mantendrá en el camino de la fe es esa resistencia a las mismas. Esa resistencia ante las adversidades provoca una perseverancia y la perseverancia nos ayuda a superar cualquier tribulación que se presente, tal y como lo dice Pablo en Romanos:
Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo;por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia;y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza;y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.
Así que vemos la paciencia es una virtud que no solo nos ayuda a soportar las prueba con fe y perseverancia, sino le ayudan al creyente a desarrollar su carácter, y de allí que las pruebas tengan ese propósito en nuestras vidas.
Propósito de las pruebas
Las pruebas tienen diferentes propósitos en nuestras vidas. Muchas veces las pruebas vienen con el propósito de disciplinarnos o moldear algún aspecto de nuestro carácter para ser mejores instrumentos de su gloria. Dios como un Padre amoroso está dispuesto a someternos a disciplina cuando nos desviemos del camino correcto:
Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos. Por otra parte, tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos. ¿Por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus, y viviremos? Y aquéllos, ciertamente por pocos días nos disciplinaban como a ellos les parecía, pero éste para lo que nos es provechoso, para que participemos de su santidad. Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados.
Por tanto, cada uno de nosotros tiene que vigilar su vida, porque si no vivimos de acuerdo con su voluntad, nuestro Padre celestial nos disciplinara a través de diferentes circunstancias que pueden llegar a causarnos dolor si no obedecemos a tiempo su llamado a la corrección. Un buen ejemplo de esto es el profeta Jonás el cual a pesar de que Dios lo había llamado a predicar a Nínive, se revelo embarcándose rumbo a Tarsis y por eso Dios levanto una enorme tormenta que por poco.hunde el barco donde iba y al final termino en el vientre de un gran pez por tres días:
Entonces oró Jonás a Jehová su Dios desde el vientre del pez,y dijo:
Invoqué en mi angustia a Jehová, y él me oyó;
Desde el seno del Seol clamé,
Y mi voz oíste.
Me echaste a lo profundo, en medio de los mares,
Y me rodeó la corriente;
Todas tus ondas y tus olas pasaron sobre mí.
Entonces dije: Desechado soy de delante de tus ojos;
Mas aún veré tu santo templo.
Las aguas me rodearon hasta el alma,
Rodeóme el abismo;
El alga se enredó a mi cabeza.
Descendí a los cimientos de los montes;
La tierra echó sus cerrojos sobre mí para siempre;
Mas tú sacaste mi vida de la sepultura, oh Jehová Dios mío.
Cuando mi alma desfallecía en mí, me acordé de Jehová,
Y mi oración llegó hasta ti en tu santo templo.
Los que siguen vanidades ilusorias,
Su misericordia abandonan.
Mas yo con voz de alabanza te ofreceré sacrificios;
Pagaré lo que prometí.
La salvación es de Jehová.
Y mandó Jehová al pez, y vomitó a Jonás en tierra.
Por tanto, lo mejor es que atendamos rápidamente el llamado de atención de Dios y nos corrijamos, porque de lo contrario nuestro Padre celestial aplicara la disciplina necesaria para corregirnos.
Otras veces las pruebas pueden venir a nuestras vidas con el propósito de que aprendamos a depender de su gracia. Por ejemplo, Pablo tenía una enfermedad por la cual había orado 3 veces, pero Dios no quiso sanarlo, sino que decidió dejársela para que el apóstol no se le olvidara su dependencia de Dios y no se engrandeciera más de lo necesario por la grandeza de su ministerio:
Y dada la extraordinaria grandeza de las revelaciones, por esta razón, para impedir que me enalteciera, me fue dada una espina en la carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca.
Acerca de esto, tres veces he rogado al Señor para que lo quitara de mí.
Y Él me ha dicho: «Te basta Mi gracia, pues Mi poder se perfecciona en la debilidad». Por tanto, con muchísimo gusto me gloriaré más bien en mis debilidades, para que el poder de Cristo more en mí.
Por eso me complazco en las debilidades, en insultos, en privaciones, en persecuciones y en angustias por amor a Cristo, porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.
En algunas ocasiones pueden ocurrir situaciones difíciles que Dios permite, pero, aunque no lo entendamos, debemos tomar ventaja de ellas para acercarnos más a Cristo y así su poder se glorificara más en nuestro espíritu quebrantado.
En otras ocasiones las pruebas vienen a nuestra vida con el propósito de convertirse en desiertos espirituales que tiene como fin formar nuestro carácter y prepararnos para el futuro. Muchas veces estas pruebas se alargan convirtiéndose figurativamente en verdaderos desiertos espirituales y para cruzarlos definitivamente necesitamos paciencia. Muchos de los grandes líderes que encontramos en la Biblia cruzaron por desiertos antes de desempeñar la misión que Dios les había delegado. Así vemos que Moisés pasó 40 años en el desierto donde aprendió a ser un hombre humilde y obediente antes que Dios lo llamara a ser el libertador de su pueblo, David huyó al desierto cuando Saúl lo quería matar y allí aprendió a confiar en Dios y desarrolló su pericia militar antes de ser rey de Israel, los profetas con frecuencia pasaban un tiempo en el desierto antes de emerger con un mensaje, Juan el Bautista, el precursor del Señor Jesús, fue preparado por Dios en un desierto, Pablo se dirigió al desierto de Arabia antes de entregarse a su obra apostólica. Respecto a esto Jeff Caliguere nos dice: “Al dejar que sus desiertos lo moldeen, desatará y descubrirá una nueva habilidad para llevar fruto que permanezca, y entonces, como Pablo, desarrollará la habilidad de soportar los altibajos de la vida con confianza y esperanza”. Los desiertos espirituales desarrollaran en nosotros nuevas cualidades para nuestro bien, sin embargo, necesitamos atravesarlos y no desistir a la mitad del camino, y para ello necesitamos paciencia sabiendo que Dios tiene un plan especial para nosotros:
Y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien, esto es, para los que son llamados conforme a Su propósito.
Pues esta aflicción leve y pasajera nos produce un eterno peso de gloria que sobrepasa toda comparación,
En la medida que pasamos por diferentes pruebas y las vencemos nuestro carácter se vuelve más fuerte, nuestra fe crece y nos capacita para ser mejores instrumentos en sus manos a tal punto de desarrollar las cualidades de liderazgo que podamos necesitar para desempeñar nuestro ministerio con éxito. Por tanto, Dios permitirá las pruebas en nuestra vida con el fin de formar nuestro carácter y prepararnos para ser mejores siervos en su obra, y por ello Rick Warren dice: “La meta final de Dios para tu vida sobre la tierra no es la comodidad, sino el desarrollo de tu carácter”, (Rick Warren). Así que, vemos como la paciencia nos ayuda a soportar y perseverar en medio de las dificultades cristianas, y como las pruebas que atravesamos moldean nuestro carácter y perfeccionan nuestra fe.
La Paciencia con nuestros semejantes.
con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor,
En la Biblia encontramos otra palabra en griego para referirse a la paciencia y es: Makrozumía (μακροθυμία) lo cual literalmente significa “lejos de enojarse”. En este sentido su uso se aplica a la paciencia que se debe tener respecto a sus semejantes. Crisóstomo la describe como el espíritu que tiene poder para vengarse, pero no se venga. Makrozumía es el espíritu que soporta los insultos y las injurias sin amargura ni queja.
Entonces, ustedes como escogidos de Dios, santos y amados, revístanse de tierna compasión, bondad, humildad, mansedumbre y paciencia;
soportándose unos a otros y perdonándose unos a otros, si alguien tiene queja contra otro. Como Cristo los perdonó, así también háganlo ustedes.
. La Biblia nos exhorta a ser pacientes los unos a los otros en cuanto al trato personal a través de un verdadero amor, bondad y humildad. Nos enseña a perdonar las ofensas de los demás, así como Jesús nos perdonó todas nuestras transgresiones. Efesios 4:2 nos pide ser humildes y mansos. Estas fueron las actitudes que demostró Jesús cuando estuvo en la tierra. Se trata de actitudes que no afloran naturalmente, sino que deben cultivarse con la determinación de colocar al otro por sobre uno mismo. Sólo el Espíritu Santo puede darnos la capacidad de actuar de este modo con los demás en forma constante. El texto nos dice:
La palabra “sopórtense” proviene del griego anéjomai (ἀνέχομαι) y se utiliza en el sentido de sobrecargar o sobrellevar; no obstante, el uso que Pablo le da a este vocablo tiene una connotación positiva. Denota la idea de ser paciente frente a las debilidades de los demás, es decir, aprender a sobrellevar las debilidades de otros. A menudo le pedimos a Dios que tenga paciencia con nuestras debilidades, sin embargo, no ejercemos este mismo tipo de paciencia con los demás. Ahora, lo que nos permite conocer mejor el sentido de esta palabra es el hecho de que el Nuevo Testamento se la aplica repetidas veces a Dios:
¿O tienes en poco las riquezas de Su bondad y tolerancia y paciencia, ignorando que la bondad de Dios te guía al arrepentimiento?
Si Dios hubiera sido un hombre, habría “perdido la paciencia” con el mundo por su desobediencia hace mucho tiempo. El cristiano debe tener con sus semejantes la paciencia que Dios ha tenido con él innumerables veces, sabiendo sobrellevar las imperfecciones de sus semejantes con gran paciencia.
Este tipo de paciencia nos ayuda a controlar los efectos de la ira. Somos seres humanos vulnerables y por tanto a veces nos dejamos arrastrar por nuestras emociones; especialmente por la ira. El manejo de la ira es un tópico importante. De acuerdo con la estadística se sabe que el 50% de la gente que acude para consejería, tuvo problemas con el manejo de su ira. La ira puede dañar la comunicación, romper las relaciones, y arruinar tanto el gozo como la salud de muchos. Y con mucha frecuencia la gente tiende a justificar su enojo, en vez de aceptar la responsabilidad por él. Hay un tipo de ira que la Biblia llama “justa indignación”, pero ésta no debe ser confundida con la ira humana. Pero veamos primero lo que dice la Biblia acerca de la ira.
1 Nos impulsa a pecar:
Deja la ira y abandona el furor;
No te irrites, solo harías lo malo.
2.La ira ofende a Dios por cuanto es un pecado:
Y no entristezcan al Espíritu Santo de Dios, por el cual fueron sellados para el día de la redención.
3.Es un pecado que debemos abandonar.
Pero ahora desechen también todo esto: ira, enojo, malicia, insultos, lenguaje ofensivo de su boca.
Como seres humanos estamos sujetos a diferentes emociones incluyendo el enojo, sin embargo, el deseo de Dios no es que, no nos enojemos, sino que no dejemos que la ira controle nuestras vidas y nos impulse a actuar de manera inadecuada:
Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo,
a) Primeramente, reconocer nuestra conducta impulsiva e iracunda como un verdadero problema.
El que encubre sus pecados no prosperará;
Mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia.
Si no lo reconocemos como problema jamás cambiaremos.
b) Hay que reconocer que todas las pruebas y dificultades vienen a nuestra vida con el fin de desarrollar la paciencia:
Tengan por sumo gozo, hermanos míos, cuando se hallen en diversas pruebas,
sabiendo que la prueba de su fe produce paciencia,
c) Dejar lugar a la ira de Dios, aun en los casos de extrema injusticia, y no ser nosotros los que tomemos la venganza en nuestras propias manos.
Amados, nunca tomen venganza ustedes mismos, sino den lugar a la ira de Dios, porque escrito está: «Mía es la venganza, Yo pagare», dice el Señor.
d) Combatir el mal con el bien no devolviendo mal con mal:
No seas vencido por el mal, sino vence el mal con el bien.
pero cómo hacerlo: orando hasta por nuestros enemigos.
Comunicándonos para resolver el problema pensando bien lo que vamos a decir.
La discreción del hombre le hace lento para la ira,
Y su gloria es pasar por alto una ofensa.
La paciencia de Job
Miren que tenemos por bienaventurados a los que sufrieron. Han oído de la paciencia de Job, y han visto el resultado del proceder del Señor, que el Señor es muy compasivo y misericordioso.
