Justificación (2)
La justificación es la aceptación judicial de un cristiano por parte de Dios como inocente en virtud de que sus pecados no cuentan en su contra.
Los reformadores acuñaron la doctrina de la “justificación sólo por la fe”. Esto no significa que la fe exista por sí sola. La fe salvadora se expresa en el bautismo, se une al arrepentimiento y opera a través del amor. Los cristianos no son justificados por tales cosas, pero tampoco son justificados sin ellas.
Santiago, sin embargo, afirma que somos justificados no sólo por la fe sino por las obras. ¿Cómo se reconcilia eso con lo que dice Pablo? Tal como se suele observar, Santiago utiliza las palabras “justificación” y “fe” de manera distinta a como lo hace Pablo. Este dice que Abraham fue “contado como justo” por la fe
Tanto la palabra hebrea (—sadaq—) como la griega (—dikaioo—) significan anunciar o pronunciar un veredicto favorable, declarar justo. El concepto no significa hacer justo, sino atribuir justicia. Es un concepto de los tribunales, así que, justificar es dar un veredicto de justicia.
Resumamos la doctrina paulina de la justificación. Lo haremos cuidadosamente, paso a paso, según las tres categorías clave que ya se han mencionado, esto es, el pacto, la metáfora del tribunal, y la escatología.
1. Pacto. La justificación es la declaración del pacto, que será emitido en el día final, en el que el verdadero pueblo de Dios será vindicado y aquellos que insistieron en adorar a dioses falsos verán que se equivocaron.
2. Juicio. La justificación funciona como un veredicto en un juicio: absolviendo a alguien, se le confiere el estatus de ‘justo’. Esta es la dimensión forense de la futura vindicación del pacto.
3. Escatología. Esta declaración, este veredicto, tendrá lugar al final de la historia. Sin embargo, por medio de Jesús, Dios ya ha hecho en medio de la historia lo que se esperaba que hiciera –y que de hecho, aún tiene que hacer– en el futuro; para que la declaración, el veredicto, pueda emitirse ya en el presente, como anticipación. Los acontecimientos del día final han sido anticipados con la muerte de Jesús en la cruz, como el Mesías representante de Israel, y con su resurrección. (Este es el punto de partida teológico de Pablo). Cuando alguien cree en el evangelio sobre Jesús, ya sabemos ahora en el presente qué veredicto se le administrará en el día final.
4. Por consiguiente –y esta es la fuerza vital sobre todo del argumento expuesto en Gálatas, aunque también tiene un papel importante en las epístolas a los Filipenses y a los Romanos– todo el que cree el evangelio de Jesucristo ya ha sido declarado miembro de la verdadera familia de Abraham, y le son perdonados los pecados.
Seamos claros. ‘El evangelio’ es la proclamación del señorío de Cristo, que actúa con poder para traer a la gente a la familia de Abraham, ahora redefinida en torno a Jesucristo y que se caracteriza sólo por la fe en él. ‘Justificación’ es la doctrina que insiste en que todos los que tienen esta fe pertenecen como miembros con todos los derechos a esta familia. Y sólo a través de la fe.
¿Qué es, pues, la justificación? La podemos definir de la manera siguiente: La justificación es un acto legal instantáneo de parte de Dios mediante el cual él (1) declara que nuestros pecados están perdonados y que la justicia de Cristo nos pertenece, y (2) nos declara justos ante sus ojos.
la justificación es que Dios debe declarar que no somos solo neutrales ante sus ojos, sino que somos justos ante sus ojos.
Según las enseñanzas predominantes de los escolásticos, la justificación incluye dos elementos: Los pecados del ser humano son perdonados y es hecho justo o recto.
La justificación es un acto judicial de Dios en el que Él declara, sobre la base de la justicia de Jesucristo, que todos los reclamos de la ley son satisfechos con respecto al pecador
a) La justificación elimina la culpa del pecado y restaura al pecador a todos los derechos filiales implicados en su estado como hijo de Dios, incluyendo una herencia eternal. La santificación elimina la polución del pecado y renueva al pecador de forma creciente en conformidad con la imagen de Dios.
b) La justificación ocurre fuera del pecador en el tribunal de Dios y no cambia su vida interior, aunque la sentencia es otorgada de forma subjetiva. La santificación, por su parte, ocurre en la vida interior del ser humano y afecta gradualmente su ser entero.
c) La justificación ocurre una sola vez. No es algo que se repite ni tampoco es un proceso; es completa de una vez y para siempre. No hay más ni menos en la justificación; el ser humano está totalmente justificado o no está justificado en absoluto. A diferencia de esto, la santificación es un proceso continuo, que nunca queda completo en esta vida.
d) Aunque la causa meritoria de ambas reside en los méritos de Cristo, hay una diferencia en la causa eficiente. Hablando económicamente, Dios el Padre declara justo al pecador, y Dios el Espíritu Santo lo santifica.
D. Los elementos de la justificación
Distinguimos dos elementos en la justificación, uno negativo y otro positivo.
1. EL ELEMENTO NEGATIVO. Ante todo hay un elemento negativo en la justificación, a saber, la remisión de pecados sobre el fundamento de la obra expiatoria de Jesucristo.
2. EL ELEMENTO POSITIVO. También hay un elemento positivo en la justificación que se basa más particularmente en la obediencia activa a Cristo.
La justificación es definida en el Catecismo de Westminster como «Un acto de la libre gracia de Dios, por el cual nos perdona todos nuestros pecados, y nos acepta como justos delante de Sus ojos, sólo por la justicia de Cristo imputada a nosotros y recibida por la sola fe».
El Catecismo de Heidelberg, como respuesta a la pregunta «¿Cómo te vuelves justo delante de Dios?» contesta: «Sólo por la verdadera fe en Jesucristo, de tal suerte que, aunque mi conciencia me acuse de haber pecado gravemente contra todos los mandamientos de Dios, no habiendo jamás guardado ninguno de ellos, y estando siempre inclinado a todo mal, sin merecimiento alguno mío, sólo por su gracia, Dios me imputa y da la perfecta satisfacción, justicia y santidad de Cristo como si no hubiera yo tenido ni cometido algún pecado, antes bien, como si yo mismo hubiera cumplido aquella obediencia que Cristo cumplió por mí, con tal que yo abrace estas gracias y beneficios con verdadera fe.»
y como respuesta a la pregunta: «¿Por qué afirmas ser justo sólo por la fe?», dice: «No porque agrade a Dios por la dignidad de mi fe, sino porque sólo la satisfacción, justicia y santidad de Cristo son mi propia justicia delante de Dios, pues yo no puedo recibirla y aplicármela de otro modo que por la fe.» […]
4. La base meritoria para la justificación no es la fe; no somos justificados a cuenta de la fe, considerada como un acto o estado mental santo o virtuoso.
5. La justicia de Cristo es imputada al creyente en la justificación
6. La fe es la condición de la justificación.
XI.4 Dios, desde la eternidad, decretó justificar a todos los elegidos, y en la plenitud del tiempo, Cristo murió por los pecados de ellos y resucitó para su justificación. Sin embargo, no son justificados hasta que Cristo les es realmente aplicado, por el Espíritu Santo, a su debido tiempo.248
XI.4 Dios, desde la eternidad, decretó justificar a todos los elegidos, y en la plenitud del tiempo, Cristo murió por los pecados de ellos y resucitó para su justificación. Sin embargo, no son justificados hasta que Cristo les es realmente aplicado, por el Espíritu Santo, a su debido tiempo.248
