Lenguas y Profecía
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Introducción
Introducción
Algunos estudios dicen que la edad óptima para aprender un idioma de tal manera que uno pueda tenga fluidez, es antes de los 10 años.
Estos estudios indican que es posible aprender un idioma después de los 18 años, o como adulto, pero la posibilidad de tener completa fluidez disminuye.
Los niños no aprenden reglas gramaticales, conjugaciones, etc., simplemente absorben el idioma y lo incorporan de manera natural.
Muchos de los que están hoy presentes saben lo difícil que es llegar a a los EEUU como adultos y tener que aprender inglés por causa del trabajo o para poder moverse en la sociedad.
Podríamos tener en un cuarto a dos personas: con los mismos gustos, mismas edades, intereses, etc., pero si no hablan el mismo idioma no van a poder comunicarse.
Es imposible hacer una conexión entre dos personas en estos casos porque la diferencia de idioma se convierte en una barrera difícil para escalar.
Es necesario que uno o el otro pueda aprender por lo menos lo más básico del idioma del otro para poder establecer una conexión entre ellos.
En 1 Corintios 14 Pablo habla a los creyentes acerca del don de lenguas (idiomas) que estaba causando tanto desorden en los servicios de adoración.
Nosotros que hablamos en español pero vivimos en EEUU nos damos cuenta que si no hablamos el idioma va a ser difícil adaptarnos a la sociedad o comunicarnos aun en los asuntos más básicos.
En base a este capítulo consideraremos:
El problema - el don de lenguas sin interpretación
La razón por la corrección - buscamos la edificación de los demás
La razón - la edificación de los demás
I. El problema - el don de lenguas sin interpretación
I. El problema - el don de lenguas sin interpretación
Recordemos que los creyentes de Corintio estaban muy entusiasmados con los dones del Espíritu Santo - sobre todo con los dones más espectaculares como:
El don de milagros
El don de fe
El don de lenguas
El don de discernimiento de espíritus, etc.
Pues ahora vemos que Pablo, por inspiración del Espíritu Santo, escribe este capítulo a la Iglesia para corregir su sobre énfasis en cuanto al don de lenguas.
Los creyentes en Corinto habían elevado al don de lenguas a un lugar indebido.
El don de lenguas lo vemos manifestado en Hechos 2 cuando los discípulos fueron llenos del Espíritu Santo de tal manera que empezaron a hablar en distintos idiomas que no habían aprendido.
Así que cuando Pablo escribe a los Corintios, este don todavía se practicaba (estaba activo) en la vida de la iglesia.
En los servicios públicos de adoración, de repente los creyentes empezaban a hablar, por el Espíritu Santo, idiomas que no habían aprendido.
Eran idiomas que ellos no habían aprendido, pero nos daremos cuenta que nadie de los presentes hablaba los idiomas que se estaban hablando. Esto lo sabemos porque el énfasis es que nadie los entendía.
Pablo describe la practica de este don:
Porque el que habla en lenguas no habla a los hombres, sino a Dios, pues nadie lo entiende, sino que en su espíritu habla misterios.
Esto nos ayuda a entender que aunque los hermanos no sabían lo que estaban hablando, sabemos que el que hablaba lenguas se regocijaba porque sabía que estaba experimentando una manifestación del Espíritu Santo de Dios en su vida.
Ellos sabían que al hablar en lenguas estaban teniendo comunión con Dios de una manera distinta.
Sin embargo, esto solo edificaba al que hablaba las lenguas.
El que habla en lenguas se edifica a sí mismo; en cambio, el que profetiza edifica a la iglesia.
…pero hablaban misterios porque a final de cuentas ni ellos ni los demás entendían lo que estaban hablando - eran misterios.
Los hermanos estaban hablando lenguas no por influencia de algún mal espíritu o un demonio.
En efecto, era una manifestación del Espíritu Santo de Dios.
Pablo mismo reconoce que él hablaba más lenguas que cualquiera de ellos, pero lo practicaba en privado y no en el culto público a Dios.