El libro de Job se caracteriza por su estilo poético y en cuanto a quien es su autor se sugieren a Moisés, Eliú, Esdras, Salomón entre otros. Ahora bien, el libro registra que Job vivió en un lugar llamado Uz nombre que deriva de uno de los descendientes de Sem (1 Crónicas 1:17) y de acuerdo con el relato bíblico de los pueblos que allí aparecen parece que estaba ubicada cerca de la tierra de los sabeos y los caldeos. Al observar las ciudades donde vivían los amigos de Job, podría ubicarse Uz entre el desierto de Siria en Arabia y no lejos de Edom. No olvidemos que Moisés vivió 40 años en Madían por lo que, si él fue el autor de este libro, posiblemente conoció la historia de Job durante este periodo. En el Talmud, los rabinos judíos afirman que Moisés fue el autor de Job. Este libro nos presenta una cara diferente del sufrimiento y lo primero que podemos aprender es la influencia de Satanás en los padecimientos humanos.
También nos enseña que Dios tiene un propósito en cada prueba que viene a nuestras vidas y a través del ejemplo de Job podemos aprender cómo superarlas con paciencia. El libro comienza enseñándonos que Job era un padre piadoso, no dañado por la prosperidad, que ministraba como el sacerdote de toda su familia; sin embargo, un día Satanás pidió permiso a Dios para probar su fidelidad a lo cual el Señor accedió con la limitante de que su vida no le fuera tocada.
Hubo un hombre en la tierra de Uz llamado Job. Aquel hombre era intachable, recto, temeroso de Dios y apartado del mal.
Le nacieron siete hijos y tres hijas.
Su hacienda era de 7,000 ovejas, 3,000 camellos, 500 yuntas de bueyes, 500 asnas y muchísima servidumbre. Aquel hombre era el más grande de todos los hijos del oriente.
Sus hijos acostumbraban ir y hacer un banquete en la casa de cada uno por turno, e invitaban a sus tres hermanas para comer y beber con ellos.
Cuando los días del banquete habían pasado, Job enviaba a buscarlos y los santificaba, y levantándose temprano, ofrecía holocaustos conforme al número de todos ellos. Porque Job decía: «Quizá mis hijos hayan pecado y maldecido a Dios en sus corazones». Job siempre hacía así.
Un día, cuando los hijos de Dios vinieron a presentarse delante del Señor, Satanás vino también entre ellos.
Y el Señor preguntó a Satanás: «¿De dónde vienes?». Entonces Satanás respondió al Señor: «De recorrer la tierra y de andar por ella».
Entonces el Señor dijo a Satanás: «Todo lo que él tiene está en tu poder; pero no extiendas tu mano sobre él». Y Satanás salió de la presencia del Señor.
Como resultado Satanás arrojo su primer ataque en contra de Job, no obstante, éste retiene su integridad.
Y aconteció que un día en que los hijos y las hijas de Job estaban comiendo y bebiendo en la casa del hermano mayor,
vino un mensajero a Job y le dijo: «Los bueyes estaban arando y las asnas paciendo junto a ellos,
y los sabeos atacaron y se los llevaron. También mataron a los criados a filo de espada. Solo yo escapé para contárselo a usted».
Mientras estaba este hablando, vino otro y dijo: «Fuego de Dios cayó del cielo y quemó las ovejas y a los criados y los consumió; solo yo escapé para contárselo a usted».
Mientras este estaba hablando, vino otro y dijo: «Los caldeos formaron tres cuadrillas, se lanzaron sobre los camellos y se los llevaron, y mataron a los criados a filo de espada. Solo yo escapé para contárselo a usted».
Mientras este estaba hablando, vino otro y dijo: «Sus hijos y sus hijas estaban comiendo y bebiendo vino en la casa del hermano mayor,
y entonces vino un gran viento del otro lado del desierto y azotó las cuatro esquinas de la casa, y esta cayó sobre los jóvenes y murieron; solo yo escapé para contárselo a usted».
En pocos segundos Job se encontró con la realidad de la pérdida completa de todos sus bienes, estaba en banca rota y sus hijos estaban muertos, sin embargo, Job no atribuyó ningún despropósito a Dios:
Entonces Job se levantó, rasgó su manto, se rasuró la cabeza, y postrándose en tierra, adoró,
y dijo:
«Desnudo salí del vientre de mi madre
Y desnudo volveré allá.
El Señor dio y el Señor quitó;
Bendito sea el nombre del Señor».
En todo esto Job no pecó ni culpó a Dios.
A partir de aquí las pruebas no faltan y una tras otra buscan acabar con su paciencia para destruir su fe, éstas fueron:
1.Su enfermedad lo atormentaba día y noche:
Y Job tomó un pedazo de teja para rascarse mientras estaba sentado entre las cenizas.
2.El consejo blasfemo de su esposa.
Entonces su mujer le dijo: «¿Aún conservas tu integridad? Maldice a Dios y muérete».
Pero él le dijo: «Hablas como habla cualquier mujer necia. ¿Aceptaremos el bien de Dios pero no aceptaremos el mal?». En todo esto Job no pecó con sus labios.
3.La llegada de los tres amigos de Job y los siete días de silenciosa dolencia.
Cuando tres amigos de Job, Elifaz, el temanita, Bildad, el suhita y Zofar, el naamatita, oyeron de todo este mal que había venido sobre él, vinieron cada uno de su lugar, pues se habían puesto de acuerdo para ir juntos a condolerse de él y a consolarlo.
Y cuando alzaron los ojos desde lejos y no lo reconocieron, levantaron sus voces y lloraron. Cada uno de ellos rasgó su manto y esparcieron polvo hacia el cielo sobre sus cabezas.
Entonces se sentaron en el suelo con él por siete días y siete noches sin que nadie le dijera una palabra, porque veían que su dolor era muy grande.
y esto por poco agota su paciencia de tal manera que comienza a quejarse:
Después de esto, Job abrió su boca y maldijo el día de su nacimiento.
Esto nos muestra que a veces la angustia y presiones excesivas pueden arrastrarnos a quejarnos de las circunstancias, pero nunca maldijo a su Creador.
4. Sus amigos lo recriminan y lo acusan injustamente de tener pecados ocultos los cuales, según ellos, eran la causa de todos sus males y por eso Dios lo estaba castigando.
ya que creían que era imposible que un justo padeciese así. Sin embargo, Job defiende su integridad.
Entonces respondió Elifaz, el temanita:
«Si alguien tratara de hablarte, ¿te pondrías impaciente?
Pero ¿quién puede abstenerse de hablar?
»Tú has exhortado a muchos,
Y las manos débiles has fortalecido.
»Al que tropezaba, tus palabras lo levantaban,
Y las rodillas débiles fortalecías.
»Pero ahora que te ha llegado a ti, te impacientas;
Te toca a ti, y te desalientas.
»¿No es tu temor a Dios tu confianza,
Y la integridad de tus caminos tu esperanza?
»Recuerda ahora, ¿quién siendo inocente ha perecido jamás?
¿O dónde han sido destruidos los rectos?
»Por lo que yo he visto, los que aran iniquidad
Y los que siembran aflicción, eso siegan.
»Por el aliento de Dios perecen,
Y por la explosión de Su ira son consumidos.
»El rugido del león, el bramido de la fiera
Y los dientes de los leoncillos son quebrantados.
»El león perece por falta de presa,
Y los cachorros de la leona se dispersan.
»Una palabra me fue traída secretamente,
Y mi oído percibió un susurro de ella.
»Entre pensamientos inquietantes de visiones nocturnas,
Cuando el sueño profundo cae sobre los hombres,
Me sobrevino un espanto, un temblor
Que hizo estremecer todos mis huesos.
»Entonces un espíritu pasó cerca de mi rostro,
Y el pelo de mi piel se erizó.
»Algo se detuvo, pero no pude reconocer su aspecto;
Una figura estaba delante de mis ojos,
Hubo silencio, después oí una voz:
“¿Es el mortal justo delante de Dios?
¿Es el hombre puro delante de su Hacedor?
-”Dios no confía ni aún en Sus mismos siervos;
Y a Sus ángeles atribuye errores.
-”¡Cuánto más a los que habitan en casas de barro,
Cuyos cimientos están en el polvo,
Que son aplastados como la polilla!
-”Entre la mañana y la tarde son hechos pedazos;
Sin que nadie se dé cuenta, perecen para siempre.
-”¿No les es arrancada la cuerda de su tienda?
Mueren, pero sin sabiduría”.
»Llama ahora, ¿habrá quién te responda?
¿Y a cuál de los santos te volverás?
»Porque el enojo mata al insensato,
Y la ira da muerte al necio.
»Yo he visto al insensato echar raíces,
Y al instante maldije su morada.
»Sus hijos no tienen seguridad alguna,
Aun en la puerta son oprimidos,
Y no hay quien los libre.
»Su cosecha la devoran los hambrientos,
La toman aun de entre los espinos,
Y el intrigante ansía su riqueza.
»Porque la aflicción no viene del polvo,
Ni brota el infortunio de la tierra;
Pues el hombre nace para la aflicción,
Como las chispas vuelan hacia arriba.
»Pero en cuanto a mí, yo buscaría a Dios,
Y delante de Dios presentaría mi causa;
Él hace cosas grandes e inescrutables,
Maravillas sin número.
ȃl da la lluvia sobre la superficie de la tierra,
Y envía las aguas sobre los campos.
»Para poner en alto a los humildes,
Y levantar a los que lloran a lugar seguro.
ȃl frustra las tramas de los astutos,
Para que sus manos no tengan éxito.
ȃl prende a los sabios en su propia astucia,
Y el consejo de los sagaces pronto lo frustra.
»De día tropiezan con las tinieblas,
Y a mediodía andan a tientas como de noche.
»Pero Él salva al pobre de la espada en sus bocas,
Y de la mano del poderoso.
»El desamparado, pues, tiene esperanza,
Y la injusticia tiene que cerrar su boca.
»Cuán bienaventurado es el hombre a quien Dios reprende;
No desprecies, pues, la disciplina del Todopoderoso.
»Porque Él inflige dolor, pero da alivio;
Él hiere, pero Sus manos también sanan.
»De seis aflicciones te librará,
Y en la séptima no te tocará el mal.
»En el hambre, Él te salvará de la muerte,
Y en la guerra, del poder de la espada.
»Estarás a cubierto del azote de la lengua,
Y no temerás la violencia cuando venga.
»De la violencia y del hambre te reirás,
Y no temerás a las fieras de la tierra.
»Pues con las piedras del campo harás tu alianza,
Y las fieras del campo estarán en paz contigo.
»Y sabrás que tu tienda está segura,
Porque visitarás tu morada y no temerás pérdida alguna.
»También sabrás que tu descendencia será numerosa,
Y tus vástagos como la hierba de la tierra.
»En pleno vigor llegarás al sepulcro,
Como se recogen las gavillas a su tiempo.
»Esto lo hemos examinado, y así es;
Óyelo, y conócelo para tu bien».
Entonces Job respondió:
«¡Oh, si pudiera pesarse mi sufrimiento,
Y ponerse en la balanza junto con mi calamidad!
»Porque pesarían ahora más que la arena de los mares;
Por eso mis palabras han sido precipitadas.
»Porque las flechas del Todopoderoso están clavadas en mí,
Cuyo veneno bebe mi espíritu;
Contra mí se juntan los terrores de Dios.
»¿Acaso rebuzna el asno montés junto a su hierba,
O muge el buey junto a su forraje?
»¿Se come sin sal lo insípido,
O hay gusto en la clara del huevo?
»Mi alma se niega a tocar estas cosas;
Son alimento repugnante para mí.
»¡Quién me diera que mi petición se cumpliera,
Que Dios me concediera mi anhelo,
Que Dios consintiera en aplastarme,
Que soltara Su mano y acabara conmigo!
»Pero aún tengo consuelo,
Y me regocijo en el dolor sin tregua,
Que no he negado las palabras del Santo.
»¿Cuál es mi fuerza, para que yo espere,
Y cuál es mi fin, para que yo resista?
»¿Es mi fuerza la fuerza de las piedras,
O es mi carne de bronce?
»¿Es que mi ayuda no está dentro de mí,
Y está alejado de mí todo auxilio?
»Para el abatido, debe haber compasión de parte de su amigo;
No sea que abandone el temor del Todopoderoso.
