ELECCIÓN DE DIOS PARA SALVACIÓN

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ROMANOS 9

Promesa de salvación:
Génesis 3:14–15 RVR60
Y Jehová Dios dijo a la serpiente: Por cuanto esto hiciste, maldita serás entre todas las bestias y entre todos los animales del campo; sobre tu pecho andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida. Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.
Después de maldecir a la serpiente física, Dios se volvió a la serpiente espiritual, al mentiroso seductor, Satanás, y lo maldijo. te herirá en la cabeza… le herirás en el calcañar. Este “primer evangelio” es profético de la lucha y de su resultado entre “tu simiente” (Satanás y los incrédulos, que son llamados hijos del diablo en Jn. 8:44) y la simiente de la mujer (Cristo, descendiente de Eva, y aquellos en Él), que comenzó en el huerto. En medio del pasaje de la maldición resplandeció un mensaje de esperanza, la descendencia de la mujer designada como “ésta” es Cristo, que un día derrotará a la serpiente. Satanás podría solo “herir” el calcañar de Cristo (hacerlo sufrir), mientras que Cristo herirá la cabeza de Satanás (lo destruirá con un golpe fatal). Pablo, en un pasaje que fuertemente evoca Génesis 3, alentó a los creyentes en Roma: “Y el Dios de paz aplastará en breve a Satanás bajo vuestros pies” (Ro. 16:20). Los creyentes deberían darse cuenta de que están participando en el aplastamiento de Satanás porque, junto con su Salvador y debido a su obra consumada en la cruz, ellos también pertenecen a la simiente de la mujer.
DIO SIEMPRE HA ESCOGIDO
Génesis 12:1–3 RVR60
Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré.Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición.Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.
Enfáticamente se afirma que es Dios quien inicia un acto especial en su plan de salvación para la humanidad. En vez de abandonar a la humanidad en su pecado, Dios escoge a un hombre y le hace un llamamiento especial. El llamamiento tiene demandas y promesas:
I. El llamamiento tiene ciertas condiciones.
1.Dejar la seguridad económica, política y material.
2.Dejar la seguridad familiar y social.
3.Disposición a aceptar lo desconocido.
II.El llamamiento tiene ciertas promesas (v. 2, 3).
1.Bendición de reconocimiento personal: Engrandeceré tu nombre.
2.Bendición de prosperidad material: Haré de ti una gran nación.
3.Bendición de prosperidad espiritual para otros: Y serás bendición.
III. El llamamiento demanda constante relación con Dios (v. 7)
Gálatas 3:7 RVR60
Sabed, por tanto, que los que son de fe, éstos son hijos de Abraham.
Dios se oculta al hombre cuando quiere.
Lucas 24:13–17 RVR60
Y he aquí, dos de ellos iban el mismo día a una aldea llamada Emaús, que estaba a sesenta estadios de Jerusalén. E iban hablando entre sí de todas aquellas cosas que habían acontecido. Sucedió que mientras hablaban y discutían entre sí, Jesús mismo se acercó, y caminaba con ellos. Mas los ojos de ellos estaban velados, para que no le conociesen. Y les dijo: ¿Qué pláticas son estas que tenéis entre vosotros mientras camináis, y por qué estáis tristes?
Dios quiere que crean por la Palabra y no por vista.
Romanos 1:16 RVR60
Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego.
Lucas 24:27 RVR60
Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían.
Lucas 24:45 RVR60
Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras;
El Mensaje:
Lucas 24:47 RVR60
y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén.
El capítulo 9 es la soberanía de Dios al tener un trato especial.
Israel ¿De dónde sale Israel?
Abraham (Ge. 11:27–25:10). Su nombre era Abram y el de su esposa Sarai, hasta que Dios hizo un pacto con él y cambió sus nombres a Abraham y Sara. Su padre Taré emigró desde Ur
Abraham y Sara (Ismael e Agar--Isaac—Sara. Abraham tuvo otra concubina, Cetura, de la cual tuvo otros seis hijos, pero Isaac, el hijo de Sara, fue su único heredero
Isaac (Ge 17:19-35:29). Isaac se casa con Rebeca.Isaac y Rebeca tuvieron dos mellizos: Esaú (el mayor) y Jacob. Esaú vendió su primogenitura a su hermano Jacob. Esaú tomó por esposas a dos mujeres heteas. Rebeca e Isaac enviaron a Jacob a buscar esposa dentro de su propia familia. Esaú tomó como esposa a Mahalat, la hija de Ismael. Isaac vivió 180 años y murió en Hebrón.
Jacob(Raquel y Lea) y sus hijos (Ge 25:19–50:14) Jacob tiene un encuentro con Dios en Bet-el. Además adquirió como concubinas las siervas de sus esposas, Zilpa y Bilha. Fueron sus hijos: de Lea, Rubén, Simeón, Leví, Judá, Isacar, Zabulón y su hija Dina; de Bilha, Dan y Neftalí; de Zilpa, Gad y Aser; y de Raquel, José y Benjamín.
¿Cuándo ocurre el cambio de nombre?
Génesis 32:28 RVR60
Y el varón le dijo: No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido.
“No se dirá más… Jacob, sino Israel”. El nombre personal de Jacob cambia de uno que significa “asidor de talón” o “engañador” a uno que significa “peleador de Dios” o “él pelea con Dios” . con Dios y con los hombres. Una evaluación asombrosa de lo que Jacob había conseguido, es decir, salir victorioso de la lucha. En el registro de su vida desde luego dominó la lucha: 1) con su hermano Esaú (caps. 25–27); 2) con su padre (cap. 27); 3) con su suegro (caps. 29–31); 4) con sus esposas (cap. 30); y 5) con Dios en Peniel (v. 28).