Doy gracias a Dios porque hablo en lenguas más que todos ustedes.
Existen muchas iglesias donde se cree que los hermanos hoy en día hablan lenguas.
No creemos que lo que practican es un don genuino de lenguas.
Cuando los creyentes en la Biblia hablaron lenguas hablaron idiomas terrenales, entendidos por los seres humanos, pero que los que hablaban no habían aprendido el idioma anteriormente.
Sin embargo, creo que en estas mismas iglesias, suponiendo que son lenguas genuinas, no se han sometido a este pasaje. Y nos daremos cuenta en base a la corrección que aplica el apóstol Pablo.
II. La razón por la corrección - buscamos la edificación de los demás
II. La razón por la corrección - buscamos la edificación de los demás
Pablo anhela que los hermanos deseen los dones espirituales.
Pablo desea que los creyentes busquen a Dios de tal manera que reciban dones espirituales.
Procuren alcanzar el amor; pero también deseen ardientemente los dones espirituales, sobre todo que profeticen.
Pero Pablo va a hacer una distinción grande entre lo que es el don de lenguas y el don de profecía.
Pablo invita a que los hermanos anhelen mejor el profetizar por una simple y sencilla razón:
Pero el que profetiza habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación.
La palabra edificación tiene la idea de construir una edificio.
Exhortar habla de corregir o animar.
Consolar habla de ayudar a alguien cuando se encuentra en un momento de prueba/dificultad y necesita ser alentado.
…pero notemos que nos reunimos no para que nosotros seamos edificados principalmente sino que buscamos edificar a los hombres.
Cuando la iglesia se reúne tenemos como meta principal la bendición de los demás.
Al buscar yo la bendición para los demás, yo mismo vengo a ser bendecido.
No vengo al servicio para ver que puedo sacar yo del servicio sino para ver en que puedo servir edificando a otros, exhortando a otros, consolando a otros…y de la misma manera yo seré edificado/exhortado/consolado.
Pablo lo vuelve a recalcar en el versículo 4.
El que habla en lenguas, a sí mismo se edifica, pero el que profetiza edifica a la iglesia.
Pablo reconoce que el que habla en lenguas no puede edificar a nadie al menos que haya alguien o él mismo, que tenga el don de interpretación.
Yo quisiera que todos hablaran en lenguas, pero aún más, que profetizaran. Porque el que profetiza es superior al que habla en lenguas, a menos de que las interprete para que la iglesia reciba edificación.
Al hablar en lenguas, alguien más interpreta en el idioma que hablan los que están reunidos, y entonces sí podrán ser edificados. De otra manera no serán edificados.
Pablo compara al que habla en lenguas con una flauta, arpa, y trompeta.
Aun las cosas inanimadas, como la flauta o el arpa, al producir un sonido, si no dan con distinción los sonidos, ¿cómo se sabrá lo que se toca en la flauta o en el arpa?
Porque si la trompeta da un sonido incierto, ¿quién se preparará para la batalla?
Pablo sabe que si estos instrumentos no dan sonidos entendibles, entonces no se sabrá lo que se toca.
De la misma manera una persona que habla en un idioma desconocido no edifica a nadie. Es como si hablara solo al aire y nadie sale beneficiado.
Así también ustedes, a menos de que con la boca pronuncien palabras inteligibles, ¿cómo se sabrá lo que dicen? Pues hablarán al aire.
Pues si yo no sé el significado de las palabras, seré para el que habla un extranjero, y el que habla será un extranjero para mí.
Entonces Pablo llega a la conclusión que cuando nos reunimos como iglesia, tenemos un enfoque singular - la edificación de los demás:
Así también ustedes, puesto que anhelan dones espirituales, procuren abundar en ellos para la edificación de la iglesia.
Es cierto, que puede ser bonita la experiencia y emocionante estar hablando un idioma desconocido, por medio del Espíritu Santo, sin embargo, cuando el creyente no tiene en mente 1) la necesidad de haya un interprete, 2) la necesidad de mejor hablar en un idioma que todos puedan entender…venimos a ser como niños emocionados por un juguete.