»Mis hermanos han obrado engañosamente como un torrente,
Como las corrientes de los arroyos que se desvanecen,
Que a causa del hielo están turbios
Y en los que la nieve se derrite.
»Cuando se quedan sin agua, están silenciosos,
Cuando hace calor, desaparecen de su lugar.
»Serpentean las sendas de su curso,
Se evaporan en la nada y perecen.
»Las caravanas de Temán los buscaron,
Los viajeros de Sabá contaban con ellos.
»Quedaron frustrados porque habían confiado,
Llegaron allí y fueron confundidos.
»Ciertamente, así son ustedes ahora,
Ven algo aterrador y se espantan.
»¿Acaso he dicho: “Denme algo,
De su riqueza ofrézcanme un soborno,
Líbrenme de la mano del adversario”,
O: “Rescátenme de la mano de los tiranos”?
»Instrúyanme, y yo me callaré;
Muéstrenme en qué he errado.
»¡Cuán dolorosas son las palabras sinceras!
Pero ¿qué prueba el argumento de ustedes?
»¿Piensan censurar mis palabras,
Cuando las palabras del desesperado se las lleva el viento?
»Aun echarían suerte sobre los huérfanos,
Y especularían con su amigo.
»Y ahora, traten de mirarme,
Y vean si miento en sus propias caras.
»Desistan, por favor; que no haya injusticia;
Sí, desistan; en ello está aún mi justicia.
»¿Acaso hay injusticia en mi lengua?
¿No puede mi paladar discernir calamidades?
»¿No está el hombre obligado a trabajar sobre la tierra?
¿No son sus días como los días de un jornalero?
»Como esclavo que suspira por la sombra,
Y como jornalero que espera con ansias su paga,
Así me han dado en herencia meses inútiles,
Y noches de aflicción me han asignado.
»Cuando me acuesto, digo:
“¿Cuándo me levantaré?”.
Pero la noche sigue,
Y estoy dando vueltas continuamente hasta el amanecer.
»Mi carne está cubierta de gusanos y de una costra de tierra;
Mi piel se endurece y supura.
»Mis días pasan más veloces que la lanzadera de telar,
Y llegan a su fin sin esperanza.
»Recuerda, oh Dios, que mi vida es un soplo,
Mis ojos no volverán a ver el bien.
»El ojo del que me ve no me verá más;
Tus ojos estarán sobre mí, pero yo no existiré.
»Como una nube se desvanece y pasa,
Así el que desciende al Seol no subirá;
No volverá más a su casa,
Ni su lugar lo verá más.
»Por tanto, no refrenaré mi boca,
Hablaré en la angustia de mi espíritu,
Me quejaré en la amargura de mi alma.
»¿Soy yo el mar, o un monstruo marino,
Para que Tú me pongas guardia?
»Si digo: “Mi cama me consolará,
Mi lecho atenuará mi queja”,
Entonces Tú me asustas con sueños
Y me aterrorizas con visiones.
»Mi alma, pues, escoge la asfixia,
La muerte, en lugar de mis dolores.
»Languidezco; no he de vivir para siempre.
Déjame solo, pues mis días son un soplo.
»¿Qué es el hombre para que lo engrandezcas,
Para que te preocupes por él,
Para que lo examines cada mañana,
Y a cada momento lo pongas a prueba?
»¿Nunca apartarás de mí Tu mirada,
Ni me dejarás solo hasta que trague mi saliva?
»¿He pecado? ¿Qué te he hecho,
Oh guardián de los hombres?
¿Por qué has hecho de mí Tu blanco,
De modo que soy una carga para mí mismo?
»Entonces, ¿por qué no perdonas mi transgresión
Y quitas mi iniquidad?
Porque ahora dormiré en el polvo;
Y Tú me buscarás, pero ya no existiré».
Entonces respondió Bildad, el suhita:
«¿Hasta cuándo hablarás estas cosas,
Y serán viento impetuoso las palabras de tu boca?
¿Acaso tuerce Dios la justicia
O tuerce el Todopoderoso lo que es justo?
»Si tus hijos pecaron contra Él,
Entonces Él los entregó al poder de su transgresión.
»Si tú buscaras a Dios
E imploraras la misericordia del Todopoderoso,
Si fueras puro y recto,
Ciertamente Él se despertaría ahora en tu favor
Y restauraría tu justa condición.
»Aunque tu principio haya sido insignificante,
Con todo, tu final aumentará sobremanera.
»Pregunta, te ruego, a las generaciones pasadas,
Y considera las cosas escudriñadas por sus padres.
»Porque nosotros somos de ayer y nada sabemos,
Pues nuestros días sobre la tierra son como una sombra.
»¿No te instruirán ellos y te hablarán,
Y de sus corazones sacarán palabras?
»¿Puede crecer el papiro sin cenagal?
¿Puede el junco crecer sin agua?
»Estando aún verde y sin cortar,
Con todo, se seca antes que cualquier otra planta.
»Así son las sendas de todos los que se olvidan de Dios.
Así perecerá la esperanza del impío,
Porque es frágil su confianza,
Y una tela de araña su seguridad.
»Confía en su casa, pero esta no se sostiene;
Se aferra a ella, pero esta no perdura.
»Crece con vigor delante del sol,
Y sus renuevos brotan sobre su jardín.
»Sus raíces se entrelazan sobre un montón de rocas;
Vive en una casa de piedras.
»Si lo arrancan de su lugar,
Este le negará, diciendo: “Nunca te vi”.
»Este es el gozo de Su camino;
Y del polvo brotarán otros.
»Dios no rechaza al íntegro,
Ni sostiene a los malhechores.
»Aún Él ha de llenar de risa tu boca,
Y tus labios de gritos de júbilo.
»Los que te odian serán cubiertos de vergüenza,
Y la tienda de los impíos no existirá más».
Entonces Job respondió:
«En verdad yo sé que es así,
Pero ¿cómo puede un hombre ser justo delante de Dios?
»Si alguien quisiera discutir con Él,
No podría contestar ni una vez entre mil.
»Sabio de corazón y robusto de fuerzas,
¿Quién lo ha desafiado sin sufrir daño?
»Dios es el que remueve los montes, y estos no saben cómo
Cuando los vuelca en Su furor;
Él es el que sacude la tierra de su lugar,
Y sus columnas tiemblan.
»El que manda al sol que no brille,
Y pone sello a las estrellas;
El que solo extiende los cielos,
Y anda sobre las olas del mar;
Él es el que hace la Osa, el Orión y las Pléyades,
Y las cámaras del sur;
El que hace grandes cosas, inescrutables,
Y maravillas sin número.
»Si Él pasara junto a mí, no lo vería;
Si me pasara adelante, no lo percibiría.
»Si Él arrebatara algo, ¿quién lo impediría?
Quién podrá decirle: “¿Qué haces?”.
»Dios no retirará Su ira;
Debajo de Él quedan humillados los que ayudan al Rahab.
»¿Cómo puedo yo responderle,
Y escoger mis palabras delante de Él?
»Porque aunque yo tuviera razón, no podría responder;
Tendría que implorar la misericordia de mi Juez.
»Si yo llamara y Él me respondiera,
No podría creer que escuchara mi voz.
»Porque Él me quebranta con tempestad,
Y sin causa multiplica mis heridas.
»No me permite cobrar aliento,
Sino que me llena de amarguras.
»Si es cuestión de poder, Él es poderoso;
Y si es cuestión de justicia, ¿quién lo citará?
»Aunque soy justo, mi boca me condenará;
Aunque soy inocente, Él me declarará culpable.
»Inocente soy,
No hago caso de mí mismo,
Desprecio mi vida.
»Todo es lo mismo, por tanto digo:
“Él destruye al inocente y al impío”.
»Si el azote mata de repente,
Él se burla de la desesperación del inocente.
»La tierra es entregada en manos de los impíos;
Él cubre el rostro de sus jueces;
Si no es Él, ¿entonces quién será?
»Mis días son más ligeros que un corredor;
Huyen, no ven el bien;
Se deslizan como barcos de juncos,
Como águila que se arroja sobre su presa.
»Aunque yo diga: “Olvidaré mi queja,
Cambiaré mi triste semblante y me alegraré”,
Temeroso estoy de todos mis dolores,
Sé que Tú no me absolverás.
»Si soy impío,
¿Para qué, pues, esforzarme en vano?
»Si me lavara con nieve
Y limpiara mis manos con lejía,
Aun así me hundirías en la fosa,
Y mis propios vestidos me aborrecerían.
»Porque Él no es hombre como yo, para que le responda,
Para que juntos vengamos a juicio.
»No hay árbitro entre nosotros,
Que ponga su mano sobre ambos.
»Que Él quite de mí Su vara,
Y no me espante Su terror.
»Entonces yo hablaré y no le temeré;
Porque en mi opinión yo no soy así.
»Hastiado estoy de mi vida:
Daré rienda suelta a mi queja,
Hablaré en la amargura de mi alma.
»Le diré a Dios: “No me condenes,
Hazme saber qué tienes contra mí.
-”¿Es justo para Ti oprimir,
Rechazar la obra de Tus manos,
Y mirar con favor los designios de los malos?
-”¿Acaso tienes Tú ojos de carne,
O ves como el hombre ve?
-”¿Son Tus días como los días de un mortal,
O Tus años como los años del hombre,
Para que andes averiguando mi culpa,
Y buscando mi pecado?
-”Según Tu conocimiento ciertamente no soy culpable;
Sin embargo, no hay salvación de Tu mano.
”Tus manos me formaron y me hicieron,
¿Y me destruirás?
-”Acuérdate ahora que me has modelado como a barro,
¿Y me harás volver al polvo?
-”¿No me derramaste como leche,
Y como queso me cuajaste?
-”¿No me vestiste de piel y de carne,
Y me entretejiste con huesos y tendones?
-”Vida y misericordia me has concedido,
Y Tu cuidado ha guardado mi espíritu.
-”Sin embargo, tienes escondidas estas cosas en Tu corazón,
Yo sé que esto está dentro de Ti:
Si pecara, me lo tomarías en cuenta,
Y no me absolverías de mi culpa.
-”Si soy malvado, ¡ay de mí!,
Y si soy justo, no me atrevo a levantar la cabeza.
Estoy lleno de deshonra y consciente de mi aflicción.
-”Si mi cabeza se levantara, como león me cazarías,
Y mostrarías Tu poder contra mí.
-”Renuevas Tus pruebas contra mí,
Y te ensañas conmigo;
Tropas de relevo vienen contra mí.
”¿Por qué, pues, me sacaste de la matriz?
¡Ojalá que hubiera muerto y nadie me hubiera visto!
-”Sería como si no hubiera existido,
Llevado del vientre a la sepultura”.
»¿No dejará Él en paz mis breves días?
Apártate de mí para que me consuele un poco
Antes que me vaya, para no volver,
A la tierra de tinieblas y de sombras profundas;
Tierra tan lóbrega como las mismas tinieblas,
De sombras profundas, sin orden,
Y donde la luz es como las tinieblas».
Entonces Zofar, el naamatita respondió:
«¿Quedará sin respuesta esa multitud de palabras?
¿Será absuelto el que mucho habla?
»¿Hará callar a los hombres tu palabrería?
¿Harás escarnio sin que nadie te reprenda?
»Pues has dicho: “Mi enseñanza es pura,
Y soy inocente ante tus ojos”.
»Pero, ¡quién diera que Dios hablara,
Que abriera Sus labios contra ti
Y te declarara los secretos de la sabiduría!
Porque la verdadera sabiduría tiene dos lados.
Sabrías entonces que Dios da por olvidada parte de tu iniquidad.
»¿Podrás tú descubrir las profundidades de Dios?
¿Podrás descubrir los límites del Todopoderoso?
»Altos son como los cielos; ¿qué puedes tú hacer?
Más profundos son que el Seol; ¿qué puedes tú saber?
»Más extensa que la tierra es su dimensión,
Y más ancha que el mar.
»Si Él pasa, o encierra,
O convoca una asamblea, ¿quién podrá impedírselo?
»Porque Él conoce a los hombres falsos,
Y ve la iniquidad sin investigar.
»El hombre tonto se hará inteligente
Cuando el pollino de un asno montés nazca hombre.
