Ministerio de Felipe , 3º Parte.

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Predicación al etíope.

Introducción:

En el capítulo 8 de Hechos tenemos el testimonio del ministerio de Felipe, el diácono evangelista.

Divisiones principales:

1. Predicación de Felipe en Samaria. v.5-13

2. La visita de los apóstoles. v.14-25

3. Predicación al etíope. v.26-40

En esta última nos concentraremos hoy.
Al principio de nuestro estudio del libro de los hechos nos dimos cuenta que este libro nos muestra la gran verdad que el Señor, aunque ascendió a los cielos, continúa obrando en su Iglesia, él no ha dejado sola a su Iglesia, esto lo vimos claramente en la visión que tuvo Esteban de los cielos abiertos y al Señor a la diestra del Padre y también lo vemos en que el Señor guía a su Iglesia en el cumplimiento de su misión. La historia de hoy nos hará volver a recordar esta preciosa verdad.
Hechos de los Apóstoles 8:26–40 RVR60
26 Un ángel del Señor habló a Felipe, diciendo: Levántate y ve hacia el sur, por el camino que desciende de Jerusalén a Gaza, el cual es desierto.27 Entonces él se levantó y fue. Y sucedió que un etíope, eunuco, funcionario de Candace reina de los etíopes, el cual estaba sobre todos sus tesoros, y había venido a Jerusalén para adorar,28 volvía sentado en su carro, y leyendo al profeta Isaías.29 Y el Espíritu dijo a Felipe: Acércate y júntate a ese carro.30 Acudiendo Felipe, le oyó que leía al profeta Isaías, y dijo: Pero ¿entiendes lo que lees?31 El dijo: ¿Y cómo podré, si alguno no me enseñare? Y rogó a Felipe que subiese y se sentara con él.32 El pasaje de la Escritura que leía era este: Como oveja a la muerte fue llevado; Y como cordero mudo delante del que lo trasquila, Así no abrió su boca. 33 En su humillación no se le hizo justicia; Mas su generación, ¿quién la contará? Porque fue quitada de la tierra su vida. 34 Respondiendo el eunuco, dijo a Felipe: Te ruego que me digas: ¿de quién dice el profeta esto; de sí mismo, o de algún otro? 35 Entonces Felipe, abriendo su boca, y comenzando desde esta escritura, le anunció el evangelio de Jesús. 36 Y yendo por el camino, llegaron a cierta agua, y dijo el eunuco: Aquí hay agua; ¿qué impide que yo sea bautizado? 37 Felipe dijo: Si crees de todo corazón, bien puedes. Y respondiendo, dijo: Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios. 38 Y mandó parar el carro; y descendieron ambos al agua, Felipe y el eunuco, y le bautizó. 39 Cuando subieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe; y el eunuco no le vio más, y siguió gozoso su camino. 40 Pero Felipe se encontró en Azoto; y pasando, anunciaba el evangelio en todas las ciudades, hasta que llegó a Cesarea.
Notamos en este relato, principalmente tres verdades muy importantes:

1. El Señor continúa guiando a su Iglesia.

Por medio de sus ángeles:

Hechos de los Apóstoles 8:26 RVR60
26 Un ángel del Señor habló a Felipe, diciendo: Levántate y ve hacia el sur, por el camino que desciende de Jerusalén a Gaza, el cual es desierto.
El ángel le dice hacia donde debe ir.
En muchas partes del libro de los Hechos podemos ver la presencia de los ángeles ayudando a los creyentes:
Dos ángeles se aparecen a los discípulos en la ascensión del Señor para anunciarles su regreso.
Un ángel se aparece a Cornelio en una visión para decirle que mande a llamar a Pedro para que le comunique el evangelio. (Hechos 10.1-6)
Y cuando Pedro estaba encarcelado por predicar la Palabra Dios envía a un ángel quien lo libera de las cadenas y lo pone en libertad.Hechos 12.6-11

Por medio de su Espíritu:

El Espíritu hasta ahora ha tenido una participación poderosa, pero siempre relacionado con la Palabra:
Dotó a los primeros creyentes en pentecostés con poder de presentar las maravillas de Dios en otros idiomas.
Después de la curación del paralítico llenó a Pedro de tal manera que este pudo predicar poderosamente el evangelio.
Cuando finalmente los apóstoles son liberados se reunieron con los demás discípulos y oraron al Señor, dice la Escritura que el lugar donde estaban tembló y “todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios”
Después vemos que Dios da a su Iglesia hombres llenos del Espíritu para que sirvan de diáconos ya algunos de ellos los dota con poder para predicar la Palabra como Esteban y Felipe.
Y lo vemos ahora guiando a Felipe en la predicación del evangelio:
Hechos de los Apóstoles 8:29 RVR60
29 Y el Espíritu dijo a Felipe: Acércate y júntate a ese carro.
Hechos de los Apóstoles 8:39 RVR60
39 Cuando subieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe; y el eunuco no le vio más, y siguió gozoso su camino.

