la iglesia
iglesia- el cuerpo de Cristo
En primer lugar; ¡No vengas!
Si vienes, ¡ven tarde¡
Al venir, ¡ven de mal humor¡
Al salir de la iglesia, pregúntate: ¿Qué valía todo esto?
¡No aceptes nunca un cargo en la iglesia! Vale más seguir criticando a los demás.
¡Visita a las otras iglesias a cada rato para enseñarle al pastor que él no es quien te manda! Hay que guardar la independencia.
¡Haz que el pastor gane su dinero! ¡Deja que él haga todo el trabajo!
Al acudir al templo, siéntate muy atrás, cerca de la puerta. ¡No cantes! O si cantas, ¡canta bien destemplado¡
¡No des tus contribuciones por adelantado! ¡Espera por lo menos hasta haber recibido lo que tu dinero vale!
¡No animes al pastor! Si te gusta el sermón, ¡cállate pues muchos pastores se perjudican por causa de la adulación. ¡No permitas que la sangre de él esté sobre tus manos!
¡Cuenta las faltas de tu pastor a todos los que te visiten! ¿Quién sabe si de otra manera ellos lo descubrirán?
¡No traigas nunca a nadie contigo a la iglesia! No hagas nada para ganar a otros miembros nuevos; por lo menos mientras la congregación tenga tal pastor!
Si hay algunos miembros animados que sirven a su iglesia y que trabajan por ella, ¡no dejes de protestar contra esa asociación exclusivista!
Si tu iglesia por mala fortuna es una iglesia feliz y armoniosa, condénala por su tibieza, indiferencia y falta de celo.
Cooperando como se sugiere arriba, tú matarás por seguro a tu iglesia.—Noticiero de la Fe
1. Perfeccionando a los santos. Efesios 4:11-12.
11Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, 12a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo,
Los profetas del N.T. fueron dones dados a la iglesia para proveer edificación, exhortación y consuelo (1 Co. 14:3). Probablemente revelaban la voluntad de Dios a la iglesia cuando el canon bíblico estaba incompleto. Puesto que los apóstoles y los profetas formaban parte del fundamento, no existieron otros iguales después de la primera generación de creyentes.
Los evangelistas eran aquellos encargados de propagar el evangelio, similares a los misioneros de nuestros días. Pastores y maestros se mencionan juntos porque están gobernados por un solo artículo en gr. (“los” aparece antes de “pastores”, pero no antes de “maestros”), y debido a que la palabra “y” (kai) difiere de las otras conjunciones (de) en el v. Esto podría implicar que son dos clases de personas dotadas, cuyos ministerios están en congregaciones establecidas (y no en el trabajo itinerante como los de los apóstoles y evangelistas). Es más probable que se refieran a dos características de una persona que está pastoreando a los creyentes (al consolar y guiar), mientras que a la vez los instruye en los caminos de Dios (los obispos o ancianos, deben ser capaces de enseñar; 1 Ti. 3:2; Tit. 1:9)
a) El liderazgo plural en una iglesia es vital.
b) La iglesia la conforman creyentes, es decir personas que son declaradas santos al tener fe en Cristo Jesús.
c) La obra del ministerio.
d) capacitar a la grey edifica- construye, fortalece el cuerpo de Cristo.
2. Logrando la unidad y la plenitud. Efesios 4:13.
13hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo;
Las personas dotadas deben ministrar hasta que toda la iglesia alcance (katantēsōmen, se usa en Hch. para referirse a los viajeros que llegan a su destino) las tres metas, cada una de las cuales se introduce por la preposición gr. (eis, “a”, “hacia adentro”): lit., (1) hasta la unidad de la fe, (cf. Ef. 4:5) y del conocimiento pleno (epignōseōs, cf. 1:17) del Hijo de Dios, (2) hasta un varón perfecto (maduro)”, y (3) “hasta la medida (metron; cf. 4:7, 16) de la estatura de la plenitud de Cristo”. En tanto que cada creyente funciona de acuerdo con el (los) don(es) que Cristo le ha dado (v. 7), el cuerpo como un todo disfruta de unidad (cf. vv. 3–6) y llega a ser más maduro espiritualmente (cf. v. 15), más como Cristo en toda su plenitud (cf. 1:23; 3:19).
a) A la unidad de la fe y del conocimiento pleno del hijo de Dios
b) A un varón perfecto
c) A la estatura de la plenitud de Cristo.
3. Edificándose en amor. Efesios 4:14-16.
14para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, 15sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, 16de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor.
4:14–16. Aquí Pablo expresa el propósito final, o aún mejor, el resultado (jina) del hecho de que las personas dotadas equipen a los santos para servir al Señor y a los demás. Negativamente, los creyentes no deben ser como niños inmaduros que fácilmente son desviados y confundidos, como olas que son llevadas por doquiera (cf. Lc. 8:24; Stg. 1:6) de todo viento de doctrina (lit., “movimiento giratorio”, un vaivén violento que marea) por estratagema, o mejor aún, “malas mañas” (kybeia, lit., “jugar a los dados”) de hombres que para engañar emplean con astucia (panourgia, se usa también en Lc. 20:23; 1 Co. 3:19; 2 Co. 4:2; 11:3) las artimañas del error, que se mueve hacia (pros indica meta) un sistema de error. Los falsos maestros causan esta clase de confusión con relación a la verdad, para tratar de desviar a los creyentes hacia sus esquemas erróneos. En contraste (de, Ef. 4:15), Pablo declaró positivamente, que al hablar la verdad en amor (lleva la idea de mantener la verdad en amor tanto en la palabra como en la vida), los creyentes podrían crecer en todo en aquel que es la Cabeza, esto es, Cristo. Entonces, Cristo es la fuente del crecimiento del creyente, y también la dirección y meta de su crecimiento (cf. v. 13). De la cabeza (cf. 1:22; 5:23; Col. 1:18), el cuerpo deriva toda su capacidad para el crecimiento y la actividad (Ef. 4:16). Cada miembro del cuerpo está concertado (2:21), por estar cuidadosamente unido, y cada miembro está sostenido por medio de todas las coyunturas (cf. Col. 2:19) según el estándar (kata, con el acusativo) de la obra medida (metrō, de metron) de cada individuo. Esto hace que el cuerpo de Cristo crezca (cf. Ef. 4:15), y se edifique (cf. v. 12) en amor. La frase “en amor” aparece tres veces (vv. 2, 15–16), subrayando así la manera en la que se mantiene la unidad. También es importante notar que la palabra “medida” (metron) también se usa tres veces en este contexto (vv. 7, 13, 16). Cada creyente debe funcionar en el cuerpo de Cristo por medio de la gracia capacitadora de Dios, según la medida del don que Cristo le concedió (v. 7). Cuando cada creyente llega a esa medida, entonces la iglesia crece apropiadamente (v. 16), llegando finalmente a la medida de la semejanza con Cristo (v. 13). El crecimiento se entorpece cuando uno no permite que funcionen los dones propios o los de los demás.
La preservación de la unidad es responsabilidad de las personas dotadas por Dios en la iglesia (vv. 7–16). En esta unidad de estructura está la variedad de función. Pablo enfatizó el crecimiento del cuerpo, no el crecimiento personal. Cada individuo contribuye al crecimiento unificado, mientras que pone a trabajar sus dones particulares.