»Si diriges bien tu corazón
Y extiendes a Él tu mano,
Si en tu mano hay iniquidad y la alejas de ti
Y no permites que la maldad more en tus tiendas,
Entonces, ciertamente levantarás tu rostro sin mancha,
Estarás firme y no temerás.
»Porque olvidarás tu aflicción,
Como aguas que han pasado la recordarás.
»Tu vida será más radiante que el mediodía,
Y hasta la oscuridad será como la mañana.
»Entonces confiarás, porque hay esperanza,
Mirarás alrededor y te acostarás seguro.
»Descansarás y nadie te atemorizará,
Y muchos buscarán tu favor.
»Pero los ojos de los malvados languidecerán,
Y no habrá escape para ellos;
Su esperanza es dar su último suspiro».
Entonces respondió Job:
«En verdad que ustedes son el pueblo,
Y con ustedes morirá la sabiduría.
»Pero yo también tengo inteligencia como ustedes;
No soy inferior a ustedes.
¿Y quién no sabe esto?
»Soy motivo de burla para mis amigos,
Yo, el que clamaba a Dios, y Él le respondía.
Motivo de burla es el justo e intachable.
»El que está en holgura desprecia la calamidad,
Como cosa preparada para aquellos cuyos pies resbalan.
»Las tiendas de los destructores prosperan,
Y los que provocan a Dios están seguros,
A quienes Dios ha dado el poder que tienen.
»Ahora pregunta a los animales, y que ellos te instruyan,
Y a las aves de los cielos, y que ellas te informen.
»O habla a la tierra, y que ella te instruya,
Y que los peces del mar te lo declaren.
»¿Quién entre todos ellos no sabe
Que la mano del Señor ha hecho esto,
Que en Su mano está la vida de todo ser viviente,
Y el aliento de todo ser humano?
»¿No distingue el oído las palabras
Como el paladar prueba la comida?
»En los ancianos está la sabiduría,
Y en largura de días el entendimiento.
»En Él están la sabiduría y el poder,
Y el consejo y el entendimiento son Suyos.
ȃl derriba, y no se puede reedificar;
Aprisiona a un hombre, y no puede ser liberado.
ȃl retiene las aguas, y todo se seca,
Y las envía, e inundan la tierra.
»En Él están la fuerza y la prudencia,
Suyos son el engañado y el engañador.
ȃl hace que los consejeros anden descalzos,
Y hace necios a los jueces.
»Rompe las cadenas de los reyes
Y ata sus cinturas con cuerda.
»Hace que los sacerdotes anden descalzos
Y derriba a los que están seguros.
»Priva del habla a los hombres de confianza
Y quita a los ancianos el discernimiento.
»Vierte desprecio sobre los nobles
Y afloja el cinto de los fuertes.
ȃl revela los misterios de las tinieblas
Y saca a la luz la densa oscuridad.
»Engrandece las naciones, y las destruye;
Ensancha las naciones, y las dispersa.
»Priva de inteligencia a los jefes de la gente de la tierra
Y los hace vagar por un desierto sin camino;
Andan a tientas en tinieblas, sin luz,
Y los hace tambalearse como borrachos.
»Todo esto han visto mis ojos,
Lo han escuchado mis oídos y lo han entendido.
»Lo que ustedes saben yo también lo sé;
No soy menos que ustedes.
»Pero quiero hablarle al Todopoderoso,
Y deseo argumentar con Dios.
»Porque ustedes son forjadores de mentiras;
Todos ustedes son médicos inútiles
»¡Quién diera que guardaran completo silencio
Y se convirtiera esto en sabiduría suya!
»Oigan, les ruego, mi razonamiento,
Y presten atención a los argumentos de mis labios.
»¿Hablarán ustedes por Dios lo que es injusto
Y dirán por Él lo que es engañoso?
»¿Mostrarán por Él parcialidad?
¿Lucharán ustedes por Dios?
»¿Les irá bien cuando Él los escudriñe,
O lo engañarán como se engaña a un hombre?
»Ciertamente Él los reprenderá
Si en secreto muestran parcialidad.
»¿No los llenará de temor Su majestad,
Y no caerá sobre ustedes Su terror?
»Las máximas de ustedes son proverbios de ceniza,
Sus defensas son defensas de barro.
»Cállense delante de mí para que yo pueda hablar;
Y que venga lo que venga sobre mí.
»¿Por qué he de quitarme la carne con mis dientes,
Y poner mi vida en mis manos?
»Aunque Él me mate,
En Él esperaré.
Sin embargo, defenderé mis caminos delante de Él;
Esto también será mi salvación,
Porque un impío no comparecería en Su presencia.
»Escuchen atentamente mis palabras,
Y que mi declaración llene sus oídos.
»Pues yo he preparado mi causa;
Sé que seré justificado.
»¿Quién discutirá conmigo?
Porque entonces me callaría y moriría.
»Solo dos cosas deseo que Tú hagas conmigo,
Y no me esconderé de Tu rostro:
Que retires de mí Tu mano,
Y que no me espante Tu terror.
»Entonces llámame, y yo responderé;
O déjame hablar, y respóndeme Tú.
»¿Cuántas son mis iniquidades y pecados?
Hazme conocer mi rebelión y mi pecado.
»¿Por qué escondes Tu rostro
Y me consideras Tu enemigo?
»¿Harás que tiemble una hoja llevada por el viento,
O perseguirás a la paja seca?
»Pues escribes contra mí cosas amargas,
Y me haces responsable de las iniquidades de mi juventud.
»Pones mis pies en el cepo,
Y vigilas todas mis sendas;
Pones límite a las plantas de mis pies,
Mientras me deshago como cosa podrida,
Como vestido comido de polilla.
»El hombre, nacido de mujer,
Corto de días y lleno de tormentos,
Como una flor brota y se marchita,
Y como una sombra huye y no permanece.
»Sobre él ciertamente abres Tus ojos,
Y lo traes a juicio contigo.
»¿Quién hará algo limpio de lo inmundo?
¡Nadie!
»Ya que sus días están determinados,
El número de sus meses te es conocido,
Y has fijado sus límites para que no pueda pasarlos.
»Aparta de él Tu mirada para que descanse,
Hasta que cumpla su día como jornalero.
»Porque hay esperanza para un árbol
Cuando es cortado, que volverá a retoñar,
Y sus renuevos no le faltarán.
»Aunque envejezcan sus raíces en la tierra,
Y muera su tronco en el polvo,
Al olor del agua reverdecerá
Y como una planta joven echará renuevos.
»Pero el hombre muere y yace inerte.
El hombre expira, ¿y dónde está?
»Como las aguas se evaporan del mar,
Como un río se agota y se seca,
Así el hombre se acuesta y no se levanta;
Hasta que los cielos ya no existan,
No se despertará ni se levantará de su sueño.
»¡Oh, si me escondieras en el Seol,
Si me ocultaras hasta que Tu ira se pasara,
Si me pusieras un plazo y de mí te acordaras!
»Si el hombre muere, ¿volverá a vivir?
Todos los días de mi batallar esperaré
Hasta que llegue mi relevo.
»Tú llamarás, y yo te responderé;
Anhelarás la obra de Tus manos.
»Porque ahora cuentas mis pasos,
No observas mi pecado.
»Sellada está en un saco mi transgresión,
Y tienes cubierta mi iniquidad.
»Pero el monte que cae se desmorona,
Y se cambia la roca de su lugar;
El agua desgasta las piedras,
Sus torrentes se llevan el polvo de la tierra;
Así destruyes Tú la esperanza del hombre.
»Prevaleces para siempre contra él, y se va;
Cambias su apariencia, y lo despides.
»Alcanzan honra sus hijos, pero él no lo sabe;
O son humillados, pero él no lo percibe.
»Pero su cuerpo le da dolores,
Y se lamenta solo por sí mismo».
Entonces Elifaz, el temanita respondió:
«¿Debe responder un sabio con hueca sabiduría
Y llenarse de viento del este?
«¿Debe argumentar con razones inútiles
O con palabras sin provecho?
»Ciertamente, tú rechazas la reverencia,
E impides la meditación delante de Dios.
»Porque tu culpa enseña a tu boca,
Y escoges el lenguaje de los astutos.
»Tu propia boca te condena, y no yo,
Y tus propios labios testifican contra ti.
»¿Fuiste tú el primer hombre en nacer,
O fuiste dado a luz antes que las colinas?
»¿Oyes tú el secreto de Dios,
Y retienes para ti la sabiduría?
»¿Qué sabes tú que nosotros no sepamos?
¿Qué entiendes tú que nosotros no entendamos?
»También entre nosotros hay canosos y ancianos
De más edad que tu padre.
»¿Te parecen poco los consuelos de Dios,
Y la palabra hablada a ti con dulzura?
»¿Por qué te arrebata el corazón,
Y por qué centellean tus ojos,
Para volver tu espíritu contra Dios
Y dejar salir de tu boca tales palabras?
»¿Qué es el hombre para que sea puro,
O el nacido de mujer para que sea justo?
»Si Dios no confía en Sus santos,
Y ni los cielos son puros ante Sus ojos;
¡Cuánto menos el hombre, un ser abominable y corrompido,
Que bebe la iniquidad como agua!
»Yo te mostraré, escúchame,
Y te contaré lo que he visto;
Lo que los sabios han dado a conocer,
Sin ocultar nada de sus padres;
A ellos solos se les dio la tierra,
Y ningún extranjero pasó entre ellos.
»Todos sus días el impío se retuerce de dolor,
Y contados están los años reservados para el tirano.
»Ruidos de espanto hay en sus oídos,
Mientras está en paz, el destructor viene sobre él.
»Él no cree que volverá de las tinieblas,
Y que está destinado para la espada.
»Vaga en busca de pan, diciendo: “¿Dónde está?”.
Sabe que es inminente el día de las tinieblas.
»La ansiedad y la angustia lo aterran,
Lo dominan como rey dispuesto para el ataque;
Porque él ha extendido su mano contra Dios,
Y se porta con soberbia contra el Todopoderoso.
»Corre contra Él con cuello erguido,
Con su escudo macizo;
Porque ha cubierto su rostro con su gordura,
Se le han hecho pliegues de grasa sobre la cintura,
Y ha vivido en ciudades desoladas,
En casas inhabitables,
Destinadas a convertirse en ruinas.
»No se enriquecerá, ni sus bienes perdurarán,
Ni su espiga se inclinará a tierra.
»No escapará de las tinieblas,
Secará la llama sus renuevos,
Y por el soplo de Su boca desaparecerá.
»Que no confíe en la vanidad, engañándose a sí mismo,
Pues vanidad será su recompensa.
»Antes de su tiempo se cumplirá,
Y la hoja de su palmera no reverdecerá.
»Dejará caer sus uvas verdes como la vid,
Y como el olivo dejará caer su flor.
»Porque estéril es la compañía de los impíos,
Y el fuego consume las tiendas del corrupto.
»Conciben malicia, dan a luz iniquidad,
Y en su mente traman engaño».
Respondió entonces Job:
«He oído muchas cosas como estas;
Consoladores molestos son todos ustedes.
»¿No hay fin a las palabras vacías?
¿O qué te provoca para que así respondas?
»Yo también hablaría como ustedes,
Si yo estuviera en su lugar.
Podría recopilar palabras contra ustedes,
Y mover ante ustedes la cabeza.
»Les podría alentar con mi boca,
Y el consuelo de mis labios podría aliviar su dolor.
»Si hablo, mi dolor no disminuye,
Y si callo, no se aparta de mí.
»Pero ahora Él me ha agobiado;
Tú has asolado toda mi compañía,
Y me has llenado de arrugas
Que en testigo se han convertido;
Mi flacura se levanta contra mí,
Testifica en mi cara.
»Su ira me ha despedazado y me ha perseguido,
Contra mí Él ha rechinado los dientes;
Mi adversario aguza los ojos contra mí.
»Han abierto contra mí su boca,
Con injurias me han abofeteado;
A una se han juntado contra mí.
»Dios me entrega a los impíos,
Y me echa en manos de los malvados.
»Estaba yo tranquilo, y Él me sacudió,
Me agarró por la nuca y me hizo pedazos;
También me hizo Su blanco.
»Me rodean Sus flechas,
Parte mis riñones sin compasión,
Derrama por tierra mi hiel.