Falla la Palabra?
Romanos 9:6 RVR60
No que la palabra de Dios haya fallado; porque no todos los que descienden de Israel son israelitas,
En 1948, los judíos restablecieron la nación de Israel.En la guerra de los seis días de 1967, adquirieron un mayor control sobre su ciudad santa de Jerusalén. A pesar de las promesas de Dios cumplidas sobre Israel, algunos israelíes son abiertamente ateos. Otros atesoran su legado religioso y bíblico como derecho a poseer la tierra.
El hecho de que Dios cortara al Israel incrédulo fue perfectamente coherente con las promesas de su pacto con ellos. El escarmiento y la disciplina son elementos de su fidelidad, integridad y amor divinos, y no deben ponerse en duda:
Isaías 55:11 RVR60
así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié.
A pesar que Dios ha castigado la incredulidad de Israel con deportaciones, etc. Dios no ha permitido que borren del mapa a israel como un pueblo único y especial sobre la faz de la tierra. Después de casi 2.000 años (1948), el Señor restableció a Israel en su propia tierra.
Sin embargo, el hecho de que Dios haya traído de vuelta a su pueblo a la Tierra Prometida como una nación, no prueba que como tal sea agradable ante sus ojos, y como ya se mencionó, la mera descendencia física de Abraham nunca hizo que un solo judío individual se convirtiera en miembro de la santa familia de Dios. No obstante, como habremos de ver, su salvación sí vendrá, al igual que el reino que Dios prometió.
Pablo continúa explicando cómo es que la incredulidad de los judíos no desacredita la Palabra de Dios, y escribe: porque no todos los que descienden de Israel son israelitas, ni por ser descendientes de Abraham, son todos hijos; sino: En Isaac te será llamada descendencia. Esto es: no los que son hijos según la carne son los hijos de Dios, sino que los que son hijos según la promesa son contados como descendientes.(v.6-8)
“no todos…son israelitas”:
Romanos 2:28–29 RVR60
Pues no es judío el que lo es exteriormente, ni es la circuncisión la que se hace exteriormente en la carne; sino que es judío el que lo es en lo interior, y la circuncisión es la del corazón, en espíritu, no en letra; la alabanza del cual no viene de los hombres, sino de Dios.
Romanos 4:12–16 RVR60
y padre de la circuncisión, para los que no solamente son de la circuncisión, sino que también siguen las pisadas de la fe que tuvo nuestro padre Abraham antes de ser circuncidado. Porque no por la ley fue dada a Abraham o a su descendencia la promesa de que sería heredero del mundo, sino por la justicia de la fe.Porque si los que son de la ley son los herederos, vana resulta la fe, y anulada la promesa.Pues la ley produce ira; pero donde no hay ley, tampoco hay transgresión. Por tanto, es por fe, para que sea por gracia, a fin de que la promesa sea firme para toda su descendencia; no solamente para la que es de la ley, sino también para la que es de la fe de Abraham, el cual es padre de todos nosotros
Juan 1:47 RVR60
Cuando Jesús vio a Natanael que se le acercaba, dijo de él: He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño.
EL PODER PARA TRAER SALVACIÓN
Gálatas 6:16 (RVR60)
Y a todos los que anden conforme a esta regla, paz y misericordia sea a ellos, y al Israel de Dios.
Pablo se gloriaba en la cruz porque tiene el poder de traer salvación a todos los que anden conforme a esta regla. Aquí Pablo parece extender una invitación implícita a los judaizantes y a cualquier otra persona que no conozca a Jesucristo como Salvador. No tenían que seguir perdidos y alienados de Dios todas sus vidas. Por medio de la fe en Cristo, ellos también podían andar conforme a esta regla del evangelio.
Juan 3:16 “Porque de tal manera amó Dios al mundo”, declaró Jesús, “que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios” (Jn. 3:16–18). La condición para la salvación es fe en el Hijo de Dios, y es una condición que toda persona puede cumplir si así lo dispone, porque Dios ha hecho la salvación disponible a todos, sin excepción alguna, “no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 P. 3:9). No existen límites para el poder de la cruz, porque Cristo “por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos” (2 Co. 5:15; cp. 1 Ti. 2:6; 4:10).
Los hombres no pueden cambiar los términos de la salvación pero sí pueden rechazarlos, y al rehusar a sabiendas la oferta de salvación de Dios, su juicio es más grande que si nunca hubiesen escuchado el evangelio en sus vidas. “¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia?” (He. 10:29).
HAY COSAS QUE NUNCA EN ESTA VIDA VAMOS A ENTENDER.
Romanos 9:14–16 RVR60
¿Qué, pues, diremos? ¿Que hay injusticia en Dios? En ninguna manera. Pues a Moisés dice: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca. Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia.