Hermanos, no sean niños en la manera de pensar. Más bien, sean niños en la malicia, pero en la manera de pensar sean maduros.
El creyente madura no piensa como niño buscando ser edificado/bendecido solo él solo, sino que piensa como adulto buscando que todos seamos edificados.
III. La corrección - el ejercicio del don de profecía
III. La corrección - el ejercicio del don de profecía
Uno podría decir, bueno, este sermón sería bueno predicarlo en una iglesia donde la gente habla lenguas, como lo era en la iglesia de Corinto.
¿Para qué predicar este sermón aquí?
Nunca hemos escuchado a alguien hablar lenguas en esta congregación.
…y menos cuando creemos que este don cesó en tiempos de los apóstoles.
Creo que es de suma importancia este sermón porque cuando nos reunimos como iglesia - nuestra meta sigue siendo la misma: buscar la edificación de los demás.
Cuando nos reunimos como iglesia buscamos ser edificados, buscamos ser exhortados, buscamos ser consolados.
En tiempos de Pablo, este propósito se lograba mediante el don de profecía.
Dios mismo plantaba una palabra en alguno creyente para que declarara su palabra a los demás.
No olvidemos que los creyentes del primer siglo no tenían Biblias.
Si acaso tenían acceso a una porción de las Escrituras era al Antiguo Testamento ya que el Nuevo Testamento estaba aun siendo escrito.
Esto quiere decir que el pueblo de Dios dependía en gran parte sobre el don profético mediante el cual Dios les hablaba por diversas personas en la congregación - de acuerdo a lo que ya había sido revelado.
¿Así que cuando nos reunimos, cuál es el momento más importante de nuestra reunión?
El momento central de un servicio de en una iglesia evangélica es el momento en que se expone la palabra de Dios.
El predicador ha estudiado el pasaje Bíblico, ha leído su contexto, ha considerado quizá los idiomas originales, ha leído comentarios, ha comparado las referencias cruzadas, ha estudiado la teología y doctrina del pasaje, y ahora se para detrás del púlpito para decir: Así dice el Señor.
…no lo hace como alguien que ha recibido nueva revelación.
…más bien, ha estudiado la palabra revelada de Dios y ahora con la ayuda y poder del Espíritu Santo, expone la palabra de Dios a los oyentes para que seamos:
Edificados
Exhortados
…y consolados
¿Cuántas veces hemos estado en un servicio donde nos encontrábamos desanimados y Dios nos levanto?
¿Cuántas veces el pastor ha hablado de una manera tan directa, que parece que escribió ese pasaje precisamente para nosotros?
¿Cuántas veces hemos salido del servicio tras escuchar la palabra de Dios con nuevas metas, nuevos sueños, nuevos deseos de servir a Dios?
…esto lo hace Dios cuando el predicador ha sido fiel en exponer la palabra de Dios.
Es por eso, que el predicador debe ser claro, conciso, directo.
Algunos predicadores hablan mucho y dicen poco.
Otros predicadores demuestran por sus muchas palabras que no han estudiado y realmente no tienen un camino claro o una idea clara de lo que dice el texto bíblico.
Rogamos a Dios que los predicadores pongan el mismo empeño que los músicos ponen en preparar el tiempo de canto durante el servicio.
Rogamos a Dios que veamos el tiempo de la palabra de Dios como el momento central del servicio de adoración y así veamos el mover del Espíritu Santo como el que describe Pablo:
Por tanto, si toda la iglesia se reúne y todos hablan en lenguas, y entran algunos sin ese don o que son incrédulos, ¿no dirán que ustedes están locos?
Pero si todos profetizan, y entra un incrédulo, o uno sin ese don, por todos será convencido, por todos será juzgado.
Los secretos de su corazón quedarán al descubierto, y él se postrará y adorará a Dios, declarando que en verdad Dios está entre ustedes.
Es mediante la predicación de la palabra de Dios que él aplica su evangelio a los incrédulos y les concede el nuevo nacimiento al confrontarlos con su pecado.