»Abre en mí brecha tras brecha;
Me ataca como un guerrero.
»Sobre mi piel he cosido cilicio,
Y he hundido en el polvo mi poder.
»Mi rostro está enrojecido por el llanto,
Y cubren mis párpados densa oscuridad,
Aunque no hay violencia en mis manos,
Y es pura mi oración.
»¡Oh tierra, no cubras mi sangre,
Y no deje de haber lugar para mi clamor!
»Aun ahora mi testigo está en el cielo,
Y mi defensor está en las alturas.
»Mis amigos son mis escarnecedores;
Mis ojos lloran a Dios.
»¡Ah, si un hombre pudiera discutir con Dios
Como un hombre con su vecino!
»Pues cuando hayan pasado unos pocos años
Me iré por el camino sin regreso.
»Mi espíritu está quebrantado, mis días extinguidos,
El sepulcro está preparado para mí.
»No hay sino escarnecedores conmigo,
Y mis ojos ven su provocación.
»Coloca, pues, junto a Ti una fianza para mí;
¿Quién hay que quiera ser mi fiador?
»Porque has escondido su corazón del entendimiento,
Por tanto no los exaltarás.
»Al que denuncie a sus amigos por una parte del botín,
A sus hijos se les debilitarán los ojos.
»Porque Él me ha hecho burla del pueblo,
Y soy uno a quien los hombres escupen.
»Mis ojos se oscurecen también por el sufrimiento,
Y todos mis miembros son como una sombra.
»Los hombres rectos se quedarán pasmados de esto,
Y el inocente se indignará contra el impío.
»Sin embargo, el justo se mantendrá en su camino,
Y el de manos limpias se fortalecerá más y más.
»Pero vuélvanse todos ustedes, y vengan ahora,
Pues no hallo entre ustedes a ningún sabio.
»Mis días han pasado, se deshicieron mis planes,
Los deseos de mi corazón.
»Algunos convierten la noche en día, diciendo:
“La luz está cerca”, en presencia de las tinieblas.
»Si espero que el Seol sea mi casa,
Hago mi lecho en las tinieblas;
Si digo al hoyo: “Mi padre eres tú”,
Y al gusano: ‘Mi madre y mi hermana”.
»¿Dónde está, pues, mi esperanza?
Y mi esperanza ¿quién la verá?
»¿Descenderá conmigo al Seol?
¿Nos hundiremos juntos en el polvo?».
Entonces Bildad, el suhita respondió:
«¿Hasta cuándo estarán rebuscando palabras?
Muestren entendimiento y entonces hablaremos.
»¿Por qué somos considerados como bestias,
Y torpes a sus ojos?
»¡Oh tú, que te desgarras en tu ira!
¿Ha de ser abandonada la tierra por tu causa,
O removida la roca de su lugar?
»Ciertamente la luz de los impíos se apaga,
Y no brillará la llama de su fuego.
»La luz en su tienda se oscurece,
Y su lámpara sobre él se apaga.
»Su vigoroso paso es acortado,
Y su propio designio lo hace caer.
»Porque es arrojado en la red por sus propios pies,
Y sobre mallas camina.
»Por el talón lo aprisiona un lazo,
Y una trampa se cierra sobre él.
»Escondido está en la tierra un lazo para él,
Y una trampa lo aguarda en la senda.
»Por todas partes lo atemorizan terrores,
Y lo hostigan a cada paso.
»Se agota por el hambre su vigor,
Y la desgracia está presta a su lado.
»Devora su piel la enfermedad,
Devora sus miembros el primogénito de la muerte.
»Es arrancado de la seguridad de su tienda,
Es conducido al rey de los terrores.
»Nada suyo mora en su tienda;
Azufre es esparcido sobre su morada.
»Por abajo se secan sus raíces,
Y por arriba se marchita su ramaje.
»Su memoria perece de la tierra,
Y no tiene nombre en toda la región.
»Es lanzado de la luz a las tinieblas,
Y de la tierra habitada lo echan.
»No tiene descendencia ni posteridad entre su pueblo,
Ni sobreviviente alguno donde él peregrinó.
»De su destino se asombran los del occidente,
Y los del oriente se sobrecogen de terror.
»Ciertamente tales son las moradas del impío,
Este es el lugar del que no conoce a Dios».
Entonces Job respondió:
«¿Hasta cuándo me angustiarán
Y me aplastarán con palabras?
»Estas diez veces me han insultado,
¿No les da vergüenza perjudicarme?
»Aunque en verdad yo haya errado,
Mi error queda conmigo.
»Si en verdad se jactan contra mí,
Y comprueban mi oprobio,
Sepan ahora que Dios me ha agraviado
Y me ha envuelto en Su red.
»Yo grito: “¡Violencia!”, pero no obtengo respuesta;
Clamo pidiendo ayuda, pero no hay justicia.
ȃl ha amurallado mi camino y no puedo pasar,
Y ha puesto tinieblas en mis sendas.
»Me ha despojado de mi honor
Y quitado la corona de mi cabeza.
»Me destruye por todos lados, y perezco,
Y como a un árbol ha arrancado mi esperanza.
»También ha encendido Su ira contra mí
Y me ha considerado Su enemigo.
»Se concentran a una Sus ejércitos,
Preparan su camino de asalto contra mí,
Y alrededor de mi tienda acampan.
»Él ha alejado de mí a mis hermanos,
Y mis conocidos se han apartado completamente de mí.
»Mis parientes me fallaron
Y mis íntimos amigos me han olvidado.
»Los moradores de mi casa y mis criadas me tienen por extraño,
Extranjero soy a sus ojos.
»Llamo a mi siervo, y no responde,
Con mi propia boca tengo que rogarle.
»Mi aliento es odioso a mi mujer,
Y soy repugnante a mis propios hermanos.
»Hasta los niños me desprecian,
Me levanto, y hablan contra mí.
»Todos mis compañeros me aborrecen,
Y los que amo se han vuelto contra mí.
»Mis huesos se pegan a mi piel y a mi carne,
Solo he escapado con la piel de mis dientes.
»Tengan piedad, tengan piedad de mí, ustedes mis amigos,
Porque la mano de Dios me ha herido.
»¿Por qué me persiguen como Dios lo hace,
Y no dejan ya de saciarse de mi carne?
»¡Oh, si mis palabras se escribieran,
Si se grabaran en un libro!
»¡Si con cincel de hierro y con plomo
Fueran esculpidas en piedra para siempre!
»Yo sé que mi Redentor vive,
Y al final se levantará sobre el polvo.
»Y después de deshecha mi piel,
Aun en mi carne veré a Dios;
Al cual yo mismo contemplaré,
Y a quien mis ojos verán y no los de otro.
¡Desfallece mi corazón dentro de mí!
»Si dicen: “¿Cómo lo perseguiremos?”.
Y: “¿Qué pretexto hallaremos contra él?”.
»Teman la espada ustedes mismos,
Porque el furor trae el castigo de la espada
Para que sepan que hay juicio».
Entonces Zofar, el naamatita respondió:
«Por esto mis pensamientos me hacen responder,
A causa de mi inquietud interior.
»He escuchado la reprensión que me insulta,
Y el espíritu de mi entendimiento me hace responder.
»¿Acaso sabes esto, que desde la antigüedad,
Desde que el hombre fue puesto sobre la tierra,
Es breve el júbilo de los malvados,
Y un instante dura la alegría del impío?
»Aunque su orgullo llegue a los cielos,
Y su cabeza toque las nubes,
Como su propio estiércol perece para siempre;
Los que lo han visto dirán: “¿Dónde está?”.
»Huye como un sueño, y no lo pueden encontrar,
Y como visión nocturna es ahuyentado.
»El ojo que lo veía, ya no lo ve,
Y su lugar no lo contempla más.
»Sus hijos favorecen a los pobres,
Y sus manos devuelven sus riquezas.
»Sus huesos están llenos de vigor juvenil,
Pero yacen con él en el polvo.
»Aunque el mal sea dulce en su boca,
Y lo oculte bajo su lengua,
aunque lo desee y no lo deje ir,
Sino que lo retenga en su paladar,
Con todo la comida en sus entrañas se transforma
En veneno de cobras dentro de él.
»Traga riquezas,
Pero las vomitará;
De su vientre se las hará echar Dios.
»Chupa veneno de cobras,
Lengua de víbora lo mata.
»No mira a los arroyos,
A los ríos que fluyen miel y cuajada.
»Devuelve lo que ha ganado,
No lo puede tragar;
En cuanto a las riquezas de su comercio,
No las puede disfrutar.
»Pues ha oprimido y abandonado a los pobres;
Se ha apoderado de una casa que no construyó.
»Porque no conoció quietud en su interior,
No retiene nada de lo que desea.
»Nada le quedó por devorar,
Por eso no dura su prosperidad.
»En la plenitud de su abundancia estará en estrechez;
La mano de todo el que sufre vendrá contra él.
»Cuando llene su vientre,
Dios enviará contra él el ardor de Su ira
Y la hará llover sobre él mientras come.
»Tal vez huya del arma de hierro,
Pero el arco de bronce lo atravesará.
»La flecha lo traspasa y sale por su espalda,
Y la punta relumbrante por su hiel.
Vienen sobre él terrores,
Completas tinieblas están reservadas para sus tesoros;
Fuego no atizado lo devorará,
Y consumirá al que quede en su tienda.
»Los cielos revelarán su iniquidad,
Y la tierra se levantará contra él.
»Las riquezas de su casa se perderán;
Serán arrasadas en el día de Su ira.
»Esta es la porción de Dios para el hombre impío,
Y la herencia decretada por Dios para él».
Entonces Job respondió:
«Escuchen atentamente mis palabras,
Y que sea este su consuelo para mí.
»Tengan paciencia y hablaré;
Y después que haya hablado, se podrán burlar.
»En cuanto a mí, ¿me quejo yo al hombre?
¿Y por qué no he de ser impaciente?
»Mírenme, y quédense atónitos,
Y pongan la mano sobre su boca.
»Aun cuando me acuerdo, me perturbo,
Y el horror se apodera de mi carne.
»¿Por qué siguen viviendo los impíos,
Y al envejecer, también se hacen muy poderosos?
»En su presencia se afirman con ellos sus descendientes,
Y sus vástagos delante de sus ojos;
Sus casas están libres de temor,
Y no está la vara de Dios sobre ellos.
»Su toro engendra sin fallar,
Su vaca pare y no aborta.
»Envían fuera a sus niños cual rebaño,
Y sus hijos andan saltando.
»Cantan con pandero y arpa,
Y al son de la flauta se regocijan.
»Pasan sus días en prosperidad,
Pero de repente descienden al Seol.
»Y dicen a Dios: “¡Apártate de nosotros!
No deseamos el conocimiento de Tus caminos.
-”¿Quién es el Todopoderoso, para que le sirvamos,
Y qué ganaríamos con rogarle?”.
»No está en mano de ellos su prosperidad;
El consejo de los impíos lejos está de mí.
»¿Cuántas veces es apagada la lámpara de los impíos,
O cae sobre ellos su calamidad?
¿Reparte Dios dolores en Su ira?
»¿Son como paja delante del viento,
Y como tamo que arrebata el torbellino?
»Ustedes dicen: “Dios guarda la iniquidad de un hombre para sus hijos”.
Que Dios le pague para que aprenda.
»Vean sus ojos su ruina,
Y beba de la furia del Todopoderoso.
»Pues ¿qué le importa la suerte de su casa después de él
Cuando el número de sus meses haya sido cortado?
»¿Puede enseñarse a Dios sabiduría,
Siendo que Él juzga a los encumbrados?
»Uno muere en pleno vigor,
Estando completamente tranquilo y satisfecho;
Sus costados están repletos de grasa,
Húmeda está la médula de sus huesos,
Mientras otro muere con alma amargada,
Y sin haber probado nada bueno.
»Juntos yacen en el polvo,
Y los gusanos los cubren.
»Yo conozco los pensamientos de ustedes,
Y los designios con los cuales me dañarían.
»Porque dicen: “¿Dónde está la casa del noble,
Y dónde la tienda donde moraban los impíos?”.
»¿No han preguntado a los caminantes,
Y no reconocen su testimonio?