¿Por qué Dios no elige a todo el mundo?

ocos temas de la Biblia cuestan tanto entenderlos como la doctrina de la elección y predestinación. Pero quizás los obstáculos a los que nos enfrentamos tienen más que ver con nuestra incomprensión de algunos conceptos que con lo difícil del tema. Por tal razón, mi intención con este escrito es delinear claramente estos conceptos de acuerdo a la enseñanza de las Escrituras.

La corrupción es total

La Biblia es clara cuando afirma que todos los hombres están en un estado radical de corrupción. Romanos 3:10 nos dice que “no hay justo, ni aun uno”. Esto no significa que nadie tiene la capacidad de hacer alguna cosa con consecuencias buenas. Más bien indica que incluso esas cosas buenas no tienen mérito alguno. En la Biblia, lo que es realmente bueno es aquello hecho en fe para la gloria de Dios (Rom. 14:23; 1Cor. 10:31).
Debido al pecado del hombre, nadie puede obrar así. Tan grave es esta situación que las Escrituras describen la condición del hombre como la de uno muerto en sus delitos y pecados (Ef. 2:1). Así como un muerto físicamente no puede hacer lo que corresponde a la vida física, el muerto espiritual no puede hacer nada que corresponda a la vida espiritual. Esta corrupción radical por el pecado condena al ser humano a la ira de Dios por la eternidad.

El hombre es inhábil

La segunda parte de Romanos 3:10 afirma que “no hay quien busque a Dios”. El hombre está en un estado de condenación y muerte espiritual. Afortunadamente, la Biblia continúa. Nos revela un glorioso evangelio donde Dios salva a los más viles y despreciables pecadores, y los hace parte de su reino. Jesús se encarnó, vivió, murió, resucitó, y ascendió al cielo para salvar pecadores y convertirlos en adoradores. Cristo ha hecho todo lo necesario para que el pecado sea borrado y su justicia sea acreditada a los que creen en Él (2 Cor. 5:21).
Aquí nos encontramos con otro obstáculo. El famoso versículo en Juan 3:16 afirma que los que obtienen vida eterna son aquellos que “creen en Él”. Así, el creer es una condición que el hombre debe cumplir a fin de beneficiarse de lo que Cristo ya ha hecho para su salvación. Pero el estado de corrupción es tal que no solo no podemos salvarnos a nosotros mismos, sino que incluso cuando alguien más ha hecho todo para salvarnos, no podemos ni siquiera cumplir con la sencilla condición impuesta —el creer— pues, ¡no hay quien busque a Dios!

Dios es misericordioso

Si el hombre no busca a Dios, no hay posibilidad de que ni un solo pecador crea el evangelio y se salve. ¿Será que Cristo murió en vano, entonces? No. Las Escrituras nos revelan que Dios ha hecho lo necesario para que busquemos a Dios y creamos el evangelio. Él mismo es el que se encarga de acercarnos a Él. Por medio de la proclamación del evangelio Dios abre corazones (como lo hizo con Lidia; Hch. 16:14), concede arrepentimiento (2 Ti. 2:25), y asimismo concede fe para creer.
De esta manera, Dios otorga lo necesario para cumplir con el requisito de creer el evangelio y recibir los beneficios de la obra redentora de Jesús. Si Dios no realiza esta obra, nadie creería el evangelio jamás. Por eso Jesús dijo: “Nadie puede venir a Mí si no lo trae el Padre que Me envió” (Jn. 6:44). ¿Cómo sucede esto? La Biblia afirma que sucede al recibir vida: “Aun cuando estábamos muertos en nuestros delitos, nos dio vida juntamente con Cristo” (Ef. 2:5).