2. El Señor guía a la Iglesia a alcanzar a las naciones.

Primeramente el Señor les había dado la orden de ser testigos en Judea, Samaria y hasta lo último de la tierra.
Después vemos que el Señor manda una persecución y les obligar a esparcirse por Judea y Samaria, sin embargo los creyentes predican solo a judíos.
Después Dios utiliza a Felipe para predicar el evangelio a los samaritanos (mestizos) co gran poder de tal manera que los apóstoles deciden ir a conocer lo que Dios estaba haciendo entre ellos.
Y ahora tenemos que el Señor le guía a su Iglesia a predicar el evangelio a personas de otras naciones, mas allá de los límites de Israel:
Hechos de los Apóstoles 8:26–28 RVR60
26 Un ángel del Señor habló a Felipe, diciendo: Levántate y ve hacia el sur, por el camino que desciende de Jerusalén a Gaza, el cual es desierto.27 Entonces él se levantó y fue. Y sucedió que un etíope, eunuco, funcionario de Candace reina de los etíopes, el cual estaba sobre todos sus tesoros, y había venido a Jerusalén para adorar,28 volvía sentado en su carro, y leyendo al profeta Isaías.
Etiopía era un reino al sur de Egipto (N. de Africa) país que hasta el día de hoy existe y que en el A.T se le menciona como Cus (Heb. negro) y que posiblemente se formó por uno de los hijos de Cam (hijo de Noé).
Lo interesante es que luego de haberse convertido este Etíope siguió de regreso a su país pero ahora llevaba consigo el mensaje poderoso del Evangelio.
Y al final de este relato se nos muestra a Felipe predicando en Azoto. No se tiene mucha información pero lo que se sabe es que esta era una de las cinco ciudades filisteas en la consta de Palestina.

3. El Espíritu obra por medio de la Palabra para conducir a las personas a Cristo.

Como vimos anteriormente la obra del Espíritu siempre esta relacionada con la predicación de la Palabra. Ahora vemos que el Espíritu usa la Palabra para conducir a las personas a Cristo.
Esto lo vemos de la siguiente manera:

1. Dios puso en el corazón de este hombre leer al profeta Isaías, en el capítulo 53 donde justamente habla de una manera clara sobre los padecimientos del Mesías.

Hechos de los Apóstoles 8:28–34 RVR60
28 volvía sentado en su carro, y leyendo al profeta Isaías.29 Y el Espíritu dijo a Felipe: Acércate y júntate a ese carro.30 Acudiendo Felipe, le oyó que leía al profeta Isaías, y dijo: Pero ¿entiendes lo que lees?31 El dijo: ¿Y cómo podré, si alguno no me enseñare? Y rogó a Felipe que subiese y se sentara con él.32 El pasaje de la Escritura que leía era este: Como oveja a la muerte fue llevado; Y como cordero mudo delante del que lo trasquila, Así no abrió su boca. 33 En su humillación no se le hizo justicia; Mas su generación, ¿quién la contará? Porque fue quitada de la tierra su vida. 34 Respondiendo el eunuco, dijo a Felipe: Te ruego que me digas: ¿de quién dice el profeta esto; de sí mismo, o de algún otro?

2. Dios usa a Felipe para que le predique el evangelio partiendo de ese mismo texto.

Hechos de los Apóstoles 8:30–31 RVR60
30 Acudiendo Felipe, le oyó que leía al profeta Isaías, y dijo: Pero ¿entiendes lo que lees?31 El dijo: ¿Y cómo podré, si alguno no me enseñare? Y rogó a Felipe que subiese y se sentara con él.
Hechos de los Apóstoles 8:34–35 RVR60
34 Respondiendo el eunuco, dijo a Felipe: Te ruego que me digas: ¿de quién dice el profeta esto; de sí mismo, o de algún otro? 35 Entonces Felipe, abriendo su boca, y comenzando desde esta escritura, le anunció el evangelio de Jesús.
El resultado es que finalmente el eunuco se convenció de que Jesús era el Mesías a tal punto que decide confesar esa fe bautizándose.
Hechos de los Apóstoles 8:36–39 RVR60
36 Y yendo por el camino, llegaron a cierta agua, y dijo el eunuco: Aquí hay agua; ¿qué impide que yo sea bautizado? 37 Felipe dijo: Si crees de todo corazón, bien puedes. Y respondiendo, dijo: Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios. 38 Y mandó parar el carro; y descendieron ambos al agua, Felipe y el eunuco, y le bautizó. 39 Cuando subieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe; y el eunuco no le vio más, y siguió gozoso su camino.
Conclusión/ Aplicación:
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