»Porque el impío es preservado para el día de la destrucción;
Ellos serán conducidos en el día de la ira.
»¿Quién le declarará en su cara sus acciones,
Y quién le pagará por lo que ha hecho?
»Mientras es llevado al sepulcro,
Velarán sobre su tumba.
»Los terrones del valle suavemente lo cubrirán,
Y le seguirán todos los hombres,
E innumerables otros irán delante de él.
»¿Cómo, pues, me consuelan en vano?
Sus respuestas están llenas de falsedad».
Entonces Elifaz, el temanita respondió:
«¿Puede un hombre ser útil a Dios,
O un sabio útil para sí mismo?
»¿Es de algún beneficio al Todopoderoso que tú seas justo,
O gana algo si haces perfectos tus caminos?
»¿Es a causa de tu piedad que Él te reprende,
Que entra en juicio contigo?
»¿No es grande tu maldad,
Y sin fin tus iniquidades?
»Porque sin razón tomabas prendas de tus hermanos,
Y has despojado de sus ropas a los desnudos.
»No dabas a beber agua al cansado,
Y le negabas pan al hambriento.
»Pero la tierra es del poderoso,
Y el privilegiado mora en ella.
»Despedías a las viudas con las manos vacías
Y quebrabas los brazos de los huérfanos.
»Por eso te rodean lazos,
Y te aterra temor repentino,
O tinieblas, y no puedes ver,
Y abundancia de agua te cubre.
»¿No está Dios en lo alto de los cielos?
Mira también las más lejanas estrellas, ¡cuán altas están!
»Y tú dices: “¿Qué sabe Dios?
¿Puede Él juzgar a través de las densas tinieblas?
-”Las nubes lo ocultan, y no puede ver,
Y se pasea por la bóveda del cielo”.
»¿Seguirás en la senda antigua
En que anduvieron los hombres malvados,
Que fueron arrebatados antes de su tiempo,
Y cuyos cimientos fueron arrasados por un río?
»Ellos dijeron a Dios: “Apártate de nosotros”
Y: “¿Qué puede hacernos el Todopoderoso?”.
»Él había llenado de bienes sus casas,
Pero el consejo de los malos está lejos de mí.
»Los justos ven y se alegran,
Y el inocente se burla de ellos,
Diciendo: “Ciertamente nuestros adversarios han sido destruidos,
Y el fuego ha consumido su abundancia”.
»Cede ahora y haz la paz con Él,
Así te vendrá el bien.
»Recibe, te ruego, la instrucción de Su boca,
Y pon Sus palabras en tu corazón.
»Si vuelves al Todopoderoso, serás restaurado.
Si alejas de tu tienda la injusticia,
Y pones tu oro en el polvo,
Y el oro de Ofir entre las piedras de los arroyos,
El Todopoderoso será para ti tu oro
Y tu plata escogida.
»Porque entonces te deleitarás en el Todopoderoso,
Y alzarás a Dios tu rostro.
»Orarás a Él y te escuchará,
Y cumplirás tus votos.
»Decidirás una cosa, y se te cumplirá,
Y en tus caminos resplandecerá la luz.
»Cuando estés abatido, hablarás con confianza
Y Él salvará al humilde.
»Él librará aun al que no es inocente,
Que será librado por la pureza de tus manos».
Entonces Job respondió:
«Aun hoy mi queja es rebelión;
Su mano es pesada a pesar de mi gemido.
»¡Quién me diera saber dónde encontrarlo,
Para poder llegar hasta Su trono!
»Expondría ante Él mi causa,
Llenaría mi boca de argumentos.
»Aprendería yo las palabras que Él me respondiera,
Y entendería lo que me dijera.
»¿Discutiría Él conmigo con la grandeza de Su poder?
No, ciertamente me prestaría atención.
»Allí el justo razonaría con Él,
Y yo sería librado para siempre de mi Juez.
»Me adelanto, pero Él no está allí,
Retrocedo, pero no lo puedo percibir;
Cuando se manifiesta a la izquierda, no lo distingo,
Se vuelve a la derecha, y no lo veo.
»Pero Él sabe el camino que tomo;
Cuando me haya probado, saldré como el oro.
»Mi pie ha seguido firme en Su senda,
Su camino he guardado y no me he desviado.
»Del mandamiento de Sus labios no me he apartado,
He atesorado las palabras de Su boca más que mi comida.
»Pero Él es único, ¿y quién lo hará cambiar?
Lo que desea Su alma, eso hace.
»Porque Él hace lo que está determinado para mí,
Y muchos decretos como estos hay con Él.
»Por tanto, me espantaría ante Su presencia;
Cuando lo pienso, siento terror de Él.
»Es Dios el que ha hecho desmayar mi corazón,
Y el Todopoderoso el que me ha perturbado;
Pero no me hacen callar las tinieblas,
Ni la densa oscuridad que me cubre.
“¿Por qué no se reserva los tiempos el Todopoderoso,
Y por qué no ven Sus días los que Lo conocen?
»Algunos quitan los linderos,
Roban y devoran los rebaños.
»Se llevan los asnos de los huérfanos,
Toman en prenda el buey de la viuda.
»Apartan del camino a los necesitados,
Hacen que se escondan completamente los pobres de la tierra.
»Como asnos monteses en el desierto,
Salen los pobres con afán en busca de alimento
Y de pan para sus hijos en lugar desolado.
»Cosechan su forraje en el campo,
Y vendimian la viña del impío.
»Pasan la noche desnudos, sin ropa,
Y no tienen cobertura contra el frío.
»Mojados están con los aguaceros de los montes,
Y se abrazan a la peña por falta de abrigo.
»Otros arrancan del pecho al huérfano,
Y contra el pobre exigen prenda.
»Hacen que el pobre ande desnudo, sin ropa,
Y al hambriento quitan las gavillas.
»Entre sus paredes producen aceite;
Pisan los lagares, pero pasan sed.
»Desde la ciudad gimen los hombres,
Y claman las almas de los heridos,
Pero Dios no hace caso a su súplica.
»Otros han estado con los que se rebelan contra la luz;
No quieren conocer sus caminos,
Ni morar en sus sendas.
»Al amanecer se levanta el asesino;
Mata al pobre y al necesitado,
Y de noche es como un ladrón.
»El ojo del adúltero espera el anochecer,
Diciendo: “Ningún ojo me verá”,
Y disfraza su rostro.
»En la oscuridad minan las casas,
Y de día se encierran;
No conocen la luz.
»Porque para él la mañana es como densa oscuridad,
Pues está acostumbrado a los terrores de la densa oscuridad.
»Sobre la superficie de las aguas son insignificantes;
Maldita es su porción sobre la tierra,
Nadie se vuelve hacia las viñas.
»La sequía y el calor consumen las aguas de la nieve,
Y el Seol a los que han pecado.
»La madre lo olvidará;
El gusano lo saboreará hasta que nadie se acuerde de él,
Y la iniquidad será quebrantada como un árbol.
»Maltrata a la mujer estéril,
Y no hace ningún bien a la viuda.
»Pero Dios arrastra a los poderosos con Su poder;
Cuando se levanta, nadie está seguro de la vida.
»Les provee seguridad y son sostenidos,
Y los ojos de Él están en sus caminos.
»Son exaltados por poco tiempo, después desaparecen;
Además son humillados y como todo, recogidos;
Como las cabezas de las espigas son cortados.
»Y si no, ¿quién podrá desmentirme,
Y reducir a nada mi discurso?».
Entonces Bildad, el suhita, respondió:
«Dominio y pavor pertenecen
Al que establece la paz en Sus alturas.
»¿Tienen número Sus ejércitos?
¿Y sobre quién no se levanta Su luz?
»¿Cómo puede un hombre, pues, ser justo con Dios?
¿O cómo puede ser limpio el que nace de mujer?
»Si aun la luna no tiene brillo
Y las estrellas no son puras a Sus ojos,
¡Cuánto menos el hombre, esa larva,
Y el hijo del hombre, ese gusano!».
Entonces respondió Job:
«¡Qué ayuda eres para el débil!
¡Cómo has salvado al brazo sin fuerza!
»¡Qué consejos has dado al que no tiene sabiduría,
Y qué útil conocimiento has dado en abundancia!
»¿A quién has proferido tus palabras,
Y de quién es el espíritu que habló en ti?
»Las sombras tiemblan
Bajo las aguas y sus habitantes.
»Desnudo está el Seol ante Él,
Y el Abadón no tiene cobertura.
»Él extiende el norte sobre el vacío,
Y cuelga la tierra sobre la nada.
»Envuelve las aguas en Sus nubes,
Y la nube no se rompe bajo ellas.
»Oscurece la superficie de la luna llena,
Y extiende sobre ella Su nube.
»Ha trazado un círculo sobre la superficie de las aguas
En el límite de la luz y las tinieblas.
»Las columnas del cielo tiemblan
Y se espantan ante Su reprensión.
»Al mar agitó con Su poder,
Y al monstruo Rahab quebrantó con Su entendimiento.
»Con Su soplo se limpian los cielos;
Su mano ha traspasado la serpiente huidiza.
»Estos son los bordes de Sus caminos;
¡Y cuán leve es la palabra que de Él oímos!
Pero Su potente trueno, ¿quién lo puede comprender?».
Entonces Job continuó su discurso y dijo:
«¡Vive Dios, que ha quitado mi derecho,
Y el Todopoderoso, que ha amargado mi alma!
»Porque mientras haya vida en mí,
Y el aliento de Dios esté en mis narices,
Mis labios, ciertamente, no hablarán injusticia,
Ni mi lengua pronunciará mentira.
»Lejos esté de mí que les dé la razón a ustedes;
Hasta que muera, no abandonaré mi integridad.
»Me aferraré a mi justicia y no la soltaré.
Mi corazón no reprocha ninguno de mis días.
»Sea como el impío mi enemigo,
Y como el injusto mi adversario.
»Porque, ¿cuál es la esperanza del impío cuando es cortado,
Cuando Dios reclama su alma?
»¿Oirá Dios su clamor,
Cuando venga sobre él la angustia?
»¿Se deleitará en el Todopoderoso?
¿Invocará a Dios en todo tiempo?
»Les instruiré en el poder de Dios;
No ocultaré lo que concierne al Todopoderoso.
»Todos ustedes lo han visto;
¿Por qué, entonces, obran neciamente?
»Esta es la porción de parte de Dios para el hombre impío,
Y la herencia que los tiranos reciben del Todopoderoso.
»Aunque sean muchos sus hijos, están destinados a la espada,
Y sus vástagos no se saciarán de pan.
»Sus sobrevivientes serán sepultados a causa de la plaga,
Y sus viudas no podrán llorar.
»Aunque amontone plata como polvo,
Y prepare vestidos abundantes como el barro;
Él los puede preparar, pero el justo los vestirá,
Y el inocente repartirá la plata.
»Edifica su casa como tela de araña,
O como choza que un guarda construye.
»Rico se acuesta, pero no volverá a serlo;
Abre sus ojos, y ya no hay nada.
»Lo alcanzan los terrores como una inundación;
De noche lo arrebata un torbellino.
»Se lo lleva el viento del este, y desaparece,
Pues como torbellino lo arranca de su lugar.
»Sin compasión se arrojará contra él;
Ciertamente él tratará de huir de su poder.
»Batirán palmas por su ruina,
Y desde su propio lugar le silbarán.
»Ciertamente hay una mina para la plata,
Y un lugar donde se refina el oro.
»El hierro se saca de la tierra,
Y de la piedra se funde el cobre.
»El hombre pone fin a las tinieblas,
Y hasta los límites más remotos escudriña
La roca que está en densa oscuridad.
»Abren minas lejos de lo habitado,
Olvidado por el pie;
Suspendidos se balancean lejos de los hombres.
»De la tierra viene el alimento,
Y abajo está revuelta como por fuego.
»Sus piedras son yacimientos de zafiros,
Y su polvo contiene oro.
»Senda que ave de rapiña no conoce,
Ni que ojo de halcón ha alcanzado a ver;
Las orgullosas bestias no la han pisado,
Ni el fiero león ha pasado por ella.
»Pone el hombre su mano en el pedernal;
Vuelca de raíz los montes.
»Abre canales en las rocas,
Y su ojo ve todo lo preciado.