¿Por qué solo algunos?

Eso nos lleva a la pregunta: ¿por qué Dios concede a algunas personas esta nueva vida, mientras que a otros no? ¿No es eso injusto? Observemos la respuesta de Pablo:
¿Qué diremos entonces? ¿Que hay injusticia en Dios? ¡De ningún modo! Porque Él dice a Moisés: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y tendré compasión del que yo tenga compasión. Así que no depende del que quiere ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia (Romanos 9:14-16).
Definamos tres términos cruciales para comprender las palabras de Pablo:
Justicia es darle a alguien lo que merecen sus actos (sea bueno o sea malo). Injusticia es dar algo malo a alguien que no lo merece. Misericordia es darle a alguien algo bueno que no merece.
Algo más acerca de la misericordia: quien la ejerce no está obligado a hacerlo en ningún momento ni sobre todas las personas; la misericordia se otorga libremente. Estas definiciones ya deberían de comenzar a aclarar nuestra comprensión de Romanos 9:14-16.
La razón por la que algunos reciben nueva vida y la capacidad de creer en el evangelio es porque Dios tiene misericordia de ellos. No reciben justicia, pues la justicia demandaría que recibieran juicio por sus malas acciones (pues toda la humanidad se encuentra en un estado de corrupción radical). Más bien reciben el bien que no merecen, y que Dios de su buena voluntad ha decidido libremente otorgarles. A quienes Dios no les concede nueva vida, reciben justicia. Ellos son pecadores que aman el pecado, por lo tanto reciben juicio por ello. Reciben justo lo que merecen: castigo por sus pecados.
De esta manera, unos reciben misericordia y otros justicia. Pero nadie es tratado con injusticia, porque no hay escenario alguno en el que un pecador haga lo bueno delante de Dios y aun así Dios le niegue el creer.
Dios no está obligado a otorgarle fe a todas las personas porque todas las personas viven en rebelión contra Él. Lo sorprendente no es que Dios no salve a todos, sino que elija salvar a algunos.

La elección es de Dios

Si Dios es quien decide tener misericordia de algunos para que crean, entonces Él elige quién se salva, y no al revés. Desde la eternidad pasada Dios vio a la humanidad entera y lo que encontró fue rechazo. Por lo anterior, Dios quiso tener misericordia de algunos, y los escogió para ser suyos. Dios es quien soberanamente predestina a los que serán creyentes.
Hay un par de falsas nociones que debemos evitar cuando afirmamos la predestinación. La primera es decir que es injusta. Eso ya ha sido contestado: la misericordia y la injusticia son cosas muy distintas. Dios no le está negando la entrada al cielo a nadie, más bien hay una humanidad entera que huye de Dios y está en rebelión contra Él, de entre los cuales Él rescata a algunos y los traslada a su reino.
La segunda falsa noción es que la predestinación convierte a los elegidos en robots. Esa es una reducción simplista de algo mucho más complejo. Pero por ahora podemos decir esto: el hombre sí tiene una voluntad, y sí ejerce una decisión para creer en Cristo. El punto es que, si Dios nos deja la decisión, todos elegiríamos rechazarlo. Cuando Dios elige a alguien se asegura que reciba la capacidad de tomar la decisión correcta: la decisión de creer en el evangelio. ¿Cómo lo logra? Liberando su voluntad para que libremente venga a Él.

¡Qué gran misericordia!

En conclusión, la elección soberana de Dios no es un acto de injusticia sino de gran misericordia. Esta verdad bíblica no debe llevarnos a la arrogancia, sino a la humildad. Ningún cristiano es mejor que su vecino no creyente. Dios ha sido misericordioso con nosotros y tiene el poder para serlo con quien Él quiera.
La doctrina de la elección nos recuerda que la salvación depende de Dios en su totalidad. Él lo hizo absolutamente todo, incluso nos concedió la fe, a fin de que seamos salvos y vivamos para su gloria. El mérito es suyo y a Él le pertenece toda gratitud y gloria. Es por esto que Pablo dice que Dios “nos escogió en [Cristo] antes de la fundación del mundo… para alabanza de la gloria de su gracia que gratuitamente ha impartido sobre nosotros en el Amado” (Ef. 1:4, 6).
Él lo ha hecho todo. Solo a Él la gloria.
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