»Detiene los arroyos para que no corran,
Y saca a luz lo oculto.
»Pero la sabiduría, ¿dónde se hallará?
¿Y dónde está el lugar de la inteligencia?
»No conoce el hombre su valor,
Ni se encuentra en la tierra de los vivientes.
»El abismo dice: “No está en mí”;
Y el mar dice: “No está conmigo”.
»No se puede dar oro puro por ella,
Ni peso de plata por su precio.
»No puede evaluarse con oro de Ofir,
Ni con ónice precioso, ni con zafiro.
»No la pueden igualar ni el oro ni el vidrio,
Ni se puede cambiar por artículos de oro puro.
»Coral y cristal ni se mencionen;
La adquisición de la sabiduría es mejor que las perlas.
»El topacio de Etiopía no puede igualarla,
Ni con oro puro se puede evaluar.
»¿De dónde, pues, viene la sabiduría?
¿Y dónde está el lugar de la inteligencia?
»Está escondida de los ojos de todos los vivientes,
Y oculta a todas las aves del cielo.
»El Abadón y la muerte dicen:
“Con nuestros oídos hemos oído su fama”.
»Dios entiende el camino de ella,
Y conoce su lugar.
»Porque Él contempla los confines de la tierra,
Y ve todo bajo los cielos.
»Cuando Él dio peso al viento
Y determinó las aguas por medida;
Cuando puso límite a la lluvia
Y camino para el rayo,
Entonces Él la vio y la declaró,
La estableció y también la escudriñó.
»Y dijo al hombre: “El temor del Señor es sabiduría,
Y apartarse del mal, inteligencia”».
Y reanudó Job su discurso, y dijo:
«¡Quién me diera volver a ser como en meses pasados,
Como en los días en que Dios velaba sobre mí;
Cuando Su lámpara resplandecía sobre mi cabeza,
Y a Su luz caminaba yo en las tinieblas;
Como era yo en los días de mi juventud,
Cuando el favor de Dios estaba sobre mi tienda;
Cuando el Todopoderoso estaba aún conmigo,
Y mis hijos en derredor mío;
Cuando en leche se bañaban mis pies,
Y la roca me derramaba ríos de aceite!
»Cuando yo salía a la puerta de la ciudad,
Cuando en la plaza tomaba mi asiento,
Me veían los jóvenes y se escondían,
Y los ancianos se levantaban y permanecían en pie.
»Los príncipes dejaban de hablar
Y ponían la mano sobre su boca;
La voz de los nobles se apagaba,
Y la lengua se les pegaba al paladar.
»Porque el oído que oía me llamaba bienaventurado,
Y el ojo que veía daba testimonio de mí;
Porque yo libraba al pobre que clamaba,
Y al huérfano que no tenía quien lo ayudara.
»Venía sobre mí la bendición del que estaba a punto de perecer,
Y el corazón de la viuda yo llenaba de gozo.
»De justicia me vestía, y ella me cubría;
Como manto y turbante era mi derecho.
»Ojos era yo para el ciego,
Y pies para el cojo.
»Padre era para los necesitados,
Y examinaba la causa que no conocía.
»Quebraba los colmillos del impío,
Y de sus dientes arrancaba la presa.
»Entonces pensaba: “En mi nido moriré,
Y multiplicaré mis días como la arena.
-”Mi raíz se extiende hacia las aguas,
Y el rocío se posa de noche en mi rama.
-”Conmigo siempre es nueva mi gloria,
Y mi arco en mi mano se renueva”.
»Me escuchaban y esperaban,
Y guardaban silencio para oír mi consejo.
»Después de mis palabras no hablaban de nuevo,
Y sobre ellos caía gota a gota mi discurso.
»Me esperaban como a la lluvia,
Y abrían su boca como a lluvia de primavera.
»Yo les sonreía cuando ellos no creían,
Y no abatían la luz de mi rostro.
»Les escogía el camino y me sentaba como jefe,
Y moraba como rey entre las tropas,
Como el que consuela a los que lloran.
»Pero ahora se burlan de mí
Los que son más jóvenes que yo,
A cuyos padres no consideraba yo dignos
De poner con los perros de mi ganado.
»En verdad, la fuerza de sus manos ¿de qué me servía?
Había desaparecido de ellos el vigor.
»De miseria y hambre estaban extenuados;
Roían la tierra seca de noche en desierto y desolación;
Arrancaban malvas junto a los matorrales,
Y raíz de retama era su alimento.
»De la comunidad fueron expulsados,
Gritaban contra ellos como contra un ladrón.
»Moraban en valles de terror,
En las cuevas de la tierra y de las peñas.
»Entre los matorrales clamaban;
Bajo las ortigas se reunían.
»Necios, sí, hijos sin nombre,
Echados a latigazos de la tierra.
»Y ahora he venido a ser su escarnio,
Y soy para ellos motivo de burla.
»Me aborrecen y se alejan de mí,
Y no se retraen de escupirme a la cara.
»Por cuanto Él ha aflojado la cuerda de Su arco y me ha afligido,
Se han quitado el freno delante de mí.
»A mi derecha se levanta el populacho,
Arrojan lazos a mis pies
Y preparan contra mí sus caminos de destrucción.
»Arruinan mi senda,
A causa de mi destrucción se benefician,
Nadie los detiene.
»Como por ancha brecha vienen,
En medio de la tempestad siguen rodando.
»Contra mí se vuelven los terrores,
Como el viento persiguen mi honor,
Y como nube se ha disipado mi prosperidad.
»Y ahora en mí se derrama mi alma;
Días de aflicción se han apoderado de mí.
»De noche Él traspasa mis huesos dentro de mí,
Y los dolores que me corroen no descansan.
»Una gran fuerza deforma mi vestidura,
Me aprieta como el cuello de mi túnica.
ȃl me ha arrojado al lodo,
Y soy como el polvo y la ceniza.
»Clamo a Ti, y no me respondes;
Me pongo en pie, y no me prestas atención.
»Te has vuelto cruel conmigo,
Con el poder de Tu mano me persigues.
»Me alzas al viento, me haces cabalgar en él,
Y me deshaces en la tempestad.
»Pues sé que a la muerte me llevarás,
A la casa de reunión de todos los vivientes.
»Sin embargo, ¿no extiende la mano el que está en un montón de ruinas,
Cuando clama en su calamidad?
»¿No he llorado por aquel cuya vida es difícil?
¿No se angustió mi alma por el necesitado?
»Cuando esperaba yo el bien, vino el mal,
Cuando esperaba la luz, vino la oscuridad.
»Por dentro me hierven las entrañas, y no puedo descansar;
Me vienen al encuentro días de aflicción.
»Ando enlutado, sin consuelo;
Me levanto en la asamblea y clamo.
»He venido a ser hermano de chacales
Y compañero de avestruces.
»Mi piel se ennegrece sobre mí,
Y mis huesos se queman por la fiebre.
»Se ha convertido en duelo mi arpa,
Y mi flauta en voz de los que lloran.
»Hice un pacto con mis ojos,
¿Cómo podía entonces mirar a una virgen?
»¿Y cuál es la porción de Dios desde arriba,
O la heredad del Todopoderoso desde las alturas?
»¿No es la calamidad para el injusto,
Y el infortunio para los que obran iniquidad?
»¿No ve Él mis caminos,
Y cuenta todos mis pasos?
»Si he caminado con la mentira,
Y si mi pie se ha apresurado tras el engaño,
Que Él me pese en balanzas de justicia,
Y que Dios conozca mi integridad.
»Si mi paso se ha apartado del camino,
Si mi corazón se ha ido tras mis ojos,
Y si alguna mancha se ha pegado en mis manos,
Que yo siembre y otro coma,
Y sean arrancadas mis cosechas.
»Si mi corazón fue seducido por mujer,
O he estado al acecho a la puerta de mi prójimo,
Que muela para otro mi mujer,
Y otros se encorven sobre ella.
»Porque eso sería una terrible ofensa,
Y una iniquidad castigada por los jueces;
Porque sería fuego que consume hasta el Abadón,
Y arrancaría toda mi ganancia.
»Si he negado el derecho de mi siervo o de mi sierva
Cuando presentaron queja contra mí,
¿Qué haré cuando Dios se levante?
Y cuando Él me pida cuentas, ¿qué le responderé?
»¿Acaso Aquel que me hizo en el seno materno, no lo hizo también a él?
¿No fue uno mismo el que nos formó en la matriz?
»Si he impedido a los pobres su deseo,
O he hecho desfallecer los ojos de la viuda,
O si he comido mi bocado solo,
Y el huérfano no ha comido de él
(Aunque desde mi juventud él creció conmigo como con un padre,
Y a la viuda la guié desde mi infancia);
Si he visto a alguien perecer por falta de ropa,
Y sin abrigo al necesitado,
Si su corazón no me ha expresado gratitud,
Pues se ha calentado con el vellón de mis ovejas;
Si he alzado contra el huérfano mi mano,
Porque vi que yo tenía apoyo en la puerta,
Que mi hombro se caiga de la coyuntura,
Y mi brazo se quiebre en el codo.
»Porque el castigo de Dios es terror para mí,
Y ante Su majestad nada puedo hacer.
»Si he puesto en el oro mi confianza,
Y he dicho al oro fino: “Tú eres mi seguridad”;
Si me he alegrado porque mi riqueza era grande,
Y porque mi mano había adquirido mucho;
Si he mirado al sol cuando brillaba,
O a la luna marchando en esplendor,
Y fue mi corazón seducido en secreto,
Y mi mano tiró un beso de mi boca,
Eso también hubiera sido iniquidad que merecía juicio,
Porque habría negado al Dios de lo alto.
»¿Acaso me he alegrado en la destrucción de mi enemigo,
O me he regocijado cuando el mal le sobrevino?
»No, no he permitido que mi boca peque
Pidiendo su vida en una maldición.
»¿Acaso no han dicho los hombres de mi tienda:
“¿Quién puede hallar a alguien que no se haya saciado con su carne?”.
»El extranjero no pasa la noche afuera,
Porque al viajero he abierto mis puertas.
»¿Acaso he cubierto mis transgresiones como Adán,
Ocultando en mi seno mi iniquidad,
Porque temí a la gran multitud,
O el desprecio de las familias me aterró,
Y guardé silencio y no salí de mi puerta?
»¡Quién me diera que alguien me oyera!
Aquí está mi firma.
¡Que me responda el Todopoderoso!
Y la acusación que ha escrito mi adversario,
Ciertamente yo la llevaría sobre mi hombro,
Y me la pondría como una corona.
»Del número de mis pasos yo le daría cuenta,
Como a un príncipe me acercaría a Él.
»Si mi tierra clama contra mí,
Y sus surcos lloran juntos;
Si he comido su fruto sin dinero,
O si he causado que sus dueños pierdan sus vidas,
¡Que en lugar de trigo crezcan cardos,
Y en lugar de cebada, hierba maloliente!».
Aquí terminan las palabras de Job.
Bildad y los dichos antiguos.
Bildad es el segundo en hablar y su juicio está basado en los dichos y consejos de los antiguos: “Porque pregunta ahora a las generaciones pasadas, y disponte para inquirir a los padres de ellas; pues nosotros somos de ayer, y nada sabemos, siendo nuestros días sobre la tierra como sombra. ¿No te enseñarán ellos, te hablarán y de su corazón sacarán palabras?” (Job 8:8-10, RV60). Los argumentos de Bildad están apoyados en los consejos de antiguos sabios. Basado en esto Bildad también cree que la razón por la cual Job se encuentra sufriendo es porque tiene pecados ocultos ya que según él: “He aquí, Dios no aborrece al perfecto, ni apoya la mano de los malignos”, (Job 8:20, RV60). Aunque podemos encontrar buenas sugerencias en los dichos de los sabios, debemos recordar que estos no son infalibles, ya que al final son hombres limitados como nosotros. Pudiera ser que la percepción de estos no sea aplicable para todas las situaciones de la vida o que simplemente no hayan considerado todas las posibilidades. En este caso sus fuentes de información no consideraban la idea de que un justo pudiera sufrir.
Zofar y el legalismo.
Consideremos ahora el discurso de Zofar naamatita para entender el fundamento de su opinión: “¡Oh, quién diera que Dios hablara, y abriera sus labios contigo, y te declarara los secretos de la sabiduría, que son de doble valor que las riquezas! Conocerías entonces que Dios te ha castigado menos de lo que tu iniquidad merece”, Leemos también: “Si tú dispusieres tu corazón, y extendieres a él tus manos; si alguna iniquidad hubiere en tu mano, y la echares de ti, y no consintieres que more en tu casa la injusticia, entonces levantarás tu rostro limpio de mancha, y serás fuerte, y nada temerás”, (Job 11:5-6; 13-15). Por la dureza de sus palabras podemos ver a una persona legalista. Al observar la terrible situación de Job, Zofar lejos de mostrar misericordia fue duro al emitir juicio sobre él. Cuantas personas son como Zofar los cuales bajo una apariencia de piedad se dedican a criticar duramente los errores de los demás, sin considerar que ellos mismos son también seres imperfectos. Lejos de consolar y exhortar para que estos vuelvan de su error solo los condenan haciéndoles sentir miserables e indignos, y muchas veces, como en el caso de Job, juzgan basados en las apariencias, atribuyéndoles pecados que ni si quieran han cometido.
Al final, tanto la experiencia como el apoyarse en la sabiduría de los antiguos sabios y el legalismo fallaron. Estos tres hombres estaban lejos de comprender la situación bajo la perspectiva de Dios por ello nosotros debemos buscar siempre la dirección divina por medio de sus Escrituras para actuar correctamente. Al considerar las duras críticas de sus amigos podemos ver como el libro de Job nos enseña el valor de la paciencia. La paciencia ayudo a Job a mantener su integridad y no caer en la trampa de Satanás, aun en medio de las circunstancias más difíciles e injustas. Es importante considerar que, a pesar de su paciencia, Job no era un muñeco de yeso que soportaba estoicamente los sufrimientos.
En segundo lugar, vemos como el sufrimiento prolongado y la incertidumbre de no saber la razón de sus sufrimientos lo llevo a un punto de quejarse y demandar una repuesta del Señor, sin embargo, nunca lo hace de una manera arrogante. Para enfrentar su dura condición, Job decide hacer un inventario de su situación pasada y aceptar su actual condición, contrario a muchas personas que cuando enfrentan situaciones similares viven quejándose, amargándose con los recuerdos del pasado y entran en depresión, buscan huir de la realidad a través de pastillas, entregándose a la depresión, refugiándose en el alcohol o en las drogas. Job 30:1, 9-12 (NVI)
La frase “Y ahora” introduce el lamento de Job sobre su actual situación versus su antigua prosperidad. Después de ser una persona respetada ahora hasta los jóvenes se burlaban de su mal y es visto como alguien despreciable. Su sufrimiento es tal que los siguientes versículos lo expresan de la siguiente manera:
Job 30:16-21 (NVI)
Con estas palabras Job describe su agotamiento físico y emocional debido a sus días de aflicción y compara los terribles efectos de su sufrimiento y enfermedad con ser estrangulado con poderosa violencia. Irónicamente, Job declara su frustración con Dios casi tan directamente como cuando expreso su confianza en su Redentor, lo compara con un villano que lo estrangula y lo arroja al fango sin ninguna consideración hasta humillarlo completamente. Job clama a Dios en medio de su martirio, pero no obtiene respuesta. A continuación, Job se dispone a realizar un inventario moral como una forma de decirle a Dios que era injusto el trato que estaba recibiendo. El alega nunca haber estado involucrado en los siguientes pecados:
1 Lujuria (“Yo había convenido con mis ojos no mirar con lujuria a ninguna mujer”, Job 31:1, NVI).
2 Falsedad y engaño (“Si he andado en malos pasos, o mis pies han corrido tras la mentira, ¡que Dios me pese en una balanza justa, y así sabrá que soy inocente!”, Job 31:5-6, NVI).
3. Opresión a los esclavos (“Si me negué a hacerles justicia a mis siervos y a mis siervas cuando tuvieron queja contra mí, ¿qué haré cuando Dios me llame a cuentas? ¿qué responderé cuando me haga comparecer? El mismo Dios que me formó en el vientre fue el que los formó también a ellos; nos dio forma en el seno materno”, Job 31:13-15, NVI).
4. Maltrato a los pobres, abuso o abandono a las viudas y huérfanos. (“Job 31:16-22, NVI).
5. Confiar en las riquezas más que en Dios. (“¿Acaso he puesto en el oro mi confianza, o le he dicho al oro puro: En ti confío? ¿Me he ufanado de mi gran fortuna, de las riquezas amasadas con mis manos?, Job 31:25-26, NVI).
6. Alegrarse de las desgracias de otros incluyendo a sus enemigos (“¿Acaso me he alegrado de la ruina de mi enemigo? ¿Acaso he celebrado su desgracia? ¡Jamás he permitido que mi boca peque pidiendo que le vaya mal!”, Job 31:29-30, NVI).
7. Adorar a dioses falsos (“¿He admirado acaso el esplendor del sol o el avance esplendoroso de la luna, como para rendirles culto en lo secreto y enviarles un beso con la mano? ¡También este pecado tendría que ser juzgado, pues habría yo traicionado al Dios de las alturas!”, Job 31:26-28, NVI).
8. Hipocresía. (“Jamás he ocultado mi pecado, como el común de la gente, ni he mantenido mi culpa en secreto, por miedo al qué dirán. por miedo al desprecio de mis parientes”, Job 31:33-34, NVI).
Con estas palabras Job termina su soliloquio (monólogo) afirmando su inocencia y demandándole a Dios una respuesta por lo que lo invita a un juicio de donde cree que saldrá victorioso. Pero está a punto de darse cuenta de que las cosas no son como cree: “¡Cómo quisiera que Dios me escuchara! Estampo aquí mi firma; que me responda el Todopoderoso. Si él quiere contender conmigo, que lo haga por escrito”, (Job 31:35, NVI).
Nuestra vulnerable humanidad queda clara en la historia de Job, tanto sufrimiento nos puede en ocasiones impulsar a dudar de la fidelidad de Dios, a quejarnos y exigir respuestas, pero nunca debemos hacerlo con arrogancia y es allí donde necesitamos la paciencia que se traduce en la resistencia para no abandonar la fe en el Señor. El mayor peligro de los sufrimientos es el abandonar a Dios o negar su existencia. Job estaba siendo atormentado por su enfermedad, el desprecio de su esposa, el dolor por la pérdida de sus hijos y sus bienes, y encima de todo eso sus amigos lanzaban constantes acusaciones en contra de él, debieron crear una situación insoportable; pero al final cuando todo parecía no tener un buen final se deslumbro una luz ya que el Señor comienza a responderle todas sus interrogantes y lo hace a través de un joven llamado Eliú. Dios jamás nos dejara que seamos consumidos por un problema, si no, traerá su ayuda a nuestras vidas justo antes que las fuerzas nos abandonen. Por eso Pablo dijo: “Ustedes no han pasado por ninguna prueba que no sea humanamente soportable. Y pueden ustedes confiar en Dios, que no los dejará sufrir pruebas más duras de lo que pueden soportar. Por el contrario, cuando llegue la prueba, Dios les dará también la manera de salir de ella, para que puedan soportarla”, (1 Corintios 10:13, DHH). Nunca seremos probados más allá de nuestra fuerza, toda prueba es humanamente soportable y Dios nos dará la salida juntamente con ella. Cuando las fuerzas de Job estaban casi aniquiladas el Señor comienza a responderle todas sus interrogantes y lo hace a través de un joven llamado Eliú. Este joven resume la situación de Job tal y como él la percibe. Luego lo encara al decirle que no ha sido justo en atacar a Dios, Eliú va a la raíz del problema de Job: el tratar a Dios como si fuera igual. A lo mejor hay situaciones que no comprendemos y algunas nos parecerán injustas, pero no debemos poner en tela de juicio la soberanía de Dios, ya que jamás lo igualaremos en su eterna sabiduría porque “Dios es más grande que los mortales”, (Job 33:12, NVI). Eliú se pregunta: “¿Por qué le echas en cara que no responda a todas tus preguntas?” (Job 33:13, NVI). El hecho de que el ser humano no comprenda las acciones de Dios, no le da derecho para acusarlo de ser indiferente ante el sufrimiento y la injusticia: “¿Pero quién puede condenarlo si él decide guardar silencio? ¿Quién puede verlo si oculta su rostro? Él está por encima de pueblos y personas”, (Job 34:29, BAD).
El libro de Job revela un principio muy importante: Dios permite que los problemas vengan a nuestra vida no solamente por causa del pecado, sino para perfeccionar nuestro carácter. El discurso de Eliú sobre la grandeza de Dios y su soberanía majestuosa sobre la naturaleza (Job 36-37) sirve como un preludio al clímax del libro: la respuesta del mismo Dios a Job (Job 38-42). En su discurso, el Señor reta a Job a responder a sus preguntas: “Prepárate a hacerme frente; yo te cuestionaré, y tú me responderás”, (Job 38:3, NVI). El Todopoderoso le exige a Job que le responda (Job 38-39; 40:2, NVI). Ante tal sabiduría ¿quién podría contradecir al Todopoderoso y decirle que se ha equivocado? ¡Al fin Job entendió!
Después de escuchar a Dios, Job se dio cuenta que había pronunciado “Cosas demasiado maravillosas para mí, que yo no comprendía”, (Job 42:3, RV60). La palabra hebrea que se tradujo comprender (yada, יָדַע) implica mucho más que acumular información. Sugiere un conocimiento íntimo de las cosas que viene de la experiencia personal. Es más Job estaba admitiendo que todos sus discursos habían sido solo palabrerías, que no sabía realmente lo que estaba diciendo y ciertamente no de la manera que Dios sabe: “De oídas había oído hablar de ti, pero ahora te veo con mis propios ojos. Por tanto, me retracto de lo que he dicho, y me arrepiento en polvo y ceniza”, (Job 42:5-6, NVI). Job quedó conforme al saber que sus sufrimientos eran parte de los propósitos de Dios, aun cuando no los comprendía en su mente finita. Hay una historia muy interesante que retrata esta enseñanza. Un día Agustín de Hipona se paseaba por la playa y en su mente estaba una pregunta constante que lo atormentaba: Si Dios existe por qué existe el diablo, por qué hay tanto sufrimiento y maldad. Obviamente no tenía las respuestas a ello. Mientras deambulaba a la orilla de la playa en esta lucha intelectual en su mente encontró a un niño que había cavado un pequeño hoyo y Agustín de Hipona le pregunto “¿qué haces?”, el niño le respondió: “estoy tratando de meter el mar en este agujero”, a lo que el maestro replicó: “niño tonto cómo quieres meter la inmensidad del mar en ese hoyo pequeñito”, el niño le respondió: “de la misma manera cómo tú quieres meterte la inmensa sabiduría del Altísimo en tu pequeña cabecita”. No tenemos todas las respuestas ni la sabiduría que Dios posee para comprender lo que nos pasa. Sin embargo, el libro de Job nos muestra que siempre hay un propósito divino aun en las circunstancias más dolorosas de nuestra vida. Pero necesitamos tener paciencia combinada con fe para no desmayar y alcanzar los propósitos de Dios. Al final Dios restauro la vida de Job, su carácter fue perfeccionado al conocer mejor a su Señor y las recompensas a su fe y paciencia fueron grandes. El comprendió que el Señor era Justo en todos sus caminos. Lo exalto delante de los que lo acusaron injustamente: Job 42:7-9 (NVI)
También Dios lo prospero más que al principio: Job 42:10-17 Por tanto, debemos mantenernos firmes, esperando pacientemente en medio de las diferentes pruebas, consientes que habrá situaciones que nos harán sufrir que quizá jamás comprenderemos el porqué de algunas de ellas, pero jamás debemos cuestionar la soberanía y sabiduría de Dios ya que Él tiene el control de todo y al final nuestra fe será recompensada. Bien lo confirman las Escrituras diciendo que los padecimientos de los justos no son en vano: “Dichoso el hombre que soporta la prueba con fortaleza, porque al salir aprobado recibirá como premio la vida, que es la corona que Dios ha prometido a los que lo aman”, (Santiago 2:12, DHH).
